Aprende a perdonar

El camino para aprender a amar es «Perdonando», quien desea crecer en el amor lo logra amando en el perdón.

Perdonar es el camino de la liberación, el que auténticamente se libera es quien perdona, echando fuera de su alma al rencor y la venganza que solamente lo envilece y lo consume.

Perdonar a pesar de tener razón y mil justificaciones para no hacerlo, se atreve a pronunciar en el interior del corazón «Perdón».

Perdonar cuando te han ofendido y humillado es cuando se manifiesta la grandeza del corazón del ser humano.

Solamente el que ama auténticamente puede decir «te perdono y lo olvido».

Perdonar es cuando a pesar de sentirse ofendido te atreves a dar una sonrisa de amor.

Deja hoy tus rencores, tu venganza que anhela ver al que te ha ofendido de rodillas pidiendo clemencia, deja hoy ese fuego que enciende tu cólera y abraza tu ser de rabia y de rencor, cuando ha sido pisoteado tu orgullo y has sido lastimado en lo más profundo, cuando deseas con todas tus fuerzas ver fulminado al que te ha ofendido.

Te pregunto, hoy serás capaz de perdonar a ese amigo tuyo que te traicionó, aquella ofensa de alguien que creías no te podía fallar y hoy le puedes demostrar que lo amas, serás capaz hoy de llenar tu alforja de olvido, y salir al encuentro con lo único que le puedes ofrecer, tu perdón y continuar tu camino de paz al encuentro de Dios.

Hoy libérate y camina como un niño extraviado a los brazos de una madre llena de amor, como el ciego al encuentro de la luz.

Hoy perdona y olvida, eleva tu alma a las estrellas y encuentra la paz.

Dios sé que tu grandeza y tu más sublime expresión de amor es perdonar, dame la sabiduría, la comprensión y la fuerza para convertirme en amor, y sin dar espacio ni tregua al odio, entregar la vida por los que amo.

Hoy perdonaré para siempre y arrojaré de mi alma todos aquellos rencores que me envilecen y me atan al pasado, hoy estoy dispuesto a olvidar, hoy me demostraré a mí mismo mi capacidad de amar.

Señor, tú lo sabes mejor que nadie, conoces el corazón del hombre y sabes que hoy deseo amar como nunca imaginé, Señor… gracias, hoy al fin he perdonado por amor.


Miguel Ángel Cornejo

Cuando matamos el amor

El amor no muere por causas naturales. Muere por negligencia y abandono. Muere por ceguera e indiferencia y porque se lo da por sentado. Las omisiones son generalmente más graves que los errores cometidos. Finalmente, el amor muere de cansancio, porque no se lo alimenta.

No dejamos de amar así porque sí, del mismo modo en que no nos enamoramos porque sí.

Cuando el amor muere, es porque uno o ambos amantes lo descuidaron, no lo avivaron ni renovaron. Lo más triste es que siempre cada quien termina echándole la culpa al otro.

Como cualquier otro ser viviente, el amor requiere el esfuerzo mutuo de mantenerlo sano. El amor es como una flor bella, mientras vive, todos la quieren, pero una vez muerta nadie la desea.

También pienso que muchas veces desechamos el tallo que dio vida a una hermosa flor, sin saber que ese tallo algún día podría dar otra flor más bella aún.

¿Cuántos de nosotros de verdad sabemos diferenciar lo que hay entre lo que es, la necesidad de amar a una persona y amar a la persona misma?


Nelson Cisneros

Tu mente es un arma poderosa

Dios le dio sólo al ser humano una mente capaz de razonar, pero éste a veces se olvida de usarla. Cuando un perro come un alimento en mal estado, no vuelve a repetir ese error. Pero el hombre puede comer algo que le sienta mal y después repetir el mismo error muchas veces en su vida.

¿Por qué insistimos en hacer algo que es malo para nosotros?

Construimos edificios que casi pueden tocar el cielo y nos lanzamos al espacio para conquistar el cosmos, pero nos olvidamos de usar nuestra mente para ser mejores personas y ser felices. Cuando vemos la violencia y las guerras que se agitan en torno de nosotros, cabe preguntarse por la utilidad de la mente humana. Porque así como un arma sofisticada en manos inexpertas se vuelve en contra de quien la usa, también la mente es un instrumento poderoso que puede destruir la propia vida de quien la alberga y de quienes la rodean.

Hace unos meses, había un bache en una calle cercana a mi casa y cada vez que pasaba, me olvidaba de que existía. Cada día, el auto se golpeaba más fuerte ya que con el correr del tiempo, el hoyo se iba haciendo más grande. Y siempre me decía: «Mañana, cuando pase por aquí, lo recordaré». Pero al día siguiente, me olvidaba, y volvía a caer en él. Hasta que un día en que llovía torrencialmente, iba haciendo el mismo recorrido, y sin darme cuenta, nuevamente caí en el agujero. Esta vez, estaba cubierto de agua y se había hecho tan grande que se reventó una llanta. Allí, en el medio del temporal, tuve que cambiar el neumático. Recién entonces, abrumado por la frustración de verme empapado bajo la lluvia, me hice el firme propósito de no pasar nunca más por allí. Sólo que la próxima vez que pasé, observé que ya habían arreglado el bache.

Lo interesante de todo esto es que tuve que romper el neumático y esperar dos meses para ser capaz de hacer lo que me había propuesto. Cuando los animales caen en una trampa, aprenden a no caer nunca más en ella. Los seres humanos, en cambio, nos atamos tan fuertemente a una conducta, que aunque nos lastimemos, seguimos aferrados a ella.

El pensamiento tiene una notable influencia en nuestras vidas, y su poder invisible pasa muchas veces inadvertido. Si observamos nuestros pensamientos a lo largo de sólo unas horas, veremos cuán cargada de negatividad está nuestra mente. Dado que el pensamiento es el motor propulsor de nuestras acciones, según lo que pensemos, así actuaremos.

Limpiar nuestra mente se asemeja al trabajo del jardinero, pacientemente arranca las malezas que cubren las plantas e impiden apreciar la belleza de sus flores. El trabajo debe ser constante y diario, sin darnos tregua, ya que la maleza, como los pensamientos negativos, nunca cesa de brotar.

Podemos limpiarla un día, y al día siguiente encontrarla de nuevo entre las plantas, más vigorosa que nunca. De igual manera, los pensamientos negativos afloran siempre, de muchas maneras, algunas muy sutiles.

Hay que disciplinarse y aplicarse a un ejercicio diario para eliminarlos de la mente y evitar que enturbien nuestra forma de ver la vida. No debemos pelear violentamente contra ellos, sino ponerles freno con la indiferencia.


No empequeñezcas

Todo lo que tú necesitas saber en cuanto a la salud mental, puede ser resumido en dos palabras: «No Empequeñezcas».

El 95% de todos los problemas emocionales y mentales podrían ser eliminados si todos practicáramos esta verdad. ¡Cómo cambiaría todo si viviéramos conforme a ella! No empequeñezcas a los demás. No hagas nada que pueda hacer que alguien se sienta menospreciado. No juzgues ni critiques de una forma que disminuya la autoestima y el sentir de otras personas.

La mayoría de los problemas de crímenes, abusos, fracasos, problemas, hogares destruidos y adicciones a drogas y alcohol, pueden ser atribuidos a una autoestima herida.

No empequeñezcas. No lo olvides, vívelo, enséñalo a los demás y principalmente a tus hijos para que no cometan los errores por los cuales la mayoría hemos pasado. Mantén tu enfoque sobre lo positivo de los demás. Resalta siempre lo bueno en cada persona. Anima siempre a tu prójimo. Trata a los demás de la misma forma en que quisieras ser tratado. Habla palabras que ayuden y sanen. Evita palabras que destruyan y causen dolor. ¡Tus palabras sí importan! Ellas pueden traer vida o muerte. Utiliza tus palabras sabiamente, edifica a los demás.


Justin Scott

Prefiero

 

Nos hicieron creer que «el gran amor» sólo sucede una vez, generalmente antes de los 30 años. No nos contaron que el amor no es accionado, ni llega en un momento determinado.

Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja y la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en la vida merece cargar en las espaldas, la responsabilidad de completar lo que nos falta.

Nos hicieron pensar que una fórmula llamada «dos en uno»: dos personas pensando igual, actuando igual, era lo que funcionaba. No nos contaron que eso tiene un nombre: “anulación” y que sólo siendo individuos con personalidad propia podremos tener una relación saludable.

Nos hicieron creer que el matrimonio es obligatorio y que los deseos fuera de término deben ser reprimidos.

Nos hicieron creer que los lindos y flacos son más amados. Nos hicieron creer que sólo hay una fórmula para ser feliz, la misma para todos y los que escapan de ella están condenados a la marginalidad.

No nos contaron que estas fórmulas son equivocadas, que frustran a las personas, son alienantes y que podemos intentar otras alternativas.

Nadie nos va a decir esto, cada uno lo va a tener que descubrir solo. Y ahí, cuando estés muy enamorado de ti, vas a poder ser muy feliz y te vas a enamorar de alguien.

«Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor… aunque la violencia se practica a plena luz del día».

JOHN LENNON

No te necesito, te prefiero. Lo sé, es duro y hace falta dejar muchas cosas atrás para pronunciar esas palabras. Entre otras cosas es necesario abandonar la cobardía y cubrirse de coraje, valentía y paciencia. Muchísima paciencia.

Paciencia para explicar que el hecho de preferirte es que puedo llegar a quererte y valorarte inmensamente más que si te necesito, porque eso significa que no necesito complementos para tapar mis carencias o mis defectos. Nadie en la vida tiene la responsabilidad de completar lo que me falta.

Con esto quiero decir que la única persona a la que necesitamos para vivir es a nosotros mismos. Y yo, en pleno derecho de usar mi libertad emocional, te elijo a ti para estar a mi lado y disfrutar el uno del otro.

He decidido dejar de esclavizarme y de atarme a mi pasado emocional. No permitiré que los demás definan quién soy. Voy a buscar la forma de expresar todo mi ser y a explorar el fondo de mi océano. Entonces podré ser yo misma.

Me comprometo a no dar nunca el gusto a los demás sin antes darme el gusto a mí misma. No voy a dejarme llevar por la gente corriente ni por la corriente de la gente. Desde ya me libero del efecto estrangulador de mis pensamientos y trabajaré porque mis decisiones me hagan sentir bien acerca de mi vida.

Desprenderme de los parches y los vendajes que tapan mis heridas me ayudará crear un lazo profundo y auténtico contigo. Porque si no amas con libertad es preferible no amar, pues la dependencia emocional destruye.

No sé si te amaré toda la vida ni sé si lo haré con la misma fuerza siempre, pero lo que sí que sé es que ahora mismo te prefiero sobre todas las personas. No ocupas mi mente cada segundo, pero sí que vas siempre conmigo.

Elijo el amor y sigo siendo dueña de mí misma. Porque el sentimiento de amor más fuerte que existe es el amor hacia uno mismo. Porque, como dijo Perls:

«Yo soy Yo y Tú eres Tú. Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas y tú no estás en este mundo para cumplir las mías».

Yo soy yo… Un ser completo aún con mis carencias. Tú eres tú… Un ser completo aún con tus carencias.

Si nos encontramos y nos aceptamos, si somos capaces de no cuestionar nuestras diferencias y de celebrar juntos nuestros misterios podremos caminar el uno junto al otro, ser mutua, respetuosa, sagrada, y amorosa compañía en nuestro camino.

Tú eres tú. Yo soy yo. Si en algún momento o en algún punto nos encontramos, será maravilloso. Si no, no puede remediarse.

Falto de amor a mí mismo, cuando en el intento de complacerte me traiciono. Falto de amor a ti, cuando intento que seas como yo quiero en vez de aceptarte como realmente eres.

Tú eres Tú, «Yo soy Yo»

Quizás a muchos les suene a palabrería barata de autoayuda, pero debo decir que funciona. No es sencillo, ya que ambas partes deben estar en sintonía, es decir, preferir y no necesitar… decidir aceptar al otro cómo es y no cómo queremos que sea, entender que la otra persona está para acompañarnos y no para completarnos. Que las diferencias no son lo importante, lo importante son las coincidencias. Que el miedo a ser uno mismo limita y crea un espacio – a veces un abismo – entre ambos y que si no estamos dispuestos a dar y recibir en la misma medida, la balanza se desequilibra y al final se desprende.

Quizás a lo anterior sólo añadiría que hay que cuidarse de no caer en el autoengaño y confundir las cosas. Aceptar a la persona como es no implica aceptar que la persona nos haga sentir menos, o nos brinde desamor y ausencias en lugar de presencia y amor.

Y puede suceder, podemos querer pensar que esa es la forma de amar de esa persona, y en virtud de aceptarla como es, aceptar situaciones que finalmente resultan tóxicas. De ahí, que hay que amarnos a nosotros mismos, pero con el especial cuidado de ser inteligentemente egoístas sin dejar que el egoísmo cree un espacio propio entre ambas partes. Lograr el equilibrio, pero sin traicionarnos a nosotros mismos.

Suena complicado, parece improbable, pero de hecho no es imposible; y en todo caso, nadie dijo que la vida fuera fácil.

La verdad, desde mi punto de vista, la vida es un experimento de ensayo y error donde cada quien perfecciona su método de vida, el cual debería satisfacer el deseo propio y no el ajeno, siempre cuidando – por supuesto – que no se arrolle a nadie en el camino.

Y se puede, se puede ser honesto con uno mismo y con los demás, sin ocasionar daño. En la vida todos nos equivocamos, sí. No obstante, hay que tener cuidado con internalizar la falibilidad del ser humano como conducta, o incluso como excusa a todas nuestras equivocaciones, pues si no, estaremos nadando en el mismo círculo sin aprender nada de la vida y sin ofrecer nada en el camino.

Hay que aprender a dar, a darnos a nosotros mismos para luego dar y recibir en equilibrio.

De esa forma, estaremos bien aun cuando no estemos acompañados por una pareja, porque no nos sentiremos atrapados en algún lugar en el que no nos guste estar. El texto habla de enamorarnos de nosotros mismos primero, pero no enamorarnos de nuestro ego; sino enamorarnos de nosotros con todo y nuestros defectos o carencias, para luego poder amar a otro, con sus defectos y carencias además de sus virtudes.

Alcanzar ese estado, quizás sea el reto de más de uno.


Raquel Aldana | LaMenteEsMaravillosa.Com

El contemplador de orillas

(…) «Lo que hay que conseguir – a veces lo consigo – es acompasarse con el tiempo, no ir más deprisa ni más despacio que él. Porque el tiempo tiene un ritmo, un compás y no hay que perder el compás. Durante unos días consigo ir en sus aguas, placentero, llevado, tranquilo. Y entonces es cuando salen las cosas y mejor se ve el mundo, porque el mundo hay que mirarlo como la orilla del tiempo. Ser un contemplador de orillas». (…)

FRANCISCO UMBRAL  | MORTAL Y ROSA

Procuro – a veces lo consigo y otras no – vivir en el presente. Lo malo es cuando me encuentro en un presente que quisiera contemplar siempre, pararme a observar la orilla en la que estoy y no querer que pase el tiempo… Sé que esto no es posible, así que tendré que aprender a saborearla mientras dure y cuando termine buscar otras orillas que contemplar.

Mientras tanto, me bañaré profundamente en las únicas aguas de estos momentos.


Reyes A.

El valor de disfrutar la vida

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Muchas personas actúan y hablan sin preocuparse de la repercusión que tendrán sus acciones en el futuro. Esto es bueno, pero sólo a veces; una mala acción o experiencia nos pasará factura en el futuro. Debemos saber, pues, que las experiencias de hoy serán recuerdos mañana. Es por esto que, si sabemos disfrutar de la vida y vivimos experiencias enriquecedoras y agradables, en el futuro podremos mirar atrás y sentir la felicidad que generan los buenos recuerdos. Y es que los buenos recuerdos son lo que nos mantiene vivos. Es el poder mirar hacia atrás y sumergirse en un mundo cargado de emociones, la mayoría positivas, lo que nos hará sonreír mañana.

Vivir es generar recuerdos

El problema aparece cuando intentamos buscar en nuestro pasado y no somos capaces de encontrar nada o nos disgusta lo que encontramos. En cualquier caso, siempre hay algo que valga la pena. De todos modos, los recuerdos no aparecen solos, sino que se hacen. Y construir un recuerdo muchas veces parte de nosotros mismos; una experiencia, donde los protagonistas somos nosotros, se puede crear. Quiero decir con esto que estar sentados en el sofá todo el día, sin relacionarnos con nadie, no nos ayudará a construir recuerdos. Será el relacionarnos con otras personas o el hacer actividades lo que pueda convertirse en recuerdo.

Que las felicidades de antaño no nos impidan ir en busca de experiencias nuevas

Sin embargo, a pesar de todo esto, los buenos recuerdos pueden ser, a veces, un veneno para nosotros. Si hace mucho tiempo que no sucede nada interesante en nuestra vida, los recuerdos de felicidad pasada pueden devorarnos. La nostalgia es, en períodos de inactividad social o amorosa, un gran enemigo. Es así que, al recordar tiempos de felicidad pasada, en vez de sentir alegría, nos entristece el hecho de que esta etapa haya quedado atrás en el tiempo y de que no vamos a volver a vivirla. Por este motivo, debemos alimentar esa hambre de experiencias continuamente. Es obvio que no todo lo que nos suceda será bueno, pero serán las experiencias agradables las que se queden en el baúl de nuestros recuerdos y las que nos ayudarán a seguir avanzando: las que nos darán felicidad y ganas de vivir.

Es un hecho y una realidad que no podemos recuperar el tiempo perdido. Por eso debemos relacionarnos, hacer cosas diferentes, enamorarnos… Todo para alimentar ese apetito vital que acompaña al ser humano y que nos hace necesitar sentirnos vivos. No debemos dejarnos atrapar por la inactividad y dar vueltas en el círculo de la nostalgia, que no nos lleva a ninguna parte y que nos consume por dentro. Debemos avanzar, seguir adelante, vivir.

Construir recuerdos, por tanto, está en nuestras manos. Y lo podemos hacer ahora mismo. ¿Para qué esperar?


Compasión

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La compasión es una virtud que se deriva del valor del amor.

La verdadera compasión consiste en percibir la angustia ajena y hacerla nuestra.

La compasión no puede esperar, hay que actuar en el preciso instante en que alguien nos necesita.

Muchas veces es más cómodo no involucrarnos en la angustia de los demás, bajo pretexto de que somos discretos y prudentes; cuando en realidad lo que sucede es que estamos siendo controlados por nuestro egoísmo.

Las siguientes palabras, resumen de una manera poética, en qué consiste la compasión:

  • No es lo que has hecho, sino lo que no has hecho lo que causa congoja al caer el sol.
  • La tierna palabra olvidada, la carta que no escribiste, las flores que no enviaste, son fantasmas en la noche.
  • La piedra que no apartaste del camino de un hermano, el consejo alentador que no te atreviste a dar, esa caricia afectuosa, esa palabra amorosa en la que nunca pensaste, sumido en tus propias penas.

Margaret E. Sangster

Buscando el amor

 John Powell, un profesor de la Universidad de Loyola en Chicago, escribió esta historia basada en un hecho real, sobre un estudiante de su clase de Teología de la Fe, llamado Tommy. 

Hace unos años atrás, estaba observando a mis estudiantes mientras entraban al salón de clases. Ese fue el primer día que vi a Tommy con su larga cabellera rubia. Sé que no es un asunto de importancia, pero por alguna razón, de inmediato catalogué a Tommy como una persona rara y extraña… muy extraña.

Tommy resultó ser el ateo de la clase. Él lo objetaba absolutamente todo, con una sonrisa sarcástica, o suspirando irónicamente ante la posibilidad de un Dios que nos ama incondicionalmente. Así y todo, el primer semestre transcurrió en una relativa paz.

Cuando se acercó para entregarme su examen final, me preguntó en un tono algo cínico,

– ¿Cree usted que alguna vez encontraré a Dios?

– ¡No!, por supuesto que no – le dije.

– ¿Por qué no? – me respondió -, yo creía que ése era el producto que usted estaba vendiendo.

Un poco molesto, me acerqué a Tommy y le dije:

– Creo que tú nunca encontrarás a Dios, pero estoy absolutamente seguro de que Él, te encontrará a ti, en algún momento de tu vida.

Se encogió de hombros, como si mi respuesta no le interesara y salió del salón de clases. Un tiempo después me enteré que Tommy se había graduado, pero también me contaron que Tommy padecía de una grave enfermedad.

Para mi sorpresa, Tommy vino a verme. Al entrar en mi oficina lo vi muy demacrado y su larga cabellera había desaparecido debido a la quimioterapia, pero sus ojos brillaban y su voz era muy firme.

-Tommy, he pensado mucho en ti, me contaron que estás enfermo, ¿es cierto?

– Oh, sí, muy enfermo – me respondió -, tengo cáncer. Los médicos no me dan muchas esperanzas.

– ¿Y cómo te sientes al pasar por esta situación con tan sólo 24 años?

– Bueno, podría ser peor.

– ¿Cómo dices?

– Peor es llegar a los cincuenta años sin tener valores o ideales; o a los sesenta creyendo que beber, seducir mujeres y hacer dinero es lo más importante en la vida. En realidad vine a verlo por algo que usted me dijo el último día de clases. Le pregunté si creía que yo alguna vez a encontraría a Dios y usted me dijo que no. Pero recuerdo que usted añadió: Pero Él te encontrará a ti. Desde hace un tiempo estuve pensando mucho en esto y comencé una búsqueda muy intensa cuando los doctores me diagnosticaron que el tumor era maligno. ¿Alguna vez ha tratado de hacer algo con mucho esfuerzo, sin obtener ningún resultado? Eso es lo que me ocurrió. Empecé a golpear con mis puños las puertas del cielo, pero Dios no salió para abrirme.

Pero un día desperté y en lugar de estar lanzando mis reclamos inútiles por encima de ese muro de ladrillos a un Dios que posiblemente no estuviera ahí, me rendí. Decidí que en realidad ya no me importaba nada, ni siquiera la vida después de la muerte. Decidí pasar el tiempo que me quedara haciendo algo más provechoso.

Pensé en usted y en sus enseñanzas y recordé otra cosa que usted nos había dicho: La mayor tristeza es pasarse la vida sin amar. Pero sería igualmente triste pasar por la vida e irse sin nunca haberle dicho a los que uno ama, que los ama. Así que empecé por el más difícil, mi padre.

Él estaba leyendo el periódico y le dije:

– Papá.

– ¿Qué? – preguntó -, sin quitar sus ojos del periódico.

– Papá, quisiera hablar contigo.

– Bueno, habla.

– Papá, es algo verdaderamente importante.

Bajó el periódico lentamente.

– ¿De qué se trata?

– Papá, yo te amo. Sólo quería que lo supieras.

El periódico se cayó de sus manos. Entonces mi padre hizo dos cosas que no recuerdo que hubiese hecho antes. Lloró y me abrazó. Estuvimos hablando toda la noche. Me sentí muy bien de estar cerca de mi padre, de sentir su abrazo y de oírle decir que me amaba.

Fue más fácil con mi madre y con mi hermano menor. También ellos lloraron conmigo y nos abrazamos, nos dijimos cosas bonitas los unos a los otros y compartimos las cosas que habíamos guardado en secreto por muchos años.

Sólo me arrepiento de una cosa, de haber esperado tanto tiempo. Ahí estaba, comenzando a abrirme a todas las personas que siempre habían estado tan cerca de mí.

De pronto me di cuenta y me dije: ¡Aquí está Dios! No vino a mí cuando yo le pedía. Me imagino que yo me porté con Dios como un entrenador de animales sosteniendo el aro para que saltaran: ¡Vamos, salta! Te doy tres días, tres semanas. Me di cuenta de que Dios hace las cosas a Su manera y a Su hora. ¡Me había encontrado! Usted tenía razón, me encontró aún después de que yo dejé de buscarlo.

– Tommy – le dije con un nudo en la garganta -, yo creo que estás diciendo algo muy importante. La manera más segura de encontrar a Dios es la de no tratar de hacer de Él una posesión personal, un liberador de problemas, un consuelo instantáneo en tiempos de necesidad, sino abrirse al amor. Sabes, el apóstol Juan dijo eso: “Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en Él”.

– Tommy, ¿podría pedirte un favor? ¿Por qué no vienes a mi clase de Teología de la Fe y cuentas este importante testimonio? Si lo hago yo, no tendrá el mismo efecto que puede tener al contárselo tú.

– No sé, yo estaba listo para usted, pero no sé si para su clase.

– Piénsalo Tommy y si quieres hacerlo, llámame.

Pasó un tiempo y Tommy llamó al profesor:

– No voy a poder ir a su clase, le dijo. ¿Podría contarles usted mi historia? ¿Le contará usted al mundo entero que Dios es Amor?

– Sí, Tommy, les diré a todos cómo Dios te encontró, será una gran satisfacción para mí poder hacerlo.

Pasaron pocos días y recibí la noticia, Tommy había partido de este mundo para encontrase para siempre con su amigo Jesús.

Hoy quiero

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  • Hoy quiero concentrarme en los pétalos y no en las espinas. Hoy quiero admirar el azul del cielo sin quejarme de las nubes.
  • Hoy pago un gozoso balance de mis dones y bendigo al Señor por todos mis talentos y por su amor sin límites.
  • Hoy tengo tiempo para valorar a mis seres queridos y dar gracias por mi trabajo, mis bienes y mi salud.

Destierro el pesimismo y entierro al desaliento porque me abro jubiloso a la experiencia de alabar y agradecer. En lugar de envidiar me dedico a elogiar, en lugar de destruir me dedico a construir, en lugar de llorar me dedico a reír.

  • Hoy tengo ojos y corazón para asombrarme con las flores, los árboles, las aves y los peces. Hoy contemplo el universo con ojos nuevos y aprecio tantas maravillas. Hoy cambio mis lamentos por bendiciones.
  • Hoy veo mis problemas como oportunidades y me animo a seguir adelante con la ayuda de Dios y de quienes me aman.
  • Hoy elijo vivir en lugar de morir.

Gonzalo Gallo González