Día de limpieza

Estaba necesitando hacer una limpieza en mí…

Tirar algunos pensamientos indeseados; lavar algunos tesoros que estaban medio oxidados. Entonces saqué del fondo de las gavetas, recuerdos que no uso y no quiero más. Tiré afuera algunos sueños, algunas ilusiones…

Papeles de regalo que nunca usé, sonrisas que nunca di. Tiré fuera la rabia y el rencor de las flores marchitas que estaban dentro de un libro que nunca leí. Miré mis sonrisas futuras y mis alegrías pretendidas… y las coloqué en un cajoncito, bien ordenaditas.

Quedé sin paciencia… Saqué todo de adentro del armario y lo fui tirando al suelo: pasiones escondidas; deseos reprimidos; palabras horribles que nunca hubiera querido decir; heridas de un amigo; recuerdos de un día triste…

Pero también encontré otras cosas… y muy bellas. Me senté en el suelo, para poder escoger. Un pajarito cantando en mi ventana; aquella luna color de plata; esa puesta de sol… Me fui encantando y distrayendo, mirando cada uno de aquellos recuerdos. Arrojé directo en el tacho de la basura los restos de un amor que me hirió. Tomé las palabras de rabia y de dolor que estaban en el estante de encima, pues casi no las uso, y las tiré fuera en el mismo instante.

Otras cosas que aún me hieren, las coloqué en un cajón para después ver lo que haré con ellas, si las olvido o las envío al basurero. Encontré aquel cajoncito, aquella gaveta en la que uno guarda todo lo que es más importante: el amor, la alegría, las sonrisas, un dedito de fe para los momentos que más necesitamos. Recogí con cariño el amor encontrado; doblé ordenaditos los deseos; coloqué perfume en la esperanza; pasé un pañito en el estante de mis metas y las dejé a la vista para no olvidarlas. Coloqué en los estantes de abajo algunos recuerdos de la infancia; en la gaveta de encima, los de mi juventud, y colgado bien enfrente, puse mi capacidad de amar, y principalmente… la fuerza para Recomenzar.

«Para empezar a cambiar tu vida: Hazlo de inmediato, hazlo de forma extraordinaria. Sin excepciones».

WILLIAM JAMES 

Las tres reglas del error

Hablemos de lo que para Gandhi son las tres R del Error: Reconocimiento, Responsabilidad y Revolución

– Reconocimiento. El error es la mayor lección de humildad que nos puede dar la vida. Reconocer que no somos infalibles, nos permite poner una atención más consciente en aquello que hacemos y por tanto nuestro aprendizaje sobre nosotros mismos será mucho más provechoso.

– Responsabilidad. Al reconocer nuestra equivocación tomamos consciencia de nuestros actos y por tanto dejamos de culpar a los demás. Sentir que tenemos el poder de redirigir el daño nos hace coger confianza en nosotros mismos. Una vez más, se trata de una cuestión de actitud.

– Revolución. Entenderemos la palabra revolución como avance, un reinventarse constante. Nos ofrece la oportunidad de seguir probando nuevas estrategias. Reorganizar los pensamientos, reestructuras las acciones y re-evolucionar (volver a evolucionar). Los grandes descubrimientos como la electricidad, la penicilina o internet, en nuestra era más moderna, son un claro ejemplo de cómo a fuerza de fallar en las investigaciones se acaba encontrando algo nuevo.

¿Te identificas con las tres R?


Ciara Molina | Psicóloga Emocional. 

El poder del perdón

Saber perdonar tiene muchos beneficios para el cuerpo y las relaciones. Aprende cómo influye en todos los aspectos cotidianos. 

Tal como canta Elton John, el perdón parece ser uno de los conceptos más difíciles de experimentar. Pero además de eso, por lo que pude investigar, es un término mal entendido.

Muchas veces no perdonamos porque creemos que el perdón contribuye a la injusticia. «Quienes hicieron daño no merecen nuestro perdón», pensamos. Si perdonamos nos volverán a herir, se van a aprovechar de «nuestra nobleza». El enojo por los daños y ofensas a veces no se ve mermado ni siquiera por el tiempo. Se puede estar enfurecido con los propios padres por sus errores durante la crianza, con quienes abusaron alguna vez de nuestra buena fe, y con esa cuñada que nos dijo «gorda» (o lo insinuó) en la Navidad de hace diez años.

No perdonamos a nadie. Ni siquiera a nosotros mismos

Guardamos la herida en el alma como un tesoro filoso, la sacamos en el recuerdo de vez en cuando y la miramos absortos como si fuera un álbum de fotos, una joya de exposición. Y, en ese momento, proyectamos otra vez en nuestra mente la película triste del episodio imperdonable y revivimos todo. El enojo del pasado se alimenta con grandes bocados de presente. Eso es el rencor.

Pero, realmente ¿por qué motivos valdría la pena perdonar? ¿Sólo por una cuestión religiosa, por puro altruismo? En un mundo que en muchas ocasiones es tan sumamente cruel, ¿hay algún asunto que sea imposible de disculpar?

La información es rica y variada al respecto. Algunos expertos se han dedicado a estudiar el perdón como una ciencia y han descubierto algunas cuestiones realmente sorprendentes.

Para conocerlo y dominarlo, primero debemos saber de qué está construido el perdón, qué es y qué no es este sentimiento transformador.

Aviones sin descanso

Fred Luskin es consejero, psicólogo de la salud y director del Proyecto del Perdón de la Universidad de Stanford, en los Estados Unidos. En su guía «Perdonar es Sanar», que recoge casos y estudios de ese programa, Luskin explica que las aflicciones sin solucionar son como aviones que vuelan días y semanas sin parar ni aterrizar, congestionando recursos que se pueden necesitar en caso de emergencia. «Los aviones del rencor se convierten en fuente de estrés, y frecuentemente el resultado es un choque», afirma Luskin.

El especialista aclara que el perdón no es aceptar la crueldad, olvidar que algo doloroso ha sucedido ni excusar el mal comportamiento. Tampoco implica la reconciliación con el ofensor. «El perdón es para usted y no para quien lo ofendió», dice Luskin. «Se aprende a perdonar como se aprende a patear una pelota. Mi investigación sobre el perdón demuestra que las personas reservan su capacidad para molestarse pero la usan sabiamente. No desperdician su valiosa energía atrapados en furia y dolor por cosas sobre las que nada pueden hacer. Al perdonar, reconocemos que nada se puede hacer por el pasado, pero permite liberarnos de él. Perdonar ayuda a bajar los aviones para hacerles los ajustes necesarios».

Según Luskin, el perdón sirve para descansar y no implica que el ofensor «se saldrá con la suya» ni aceptar algo injusto. Significa, en cambio, no sufrir eternamente por esa ofensa o agresión.

Sin embargo, ¿qué pasa si esta última fue demasiado grave?

La lección de Kim

Era la guerra de Vietnam, exactamente el 8 de noviembre de 1972. La familia de Kim Phuc intentó guarecerse en una pagoda cercana al escuchar el ruido de los aviones estadounidenses. Pero el refugio no fue suficiente contra las bombas de napalm que caían del cielo, y el lugar comenzó a incendiarse.

Un corresponsal de la agencia de noticias Associated Press, Nick Ut, sacó en ese momento la foto famosa y triste que recorrió el mundo. Allí estaba Kim, de nueve años, desnuda y llorando en un grito, con gran parte de su cuerpo cubierto de quemaduras de tercer grado. A pesar de eso, Kim sobrevivió. Tuvo que someterse a 17 cirugías y luego de años de ser utilizada como símbolo de la resistencia por su país, pidió asilo en Canadá. Pero lo destacable en su historia es que Kim perdonó al capitán John Plummer, el oficial que ordenó tirar las bombas sobre su pueblo.

En «El Don de Arder», Kim cuenta a la periodista Ima Sanchís que al encontrarse con el militar en un evento no lo insultó, sino que lo abrazó: «La guerra hace que todos seamos víctimas. Yo, como niña, fui una víctima, pero él, que hacía su trabajo como soldado, también lo fue. Yo tengo dolores físicos, pero él tiene dolores emocionales, que son peores que los míos».

Kim ha capitalizado sus viejas heridas en una forma positiva. En la actualidad, viaja por el mundo pidiendo por la paz, y es presidenta de la Fundación Kim Internacional, organización dedicada a dar asistencia a víctimas de conflictos armados.

Pero ¿cuál es el secreto para actuar con esa entereza?

Resiliencia, la palabra mágica 

Boris Cyrulnik sufrió la muerte de sus padres en un campo de concentración nazi del que logró huir cuando tenía apenas seis años. Luego de la guerra, anduvo de un refugio en otro hasta terminar en una granja de beneficencia. Unos vecinos le enseñaron el amor por la vida y la literatura, y más tarde él decidió ser médico y estudiar los mecanismos de supervivencia. Hoy es psiquiatra, neurólogo, escritor, psicoanalista y especialista en resiliencia, un concepto psicológico que define la capacidad de las personas de sobreponerse a la adversidad y ser fuertes en las crisis. «La resiliencia es un antidestino», dice Cyrulnik. «Es un trabajo, no es fácil, pero es un espacio de libertad interior que hace posible que uno no se someta a su herida».

Las personas que pueden sobreponerse a las tragedias o que logran salir de períodos difíciles de dolor emocional pueden dejar su papel de víctima y empezar una vida nueva, al igual que Boris y Kim. ¿Se ha preguntado por qué algunas personas, agobiadas por el desamparo en su infancia, caen en la delincuencia o se convierten en agentes de maltrato, y otras, en cambio, se recuperan, se vuelven personas de bien y son felices, fuertes, prósperas o exitosas? La resiliencia es la respuesta, y, para lograrla, el perdón es uno de los ingredientes requeridos.

De acuerdo con la psicoterapeuta Rosa Argentina Rivas Lacayo, presidenta de la Asociación Latinoamericana de Desarrollo Humano y de la Asociación de Orientación Holística de la República Mexicana y autora del libro «Saber Crecer»: «Sin perdón no podemos crecer ni fortalecernos con la adversidad. No lograremos tampoco ser resilientes. Algunas personas mantienen su dolor al rojo vivo para demostrar al mundo lo mal que han sido tratadas, sin querer darse cuenta de que se dañan ellas mismas al hacerlo. Al mundo no le interesa nuestro pasado, sino lo que somos capaces de hacer y dar ahora. Cuando nos aferramos al dolor añejo, la autocompasión empaña nuestra capacidad de dar a los demás y, al asumir el papel de mártires, nos sentamos a esperar que alguien mágicamente resuelva nuestra vida».

Para Rivas Lacayo, el perdón nos ayuda a reconocer y admitir que somos frágiles y que no necesitamos ocultar la debilidad. Al hacernos conscientes de nuestros límites, evitaremos que la experiencia se repita.

No es poco, pero hay más: ¿qué tal si hubiera pruebas médicas de la utilidad del perdón?

El perdón, para prevenir las enfermedades 

Además de la salud espiritual, existen varias pruebas de que dejar atrás la hostilidad protege la salud física. Y no es una metáfora ni una «manera de decir». Un estudio denominado «Forgiveness and Physical Health» realizado en la Universidad de Wisconsin indicó que aprender a perdonar puede ayudar a prevenir las enfermedades del corazón en personas de mediana edad. En esa investigación se descubrió que, cuanto mayor era la capacidad de perdonar de las personas, menos problemas de salud coronaria manifestaban a lo largo de su vida. En cambio, cuanto menor era la habilidad para disculpar, más frecuentes eran los episodios de trastornos cardiovasculares.

Con respecto a la rememoración de heridas, he aquí otra información importante: una investigación señaló que pensar durante cinco minutos en algo que produce desazón, enojo o disgusto puede disminuir la variabilidad del ritmo cardíaco (VRC), una medida de la salud del sistema nervioso que señala cuán flexible es el estado del sistema cardiovascular. Para afrontar y responder en buenas condiciones el estrés, el corazón necesita flexibilidad. El mismo estudio mostró que esos cinco minutos de pensamiento negativo desaceleran la respuesta del sistema inmunitario o de defensas del organismo.

Los beneficios del perdón (tanto los que protegen el cuerpo, como los que alivian y «limpian» el alma) no se aplican sólo a los demás sino también a uno mismo, cuando a pesar de nuestros errores y culpas somos capaces de perdonarnos y dejar de sentirnos merecedores de un castigo.

Perdonar no es olvidar ni permanecer en el error. Por el contrario, es empezar de nuevo, con la experiencia adquirida, sin los rencores «sobrevolando» y confundiendo las posibilidades del presente.

Al igual que el amor, el perdón no es algo que se «entrega» a los demás, sino un regalo vital para nosotros mismos.


Ágata Székely | Selecciones.Com

La batalla de los pensamientos

«El primer lugar en el que perdemos la batalla es en nuestro propio pensamiento. Si crees que es permanente, entonces es permanente. Si crees que has alcanzado tus límites, entonces los has alcanzado. Si piensas que nunca vas a estar bien, entonces nunca lo estarás. Tienes que cambiar tu forma de pensar. Necesitas ver todo lo que te está deteniendo; cada obstáculo, cada limitación, es sólo temporal». 

JOEL OSTEEN

No hay más que amor

El psicoanálisis nos ha enseñado que muchos odios desconocidos y temores y aún enfermedades físicas con frecuencia no son sino amor que rehúsa reconocerse como tal, amor que se ha vuelto enfermo porque no reconoce su verdadera naturaleza y ha perdido de vista su objetivo.

Los conflictos en el mundo no se deben a la ausencia del amor, sino al amor que no se reconoce a sí mismo, que es infiel a su propia realidad. La crueldad es el amor sin dirección. El odio es el amor frustrado.

El amor no está sólo en la mente o el corazón, es más que el pensamiento y el deseo. El amor es acción: y solamente en el acto del amor alcanzamos la intuición contemplativa de la sabiduría amorosa. Esta intuición contemplativa es un acto de una especie más elevada, un amor más puro. El amor disuelve la aparente contradicción entre la acción y la contemplación.

Para alcanzar un maduro acto de amor, debemos primero experimentar contradicción y conflicto. El amor es una cima de libertad y de plena conciencia personal. El amor se encuentra a sí mismo solamente en el acto. El amor que actúa sin conocimiento, a pesar de él mismo y en contra de su misma naturaleza, no alcanza la plena conciencia de sí mismo. Queda escondido de sí mismo. También no logra actuar perfectamente como amor. Es visto como algo distinto del amor.

Todo amor que no es entrega de sí mismo totalmente libre y espontánea, tiene en sí mismo un sabor a muerte. Esto quiere decir que todo nuestro amor como hombres ordinarios que no somos santos ni místicos, está lleno de contradicción, conflicto, amargura. Y tiene ese sabor a muerte.

Y podríamos añadir que es en el conflicto y la contradicción del amor que no es todavía verdadero, donde podemos descubrir el camino del amor verdadero. Es aceptando en nuestra plena conciencia un amor imperfecto, cuando el amor llegará a su perfección.

El primer paso para alcanzar la verdad y pureza del amor es reconocer en nosotros ese amor que no es todavía puro, pero que sin embargo es amor, y que aspira por su misma naturaleza a ser puro.

Todas las virtudes son aspectos del amor, y todos los vicios son también aspectos del amor. Las virtudes son manifestaciones de un amor que está vivo y sano. Los vicios son síntomas de un amor enfermo porque rehúsa ser él mismo.

En realidad, no hay más que amor. Pero este amor podría estar en contradicción consigo mismo. Puede ser al mismo tiempo amor y odio, amor y codicia, amor y miedo, amor y celos, amor y lujuria. Su destino es ser simplemente amor, sin ninguna otra cosa contradictoria. Pero no puede cumplir este destino si nosotros tratamos únicamente de suprimir el odio, la codicia, el miedo, los celos, la lujuria. Estas fuerzas malignas reciben su poder solamente del amor. Suprimirlas es suprimir el amor. Debieran más bien, por el contrario, ser conscientes de sí mismas como amor, y cuando lo sean, ya no desviarán la energía del amor para servir a lo que no es amor.


Thomas Merton

Cambiar para crear lo nuevo

Cambiar es el empuje de nuestra naturaleza creativa. Cuando nos negamos a ser flexibles, a considerar, a valorar nuevas formas, entonces encerramos nuestra naturaleza creativa, y el carácter se vuelve muy irritable, las formas de reaccionar son muy repetitivas, porque en el fondo hay una resistencia a dejar conductas viejas, formas de pensar que ya no están dando resultado, lo cual genera un estado de tensión que provoca que todo te parezca mal, poca cosa, porque ya no es algo que te esté haciendo crecer y descubrir nuevos talentos en ti.

Así que recuerda: la próxima vez que te enfades, pregúntate dónde eres inflexible y dónde has encerrado tu naturaleza creativa, es decir, dónde estás actuando con actitudes viejas y dónde te has encerrado en un mismo patrón de conducta, de pensamiento.

Confía más en ti, en lo que en verdad quieres, en que las cosas pueden cambiar a tu mejor gozo y placer. Y si estás inconforme con algo, no des un salto ni un grito: recuerda que la inconformidad sólo avisa que algo en tu vida ya necesita ser renovado, transformado: y esta renovación tiene que suceder no allá afuera, sino dentro de ti, en tu pensamiento, en la actitud con la que reaccionas en la vida.


Laura Garcés Garmendia

Una forma de creatividad

Nada puede pesarte tanto como tu incapacidad para perdonar. Y nada es tan trágico como vivir día y noche con el corazón lleno de rencor y odio. Alguno, o tal vez muchos, te han hecho daño y poco a poco te has desengañado. Ya no eres aquel de antes. Te sorprendes. Ya no eres tan amable, generoso, bueno.

Tu afecto se ha convertido en frialdad. La simpatía en antipatía. Donde antes había un lazo hay una rotura. Estás mal. La amistad se ha convertido en enemistad. Tu amor se ha transformado lentamente en odio.

Sufres. Te has encarcelado. Tus ventanas están cerradas. El sol permanece fuera. La vida se vuelve insoportable. En lo más profundo de ti mismo aspiras a la liberación.

¡Créeme, hay un sólo camino!

¡Perdón! ¡Perdona! Cuesta mucho, lo sé, pero vale la pena.

Perdonar es una forma de creatividad; es generar «nueva vida» y «nuevas alegrías». Es crear nuevas posibilidades en ti mismo y en los demás.

Perdonar, debieras hacerlo a menudo; debes, de hecho, perdonar setenta veces siete, hasta el infinito, porque también tú ¡tienes necesidad de perdón!


Phil Bosmans

Para ser feliz…

Para ser feliz debemos evitar el resentimiento personal y hacia los demás, ¿Cómo?

  • Elige vivir de la manera que tú creas sin criticar a los que viven distinto.
  • Si algo no te funciona cambia de estrategia y evita quejarte.
  • Proponte metas y asegúrate en cumplirlas, después ayuda a otros a que también lo hagan.
  • No disminuyas los logros de los demás, reconócelos y alégrate sinceramente de ellos.

Como Flor Profusa

Comer para dejar de sufrir

Hay que aceptar y entender que es un problema psicológico. 

La comida se ha vuelto un mecanismo de defensa ante los problemas: comer para olvidar. Cada vez nos preocupamos más por nuestra salud y la estética corporal. Muchas personas optan por una dieta escasa para perder peso o mantener su figura, sin tener en cuenta que comer poco al final es contraproducente. También hay quien lleva un control estricto de las calorías que ingiere en cada momento, esto con la finalidad de sentirse a gusto consigo mismo y cumplir con las expectativas sociales y existen personas que se refugian en la comida para evitar enfrentar y hablar de sus emociones.

La obesidad cobra 2.8 millones de vida en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud y esto puede ser la consecuencia de que la comida se ha vuelto uno de los escapes emocionales de la sociedad actual. La tendencia a ingerir grandes cantidades de alimento es uno de los trastornos más comunes que los jóvenes, equivocadamente, han adoptado para expresar sus emociones, los problemas en el trabajo o en la familia, discusiones de pareja, situación de desempleo, la  época de exámenes, entre otras circunstancias.

Es muy fácil que nos demos un atracón si estamos pasando por un momento emocional complicado de tristeza, rabia o ansiedad. La gula causa un alivio inmediato pero pasa factura en el cuerpo y la mente, ya que esta conducta está asociada a la falta de control de impulsos. Se usa la comida como un mecanismo de defensa ante los problemas: comer para olvidar.

Quien tiene tendencia a ingerir grandes cantidades de comida de forma ansiosa y apresurada suele ser impulsivo e incapaz de gobernar sus arrebatos. Esto se puede considerar un trastorno, cuando la persona lo hace tres o más veces a la semana.

Las personas con este trastorno tienden a confundir la sensación corporal y piensan que tienen hambre, cuando lo que en realidad están sintiendo es ansiedad. Según los expertos: «las causas de la gula no tienen explicación fisiológica. El atracón se suele dar cuando se producen alteraciones del estado de ánimo o situaciones de estrés puntual».

Pero ¿cuál es la causa de refugiarse en la comida para sentirse mejor? El comer nos produce satisfacción de manera inmediata y alivia nuestro malestar a corto plazo, ya que se elevan los niveles de serotonina y eso nos produce placer. Sin embargo, el sentimiento de culpa aparece casi de inmediato después del atracón y ahora la culpa es el nuevo ingrediente que se suma al problema que nos hizo comer desmedidamente. Es decir, caemos en un círculo vicioso que hace que la conducta permanezca, en vez de superarse.

La falta de cariño, la inseguridad o el no sentirse bien con uno mismo, puede llevarnos a comer desmedidamente y a desarrollar enfermedades más graves como la bulimia nerviosa, depresión, diabetes u obesidad.

Si nos acostumbramos a enfrentar las dificultades con comida, nuestra capacidad para tomar decisiones y resolver conflictos será menor.

Por esta razón queremos darte algunos consejos que podrán ayudarte a evitar caer en esta situación.

  • Ser consciente de que el problema con los atracones existe, hay que saber y comprender lo que nos pasa para saber cómo resolverlo.
  • Incrementa el consumo de verduras y disminuye las grasas.
  • Hay que aceptar y entender que es un problema psicológico.
  • Evita los alimentos con alto contenido graso.
  • Guarda los aperitivos más apetitosos, mantén las tentaciones fuera de tu alcance.
  • Busca ayuda profesional para que te apoyen y adquieras herramientas emocionales para superar el trastorno emocional y con eso, la gula.
  • Realiza 5 comidas al día y no pases más de 4 o 5 horas sin ingerir alimento.
  • Haz alguna actividad física, mínimo 15 minutos de caminata diaria.

Quien sufre de este trastorno, necesita un cambio de hábitos y no puede hacerlo solo, es necesario el apoyo y acompañamiento de la familia para enfrentar y salir del problema, ¡porque en la familia está la solución!


¿Por qué es tan difícil cambiar?

Una vez le preguntaron al sabio:

– ¿Qué es lo más difícil en esta vida?

Y este contestó:

Cambiar de mentalidad. Cambiar la forma de pensar. Cambiar el sistema de creencias. Cambiar de actitud. Cambiar la manera de mirar…

A lo que le volvieron a preguntar:

– ¿Y por qué es tan difícil cambiar?

Y el sabio, con una tranquilidad pasmosa, contestó:

– Cambiar en sí mismo no es difícil. De hecho, es más fácil de lo que pueda parecer. Lo difícil es encontrarse con alguien que sea lo suficientemente humilde para reconocer que está equivocado.

Así se nos pasa la vida

Tal vez miramos hacia arriba con temor pues alguien muy poderoso puede estar pensando en hacernos daño. Miramos hacia abajo y también ahí puede estar escondido algún enemigo.

Vivimos en un mundo en el que nos relacionamos con todas las personas pero no sabemos qué piensan, qué sienten, qué quieren de nosotros. Sucede también con los problemas. Muchas veces sentimos una gran presión, estamos ahí mirando hacia arriba, hacia abajo y sólo vemos problemas y más problemas. Entonces sin darnos cuenta dejamos de vivir el momento, el presente. Dejamos de disfrutar de lo que sucede aquí y ahora.

Parece difícil, pero es posible vivir este momento, separarse del resto, dejar que nos motive lo que se presenta. Esto no significa ignorar lo que nos está sucediendo, sabemos cuáles son nuestros problemas, sabemos también qué puede suceder o tal vez no, pero también en este instante algo maravilloso puede estar sucediéndonos y por dejarnos llevar por los problemas dejamos de vivenciarlo como se debe.

  • Nos preocupa el dinero, entonces pasamos el día haciendo cuentas y nuestros hijos nos regalan sonrisas, alegrías, caricias y no las vemos ni las sentimos.
  • El auto no nos funciona bien y entonces estamos atentos a todos sus ruiditos y a sus fallas y en ese camino que estamos transitando no apreciamos el paisaje.
  • El día no fue bueno y llegamos a casa y mamá o papá o nuestra pareja nos espera con una comida preparada para nosotros, con la mesa servida pero no apreciamos nada, porque sólo estamos pensando en lo malo que nos sucedió.
  • En el trabajo nos exigen un mayor rendimiento y entonces sometidos a esa presión dejamos de amar lo que hacemos pues nos preocupa sólo cumplir con lo que nos exigen y temerosos nos movemos como máquinas.

Y así se nos pasa la vida… De problema en problema…

Pero es así también como estamos viviendo, sin dejarnos salpicar por las alegrías, ni por esos flashes que no están ahí por casualidad sino que como rayos fugaces nos están diciendo: Viví… Ahora… ¡Ya!

No dejes pasar los buenos momentos, no los ignores, ni pienses que esto bueno que ahora, en este instante está sucediendo, mañana se repetirá.

Cada momento de nuestra vida es único e irrepetible: ¡No te lo pierdas!


Graciela de Filippis

Tiranía

«Ni la fuerza más grande es comparable con la energía que tienen algunos para defender su propia debilidad».

VOLTAIRE 

¿Quién no conoce a alguna persona que se autodefina débil y que utilice la tiranía de su debilidad para conseguir lo que quiere? Personas que intentan con todas las fuerzas de su cuerpo y todas las estrategias de su mente que los demás les ayuden a conseguir lo que desean, inyectándoles la sombra de la pena o de la culpa si no lo hacen, apelando a su falta de capacidad para solucionar sus propios problemas.

Lo malo es que muchos de nosotros podemos caer en la trampa y dejar que estos vampiros mentales nos chupen la sangre, que sigan ejerciendo su poder, su cruel y a menudo inconsciente dictadura. Lo que ocurre es que de esta forma, estamos reafirmándoles su debilidad, confirmándoles que en el mundo cualquier cosa es posible gracias a su actitud y que ellos, por ser débiles, se merecen ese trato especial.

Pienso que está en nuestra mano cortar el círculo vicioso e injusto que los sostiene y al que someten a los demás. Porque quizás si nadie les resolviera los problemas, aprenderían a caminar sin ayuda, empezarían a canalizar esas energías que tan bien saben usar en resolverlos por ellos mismos, se darían cuenta de que no son el centro del mundo y comenzarían a liberar a los que les rodean de su cómoda y fácil tiranía.


Reyes A.

Un gran hombre

Un día, mi hermana lloraba en su habitación… Con mucha nostalgia, observé que mi padre se le acercó y le preguntó el motivo de su tristeza; los escuché hablando por horas, pero hubo una frase tan especial que dijo mi padre esa tarde, que hasta el día de hoy, 8 años más tarde, la recuerdo cada mañana y me llena de fuerza.

Es la primera vez que escribo sobre nosotros los hombres, hombres que siempre nos caracterizamos por ser el sexo fuerte, aunque muchas veces caemos por debilidad…

Un día, mi hermana lloraba en su habitación… Con mucha nostalgia, observé que mi padre se le acercó y le preguntó el motivo de su tristeza; los escuché hablando por horas, pero hubo una frase tan especial que dijo mi padre esa tarde, que hasta el día de hoy, 8 años más tarde, la recuerdo cada mañana y me llena de fuerza.

Mi padre acariciándole el rostro, le dijo: «Hija mía, enamórate de un Gran Hombre y no volverás a llorar».

Me pregunté tantas veces, cuál era la fórmula exacta para llegar a ser ese gran hombre y no dejarme vencer por las pequeñeces…

Conforme pasan los años descubrimos que si tan sólo todos los hombres lucháramos por ser grandes de espíritu, grandes de alma y grandes de corazón… ¡el mundo sería completamente distinto!

Aprendí que un Gran Hombre no es aquel que compra todo lo que desea, pues habemos tantos de nosotros que hemos comprado hasta el cariño y el respeto de quienes nos rodean.

Mi padre decía: «No busques a un hombre que sólo hable de sí mismo, sin preocuparse por ti… Ni a aquel que se la pase las horas halagando sus propios logros. No te aferres a un hombre que te critique y te diga lo mal que te ves o lo mucho que deberías cambiar. ¿Para qué quieres a un hombre que te abandonará si no cambias, por un cabello más claro?, ¿Por unos ojos de otro color? ¿O por un cuerpo más esbelto si no supo admirar la verdadera belleza que hay en ti»?

Cuántas veces me dejé llevar por la superficialidad de las cosas, haciendo a un lado a quienes realmente me entregaban su sinceridad e integridad.

Me costó trabajo comprender que Gran Hombre no es el que llega más alto, ni el que tiene más dinero, casa, auto, ni el que vive rodeado de mujeres, ni mucho menos el más guapo.

Un Verdadero y Gran Hombre es aquel ser humano lleno de transparencia, que no oculta sus verdaderos sentimientos ni se refugia en vicios y cortinas de humo, es el que abre su corazón sin rechazar la realidad, es quien admira a una mujer por sus cimientos morales y grandeza interior.

Un Gran Hombre, es el que camina de frente, sin bajar la mirada, es aquel que no miente y sabe llorar su dolor.

Hoy mi hermana está felizmente casada, y ese Gran Hombre con quien se casó no era ni el más popular, ni el más perseguido, ni el más solicitado, ni mucho menos el más adinerado. Ese Gran Hombre es quien simplemente nunca la hizo llorar, es quien la hace sonreír por lo mucho que han logrado juntos, por todos sus recuerdos, por cada alegría que comparten, y por esos tres hijos que llenan sus vidas…

Ese Gran Hombre, ama tanto a mi hermana que no se cansa de besar sus manos, y mucho menos sus labios. La quiere por quien ella es y por lo que son cuando están juntos.

Se lo mando a mis «amigos hombres« para que hagan crecer a ese Gran Hombre que llevan dentro… y a «mis amigas mujeres» para que sepan elegir a ese Gran Hombre que Dios tiene destinado para ustedes.

Escrito por un hombre.

Poema: Elegí la vida

No quise dormir sin sueños:

y elegí la ilusión que me despierta,

el horizonte que me espera,

el proyecto que me llena,

y no la vida vacía de quien no busca nada,

de quien no desea nada más que sobrevivir cada día.

No quise vivir en la angustia:

y elegí la paz y la esperanza,

la luz, el llanto que desahoga, que libera,

y no el que inspira lástima en vez de soluciones,

la queja que denuncia, la que se grita,

y no la que se murmura y no cambia nada.

No quise vivir cansado:

Y elegí el descanso del amigo y del abrazo,

el camino sin prosas, compartido,

y no parar nunca, no dormir nunca.

Elegí avanzar despacio, durante más tiempo,

y llegar más lejos,

habiendo disfrutado del paisaje.

No quise huir:

y elegí mirar de frente,

levantar la cabeza,

y enfrentarme a los miedos y fantasmas

porque no por darme la vuelta volarían.

No pude olvidar mis fallos:

pero elegí perdonarme, quererme,

llevar con dignidad mis miserias

y descubrir mis dones;

y no vivir lamentándome

por aquello que no pude cambiar,

que me entristece, que me duele,

por el daño que hice y el que me hicieron.

Elegí aceptar el pasado.

No quise vivir solo:

y elegí la alegría de descubrir a otro,

de dar, de compartir,

y no el resentimiento sucio que encadena.

Elegí el amor.

Y hubo mil cosas que no elegí,

que me llegaron de pronto

y me transformaron la vida.

Cosas buenas y malas que no buscaba,

caminos por los que me perdí,

personas que vinieron y se fueron,

una vida que no esperaba.

Y elegí, al menos, cómo vivirla.

Elegí los sueños para decorarla,

la esperanza para sostenerla,

la valentía para afrontarla.

No quise vivir muriendo:

y elegí la vida.

Así podré sonreír cuando llegue la muerte,

aunque no la elija…

… porque moriré viviendo.

Rudyard Kipling

Emociones: ¿Buenas o malas? ¿Aliadas o enemigas?

Contexto cultural de las emociones 

Algunas personas piensan que las emociones son una debilidad, por lo que se deberían reprimir o camuflar. Por el contrario, las emociones son la base de nuestra efectividad personal. Representan un potencial para nuestro desarrollo.

Algunos hablan de emociones positivas y negativas, pero no existe lo que podamos llamar emociones buenas o malas. Hay emociones como la ira, el miedo o la tristeza que, en algunos contextos, no son socialmente aceptadas, en consecuencia, la gente trata de negarlas o camuflarlas.

Se han creado estereotipos culturales de lo que son las emociones. Muchas personas pretenden meter las emociones en un molde. De modo que tienden a amoldar su expresión emocional a los cánones socialmente aceptados. Como dice Maickel Malamed: «Parte del manejo emocional tiene que ver con moldes… el hombre piensa, la mujer siente, los hombres no lloran, la tristeza es mala, el miedo es de cobardes… se pierde la emoción en una cuestión moral y la moralidad está en la acción, no en el sentimiento».

Pero nos engañamos al pretender meter las emociones en un molde, y etiquetarlas como buenas o malas, positivas o negativas. Las emociones son, simplemente, expresiones naturales de nosotros mismos que expresan una realidad interna, una necesidad. Constituyen un componente fijo de nuestro programa de comportamiento. No son optativas. No se pueden, simplemente, desconectar o ignorar.

¿Sus emociones operan a su favor o en su contra?

Las emociones impulsan nuestras acciones y, el poder que ellas tienen puede llevarnos a responder de maneras diferentes ante una situación. La clave está en reconocer qué emoción estamos sintiendo y qué necesitamos satisfacer. Según sea nuestro manejo (adecuado o inadecuado) las emociones se movilizarán a favor nuestro (contribuyendo a la expresión y satisfacción de necesidades), o en contra (generando resultados negativos). Así por ejemplo, el miedo manejado inadecuadamente puede sumirnos en el pánico y la parálisis; o por el contrario, puede llevarnos a tomar medidas preventivas para salvaguardar nuestra integridad física.

Observemos en perspectiva la gama de manejo emocional que permiten las emociones básicas: 

La rabia:

  • Es una reacción de lucha esencial e instintiva ante la aparición o percepción de amenaza o peligro.
  • La rabia al ser reprimida, se manifiesta en: Imposición sin lugar a discusión, retroalimentación ni diálogo. Censura, reproche, juicio. Culpa, violencia.
  • Si se permite la fluidez natural de esta emoción, el individuo está disponible para: Movilizar energías hacia la acción.
  • Usar los recursos necesarios para la resolución de alguna situación.

El miedo:

El miedo es una reacción ante situaciones de amenaza o que generan inseguridad, en las que la persona percibe que puede perder el control sobre su entorno.

Cuando el miedo es reprimido o cuestionado, la persona se convierte en dependiente de su medio. La persona no se siente preparada para confrontar las situaciones de riesgo y de desarrollo.

  • El miedo manejado inadecuadamente se puede convertir en: Pánico, parálisis.
  • En la medida en que una persona crezca y se desarrolle sin intentar esconder o reprimir sus miedos, estos se transforman en: Valor y coraje para enfrentarse a las situaciones que lo requieran, incluso a desarrollar medidas de prevención, capacidad única que nos diferencia de los otros seres vivos.

La tristeza y el dolor:

  • Son reacciones de adaptación a cambios o pérdidas experimentadas.
  • El reprimir la tristeza nos hace sentir: Resignación, nos ubica como una víctima, nos hace sentir lástima y/o desesperación.
  • Al expresar estas emociones, puede crearnos una situación de: Paz y contracción que nos lleve a una introspección y a comenzar un proceso de duelo necesario para que luego sane su  interior, el cual es vital para que la persona pueda comenzar nuevas relaciones o nuevos proyectos, viviéndolos como «nuevos» en su presente sin adjudicarle características de su pasado.

La alegría y el placer:

Son reacciones que surgen ante la experiencia de satisfacción de necesidades básicas o de orden superior.

  • Cuando una persona ha sido educada con mapas en donde la única emoción que se refuerza como positiva o «buena» es la alegría y el placer, lo lleva a forzarse a vivir en ese estado permanentemente, y puede crear incongruencias en el sentir y actuar, transformándose entonces en alguien que vive  en una  forma de pantalla y de  evasión para no mostrar lo que realmente siente.
  • Cuando la expresión de esta emoción es espontánea y fluida, nos da la base del sentido de la vida, es la que nos hace empáticos, nos lleva a la proactividad, a la creatividad, a la automotivación, al manejo adecuado del estrés, entre otros y, en su máxima expresión, como placer, nos hace sentir satisfacción de nuestros logros, nos permite asimilar el aprendizaje interpersonal, nos une como personas y como seres humanos y nos potencia para el desarrollo de nuevas actividades.

Arnoldo Arana | Parejas.Efectivas.Blogspot.Com