La renuncia

Por medio de la presente presento mi renuncia irrevocable a ser adulto. He decidido aceptar la responsabilidad de tener 6 años nuevamente.

  • Quiero ir a McDonald’s y pensar que es un restaurante de 5 estrellas.
  • Quiero navegar barquitos de papel en un estanque y hacer anillos tirando piedras en el agua.
  • Quiero pensar en que los dulces son mejores que el dinero, pues se pueden comer.
  • Quiero tener un descanso y pintar con acuarelas.
  • Quiero salir cómodamente de mi casa sin preocuparme cómo luce mi cabello.
  • Quiero tener a alguien que me arregle y me planche la ropa.
  • Quiero tomar baños y dormir  horas todas las noches. Quiero abrazar a mis padres todos los días y enjuagar mis lágrimas en sus hombros.
  • Quiero regresar a los tiempos en que mi vida era simple, cuando todo lo que sabía eran colores, tablas de sumar y cuentos de hadas, y eso no me molestaba, porque no sabía que no sabía y no me preocupaba por saber. Con todo lo que sabía era feliz, porque no sabía las cosas que me preocupan y molestan.
  • Quiero pensar que el mundo es justo. Que todas las personas son honestas y buenas.
  • ¡Quiero pensar que todo es posible…!

En algún lugar de mi juventud maduré y aprendí demasiado… (Debo desaprender, para aprender).

  • Aprendí de armas nucleares, guerras, prejuicio, hambre y de niños abusados.
  • Aprendí sobre mentiras, matrimonios infelices, del sufrimiento, enfermedad, dolor y la muerte.
  • Aprendí de un mundo en el que saben matar y lo hacen. ¿Qué pasó con el tiempo en que pensaba que todo el mundo viviría para siempre, porque no entendía el concepto de la muerte, excepto cuando perdía mi mascota, cuando pensaba que lo peor que pasaba era que cualquiera me quitara mi pelota de jugar, o me escogiera de último para ser su compañero de equipo? Cuando no necesitaba gafas para leer.
  • Quiero alejarme de las complejidades de la vida y emocionarme nuevamente con las pequeñas cosas una vez más.
  • Quiero regresar a los días en que la música era limpia y sana.

Recuerdo cuando era inocente y pensaba que todo el mundo era feliz porque yo lo era. Caminaría solo en la playa pensando sólo en la arena entre los dedos de mis pies y la ostra más bonita que pudiera encontrar, sin preocuparme por la erosión o la contaminación. Pasaría mis tardes subiendo árboles y montando en mi bicicleta hasta llegar al parque, sin la preocupación de que me secuestren.

No me preocupaba el tiempo, las deudas o de donde iba a sacar dinero para arreglar mi coche. Sólo pensaba en lo que iba a ser cuando fuera grande, sin la preocupación de lograrlo o no.

  • Quiero vivir simplemente nuevamente. No quiero que mis días sean de computadoras que se cuelgan, de la montaña de papeles en mi escritorio, de noticias deprimentes ni de cómo sobrevivir unos días más al mes cuando ya no queda dinero.
  • No quiero que mis días sean de facturas de médicos. No quiero que mis días sean de chismes, enfermedades y pérdida de seres queridos.
  • Quiero creer en el poder de la sonrisa, del abrazo, del apretón de manos, de la palabra dulce, de la verdad, de la justicia, de la paz, los sueños, de la imaginación.
  • Quiero creer en la raza humana y quiero volver a dibujar muñecos en la arena.
  • ¡Quiero volver a mis 6 años!

Sería maravilloso que cada uno de nosotros pudiera vivir un poco como ese niño que llevamos dentro, y nos dejemos arrastrar por la sociedad que nos rodea.


Anónimo

Importancia de las palabras de estímulo

Algunos de los mayores éxitos de la historia se produjeron después de una palabra de estímulo o de un acto de confianza por parte de una persona querida o un amigo fiel. Si no hubiera sido por una esposa confiada, Sophia, tal vez no habríamos tenido entre los grandes nombres de la literatura el de Nathaniel Hawthorne. Cuando Nathaniel, un hombre acongojado, fue a su casa a decirle a su esposa que era un fracaso y que lo habían echado de su trabajo en la aduana, ella lo sorprendió con una exclamación de alegría.

– ¡Ahora puedes escribir tu libro! – dijo triunfante.

– Sí – repuso el hombre con vacilante aplomo -, ¿y de qué vamos a vivir mientras lo escribo?

Para su gran sorpresa, ella abrió un cajón y sacó una cantidad considerable de dinero.

– ¿De dónde sacaste eso? – exclamó él.

– Siempre supe que eras un hombre de talento – le dijo -. Sabía que algún día escribirías una obra maestra. De modo que cada semana, del dinero que me dabas para la casa, ahorraba un poco. Tenemos suficiente para un año entero.

De su confianza y su fe salió una de las novelas más importantes de la literatura norteamericana: La Carta Escarlata.


  • Nido Qubein | «Chocolate Caliente para el Alma».

El poder de un abrazo

El contacto físico no es sólo agradable, es necesario para nuestro bienestar psicológico, emocional y corporal; acrecienta la alegría y la salud del individuo y de la sociedad.

Y claro que eso es definitivamente real. Todos funcionaríamos mejor durante el día, si abrazáramos o nos dejáramos abrazar. Si bien es cierto que dar o recibir un abrazo es algo simple y cotidiano, casi todos desconocemos la dimensión de plenitud que nos proporciona. Los expertos en la materia, tienen mucha razón al decir que «en su forma más elevada, abrazar es también un arte». Una de las formas más naturales y espontáneas de demostrar afectos es a través del abrazo. Si bien hay muchas formas de tocar, el abrazo es una muy especial y que contribuye de un modo muy importante, a la curación y la salud.

El abrazo es asexual y por lo general reconocemos un abrazo cariñoso, consolador o juguetón, del abrazo de pareja. Cada uno tiene muy en claro que tipo de abrazo está dando, ya que el abrazado responderá en el mismo tono. El abrazo se da y se recibe. A veces uno es el abrazado y otras, el que abraza. Cuando se quiere un abrazo, no hay que esperar a que el otro adivine, es necesario pedirlo.

Los hijos tienen que ver que sus padres se abrazan entre sí, también a sus amigos, así al crecer, estarán convencidos que es algo que no sólo se da entre amantes y cuando se siente atracción física por otro.

Este gesto se da en todos los niveles de relación interpersonal. Todos tenemos necesidad de tocar y ser tocados, de amar y ser amados. El amor retenido puede convertirse en dolor. Por ello, en el abrazo hay que ser humildes y vulnerables, para entregarnos él y al abrazo. Al abrazar, afirmamos la capacidad de descubrir la ternura y la alegría que hay en nosotros y la riqueza interior que nos nutre.

Hay que tener muy en cuenta que el abrazo, es una de las formas más puras de manifestar afecto y cariño y además, tiene muchos beneficios, como el de aliviar el dolor, la depresión, la ansiedad y la tensión; acrecienta en los enfermos la voluntad de vivir y seguir adelante; ayuda a los bebés prematuros (que se vieron privados de contacto en sus incubadoras), a crecer y a fortalecerse; hace que veamos con mejores ojos nuestra propia persona y el entorno que nos rodea; tiene un efecto positivo en el desarrollo del lenguaje y en el coeficiente intelectual de los niños; provoca alteraciones fisiológicas positivas en quien toca y en el que es tocado; mantiene en buen estado los músculos de brazos y hombros, ya que es un ejercicio de flexión y de estiramiento; afirma que somos seres humanos; es democrático, ya que cualquiera es candidato para dar o recibir un abrazo; crea los lazos más estrechos entre los individuos, ya que rompe las barreras emocionales.

El afecto, el contacto físico y el cariño, es algo demasiado importante. Es una de las necesidades fundamentales del ser humano, al igual que el agua y el alimento.

Si bien, en la generalidad, los hombres suelen demostrar con más facilidad su cariño, muchas mujeres quizás lo expresen sin mayor dificultad, pero no siempre sucede así. Puede ser que una barrera emocional impida demostrar afecto o, simplemente, al no haberlo recibido desde pequeñas, sea difícil proyectarlo hacia otras personas. De hecho, es factible que el afecto recibido durante la infancia, determine la manera de darlo en el futuro. Tanto en el hombre como en la mujer, la ausencia de afectos en la infancia, puede marcar definitivamente nuestra personalidad como adultos; una persona que carece de afectos, suele ser rígida, celosa, posesiva y a veces insensible y violenta.

Normalmente, es gente muy dependiente de los demás en sus relaciones, ya sea matrimoniales o hacia sus padres o hijos. Otro de los rasgos de una persona que recibió poco afecto en su vida, es que suelen ser muy pasivas y se caracterizan porque aceptan todo, por miedo a quedar solas.

Hay diferentes formas de abrazos y hasta llevan nombre

En el «abrazo de oso», por lo general, una de las dos personas es más alta, pero tampoco es requisito para aportar la cualidad emocional de este abrazo. El que abraza se curva levemente sobre el más bajo, envolviéndolo con los brazos. El que es abrazado apoya la cabeza en el hombro o pecho del otro y rodea la cintura del que abraza. Los abrazos de oso, se dan entre padres e hijos; abuelos y nietos. Entre amigos y entre esposos. Este abrazo transmite mensajes como: Te apoyo; cuenta conmigo; comparto tu dolor o alegría. Cuando se da en la pareja, se transmite una infinita ternura.

En el «de mejillas», este abrazo demuestra ternura y bondad y tiene una cualidad espiritual. Se puede dar sentado, de pié o hasta con una persona sentada y otra de pié, pues no se necesita contacto físico total. Si las dos personas están sentadas, deben ponerse de frente y presionar la mejilla contra el otro. Este abrazo se da entre amigos íntimos, entre la pareja o con un ser querido. Es ideal para una ocasión feliz.

En el abrazo «con forma de A», las personas deben estar de pié, frente a frente y colocar los brazos alrededor de los hombros. El costado de las cabezas queda apoyado en la del otro y el cuerpo está inclinado hacia delante sin que haya contacto debajo de los hombros. Es un abrazo clásico y muy apropiado para las relaciones recientes o cuando se requiere cierto grado de formalidad. Por lo general, se da entre familiares que tiene muchos años de no verse.

El llamado «abrazo sándwich», formado por tres personas, dos de ellas se colocan frente a frente y el tercero, en medio de los dos. Los dos abrazantes pueden abrazarse por los hombros o por la cintura. Este abrazo proporciona sensación de seguridad y apoyo. Es ideal para compartir en familia (madre, padre e hijo), entre tres buenos amigos o bien, cuando una pareja desea consolar a otra persona.

El «abrazo impetuoso», es por lo general breve y se caracteriza, porque el que abraza corre y echa los brazos al cuerpo del otro. El que es abrazado debe estar preparado para responder al apretón y tener una sensación agradable. Otra manera de dar este abrazo, es cuando los dos corren el uno hacia el otro y se estrechan con pasión. Este abrazo se da cuando se dispone de poco tiempo, y se recomienda incluir abrazos más suaves y duraderos para no hacerlos tensos. Se utiliza en un momento en que queremos desearle suerte a alguien para expresar cariño, pero de una manera apurada.

El «abrazo grupal», les viene bien a los amigos muy íntimos que comparten un proyecto e interés en común. El grupo se coloca en círculo y los brazos rodean hombros y cinturas. Una de las variantes de este abrazo es cerrar el círculo avanzando hacia el centro y luego retroceder separándose con un grito de júbilo o con un apretón de despedida, tal cual en los bailes rusos. Este abrazo proporciona calidad de apoyo, seguridad y afecto, además de un sentimiento de unidad y solidaridad. Es ideal entre compañeros de clase, de oficina o de un equipo.

El «abrazo de costado», es muy usual darlo mientras dos personas caminan juntas. Pueden estar tomadas por la cintura o por los hombros. Se caracteriza también por ser un abrazo alegre y juguetón. Es apropiado cuando caminamos, paseamos o esperamos en la fila para entrar al cine o al teatro. Este abrazo es común entre la pareja, entre padre e hijo, madre e hijo, entre hermanos y también cuando los buenos amigos desean hablar.

En el «abrazo por la espalda», el que abraza se aproxima al otro lado desde atrás, rodea su cintura con los brazos y lo estrecha con generosidad. Este abrazo suele ser breve y juguetón y la sensación de fondo es de felicidad y apoyo. Este tipo de abrazo se da entre la pareja, como cuando el hombre abraza a la mujer mientras ella se encuentra haciendo algún quehacer.

En el «de corazón», se considera que es la forma más elevada del abrazo. Se inicia un contacto visual mientras la pareja está de pié, frente a frente. Los brazos deben rodear hombros y espalda y las cabezas se juntan y se establece un contacto físico. Los dos deben concentrase en la ternura que fluye desde un corazón hacia el otro y respirar con lentitud. Es preciso anular posibles distracciones. Éste es un abrazo sublime, largo, afectuoso, abierto y genuino. Puede expresar amor puro e incondicional. Se da entre viejos amigos o amigas muy recientes que se unieron por una experiencia y emoción común y, por supuesto, entre una pareja.

El «abrazo a la medida», es muy efectivo porque nos hace sentir bien. Aquí entra el factor ambiente, situación, compañía y las necesidades personales del abrazo: afecto, efecto, fuerza, apoyo o reafirmación o cualquier sensación agradable que pueda proporcionar el abrazo.

En el «abrazo Zen», se puede emplear cualquier tipo de abrazo. El de mejilla y el de corazón son los más recomendables. Una de las formas de practicar este abrazo es que la pareja se siente frente a frente y apoyen los pies con pies y manos con manos. No importa si se abren o cierran los ojos, pero la respiración debe ser profunda y con ritmo. La pareja debe estar concentrada sólo en el momento presente y dejar que los pensamientos desaparezcan. Es preciso tomar conciencia de lo que se está compartiendo, del contacto físico y de la energía que se está entregando mutuamente. Cuanto más profunda sea una relajación, mejor será la experiencia del abrazo. Éste es un abrazo que demanda mucha concentración, ya que mucho se entrega y recibe con él.

Pasado-sobrepasado

Una persona nota que ciertos momentos se repiten.

Con frecuencia se ve ante los mismos problemas y situaciones que ya había enfrentado.

Entonces se deprime, comienza a pensar que es incapaz de progresar en la vida, ya que los momentos difíciles siempre vuelven.

«Yo ya pasé por esto», reclama a su corazón.

«Realmente ya has pasado», responde el corazón, «pero nunca has sobrepasado».

La persona entonces comprende que las experiencias repetidas tienen una única finalidad: enseñarle que todavía no ha aprendido.

Y entonces pasa a buscar una solución diferente para cada lucha repetida, hasta que encuentra la manera de vencerla.


Paulo Coelho

La vida es una obra de teatro

 

La vida es una obra de teatro que no permite ensayos. Por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.

¡Sonríe! Pero no te escondas detrás de esa sonrisa, muestra aquello que eres, sin miedo, existen personas que sueñan con tu sonrisa, así como yo.

¡Vive! ¡Intenta! La vida no pasa de una tentativa, ¡ama! ama por encima de todo, ama a todo y a todos.

No cierres los ojos a la suciedad del mundo, no ignores el hambre, olvida la bomba atómica, pero antes haz algo para combatirla, aunque no te sientas capaz.

¡Busca! Busca lo que hay de bueno en todo y todos, no hagas de los defectos una distancia, y si, una aproximación.

¡Acepta! La vida, las personas, haz de ellas tu razón de vivir.

¡Entiende! Entiende a las personas que piensan diferente a ti, no las repruebes.

¡Mira! Mira a tu espalda, cuantos amigos… ¿Ya hiciste a alguien feliz hoy? ¿O hiciste sufrir a alguien con tu egoísmo?

¡No corras! ¿Para qué tanta prisa? Corre apenas dentro de ti.

¡Sueña! Pero no perjudiques a nadie y no transformes tu sueño en fuga.

¡Cree! ¡Espera! Siempre habrá una salida, siempre brillará una estrella.

¡Llora! ¡Lucha! Haz aquello que te gusta, siente lo que hay dentro de ti.

Oye… Escucha lo que las otras personas tienen que decir, es importante.

Sube… Haz de los obstáculos escalones para aquello que quieres alcanzar, pero no te olvides de aquellos que no consiguieron subir en la escalera de la vida.

¡Descubre! Descubre aquello que es bueno dentro de ti, procura por encima de todo ser gente, yo también voy a intentar.

Ahora ve en paz. Yo preciso decirte que… te adoro, simplemente porque existes.


Charles Chaplin

Sentimientos y decisiones

Los sentimientos desempeñan un papel fundamental para navegar a través de la incesante corriente de las decisiones personales que la vida nos obliga a tomar.

Es cierto que los sentimientos muy intensos pueden crear estragos en el razonamiento, pero también lo es que la falta de conciencia de los sentimientos puede ser absolutamente desastrosa, especialmente en aquellos casos en los que tenemos que sopesar cuidadosamente decisiones de las que, en gran medida, depende nuestro futuro (como la carrera que estudiaremos, la necesidad de mantener un trabajo estable o de arriesgarnos a cambiarlo por otro más interesante, con quién casamos, dónde vivir, qué apartamento alquilar, qué casa comprar, etcétera).

Estas son decisiones que no pueden tomarse exclusivamente con la razón sino que también requieren del concurso de las sensaciones viscerales y de la sabiduría emocional acumulada por la experiencia pasada. La lógica formal por sí sola no sirve para decidir con quién casamos, en quién confiar o qué trabajo desempeñar porque, en esos dominios, la razón carente de sentimientos es ciega.


Daniel Goldman

La soberbia

 «La soberbia es la máscara de la ignorancia».

Esta tan atinada frase, da pie al tema de la pincelada de hoy sobre la soberbia. La soberbia es el más antipático de los llamados «pecados capitales».

Según Wikipedia, «en casi todas las listas de pecados, la soberbia (en latín, superbia) es considerado el original y más serio de los pecados capitales, y, de hecho, es también la principal fuente de la que derivan los otros. Es identificado como un deseo por ser más importante o atractivo que los demás, fallando en halagar a los otros. Genéricamente se define como la sobrevaloración del Yo respecto de otros por superar, alcanzar o superponerse a un obstáculo, situación o bien en alcanzar un estatus elevado y subvalorizar al contexto. También se puede definir la soberbia como la creencia de que todo lo que uno hace o dice es superior, y que se es capaz de superar todo lo que digan o hagan los demás. También se puede tomar la soberbia en cosas vanas y vacías (vanidad) y en la opinión de uno mismo exaltada a un nivel crítico y desmesurado (prepotencia)».

Buscando citas literarias en Internet, me topé con un interesante artículo del prestigioso catedrático de psiquiatría y escritor, Enrique Rojas Montes, especialista en trastornos de la personalidad, que escribió el 01.03.08 para el diario «El Mundo» y del que me gustaría que compartiesen conmigo algunos párrafos:

«La soberbia consiste en concederse más méritos de los que uno tiene. Es la trampa del amor propio: estimarse muy por encima de lo que uno vale. Es falta de humildad y por tanto, de lucidez. La soberbia es la pasión desenfrenada sobre sí mismo. Apetito desordenado de la propia persona que descansa sobre la hipertrofia de la propia excelencia. Es fuente y origen de muchos males de la conducta y es ante todo una actitud que consiste en adorarse a sí mismo: sus notas más características son prepotencia, presunción, jactancia, vanagloria, situarse por encima de todos lo que le rodean. La inteligencia hace un juicio deformado de sí en positivo, que arrastra a sentirse el centro de todo, un entusiasmo que es idolatría personal. La soberbia es más intelectual y emerge en alguien que realmente tiene una cierta superioridad en algún plano destacado de la vida. Se trata de un ser humano que ha destacado en alguna faceta y sobre una cierta base. El balance propio saca las cosas de quicio y pide y exige un reconocimiento público de sus logros. Para un psiquiatra, estamos ante lo que se llama una deformación de la percepción de la realidad de uno mismo por exceso».

La imagen que el soberbio tiene de sí mismo está pues distorsionada. En el fondo, es una persona inmadura, que vive en un mundo irreal, del que él cree ser el ombligo y saberlo todo. Ello hace que no sea capaz de soportar las críticas y que no sepa escuchar. La convivencia con el soberbio es difícil, a menos que se le siga la corriente y se le diga siempre «sí» a todo. En caso contrario, el soberbio puede llegar a convertirse en un déspota para los que le rodean. El soberbio busca el elogio y el aplauso de su entorno y se siente infeliz y frustrado si no los consigue. Porque, en el fondo, la persona soberbia es frágil y, a menudo, infantiloide, «debilidades» que él sabe muy bien enmascarar bajo la capa de la arrogancia y la prepotencia, otras dos características que suelen acompañar a la soberbia.

Según San Agustín, gran escritor y filósofo, «la soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande pero no está sano». Y como se trata de una enfermedad del alma, de la que Quevedo opinaba que «más fácil es escribir contra la soberbia que vencerla», para poder sanar completamente hay que recabar la ayuda de un buen profesional. Él marcará las pautas para llegar a corregir ese defecto, ya que, a la larga, éste puede llegar a desembocar en soledad. Y ¡qué triste es llegar a viejo y no tener con quien compartir esa etapa de la vida porque todos nuestros antiguos amigos y conocidos se han ido alejando poco a poco de nosotros debido a nuestro carácter!


Manuel Moral | ReflexionesDeManuel.Blogspot.Com

Sigue adelante

Cuando las cosas empeoran y el momento es de crisis, no pienses que todos tus esfuerzos han sido en vano. Sigue… Tal vez todo haya sido para mejor. Sonríe… y experimenta otra vez. Puede ser que tu aparente fracaso sea la puerta mágica que te conducirá a una nueva felicidad que todavía no has conocido.

Puedes estar debilitado por la lucha, pero no te consideres vencido: eso no quiere decir derrota. No vale la pena gastar tu precioso tiempo en lágrimas y desesperación. Levántate, y sigue adelante. Si guardas en tu mente el objetivo de tus aspiraciones, tus sueños se realizarán.

Aprende con los errores, cosecha experiencia de tus dolores, y llegará el día en que dirás: «Gracias a Dios. Lo intenté una y otra vez y reencontré la paz, el amor y la felicidad».


Anónimo

La actitud es la clave

Los deseos primarios de todas las personas son la felicidad, progresar y ganar dinero.

Una forma de lograr estos objetivos es siendo rico y próspero.

Así como hay personas pobres y personas ricas hay países pobres y países ricos.

La diferencia entre los países pobres y los ricos no es su antigüedad. Esto queda demostrado poniendo como ejemplos a países como la India y Egipto que tienen mil años de antigüedad y son pobres.

Por el contrario, hay países como Australia y Nueva Zelanda que hasta hace poco más de 150 años eran desconocidos y hoy son países desarrollados y ricos.

La diferencia entre países pobres y ricos tampoco está en los recursos naturales de que disponen, pues Japón tiene un territorio muy pequeño y el 80% es montañoso, malo para la agricultura y la ganadería, y sin embargo es la segunda potencia económica mundial.

Su territorio es como una gran fábrica flotante que importa materia prima de todo el mundo, la procesa y el producto resultante es exportado también a todo el mundo acumulando riqueza.

También tenemos el caso de Suiza, sin océanos, que tiene una de las mayores flotas náuticas del mundo. Que no tiene cacao, pero sí es el mejor chocolate del mundo.

En sus pocos kilómetros cuadrados cría ovejas y cultiva el suelo sólo cuatro meses al año ya que el resto es invierno, pero tiene los productos lácteos de mayor calidad en toda Europa.

Igual que Japón, no tiene productos naturales, pero da y exporta servicios de calidad insuperable; es un país pequeño que da una imagen de seguridad, orden y trabajo, lo que lo convirtió en la «caja fuerte» del mundo.

Tampoco la diferencia está en la inteligencia de las personas, como lo demuestran estudiantes de países pobres que emigran a países ricos, obteniendo excelentes resultados en su educación.

Otro ejemplo son los ejecutivos de países desarrollados que visitan nuestras fábricas y otros organismos; al hablar con ellos nos damos cuenta de que no hay diferencia intelectual ni superioridad en capacidad respecto de nuestros profesionales en los mismos rubros.

Finalmente no podemos decir que la raza hace la diferencia, pues en los países europeos o nórdicos vemos como los llamados «ociosos» de América Latina o África demuestran ser la raza productiva.

Entonces, ¿qué hace la diferencia? ¡La actitud de las personas es lo que hace la diferencia! Al estudiar la conducta de las personas en los países desarrollados, se descubre que la mayor parte de la población cumple con las siguientes reglas, cuyo orden puede ser discutido: 1) La moral como principio básico.

2) El orden y la limpieza.

3) La integridad.

4) La puntualidad.

5) La responsabilidad.

6) El deseo de superación.

7) El respeto a las leyes y los reglamentos.

8) El respeto por el derecho de los demás.

9) Su amor al trabajo.

10) Su esfuerzo por la economía y acometimiento.

¿Necesitamos más leyes? ¿No sería suficiente con cumplir y hacer estas diez simples reglas? En los países pobres sólo una mínima (casi ninguna) parte de la población sigue estos lineamientos en su vida diaria.

No somos pobres porque a nuestro país le falten riquezas naturales o porque la naturaleza haya sido cruel con nosotros; simplemente por nuestra actitud.

Nos falta carácter para cumplir estas premisas básicas del funcionamiento de la sociedad, nos falta ordenamiento para transmitir en nuestros colegios e instituciones educativas estos conceptos básicos.

Si amamos a nuestros hijos, hagamos circular estas premisas, para que la mayor cantidad de gente posible piense sobre este tema.

Si esperamos que nuestros gobiernos solucionen nuestros problemas, esperaremos en vano toda una eternidad.

Enfrentemos el futuro con buena actitud y sensatez.


Jesús Alberto Chaves | RioNegro.Com

 

¡Tan cerca!

Si me dejo llevar por una serie de lamentaciones, me hundo, cada vez más, en el abismo. Los pensamientos oscuros siguen atrayendo hacia mí nuevas miserias. Debo vivir hoy. No puedo cambiar los acontecimientos. ¡Si lograse, tan sólo, dejar un resquicio para los recuerdos hermosos! ¡Si consiguiera no preocuparme tanto del mañana!

¿Qué tengo hoy de nuevo? La salud. El sol en el cielo. Comida y bebida. Un niño que me sonríe. Una flor en casa.

Tal vez busco la felicidad demasiado lejos de mí. ¡La felicidad se parece a las gafas! No las veo y, sin embargo, ¡están sobre mi nariz! ¡Tan cerca!


Phil Bosmans

La niña del helado

Eleanor no sabía qué le pasaba a su abuela. Siempre se olvidaba de todo: dónde había guardado el azúcar, cuándo vencían las cuentas y a qué hora debía estar lista para que la llevaran de compras a la tienda.

– ¿Qué le pasa a la abuela? – preguntó -. Era una señora tan ordenada… Ahora parece triste, perdida, y no recuerda las cosas.

– La abuela está envejeciendo – contestó mamá -. En estos momentos necesita mucho amor, querida.

– ¿Qué quiere decir envejecer? – preguntó Eleanor -. ¿Todo el mundo se olvida de las cosas? ¿Me pasará a mí?

– No, Eleanor, no todo el mundo cuando envejece se olvida de las cosas. Creemos que la abuela tiene la enfermedad de Alzheimer y eso la hace más olvidadiza. Tal vez tengamos que ponerla en un hogar especial donde puedan darle los cuidados que necesita.

– Oh, mamá, ¡qué horrible! Va a extrañar mucho su casita, ¿no es cierto?

– Tal vez, pero no hay otra solución. Estará bien atendida y allí encontrará nuevas amigas.

Eleanor parecía apesadumbrada. La idea no le gustaba en absoluto.

– ¿Podremos ir a verla con frecuencia? – preguntó -. La voy a extrañar, aunque se olvide de las cosas.

– Podremos ir los fines de semana – contestó mamá -. Y llevarle regalos.

– ¿Un helado, por ejemplo? A la abuela le gusta el helado de fresas – sonrió Eleanor.

La primera vez que visitaron a la abuela en el hogar para ancianos, Eleanor estuvo a punto de llorar.

– Mamá, casi toda esta gente está en silla de ruedas – observó.

– La necesitan; de lo contrario se caerían – explicó mamá -. Ahora, cuando veas a la abuela, sonríe y dile que se la ve muy bien.

La abuela estaba sentada, muy sola, en un rincón de lo que llamaban la sala del sol. Tenía la mirada perdida entre los árboles de afuera.

Eleanor abrazó a la abuela.

– Mira – le dijo -, te trajimos un regalo: helado de fresas, el que más te gusta.

La abuela tomó el vaso de papel y la cucharita y empezó a comer sin decir palabra.

– Estoy segura de que lo está disfrutando, querida – le aseguró la madre.

– Pero parece no conocernos – dijo Eleanor -, desilusionada.

-Tienes que darle tiempo – explicó mamá -. Está en un nuevo ambiente y debe adaptarse.

Pero la próxima vez que visitaron a la abuela sucedió lo mismo. Comió el helado y sonrió a ambas, pero no dijo palabra.

– Abuela, ¿sabes quién soy? – preguntó Eleanor.

– Eres la chica que me trae helado – dijo la abuela.

– Sí, pero también soy Eleanor, tu nieta. ¿No te acuerdas de mí? – preguntó -, rodeando con sus brazos a la anciana.

La abuela sonrió levemente.

– ¿Sí recuerdo? Claro que recuerdo. Eres la niña que me trae helado.

De pronto, Eleanor se dio cuenta de que la abuela nunca la recordaría. Estaba viviendo en su propio mundo, rodeada de recuerdos difusos y de soledad.

– ¡Siento mucho amor por ti, abuela! – exclamó.

En ese momento vio rodar una lágrima por la mejilla de su abuela.

– Amor – dijo -. Recuerdo el amor.

– ¿Ves, querida? Eso es todo lo que desea – intervino mamá -. Amor.

– Entonces le traeré helado todos los fines de semana y la abrazaré, aunque no me recuerde – resolvió Eleanor.

Después de todo, recordar el amor era mucho más importante que recordar un nombre.


Marion Schoeberlein

Personas especiales

Haz que el amor forme parte de todo lo que haces.

Las personas especiales son aquellas que tienen la capacidad de compartir su vida con los demás.

Son gente honesta, tanto en las palabras como en los hechos; son sinceros y compasivos, y siempre se aseguran de que el amor forma parte de todas las cosas.

Las personas especiales son aquellas que tienen la capacidad de brindarse a los demás y ayudarlos frente a los cambios que enfrentan en la vida.

No temen mostrarse vulnerables; creen en su singularidad y están orgullosos de ser lo que son.

Las personas especiales son aquellas que se permiten el placer de acercarse a los demás y preocuparse por su felicidad. Han llegado a comprender que es el amor lo que marca toda la diferencia en la vida.


Deanna Beisser

La gratitud, una virtud de los mejores

El sentimiento de gratitud no corresponde a una de las emociones básicas. Todo lo contrario. Para experimentarla se requieren una serie de procesos complejos en la mente. No todo el mundo puede experimentar gratitud. Es una virtud reservada para los espíritus más elevados y para las inteligencias mejor desarrolladas.

A diferencia de otros sentimientos, el de la gratitud no aparece como un impulso simplemente. La gratitud exige que haya un sistema de valores éticos, en donde estén resueltos los conceptos de dar y recibir, además de una renuncia a la visión egocéntrica de la vida.

«Cuando la gratitud es tan absoluta las palabras sobran».

ÁLVARO MUTIS 

El trasfondo de la gratitud y la ingratitud

La gratitud puede definirse como un sentimiento de aprecio y valoración por las acciones que otros hacen a favor nuestro. Implica una suerte de deuda moral con quien nos hace bien. Deuda que no significa hacer un cálculo para redimirla, sino elevar la estima por quien nos hace un favor o nos prodiga un bien, y estar abiertos a la posibilidad de corresponder por el beneficio recibido.

No solamente los seres humanos experimentan gratitud. También los animales superiores cuentan con esta virtud, aunque la expresen en forma rudimentaria. Un perro, por ejemplo, entrega su lealtad a quien se ocupa de cuidarlo y amarlo.

Las personas que no son capaces de experimentar gratitud tienen un elevado narcisismo. No solamente tienen problemas de memoria, sino que también dan por sentado que merecen toda la ayuda que reciben. De hecho, muchos de ellos se atribuyen por completo los beneficios que obtienen y omiten por completo lo que los demás aportaron para poder lograrlos.

La ingratitud es propia de personas que han sido criadas con exceso de gratificaciones. No se les enseña a valorar lo que otros les dan. Sus padres le inculcan la idea de que lo merece todo, por ser quien es.

Quien ha pasado por dificultades y las ha resuelto, sabe el inmenso valor que tiene la ayuda de otros. Nada como sentirse impedido para algo, o atrapado, o vencido, para entender que la mano que otro tiende es un verdadero regalo del cielo.

Los beneficios de la gratitud

La gratitud es un sentimiento sutil y sofisticado. Casi un arte. La gratitud germina sobre la convicción de que los seres humanos somos incompletos y que nos necesitamos mutuamente. Es el producto de haber desarrollado una ética de cooperación, en lugar de una actitud de competencia o confrontación.

Según un estudio llevado a cabo por Rollin McCraty y Doc Childre, representantes de HeartMath Research Center y Quantum Intec Inc., respectivamente, las personas que son capaces de experimentar gratitud obtienen grandes beneficios para el buen funcionamiento de su corazón, tienden a enfermar menos y son, en general, más felices.

«La gratitud no sólo es la más grande de las virtudes, sino que engendra todas las demás».

CICERÓN 

Los agradecidos son también personas que difícilmente dan cabida a sentimientos negativos como el arrepentimiento, el resentimiento y la envidia. Son capaces de sentir gratitud, precisamente porque eligen ver lo mejor de las personas y guardarlo en la memoria.

También son más generosos. Reconocen que la ayuda mutua es un valor importante y por eso no solamente son capaces de apreciar la ayuda que reciben, sino que también están dispuestos a ayudar a otros. Por eso no todos saben agradecer: es una virtud que solamente tienen los mejores.


Edith Sánchez | LaMenteEsMaravillosa.Com

¡Ay, no!

– ¡Qué buen día hace! – dijo la gallina negra una mañana muy temprano -. ¡Venga, vámonos de excursión!

– ¡Ay, no! – dijo la gallina blanca, y puso un huevo en menos que canta un gallo -. El tiempo cambiará… Veo una nube sobre la montaña.

– ¡Y qué más da! – dijo la gallina negra mientras traía la carretilla -. Nos llevaremos el paraguas grande.

– ¡Ay, no! – dijo la gallina blanca mientras recogía la mesa del desayuno -. ¡No tenemos nada que llevarnos para comer!

– ¡Y qué más da! – dijo la gallina negra abriendo el armario de la cocina -. Con algo de pan y unas manzanas es más que suficiente.

– ¡Ay, no! – dijo la gallina blanca con un suspiro -. Hoy prefiero quedarme a terminar de leer mi libro.

– ¡Y qué más da! – dijo la gallina negra -. ¡Nos llevaremos también el libro!

– ¡Ay, no! – dijo la gallina blanca sonándose el pico -. Sabes que me resfrío con mucha facilidad.

– ¡Y qué más da! – dijo la gallina negra sacando la chaqueta del cajón -. Todavía queda sitio en la carretilla.

– ¡Ay, no! – dijo la gallina blanca señalando sus pies -. Ya sabes que mis callos están delicados.

– ¡Y qué más da! – dijo la gallina negra -. ¡Nos llevaremos las tiritas!

– ¡Ay, no! – dijo la gallina blanca cuando por fin se decidió a salir -. ¡Hace mucho calor!

– ¡Y qué más da! – dijo la gallina negra -. ¡Pues quítate el sombrero!

– ¡Ay, no! – dijo la gallina blanca, que ya estaba cansada -. La carretilla pesa demasiado.

– ¡Y qué más da! – dijo la gallina negra tirando la chaqueta fuera de la carretilla -. Estoy segura de que no la vamos a necesitar.

– ¡Ay, no! – dijo la gallina blanca -. Lo pies me duelen muchísimo.

– ¡Y qué más da! – dijo la gallina negra -. Aquí tengo una tirita.

– ¡Ay, sí! – dijo la gallina blanca. Cogió el libro, el pan y las manzanas y dejó caer la carretilla por la cuesta.

– ¡Y qué más da! – dijo la gallina negra viendo cómo se alejaba la carretilla.

– ¡Qué hermoso lugar! – dijo la gallina blanca -. ¡Comamos bajo el abedul!

Fue un día estupendo, y al final, las dos estaban muy cansadas. Pero empezó a llover.

– ¡Ay, no! – dijo la gallina negra cuando se despertó.

– ¡Y qué más da! – dijo la gallina blanca riéndose.

¿Con qué gallina nos sentimos identificados? ¿Qué gallina querríamos ser? ¿No serán las dos gallinas las dos caras de una misma persona que puede elegir qué actitud tomar en la vida?


Rotraut Susanne Berner

Las heridas emocionales de la infancia

Todos quien más y quien menos, hemos tenido heridas de infancia, cosas que nos hubieran gustado que fueran un poco diferentes, y no lo fueron con nuestros padres o nuestras figuras de apego. Si estas heridas emocionales no las hemos revisado, quedan mal cicatrizadas, y se infectan. Hay una tirita puesta en la herida, pero en realidad no está cerrada, y cada vez que de adultos nos toca vivir emociones parecidas a las de esa herida, vamos a volver a ella sin darnos cuenta.

La herida del miedo al abandono

Esta herida se caracteriza por un miedo a estar solo, a sentirse solo. No puedo estar solo, me da demasiado miedo. Como temo que me abandonen, entonces abandono yo antes. O incluso, como tengo tanto miedo, a que me abandonen, no me arriesgo a opinar mucho, y soy complaciente con los demás. Pongo las necesidades de los demás antes que las mías, así tengo menos posibilidades de que me abandonen. Me vuelvo dependiente de los demás para sentir esa «falsa» seguridad.

Estás en vías de sanación cuando: puedes estar solo, y cada vez sentirte mejor. Has aprendido a gestionar mejor los momentos de soledad. No necesitas llamar la atención ni hacerte notar con tanta frecuencia. La vida te resulta menos dramática, y tengo más energía para emprender proyectos me apoyen o no.

La herida del miedo al rechazo

No tengo derecho a existir, soy invisible, puedo ser sustituido, no soy nada especial, sobro, no merezco estar aquí, no soy bienvenido…. El que tiene miedo al rechazo, va tener una tendencia hacia la huida. La persona, que se siente rechazada, no es objetiva, pues interpreta lo que vive a su alrededor, bajo el filtro de su herida y se siente rechazada aunque no lo sea.

Estás en vías de sanación cuando: cada vez puedes ocupar más tu lugar, te atreves a arriesgar y afirmarte. En vez de huir, empiezas a afrontar lo que te pasa a ti y a los demás. Cuando alguien parece olvidarse de ti, cada vez te molesta menos, y no te lo tomas tan personal.

La herida del miedo a la humillación

Esta herida se basa en que como me han humillado de pequeño, me creo que soy lo peor, soy malo, soy un problema. Y sin darme cuenta, voy a crear situaciones en mi vida, que buscan mi humillación o la desaprobación de los demás. Como he vivido la desaprobación, yo también voy a desaprobar, y voy a criticar. Esto crea una carga emocional muy fuerte en la espalda, en la mochila que todos llevamos con más o menos piedras.

Estás en vías de sanación cuando: Puedes tomarte tiempo para dedicártelo a ti, a respetar tus necesidades. Tienes menos peso, te sientes más libre. No necesitas humillar para sentirte escuchado. Puedes reconocer tus propios límites.

La herida del miedo a que no me valoren

Necesito ser perfecto, brillar para sentirme reconocido. Si paso desapercibido, no soy nadie. Puedo estar desconectado de mis emociones, o vivirlas con mucha intensidad. Vivo injusto el hecho de que no me reconozcan. Intento ser el centro de atención para que me reconozcas y así, poder reconocerme yo. Intento ser prefecto, y no puedo equivocarme. Llevo encima, mil máscaras en función de lo que necesite el otro. Soy más bien rígido, aunque intento evitarlo a toda costa.

Estás en vías de sanación cuando: Puedes realizar algo sin necesidad que los demás te lo valoren y después sentirte bien. Has podido conectar con tus emociones, de forma más frecuente, o regular su intensidad. Puedes valorarte tú, primero, y aceptarte tal como eres. Puedes equivocarte, y no se acaba el mundo.

La herida del miedo a confiar

Necesito controlar para sentirme más seguro. Me he vuelto desconfiado, escéptico. Me cuesta confiar en la gente. Quiero aparentar que soy fuerte, y que no me dejo manejar fácilmente. Hago como si fuera una persona segura, pero en realidad solo es una máscara. Me siento traicionado por los demás.  Me desbordan las emociones, no las puedo gestionar. Me sobrepasan.

Estás en vías de sanación cuando: No necesitas controlar tanto, lo que te pasa a ti, y lo que pasa a tu alrededor, sabes que no está en tu mano. Puedes gestionar mejor tus emociones. Te permites ceder más ante los demás, no siempre tienes la razón. Puedes confiar más y entregarte a los demás, a pesar del miedo a que te hagan daño.

¿Por dónde empiezo para sanar las heridas emocionales?

Cuanto más tiempo esperemos para curar nuestras heridas emocionales, más se agravarán. Cada vez que vivimos una situación que toca esa herida, nos ponemos una máscara más, una coraza mayor.

  1. Aceptar la herida, como parte de ti, esta herida, te va a enseñar algo.
  2. Aceptar el hecho de que lo que temes o reprochas de los demás, tú mismo se lo haces a los otros y sobretodo se lo haces a ti mismo.
  3. Darte el permiso para enfadarte con aquellas personas que alimentaron esa herida.
  4. Ninguna transformación es posible si no se acepta previamente la herida.
  5. Darte tiempo para observar cómo te has apegado a tu herida en todos estos años.

Adriana Reyes | Psicoemocionat.Com