Queda decretado

Que ahora vale la verdad; que ahora vale la vida y que con todas nuestras fuerzas trabajaremos todos por la vida verdadera.

Que todos los días de la semana, incluso los miércoles más grises, tienen derecho a convertirse en mañanas de domingo.

Que a partir de este instante habrá girasoles en todas las ventanas; que los girasoles tendrán derecho a abrirse dentro de la sombra y que las ventanas deben permanecer todo el día abiertas hacia lo verde, donde crece la esperanza.

Que el hombre necesitará nunca jamás dudar del hombre; que el hombre confiará en el hombre, como la palmera confía en el viento, como el viento confía en el aire, como el aire confía en el campo azul del cielo. El hombre confiará en el hombre como en niño confía en otro niño.

Que los hombres quedarán libres del yugo de la mentira; nunca será preciso usar la coraza del silencio, ni la armadura de las palabras. El hombre ha de sentarse a la mesa con la mirada limpia, porque la verdad pasará a ser servida antes de la sobremesa.

Que se establece el reinado permanente de la justicia y de la caridad; y la alegría será una bandera generosa para siempre desplegada en el alma del pueblo.

Que el mayor dolor siempre fue, y será siempre, no poder dar amor a quien se ama, sabiendo que es el agua la que da a la planta el milagro de la flor.

Que está permitido que el pan de cada día tenga en el hombre la señal de su sudor. Pero que, sobre todo, tenga siempre el cálido sabor de la ternura.

Que, por definición, el hombre es un animal que ama y que por eso es bello, mucho más bello que la estrella de la mañana.

Que nada será exigido ni prohibido; todo estará permitido, incluso saltar con rinocerontes y caminar por las tardes con una inmensa begonia en la solapa. Sólo una cosa queda prohibida: amar sin amor.

Que el dinero no podrá jamás comprar el sol de las mañanas venideras; expulsado del gran cofre del miedo, el dinero ha de transformarse en una espada fraternal para defender el derecho de cantar.

Que se prohíbe el uso de la palabra libertad, la cual será suprimida de los diccionarios y del pantano engañoso de las bocas. A partir de este instante, la libertad será algo vivo y transparente, como un fuego o como un río, o como la semilla del trigo, y su morada será siempre el corazón del hombre.


Thiago de Mello

Corazas

Si nos fijásemos atentamente, si mirásemos bien, debajo de la triste y a veces necesaria coraza que a menudo nos ponemos los seres humanos, descubriríamos que esa frialdad, esa dureza, ese escepticismo, es sólo pura defensa, pura apariencia.

Para unos ojos bien atentos, la coraza sigue siendo igual de dura, pero se va volviendo transparente. Entonces se descubre al hombre desnudo, íntimo, que vive detrás, al hombre que de verdad es.