El árbol muerto y la paciencia

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Recuerdo que un invierno mi padre necesitaba leña, así que buscó un árbol muerto y lo cortó. Pero luego, en la primavera, vio desolado que al tronco marchito de ese árbol le brotaron renuevos. Mi padre dijo:

«Estaba yo seguro de que ese árbol estaba muerto. Había perdido todas las hojas en el invierno. Pero se ve que hacía tanto frío que las ramas se quebraban y caían como si no le quedara al viejo tronco ni una pizca de vida. Pero ahora advierto que aún alentaba la vida en aquel tronco».

Y volviéndose hacia mí, me aconsejó:

«Nunca olvides esta lección. Jamás cortes un árbol en invierno. Jamás tomes una decisión negativa en tiempo adverso. Nunca decisiones importantes decisiones cuando estés en tu peor estado de ánimo. Espera. Sé paciente. La tormenta pasará. Recuerda que la primavera volverá».

Y es que de eso se trata la paciencia, de esperar, de la facultad de padecer o soportar algo sin alterarse. De esperar cuando algo se desea mucho. La palabra paciencia viene de la raíz latina pati que significa sufrir. Es por eso que en medicina paciente significa «el que sufre». Paciencia implica el sufrimiento de esperar con dignidad tiempos mejores, una buena recompensa que vendrá ya sea con el paso del tiempo o con el trabajo perseverante.

Decía el poeta chileno Pablo Neruda (1904-1973): «Sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres. Así la poesía no habrá cantado en vano».

La paciencia es un valor de quienes, de forma madura, han aprendido a sufrir y tolerar las contrariedades con fortaleza. Es esperar con calma que las cosas sucedan y otorgarles el tiempo que la prudencia permita.  Como dice el proverbio persa: «La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces».

Paciencia no es indiferencia ni insensibilidad. Tampoco significa sólo esperar hasta que cambie la situación desfavorable o hasta que alguien más haga lo que se debe hacer. El poeta Mariano Anguiló decía: «No confundas la paciencia, coraje de la virtud, con la estúpida indolencia del que se da por vencido».

Paciencia es lo que se necesita para educar a los hijos sin gritos, con tolerancia y de la mejor manera posible. También para soportar el tráfico cotidiano, compañeros de trabajo no muy agraciados o las inclemencias del tiempo. La falta de paciencia nos conduce, de manera irremediable, a la desesperación, los gritos y la irritación. De esta manera lo que hacemos es que el caos sea mayor.

Aristóteles describe a la paciencia como una virtud, como el punto medio o equilibrio entre emociones extremas. Con la paciencia se logra sobreponerse a las emociones generadas por las desgracias o aflicciones.

No olvidemos que la impaciencia puede ir acompañada de un vicio antiético como lo es la ira, así como también de insensatez y falta de amabilidad con quienes nos rodean. Al contrario actuar con paciencia es hacer uso de la serenidad y la calma.

Así que no olvides, quien quiere acertar tiene que aguardar y para subir una escalera hay que empezar por el primer peldaño.


Agustín Sequera | Inspirulina.Com

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