Amigo

Amigo, trátame con pureza:

  • No me catalogues, no soy un objeto.
  • No me etiquetes, no soy mercadería.
  • No me juzgues, no soy tu reo.
  • No me acuses, no eres mi fiscal.
  • No me condenes, no eres mi juez.
  • No me enmarques, no soy un espejo ni un cuadro.
  • No me definas, soy un misterio.
  • No me minimices, soy más complejo de lo que crees.
  • No me divulgues, no soy un producto o una cosa.
  • No me vulgarices, soy alguien muy especial.
  • No me apuntes, no soy un blanco de tiro.
  • No me idolatres, no soy un ídolo.
  • No me calumnies, tengo el derecho a la verdad de los hechos.
  • No me difames, tengo el derecho de ser quien soy.
  • No me esquematices, soy más libre de lo que te imaginas.
  • No creas demasiado en mí, soy falible.
  • No dudes siempre de mí, soy más verdad que error.

Recuerda que:

  • Soy gente como tú.
  • Soy humano como tú.
  • Soy limitado como tú.
  • Soy hijo de Dios como lo eres tú.

Trátame como gente y como hermano y serás para mí aquello que no lograste ver en mi persona: ¡Un amigo de verdad!

¿Has visto y tratado a los demás respetando su libertad que tienen de ser ellos mismos? ¿Te encanta que tus amigos te envuelvan y manipulen tu vida? ¿Has conocido experiencias donde se manipule la amistad?


  • Grimaldo Salazar, Leonel | «Una y Otra Vez».

Resoluciones

Judith se considera llena de defectos, y decide mejorar. Mas no es su Leyenda Personal que se apure en este sentido; la Sociedad dice que existe un padrón de crecimiento, que es preciso comprender.

Al final del año, Judith hace una lista de decisiones para el año siguiente. Los primeros días de enero son fáciles; ella obedece la lista, da pasos que siempre aplazó. En febrero, ya no tiene la misma disposición, y la lista comienza a fallar. Cuando marzo llega, Judith ya quebró todas las promesas hechas en Año Nuevo; y se sentirá pequeña, incapaz, y culpable hasta la última semana del año. Cuando, al fin, esta semana llega, ella hace de nuevo las promesas, y el ritual se repite.

No debemos intentar mejorar en aquello que los otros esperan de nosotros, Judith; pero sí descubrir que esperamos de nosotros mismos. Ahí no es preciso prometer nada, porque cambiamos con placer y alegría.


Paulo Coelho