Saber esperar

«El que esperar puede, alcanza lo que quiere».

Sirva esta frase para hacernos pensar acerca del momento en el que nos pasan las cosas. Las cosas ocurren cuando tienen que ocurrir. Grandes debates me han acompañado sobre la causalidad y la casualidad, sobre la relación causa-efecto de todo lo que pasa o el azaroso proceder de una vida sin rumbo determinado. Es posible que todo tenga una relación entre sí y que el mero desconocimiento de la relación causal sea lo que llamamos suerte, o es posible también que nuestras vidas dependan de una «estrella» que nos acompañe (o no) en nuestro devenir fáctico, pero de lo que no tengo duda, es de la importancia de saber esperar. Hoy en día nos dejamos llevar por una «mentalidad de tarjeta de crédito», es decir, lo quiero todo ya y luego ya veremos cómo lo argumento, cómo lo justifico, qué utilidad le saco, y muchas veces entramos en una vorágine de consumo de experiencias que no somos capaces de madurar y nos producen bloqueos vitales que acaban en una fuente de estrés importante.

Las cosas llevan su tiempo. No es fácil conseguir un objetivo, todo requiere de tiempo, de habilidad, de destreza, de delicadeza, de lucidez… hay que saber esperar el mejor momento para conseguir lo que se quiere, hay que entender el ritmo propio de la vida personal y de las personas que nos rodean, tenemos que leernos a nosotros mismos, leer nuestras intenciones, nuestras tentaciones, nuestras ilusiones, nuestras utopías… El que sabe esperar, entiende que las cosas cuestan de conseguir, entiende que la paciencia es una virtud que ayuda en el tiempo de incertidumbre, el que sabe esperar escucha el pálpito de una vida que lleva sus ritmos y que marcan una melodía y somos nosotros los que nos adoptamos a ella. Por eso el que sabe esperar, el que puede esperar, alcanza lo que quiere, consigue el objetivo pretendido, es capaz de descifrar el ritmo vital que acopla nuestro palpitar, con la melodía de la vida. No es fácil saber cuándo hablar, saber cuándo callar, saber cuándo actuar o saber cuándo escuchar, no es fácil saber cuándo proponer, o cuando simplemente disponer. Tendemos a hacer, a producir, y muchas veces no sabemos por qué. Tenemos que aprender a esperar, a proveer, a intuir, a programar, a planificar, a revisar, y finalmente a convencernos para actuar, porque las cosas llegan…y pasan, pero hay que saber cuándo debemos hacerlo.

Saber esperar es un paso más en el conocimiento personal.


Javier Bailén | SirvaPara.Wordpress.Com

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