Comunicación y claridad

Intentar en serio ser claros es un deber de toda persona que quiera comunicar honestamente. 

El ser humano comunica continuamente: con las palabras, con los gestos, con la vida. Eso es posible, primero, si tiene un mensaje que desea transmitir. Segundo, si encuentra ante sí a otro o a otros que le observan, que esperan su mensaje.

Empieza el diálogo. Hay palabras y expresiones que se comprenden fácilmente. Otras llevan a confusiones o a errores de interpretación.

Por eso, uno de los aspectos más difíciles y más valorados en la comunicación consiste en la claridad, sobre todo cuando quien habla tiene responsabilidades ante otros (hijos, alumnos, amigos que piden un consejo…).

En un mundo lleno de mensajes ambiguos y de «comunicadores» que buscan la oscuridad para no dejar en claro sus propios puntos de vista, la claridad se convierte en un tesoro y en un gesto de madurez, de respeto, de justicia, de bondad.

Porque gracias a la claridad, el comunicador busca los mejores caminos para que las ideas sean comprendidas, para que el interlocutor las analice en sus diferentes aspectos, para que se puedan acoger o rechazar con conocimiento de causa.

No ocurre lo mismo cuando alguien, consciente o inconscientemente, habla de modo confuso, ambiguo, críptico. Porque así el oyente o el lector no acaban de entender el «mensaje» transmitido, si es que no llegan a concluir lo opuesto de lo que presuntamente se quería dar a entender en medio de humo y ambigüedades.

Intentar en serio ser claros es un deber de toda persona que quiera comunicar honestamente. Desde luego, junto a la claridad hace falta un sincero esfuerzo por conocer la verdad y por descartar el error, según aquel consejo que ofreciera el famoso Sócrates en uno de los Diálogos de Platón.

Comunicación, claridad y verdad necesitan establecer una alianza urgente. De este modo, avanzaremos un poco más en el camino que une a los seres humanos: el que lleva hacia saberes compartidos en un clima de respeto recíproco y de honestidad en las palabras y los gestos.


Fernando Pascual | Fuente: Análisis y Actualidad

Seis cosas que dan honra

La Primera y Principal, el valor de la propia hondura de alma, en capacidad de amor y en apertura de espíritu.

La Segunda, el trabajo, la entrega emocionada a la propia tarea, sea ésta la que sea, hágase con las manos o con el alma, puesto que cuanto hacemos con las manos lo hacemos a la vez con el alma.

La tercera, la entrega a cuantos nos rodean, la solidaridad con todos por encima de razas, colores, apellidos, clases, grupos sociales, sociedades, pensamientos y fortunas.

La cuarta, una incesante búsqueda de la justicia, un agudísimo olfato para encontrar las menores virutas de dolor en los otros, un incansable desasosiego mientras no hayamos encontrado la suficiente felicidad para todos.

La quinta, un apasionado amor a la verdad, un verdadero terror a todo tipo de prejuicios (de derechas o de izquierdas), un constante valor para decir la verdad entera y para decirla  – como decía Bernanos «sin añadirle ese sádico placer de hacer daño a quien la escucha».

La sexta, e importantísima, una fe radical en el futuro, un saber que los que vienen detrás serán mejores que nosotros, un luchar para que lo sean, una esperanza sin sueños, construida día a día por todos, y, sobre todo, una invencible alegría, basada en la certeza de que somos amados desde lo alto de los cielos y desde lo ancho de la tierra.

Me gustaría vivir en un mundo en el que fueran estas cosas las valoradas por todos ¿y a ti?


José Luis Martín Descalzo

Relaciones adictivas, hay amores que matan

Dicen que el amor mueve al mundo y es por eso que todos soñamos con poder disfrutar de una relación idílica… Pero, ¿qué es realmente el amor?, ¿es una tormenta arrasadora o es un hermoso día despejado?

Por todas partes nos llegan modelos de lo que debe ser una relación de pareja, a partir de los cuales nos hacemos una idea propia de lo que es el amor. Estas ideas, lamentablemente, no siempre son las más sanas. Por eso, las creencias equivocadas pueden convertir a la pareja en una peligrosa droga, sin la cual la vida parece perder sentido.

Amor, yo sin ti no valgo nada

Los niños son como esponjas que absorben todo lo que ocurre a su alrededor. Así, si las relaciones en el hogar fueron una mezcla de amor y dolor, porque había maltrato, indiferencia o manipulación, es probable que se repitan los mismos patrones disfuncionales o que se generen otros diferentes, pero igualmente perjudiciales.

Esto ocurre porque automáticamente tendemos a buscar lo que nos resulta familiar, pues los modelos con los que crecimos dejan una huella profunda en nosotros.

Desafortunadamente, en infinidad de casos el amor se confunde con dependencia y las relaciones se tornan tóxicas. Esto ocurre cuando hay una autoestima baja y se cree que hay que buscar el amor fuera de uno mismo y conseguirlo a costa de la propia dignidad.

La comedia romántica versus la tragedia

En la vida real, las relaciones, al igual que ocurre en las historias que vemos a través de la pantalla, o en el teatro, obedecen a estos dos tipos básicos. Pero, ¿qué es lo que hace divertida a una comedia romántica? Es ese ingrediente especial, llamado sentido del humor, el cual hace que la relación sea ligera y alegre y que la pareja se divierta horrores.

En cambio, en una tragedia, el sentido del humor brilla por su ausencia, y la relación se toma demasiado en serio, tornándose pesada, dramática y lo que es peor, adictiva.

Hay varias «alertas rojas» que identifican a una relación adictiva, tales como la posesividad, la manipulación, el irrespeto, los celos desproporcionados, la descalificación, la dependencia, la inseguridad y el maltrato.

En realidad, lo que todas estas señales tienen en común es el miedo a no ser amado ni aceptado tal como uno es. Por ese motivo se juega un rol, ya sea de sumisión o de dominación, para intentar controlar al otro y así seguir obteniendo la tan deseada «droga»: afecto y atención.

El secreto

Hay una clave para protagonizar una divertida comedia romántica, en vez de una dolorosa tragedia, y es saber que la fuente de amor está dentro de nosotros mismos, no fuera.

Cuando tenemos esta certeza, comprendemos que, independientemente de las personas que pasen por nuestra vida, vamos a estar bien, porque somos capaces de darnos a nosotros mismos el cariño, el cuidado, la compasión y la aceptación que necesitamos.

En cambio, si ponemos la fuente de estima en otra persona, la sola idea de perderla es devastadora y hacemos cualquier cosa por recibir esa engañosa dosis de afecto, llegando a cualquier extremo. Exactamente igual que lo haría una persona con problemas de dependencia a una droga.

Entonces, no hace falta contorsionarse para obtener la «droga» del amor de otra persona, ya que esto, paradójicamente, sólo lograría el efecto contrario. Sólo hace falta que sepas que eres merecedor de cariño tal y como eres, que lo expreses y lo demuestres constantemente.

Una persona segura de sí misma irradia un encanto verdaderamente irresistible. Por lo tanto, comienza por amarte a ti mismo; eso atraerá, por añadidura, a la pareja «ideal» que estás buscando.


Paula Aroca | LaMenteEsMaravillosa.Com

Aférrate

  • Aférrate a la fe porque es la fuente de la creencia de que todo es posible. Es la fibra y la fortaleza de un alma confiada.
  • Aférrate a la esperanza porque destierra la duda y da lugar a actitudes positivas y alegres.
  • Aférrate a la confianza porque se encuentra en el corazón de las relaciones fructíferas que son seguras y satisfechas.
  • Aférrate al amor porque es el don más preciado de la vida, porque es generoso, se preocupa y da significado a la vida. 
  • Aférrate a la familia y a los amigos porque son las personas más importantes en tu vida y porque hacen del mundo un lugar mejor. Ellos, son la vida que ha crecido con el tiempo para alimentarte, ayudarte a seguir tu camino y permanecer siempre cerca de ti. 
  • Aférrate a todo lo que eres y a todo lo que has aprendido, porque esto es lo que te convierte en un ser singular. No menosprecies lo que sientes y lo que crees que es bueno e importante; tu corazón te habla con más fuerza que tu mente. 
  • Aférrate a tus sueños, alcánzalos de manera diligente y honrada. No tomes nunca el camino más fácil ni te rindas ante el engaño. Recuerda a otros en tu camino y dedica tiempo para atender sus necesidades.Disfruta de la belleza que te rodea. Ten valor para ver las cosas de manera diferente y más clara.

    Haz del mundo un lugar mejor día a día y no te olvides de las cosas importantes que dan significado a tu vida.

Fácil y difícil

«Se cuenta que había un gran maestro llamado Buso, que vivía con su esposa y una hija, todos con fama de sabiduría y santidad. Un día se acercó un hombre al maestro y le preguntó:

– La iluminación, ¿es fácil o difícil?

Y Buso le contestó:

– Es tan difícil como alcanzar la Luna.

No conforme, el hombre se acercó a la mujer de Buso y le hizo la misma pregunta, a lo que ella le contestó:

– Es muy fácil. Es tan fácil como beberse un vaso de agua.

Intrigado se quedó el hombre y, para salir de dudas, le hizo la misma pregunta a la hija del maestro, que le contestó:

– ¡Hombre!, si lo haces difícil es di­fícil, pero si lo haces fácil»…

Lo más difícil es la capacidad de ver, ver simplemente, con sinceridad, sin engañarse, porque ver significa cambio, nada a qué agarrarse, y estamos acostumbrados a buscarnos asideros y a andar con muletas. En cuanto llegas a ver con claridad, tienes que volar; y volar es no tener nada de qué agarrarte. Necesitamos desmontar la tienda en la que nos refugiábamos y seguir por el sendero adelante sin apoyos.

El susto mayor es por la aniquilación de todo miedo, puesto que los miedos han sido el manto en el que te envolvías para no ver ni ser visto. Dejar las cosas atrás y enfrentarte a la felicidad, cuando no quieres ser feliz a ese precio. Una felicidad que has de expresar tú y no esperar a que te la den hecha. Aunque vas diciendo que buscas la felicidad, lo cierto es que no quieres ser feliz. Prefieres volver al nido antes que volar porque tienes miedo, y el miedo es algo conocido y la felicidad no.

En mi profesión de psicólogo advierto cada día esto. Lo primero que tiene que entender el buen psicólogo es que el que viene a él no busca la curación, sino el alivio, la comodidad, pero no quiere cambiar; es demasiado expuesto y comprometido.

Es como aquel que está metido en la porquería hasta la boca y que lo único que le preocupa es que no le hagan olas, no que lo saquen de allí. Lo malo es que la mayoría equipara la felicidad con conseguir el objeto de su apego, y no quiere saber que la felicidad está precisamente en la ausencia de los apegos, y en no estar so­metido al poder de ninguna persona o cosa.


Anthony de Mello

Vivir juntos toda la vida

Hay una pregunta que me planteo acto seguido: ¿por qué los hombres fallan en su amor? ¿Por qué es tan difícil vivir juntos todos los días?

Creo que muchas veces nos mentimos a nosotros mismos. Pretendemos amar al otro pero nos limitamos a amarnos a nosotros mismos, a nuestro «yo».

Espero demasiado del otro. El otro debe ser amable.

El otro debe ponerme por las nubes, debe llevarme en bandeja, no debe enfadarme, no debe reñirme.

Al menor desencanto me siento herido en mi amor. Pensamos demasiado poco, o casi nada, en lo que podemos dar o hacer por el otro.

No digas demasiado aprisa: «¡No me quieres!», al menos hasta que tú no lo hayas dado todo.


Phil Bosmans

Para después de la luna de miel

Hay que aprender a turnarse el mal humor.

Nunca se disgusten los dos a la vez. Si los dos pierden el control, entonces sí están al borde de la tragedia. El piloto y el copiloto no pueden salir al mismo tiempo de la cabina de control. Alguien tiene que llevar el mando.

No se griten nunca.

La única excepción es si la casa se está quemando. Todo ruido desagradable es nocivo en el hogar. Pero si el ruido se hace con la lengua, y en ese momento ésta es de fuego, eso es una bomba atómica. Y la única bomba que puede existir en una casa es la de los niños, para inflar la llanta de su bicicleta.

Complázcanse mutuamente, siempre que no haya una razón de mucho peso.

Si alguno se niega a los deseos del otro, que siempre exista esa razón. Pero esto tienen que hacerlo de mutuo acuerdo. Así ninguno de los dos será el consentido, y ninguno de los dos se convertirá en protector.

Cuando haya una oportunidad de lucirse, por ejemplo en la conversación, procuren que el lucido sea el otro.

Es un pequeño detalle que la mayor parte de las veces no cuesta nada, pero se agradece mucho. Cuando esto se ha convertido en costumbre, crea un ambiente de agrado continuo, ya que nada agradecemos tanto como el que se reconozcan nuestros valores.

Dejen atrás, sin miedo y sin reservas, su antigua vida de solteros.

No van a perder su individualidad ni su valor personal, sino que van a crecer constantemente en el amor, si realizan todas las actividades posibles como pareja. En el matrimonio, uno más uno es más que dos. Sus pasatiempos, sus amigos y familias, y aun su religión, no deben ser causa de separación, sino oportunidades para unirse más que nunca.

El hogar con fe y feliz es un hogar abierto.

Ustedes necesitan, por supuesto, su privacidad, pero no deben encerrarse en sí mismos. Especialmente los necesitados y los pobres deben sentirse bienvenidos, cómodos y respaldados en la casa de ustedes. A aquellos que comparten con alegría lo que tienen, nunca les falta lo necesario.

Nunca renueven el pasado ni la conducta errada, ni la discusión ni la falta que ya pasó y que ahora no existe.

Para ustedes dos, sólo existe el momento y el futuro inmediato, nada más. No existe el pasado ni el futuro lejano. Remover el pasado, sobre todo, es crear situaciones difíciles, sin necesidad.

Que nunca termine un día sin un regalo.

Este regalo puede ser, bien un cumplido, una ternura, una alabanza por algo que se hizo bien, una promesa, en fin, tantas cosas… pero siempre, al retirarse a la alcoba, que haya una sonrisa en la cara de ambos. Mas no esperes nunca el regalo. Dalo tú primero.

No hagan un hábito del beso, sobre todo del beso matinal y del que se espera al llegar a casa.

Que siempre haya calor en el beso, aunque ya no haya llamaradas. Este calor seco, caliente y limpio, es el mejor signo de eternidad en el amor.

Sería imposible pedir que no haya discusiones, pero no se pierdan el placer de la reconciliación.

Nunca vayan a acostarse si tienen una discusión pendiente. No tengan miedo a las discusiones, siempre que éstas, pasada una media hora, terminen en un beso.

De esta forma su hogar tendrá vida. El hogar donde no se debate y donde no se piden excusas es un muerto sin enterrar. Pero no se olviden que, en toda discusión el que menos razón tiene es el que más habla.


Anónimo

El deseo, la raíz del sufrimiento

Empezaré por decir que todas las personas hemos sufrido unas más que otras a pesar de que a nadie nos gusta sufrir. Pero ¿por qué sufre la gente? Porque hay algo deseado que no tenemos, lo estamos perdiendo o tal vez es tarde para recuperar lo que deseamos, esto es: el amor de alguien, el no ser correspondidos como uno quiere que nos quieran, el no tener aquel coche o trabajo, solvencia económica etc. La solución para acabar con dicho estado anímico sería dejar de desear, pero esto es imposible puesto que la mente es insaciable.

Es por eso que debemos de aprender a desarrollar nuestra capacidad de anhelar sin quedarnos pegados al deseo, a ser una persona feliz aceptando nuestra realidad sin aferrarnos a un pasado el cual está muerto, a un futuro incierto. ¿Preocuparme? Únicamente por mi presente. Viviendo así al máximo cada uno de mis días, dando siempre lo mejor de mi persona a los que me rodean dejando a un lado el egoísmo, el pesimismo. Simplemente dando lo mejor para esperar lo mejor, aunque las cosas no salgan como uno quiere y al tiempo que uno quiere es porque algo mejor está por llegar a nuestra vida, yo siempre he vivido con esta manera de pensar, es lo que funciona. Dejando a un lado la añoranza por lo que ya no está conmigo. Por último, permite que todos los sucesos sucedan.


Nadia Kabande Toledo

¿Por qué nos relacionamos?

La vida está basada en la capacidad de relacionarnos.

Estamos habituados en aplicar el término «relación» a la interacción entre dos personas o más pero el relacionarse es parte inherente de la vida. Todas las manifestaciones de vida se relacionan de alguna forma para poder expresarse. Dentro de la evolución, la forma más pasiva es la del mineral, pero aun así se deja percibir, utilizar, admirar como puede ser un brillante, un zafiro, un rubí, una joya. Le sigue el animal que es una forma más dinámica pues interactúa con otros animales, con la naturaleza, con los seres humanos como por ejemplo: el perro con su amo. Luego, está el ser humano donde se manifiestan diferentes formas de relacionarse pero que requiere de la interacción para subsistir. Si el ser humano no se relaciona muere, por ejemplo: Un bebé si no se relaciona con la madre o con otra figura adulta protectora no subsiste por sí solo. Por ello, manteniendo el recuerdo de la necesidad de sobrevivencia, muchas personas eligen perpetuar una relación destructiva, antes de no relacionarse, pues en el momento que se relacionan viven. Por ejemplo: Una pareja que permite atropello físico o verbal porque en el fondo prefieren tener una relación abusiva que no tener ninguna. La calidad de la relación va a depender de la actitud con que se aborde.

Las relaciones humanas interpersonales representan el gran reto para el individuo y sólo a través del Amor es que podemos relacionarnos plenamente donde podemos fusionar nuestras conciencias individuales y contactar la unidad. La verdadera razón para relacionarnos es poder regresar a la unidad de donde se parte, habiendo asimilado las vivencias, re descubriendo en el otro la condición divina. Par ello, requerimos relacionarnos. Es a través del contacto, del placer, del gozo que nos integramos a la unidad pero la mente y las emociones no clarificadas ni canalizadas nublan el camino para hacerlo. Por ejemplo: El temor que sentimos a no ser amados, a ser rechazados nos hace dudar de nuestra capacidad de lograr sostener una relación de amor. El encontrar la capacidad de amar, nace de la voluntad y disponibilidad que tengamos.

En el relacionarse con los demás es cuando los conflictos no resueltos de la mente se activan, por ello, muchas personas creen que si no se relacionan sentimentalmente no tendrán problemas mayores debido a que considera que el roce de la incomodidad sólo se presenta con la presencia de otra persona cuando en realidad, las relaciones son un termómetro de nuestro estado interno Por ello, la fricción de la interacción es el activador del autoconocimiento porque primero el conflicto tiene que estar adentro para que se pueda manifestar afuera a través de otra persona. El evadir relacionarse sentimentalmente y sacrificar la plenitud del contacto perpetúa los problemas internos pues no son puestos en evidencia. En la medida que no estemos dispuestos a solventar los conflictos emocionales no se pueden tener relaciones significativas, duraderas, nutritivas.

La mayoría de las personas sólo se relacionan a través del intercambio de ideas, del placer sexual pero esa atracción no garantiza una comunicación profunda ni una relación duradera sino más bien un momento de proximidad que nos aleje de la soledad que probablemente en ese momento estemos sintiendo. Este tipo de relaciones pueden ser distraídas y placenteras pero tarde o temprano entrarán en conflicto pues el verdadero Ser no se ha revelado por temor a ser expuesto, a mostrar los conflictos y ser rechazado.

El verdadero ingrediente para tener una relación significativa es ser genuino, abierto. Es bajar las defensas, permitirse involucrarse, ser vulnerable, envolverse en el sentir. Para ello, hay que darse permiso de conocerse a sí mismo porque ¿cómo se puede comunicar a los demás lo que o no nos atrevemos a comunicar a nosotros mismos? ¿Cómo puedes hablar de tus necesidades con tu pareja si no las has reconocido primero?

Date el permiso de sentirte para que puedas sentir plenamente la integración con tu pareja.


María Dolores Paoli | Psicóloga y autora del libro Niños Índigos: Nuevo Paso en la Evolución.

Dar

Hay algunos que dan poco de lo mucho que tienen y lo dan para que se les reconozca; este deseo oculto hace que sus regalos no promuevan el bienestar.

Y hay aquellos que tienen poco y lo dan todo.

Éstos son los que creen en la vida y en la generosidad de la vida; su cofre nunca estará vacío.

Hay aquellos que dan con alegría, y esa alegría es su premio.

Y hay aquellos que dan con dolor, y ese dolor es su bautismo.

Y hay aquellos que dan y no conocen el dolor al dar, ni buscan alegría, ni lo dan pensando en la virtud; ellos dan tal como, en el valle distante. el mirto respira su fragancia en el espacio.

Por medio de las manos de personas como éstas, Dios habla y, detrás de sus ojos, Él sonríe hacia la tierra.


Gibrán Jalil Gibrán

El tiempo es la mejor expresión del amor

Es posible evaluar la importancia que le asignamos a algo considerando el tiempo que estamos dispuestos a dedicarle. Cuanto más tiempo le dedicamos a algo, más evidente resulta la relevancia y el valor que tiene para nosotros. Si quieres conocer las prioridades de una persona, fíjate en cómo usa el tiempo.

El tiempo es el regalo más preciado que tenemos porque es limitado. Podemos producir más dinero, pero no más tiempo. Cuando le dedicamos tiempo a una persona, le estamos entregando una porción de nuestra vida que nunca podremos recuperar. Nuestro tiempo es nuestra vida. El mejor regalo que le puedes dar a alguien es tu tiempo.

No es suficiente decir que las relaciones son importantes; debemos demostrarlo en acciones, invirtiendo tiempo en ellas. Las palabras por sí solas nada valen: Amigos míos, no solamente debemos decir que amamos, sino que debemos demostrarlo por medio de lo que hacemos.

Las relaciones exigen tiempo y esfuerzo. Amor se deletrea así: T – I – E – M – P – O.

La esencia del amor no es lo que pensamos o hacemos o aportamos a los demás, antes bien, es cuánto entregamos de nosotros mismos. A los hombres, en particular, les cuesta entender esto. Muchos me han dicho: «No puedo entender a mi esposa ni a mis hijos. Les proveo todo lo que necesitan. ¿Qué más quieren?» ¡Te quieren a ti! Quieren tus ojos, tus oídos, tu tiempo, tu atención, tu presencia, tu interés: tu tiempo. No hay nada que pueda suplir eso.

El mejor regalo de amor no son los diamantes ni las rosas ni los dulces. Es brindar tu concentración. El amor se concentra tanto en otra persona que por un instante uno se olvida quién es. La atención dice: «Te valoro tanto que te entrego mi bien más valioso: mi tiempo». Siempre que dediques de tu tiempo, estarás haciendo un sacrificio, y el sacrificio es la esencia del amor.

Es posible dar sin amar, pero no se puede amar sin dar. Amar es entregarse: dejar de lado mis preferencias, comodidad, objetivos personales, seguridad, dinero, energía y tiempo para el beneficio de otra persona.

Siempre cabe algo mejor

Suele decirse que la inteligencia es como un globo que siempre se puede hinchar un poco más. Nunca te acostarás sin saber una cosa más. «Ningún día sin línea», decía un escritor antiguo.

Conversación de la baronesa con su doncella:

– Dame la aguja, voy a coser.

– Pero, señora, si está usted muriéndose.

– Esa no es razón para estar sin hacer nada.

Y aunque mañana fuera el fin del mundo, yo seguiría plantando manzanas en el día de hoy.

Sócrates se encontraba en la cárcel, esperando ser ejecutado sin tardanza. Un día oyó a otro prisionero, que cantaba una difícil canción del poeta Stesíchoros. Sócrates pidió a su compañero que le enseñara aquella canción.

– ¿Para qué? – le preguntó el otro -. ¡Si te van a ejecutar mañana!

– Porque puedo morir sabiendo una cosa más – fue la respuesta del gran filósofo. La ciencia atrae a la ciencia, la torpeza a la torpeza.


Justo López

Los que ven el árbol

Pobres son los que sólo ven el árbol cuando tiene manzanas. La verdad necesita pocas cosas y pocas palabras, como el amor. Para los corazones pequeños todas las penas son grandes. Nada como verse hermoso en el espejo de la conciencia. La curiosidad encuentra más cosas que la costumbre. En la tranquilidad que continúa. A la oración comienza la respuesta de Dios.

La conciencia es la presencia de Dios en cada hombre, por eso es desdichado el que no la escucha. Cuando el corazón llora sobre lo perdido, el espíritu ríe sobre lo encontrado. El sufrimiento nos hace piadosos, valientes y humildes, entonces es un maestro, no un castigo. Dios no abandona a sus hijos, te puede faltar el marido de tu madre, pero tu Padre jamás, por eso es una infamia decir que hay huérfanos.

No hay nada más espléndido que ser un hombre verdadero ni ciencia más importante que saber vivir. No hay que ser pobre para alegrar a Dios porque Él no tiene problemas sociales, por eso el sol y la lluvia son para todos.

Dios te quiere feliz, y para ser feliz hay que hacer lo que uno ama, y el amor te acerca a todo porque el amor es valiente (el amor es la antítesis del miedo). Para vivir mejor hay que ser mejor, nadie puede hacerlo por ti (si cada uno cuidara su árbol, el bosque sería maravilloso).

El maestro baja al discípulo cuando el discípulo está preparado para recibir al maestro. El que no está dispuesto a perderlo todo, no está preparado para ganar nada. La vida es abundancia porque Dios es abundancia, entonces la pobreza no es una virtud, salvo que favorezca tu libertad.

Goza las cosas, pero no te encadenes a ellas porque cuando llegue la hora de la mudanza que algunos llaman muerte, el campesino tendrá que dejar el arado, el carpintero el martillo, el soldado el fusil, entonces ¿para qué preocuparse por las cosas que tendremos que dejar aquí?

No escuches el mal, no digas el mal y no harás el mal. El bien se alimenta de sí mismo y el mal se destruye a sí mismo (el tumor te mata, pero muere contigo). Una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruye hay millones de caricias que construyen la vida.

Si los malos supieran qué buen negocio es ser bueno, serían buenos, aunque sea por negocio. El día del Juicio Final, el Señor no nos juzgará uno por uno sino el promedio, entonces estamos salvados porque la mayoría es buena gente.


Facundo Cabral

Aprende a decir no

Algunas personas no tienen reparos en tratar de convencerte para que hagas lo que ellos quieren, aun cuando a ti te desagrade o lo encuentres inconveniente. Si accedes a sus peticiones, lo más normal es que luego eso te deje resentido, enfadado y con la impresión de que han abusado de ti.

Las excusas raramente surten efecto para escapar de tales situaciones, porque los manipuladores suelen ser expertos en contrarrestar hasta el más hábil de los pretextos. La mejor solución resulta ser la más simple: basta con decir: «¡No quiero hacerlo!»

Decir «No» a esa clase de personas no sólo es la mejor solución, sino que además no tendrás por qué darles ninguna razón para hacerlo. Si ellos no tienen ningún tipo de reparos en tratar de hacerte imposiciones, tú tampoco deberás tener ninguno en negarte a ello.

Idea clave: A menos que algo se encuentre realmente dentro de mis responsabilidades, no tengo la obligación de realizarlo.


Jerry Minchinton

Sí pero no: Disonancia cognitiva

Si os pregunto qué es la Disonancia Cognitiva quizá no sepáis responderme, pero si os digo que se refiere a la tensión o incomodidad que percibimos cuando mantenemos dos ideas contradictorias o incompatibles entre sí, o cuando nuestras creencias no están en armonía con lo que hacemos, sí empecéis a pensar en momentos de vuestra vida donde todo parecía no encajar. Este malestar viene acompañado generalmente por sentimientos de culpa, enfado, frustración o vergüenza.

¿Qué sucede cuando se nos presenta tal tensión? Que nos esforzamos en generar ideas y creencias nuevas que encajen entre sí de manera que nos resulten coherentes. Construimos nuestra propia realidad con la intención de reducir ese malestar.

Si cogemos como punto de partida nuestras creencias o valores, encontramos que casi todos hemos caído en disonancias cognitivas. Por ejemplo:

  • Nos fumamos un cigarro aunque el médico nos lo ha prohibido.
  • Nos comemos un buen trozo de chocolate aun estando haciendo dieta.

En el primer caso sabemos que fumar es perjudicial para nuestra salud y ante todo queremos ser una persona sana, en cambio caemos en disonancia cuando nos convencemos de… «un cigarrito no me hará nada», «total uno más»,«por uno no me voy a morir».

En el segundo caso pasaría exactamente lo mismo, es más nuestra necesidad de saciar el deseo que nos produce comer chocolate, que el razonamiento de que lo tenemos prohibido en la dieta que estamos haciendo por tener muchas calorías.

Como cambiar el pasado es algo imposible y romper con los hábitos cuesta bastante, ¿qué es más fácil? Cambiar las creencias. Es por ello que nos mentimos a nosotros mismos como justificando nuestros pensamientos y actos, evitando así que nos sintamos peor.

Podemos decir por tanto que la tendencia ante estas incoherencias es la autojustificación. Al justificarnos conseguimos reducir la ansiedad que nos provoca la situación. Cuando caemos en disonancia primero actuamos y luego justificamos nuestra actuación. Si bien en un primer momento es algo que alivia nuestra ansiedad, después cuando tomamos consciencia de ello acabamos sintiéndonos mal y entramos de nuevo en el bucle de justificar nuestras propias contradicciones.

Pero hay que tener cuidado con esto, ya que caemos en el autoengaño y con él en la mentira y la crítica como algo cotidiano, y es ahí donde empiezan los problemas emocionales y/o sociales. Por ejemplo cuando deseamos algo que no podemos tener o ser como alguien al que admiramos, tendemos muchas veces al menosprecio, a quitarle valor al objeto o a la persona sobre la que hemos puesto nuestra atención. Es algo muy común en las rupturas amorosas o en los amores no correspondidos, solemos justificarnos con frases como «si ya sabía yo que esto no iba a funcionar», «si era una persona que no merecía la pena»… cuando por dentro estamos rotos de dolor y nos cuesta admitir que es así.

En el caso de personas que no se quieren demasiado a ellas mismas, se tiende a mentir para esconder lo que consideran es una debilidad propia, es cuando se crean corazas y caretas que esconden el verdadero sentir. ¿Qué sucede en estos casos? Pues que la persona muestra una cara que no es, y así la tratan los demás, en cambio por dentro se siente mal e incomprendida. Por tanto, hay que comunicarse más y esconder menos. No levantemos muros, abramos fronteras emocionales.


Ciara Molina | CiaraMolina.Com