Fácil y difícil

«Se cuenta que había un gran maestro llamado Buso, que vivía con su esposa y una hija, todos con fama de sabiduría y santidad. Un día se acercó un hombre al maestro y le preguntó:

– La iluminación, ¿es fácil o difícil?

Y Buso le contestó:

– Es tan difícil como alcanzar la Luna.

No conforme, el hombre se acercó a la mujer de Buso y le hizo la misma pregunta, a lo que ella le contestó:

– Es muy fácil. Es tan fácil como beberse un vaso de agua.

Intrigado se quedó el hombre y, para salir de dudas, le hizo la misma pregunta a la hija del maestro, que le contestó:

– ¡Hombre!, si lo haces difícil es di­fícil, pero si lo haces fácil»…

Lo más difícil es la capacidad de ver, ver simplemente, con sinceridad, sin engañarse, porque ver significa cambio, nada a qué agarrarse, y estamos acostumbrados a buscarnos asideros y a andar con muletas. En cuanto llegas a ver con claridad, tienes que volar; y volar es no tener nada de qué agarrarte. Necesitamos desmontar la tienda en la que nos refugiábamos y seguir por el sendero adelante sin apoyos.

El susto mayor es por la aniquilación de todo miedo, puesto que los miedos han sido el manto en el que te envolvías para no ver ni ser visto. Dejar las cosas atrás y enfrentarte a la felicidad, cuando no quieres ser feliz a ese precio. Una felicidad que has de expresar tú y no esperar a que te la den hecha. Aunque vas diciendo que buscas la felicidad, lo cierto es que no quieres ser feliz. Prefieres volver al nido antes que volar porque tienes miedo, y el miedo es algo conocido y la felicidad no.

En mi profesión de psicólogo advierto cada día esto. Lo primero que tiene que entender el buen psicólogo es que el que viene a él no busca la curación, sino el alivio, la comodidad, pero no quiere cambiar; es demasiado expuesto y comprometido.

Es como aquel que está metido en la porquería hasta la boca y que lo único que le preocupa es que no le hagan olas, no que lo saquen de allí. Lo malo es que la mayoría equipara la felicidad con conseguir el objeto de su apego, y no quiere saber que la felicidad está precisamente en la ausencia de los apegos, y en no estar so­metido al poder de ninguna persona o cosa.


Anthony de Mello

Siempre cabe algo mejor

Suele decirse que la inteligencia es como un globo que siempre se puede hinchar un poco más. Nunca te acostarás sin saber una cosa más. «Ningún día sin línea», decía un escritor antiguo.

Conversación de la baronesa con su doncella:

– Dame la aguja, voy a coser.

– Pero, señora, si está usted muriéndose.

– Esa no es razón para estar sin hacer nada.

Y aunque mañana fuera el fin del mundo, yo seguiría plantando manzanas en el día de hoy.

Sócrates se encontraba en la cárcel, esperando ser ejecutado sin tardanza. Un día oyó a otro prisionero, que cantaba una difícil canción del poeta Stesíchoros. Sócrates pidió a su compañero que le enseñara aquella canción.

– ¿Para qué? – le preguntó el otro -. ¡Si te van a ejecutar mañana!

– Porque puedo morir sabiendo una cosa más – fue la respuesta del gran filósofo. La ciencia atrae a la ciencia, la torpeza a la torpeza.


Justo López

Saber esperar

«El que esperar puede, alcanza lo que quiere».

Sirva esta frase para hacernos pensar acerca del momento en el que nos pasan las cosas. Las cosas ocurren cuando tienen que ocurrir. Grandes debates me han acompañado sobre la causalidad y la casualidad, sobre la relación causa-efecto de todo lo que pasa o el azaroso proceder de una vida sin rumbo determinado. Es posible que todo tenga una relación entre sí y que el mero desconocimiento de la relación causal sea lo que llamamos suerte, o es posible también que nuestras vidas dependan de una «estrella» que nos acompañe (o no) en nuestro devenir fáctico, pero de lo que no tengo duda, es de la importancia de saber esperar. Hoy en día nos dejamos llevar por una «mentalidad de tarjeta de crédito», es decir, lo quiero todo ya y luego ya veremos cómo lo argumento, cómo lo justifico, qué utilidad le saco, y muchas veces entramos en una vorágine de consumo de experiencias que no somos capaces de madurar y nos producen bloqueos vitales que acaban en una fuente de estrés importante.

Las cosas llevan su tiempo. No es fácil conseguir un objetivo, todo requiere de tiempo, de habilidad, de destreza, de delicadeza, de lucidez… hay que saber esperar el mejor momento para conseguir lo que se quiere, hay que entender el ritmo propio de la vida personal y de las personas que nos rodean, tenemos que leernos a nosotros mismos, leer nuestras intenciones, nuestras tentaciones, nuestras ilusiones, nuestras utopías… El que sabe esperar, entiende que las cosas cuestan de conseguir, entiende que la paciencia es una virtud que ayuda en el tiempo de incertidumbre, el que sabe esperar escucha el pálpito de una vida que lleva sus ritmos y que marcan una melodía y somos nosotros los que nos adoptamos a ella. Por eso el que sabe esperar, el que puede esperar, alcanza lo que quiere, consigue el objetivo pretendido, es capaz de descifrar el ritmo vital que acopla nuestro palpitar, con la melodía de la vida. No es fácil saber cuándo hablar, saber cuándo callar, saber cuándo actuar o saber cuándo escuchar, no es fácil saber cuándo proponer, o cuando simplemente disponer. Tendemos a hacer, a producir, y muchas veces no sabemos por qué. Tenemos que aprender a esperar, a proveer, a intuir, a programar, a planificar, a revisar, y finalmente a convencernos para actuar, porque las cosas llegan…y pasan, pero hay que saber cuándo debemos hacerlo.

Saber esperar es un paso más en el conocimiento personal.


Javier Bailén | SirvaPara.Wordpress.Com

Semilla somos

En el silencio de mi reflexión percibo todo mi mundo interno como si fuera una semilla, de alguna manera pequeña e insignificante pero también pletórica de potencialidades.

… Y veo en sus entrañas el germen de un árbol magnífico, el árbol de mi propia vida en proceso de desarrollo.

En su pequeñez, cada semilla contiene el espíritu del árbol que será después. Cada semilla sabe cómo transformarse en árbol, cayendo en tierra fértil, absorbiendo los jugos que la alimentan, expandiendo las ramas y el follaje, llenándose de flores y de frutos, para poder dar lo que tienen que dar.

Cada semilla sabe cómo llegar a ser árbol. Y tantas son las semillas como son los sueños secretos.

Dentro de nosotros, innumerables sueños esperan el tiempo de germinar, echar raíces y darse a luz, morir como semillas… para convertirse en árboles.

Árboles magníficos y orgullosos que a su vez nos digan, en su solidez, que oigamos nuestra voz interior, que escuchemos la sabiduría de nuestros sueños semilla.

Ellos, los sueños, indican el camino con símbolos y señales de toda clase, en cada hecho, en cada momento, entre las cosas y entre las personas, en los dolores y en los placeres, en los triunfos y en los fracasos.

Lo soñado nos enseña, dormidos o despiertos, a vernos, a escucharnos, a darnos cuenta. Nos muestra el rumbo en presentimientos huidizos o en relámpagos de lucidez enceguecedora.

Y así crecemos, nos desarrollamos, evolucionamos…

Y un día, mientras transitamos este eterno presente que llamamos vida, las semillas de nuestros sueños se transformarán en árboles, y desplegarán sus ramas que, como alas gigantescas, cruzarán el cielo, uniendo en un solo trazo nuestro pasado y nuestro futuro.

Nada hay que temer,… una sabiduría interior las acompaña… porque cada semilla sabe…. cómo llegar a ser árbol…


Jorge Bucay

Sobrevivir en el mundo del yo, yo, yo

Los comportamientos narcisistas nos rodean. El exhibicionismo en las redes sociales, la obsesión por los «selfies» y la propia imagen. Se habla de epidemia, pero ¿es tan preocupante?

Fue el bello y vanidoso Narciso, personaje de la mitología griega incapaz de amar a otras personas que murió por enamorarse de su propia imagen, quien inspiró el término narcisista. El concepto fue luego reinterpretado por Freud, el primero que describió el narcisismo como una patología. Y en los setenta, el sociólogo Christopher Lasch convirtió la enfermedad en norma cultural: determinó que la neurosis y la histeria que caracterizaban a las sociedades de principios del siglo XX habían cedido el paso al culto al individuo y la búsqueda fanática del éxito personal y el dinero. Un nuevo mal dominante. Casi cuatro décadas después ha cobrado fuerza la teoría de que la sociedad occidental actual es, todavía más narcisista.

Este comportamiento parece expandirse como una plaga en la sociedad contemporánea, tanto a nivel individual como colectivo. Y no sólo entre los adolescentes y jóvenes que inundan las redes sociales. «El desorden narcisista de la personalidad – un patrón general de grandiosidad, necesidad de admiración y falta de empatía – sigue siendo un diagnóstico bastante raro, pero las cualidades narcisistas están ciertamente en alza», explica la psicóloga Pat MacDonald, autora del trabajo Narcisismo en el mundo moderno. «Basta con observar el consumismo rampante, la autopromoción en las redes sociales, la búsqueda de fama a cualquier precio y el uso de la cirugía para frenar el envejecimiento», añade.

Las investigaciones realizadas a partir de 2009 por Jean Twenge, de la Universidad Estatal de San Diego, son una de las principales referencias para las hipótesis más catastrofistas. Tras estudiar a miles de estudiantes estadounidenses, la psicóloga proclamó que estos comportamientos habían crecido «al mismo ritmo que la obesidad desde 1980», que había alcanzado niveles de epidemia. Twenge ha publicado dos libros – Epidemia narcisista, con Keith Campbell, de la Universidad de Georgia, y Generación yo – en los que afirma que los adolescentes del siglo XXI se «creen con derecho a casi todo, pero también son más desgraciados».

Los rasgos narcisistas no siempre son fáciles de reconocer y, con moderación, no tienen por qué ser un problema. Son comportamientos egoístas, poco empáticos, a veces un tanto exhibicionistas, de personas que quieren ser el centro de atención, ser reconocidas socialmente, que suelen resistirse a admitir sus fallos o mentiras y que se creen extraordinarias (aunque su autoestima, en algunos casos, sea en realidad baja). Un estridente ejemplo, contado por Twenge, es el de una adolescente que, en un reality de la MTV, justificó el corte de una calle para celebrar su fiesta de cumpleaños, a pesar de que había un hospital en medio, al grito de: «¡Mi cumpleaños es más importante!».

En otras ocasiones este tipo de comportamiento es más sutil, más común y, a veces, más dañino. Es esa persona que exige una atención extrema a sus comentarios y problemas y, si no la consigue, concluye que es diferente de los demás y que nunca recibe el respeto que merece. O un jefe encantador que de repente te hace sentir culpable por un proyecto fracasado que fue idea suya. «Para tapar sus problemas, una persona con alto nivel de narcisismo suele buscar a una o dos víctimas cercanas, no necesita más, pero les puede hacer la vida imposible», asegura el psicoanalista francés Jean-Charles Bouchoux, autor de Los perversos narcisistas (Arpa), que acaba de ser traducido al español y que ha vendido más de 250.000 ejemplares en Francia. «Hay un incremento del narcisismo, porque ahora la imagen cuenta más que lo que hacemos y queremos alcanzar muchos hitos sin esfuerzo», opina.

Abundan los casos en política – es difícil navegar por Internet sin ver el nombre de Donald Trump asociado al narcisismo – y en televisión. El tema fascina, como muestran los índices de audiencia de los realities. Quizá la principal novedad son las redes sociales, lugar donde millennials (nacidos entre 1980 y 1997) y no tan millennials, famosos y no tan famosos, transforman lo mundano en extraordinario. Cada día se suben a Instagram 80 millones de fotografías, con más de 3.500 millones de likes: «Yo, comiendo», «Yo, con mi mejor amiga». «Yo, en un nuevo bar». En Facebook, millones de usuarios ofrecen detalles de su vida al mundo. ¿Nos está convirtiendo Internet, no sólo en espectadores pasivos, sino en narcisistas ávidos de notoriedad fácil, obsesionados por conseguir amigos virtuales y por el impacto de nuestros posts?

Atención a las autofotos. No todos los que se hacen un selfie son narcisistas, pero un estudio realizado por Daniel Halpern y Sebastián Valenzuela, de la Pontificia Universidad Católica de Chile, concluye que los individuos que se sacaron más fotos durante el primer año de la investigación mostraron un alza del 5% del nivel de narcisismo el segundo año. «Las redes sociales pueden modificar la personalidad. Autorretratarse, cuando uno es narcisista, alimenta ese comportamiento», explica por teléfono Halpern. «En las redes, podemos mostrarnos como queremos que nos vean. Esa imagen perfecta que creemos que los demás tienen de nosotros puede alterar la que tenemos nosotros de nosotros mismos», advierte. Tener impacto en las redes puede generar dependencia y también temor (el miedo a no ser el centro, al vacío de un post sin apenas me gusta).

«La psicóloga Jean Twenge dice que los adolescentes se creen con derecho a todo y son más desgraciados».

Además, el narcisismo creciente mueve dinero. Un reciente informe de Bank of America Merrill Lynch calcula que el consumo relacionado con los productos que nos hacen sentir mejor y hacen posible un aspecto a prueba de selfies —lo llaman vanity capital – mueve en el mundo 3,7 billones de dólares. La firma, en su cálculo, incluye coches y otros artículos de lujo, operaciones estéticas, vinos de calidad, joyas o cosméticos.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? La intrépida carrera de logros personales que se exige a jóvenes y adultos explica parte del ansia narcisista. «La sociedad es hiperdemandante e hi­perexigente. Ahora, por ejemplo, hay que tener muchos amigos, vivimos hiperconectados. Mi padre no tenía amigos, tenía a su familia, y era feliz», explica Rafael Santandreu, psicólogo y autor de Ser feliz en Alaska (Grijalbo), que vincula el narcisismo – y la frustración que puede generar – con la depresión, la ansiedad y la agresividad.

Hay causas que nacen en la infancia. Las teorías de Twenge han tocado un nervio cultural al culpar a padres y educadores de haber criado a una generación de narcisos diciéndoles lo especiales que son sin importar sus logros. Un estudio europeo publicado en 2015 en la revista PNAS argumenta que el narcisismo está vinculado a una educación parental que sobrevalora por sistema a los hijos. «Se les alaba en exceso y, con el tiempo, los niños se creen únicos», explica uno de sus autores, Eddie Brummelman, del Instituto de Investigación para el Desarrollo Infantil de la Universidad de Áms­terdam. «Se confunde autoestima con narcisismo. Lo que hay que cultivar es la autoestima, que se consigue con cariño, apoyo, atención y límites», añade.

¿Quiere decir que no hay que pensar a lo grande? No exactamente. Cultivar cierto ego saludable es beneficioso. Es lo que defiende Craig Malkin, psicólogo clínico de la Escuela de Medicina de Harvard. «Un poco de narcisismo en la adolescencia ayuda a los jóvenes a sobrellevar la tormenta y el ímpetu de la juventud. Sólo la gente que nunca se siente especial o la que se siente siempre especial son una amenaza para ellos mismos o el mundo. El deseo de sentirse especial no es un estado mental reservado a imbéciles o sociópatas», afirma en Rethinking Narcissism (repensando el narcisismo).

Forma parte Craig del grupo que considera que la mayoría de los estudios sobre narcisismo no han sido justos con los jóvenes y que los que hablan de epidemia exageran. El Inventario de la Personalidad Narcisista, un cuestionario básico para los investigadores de todo el mundo, incluida Twenge, es defectuoso, sostiene Craig. Entre otras cosas, esta herramienta considera negativo querer ser un líder o decir que eres decidido. «Las personas que disfrutan diciendo lo que piensan o que quieren liderar son claramente diferentes de los narcisistas que suelen recurrir a la manipulación y la mentira».

«La imagen cuenta más que lo que hacemos y queremos alcanzar muchos hitos sin esfuerzo», opina el psicoanalista J.-C. Bouchoux

Un exhaustivo estudio publicado en 2010 en Perspectives on Psychological Science intenta refutar la teoría de la epidemia. Realizado entre un millón de adolescentes en EE UU entre 1976 y 2006, los investigadores encontraron poca o ninguna diferencia psicológica entre los millennials y las generaciones anteriores, aparte de más autoestima. En un intento de relativizar el problema, encabeza ese trabajo una cita de Sócrates: «Los niños de hoy día [siglo V a. de C.] son unos tiranos. Contradicen a sus padres, engullen la comida y tiranizan a sus maestros».

De un lado y otro del debate, de lo que no parece haber duda es de que es recomendable huir de las personas con altos niveles de narcisismo. Lo resume muy bien Kristin Dombek en The Selfishness of Others (el egoísmo de los otros), ensayo en el que analiza la abundancia en el mundo virtual anglosajón (y cada vez más en el español) de información relacionada con los narcisistas, sobre cómo reconocerlos y hacerles frente: «Uno de esos blogueros decía: ¿qué debe hacer uno cuando conoce a un narcisista? Ponerse las zapatillas y salir corriendo de inmediato».


Cristina Galindo | ElPais.Com

Las tres reglas del error

Hablemos de lo que para Gandhi son las tres R del Error: Reconocimiento, Responsabilidad y Revolución

– Reconocimiento. El error es la mayor lección de humildad que nos puede dar la vida. Reconocer que no somos infalibles, nos permite poner una atención más consciente en aquello que hacemos y por tanto nuestro aprendizaje sobre nosotros mismos será mucho más provechoso.

– Responsabilidad. Al reconocer nuestra equivocación tomamos consciencia de nuestros actos y por tanto dejamos de culpar a los demás. Sentir que tenemos el poder de redirigir el daño nos hace coger confianza en nosotros mismos. Una vez más, se trata de una cuestión de actitud.

– Revolución. Entenderemos la palabra revolución como avance, un reinventarse constante. Nos ofrece la oportunidad de seguir probando nuevas estrategias. Reorganizar los pensamientos, reestructuras las acciones y re-evolucionar (volver a evolucionar). Los grandes descubrimientos como la electricidad, la penicilina o internet, en nuestra era más moderna, son un claro ejemplo de cómo a fuerza de fallar en las investigaciones se acaba encontrando algo nuevo.

¿Te identificas con las tres R?


Ciara Molina | Psicóloga Emocional. 

Cambiar para crear lo nuevo

Cambiar es el empuje de nuestra naturaleza creativa. Cuando nos negamos a ser flexibles, a considerar, a valorar nuevas formas, entonces encerramos nuestra naturaleza creativa, y el carácter se vuelve muy irritable, las formas de reaccionar son muy repetitivas, porque en el fondo hay una resistencia a dejar conductas viejas, formas de pensar que ya no están dando resultado, lo cual genera un estado de tensión que provoca que todo te parezca mal, poca cosa, porque ya no es algo que te esté haciendo crecer y descubrir nuevos talentos en ti.

Así que recuerda: la próxima vez que te enfades, pregúntate dónde eres inflexible y dónde has encerrado tu naturaleza creativa, es decir, dónde estás actuando con actitudes viejas y dónde te has encerrado en un mismo patrón de conducta, de pensamiento.

Confía más en ti, en lo que en verdad quieres, en que las cosas pueden cambiar a tu mejor gozo y placer. Y si estás inconforme con algo, no des un salto ni un grito: recuerda que la inconformidad sólo avisa que algo en tu vida ya necesita ser renovado, transformado: y esta renovación tiene que suceder no allá afuera, sino dentro de ti, en tu pensamiento, en la actitud con la que reaccionas en la vida.


Laura Garcés Garmendia

¿Por qué es tan difícil cambiar?

Una vez le preguntaron al sabio:

– ¿Qué es lo más difícil en esta vida?

Y este contestó:

Cambiar de mentalidad. Cambiar la forma de pensar. Cambiar el sistema de creencias. Cambiar de actitud. Cambiar la manera de mirar…

A lo que le volvieron a preguntar:

– ¿Y por qué es tan difícil cambiar?

Y el sabio, con una tranquilidad pasmosa, contestó:

– Cambiar en sí mismo no es difícil. De hecho, es más fácil de lo que pueda parecer. Lo difícil es encontrarse con alguien que sea lo suficientemente humilde para reconocer que está equivocado.

Tiranía

«Ni la fuerza más grande es comparable con la energía que tienen algunos para defender su propia debilidad».

VOLTAIRE 

¿Quién no conoce a alguna persona que se autodefina débil y que utilice la tiranía de su debilidad para conseguir lo que quiere? Personas que intentan con todas las fuerzas de su cuerpo y todas las estrategias de su mente que los demás les ayuden a conseguir lo que desean, inyectándoles la sombra de la pena o de la culpa si no lo hacen, apelando a su falta de capacidad para solucionar sus propios problemas.

Lo malo es que muchos de nosotros podemos caer en la trampa y dejar que estos vampiros mentales nos chupen la sangre, que sigan ejerciendo su poder, su cruel y a menudo inconsciente dictadura. Lo que ocurre es que de esta forma, estamos reafirmándoles su debilidad, confirmándoles que en el mundo cualquier cosa es posible gracias a su actitud y que ellos, por ser débiles, se merecen ese trato especial.

Pienso que está en nuestra mano cortar el círculo vicioso e injusto que los sostiene y al que someten a los demás. Porque quizás si nadie les resolviera los problemas, aprenderían a caminar sin ayuda, empezarían a canalizar esas energías que tan bien saben usar en resolverlos por ellos mismos, se darían cuenta de que no son el centro del mundo y comenzarían a liberar a los que les rodean de su cómoda y fácil tiranía.


Reyes A.

Tranquilidad

Haz todo lo posible para que, ante cualquier situación, tu primera respuesta sea tranquila y serena y a partir de allí, poder delinear un curso de acción efectivo y positivo. Al enfrentar incompetencias, enojos, hostilidad, frustración, odio o confusión, responde pacíficamente. Ponte a ti mismo en una posición tal, que puedas hacer que las cosas avancen con fuerza y positivamente. Haz que tu punto de partida sea la paz, porque desde ese lugar puedes alcanzar verdaderos progresos.

No permitas que los problemas te condicionen, aun cuando parezcan estar rodeándote, cercándote y aumentando a cada instante. Dentro de ti siempre hay un lugar para estar en paz y cuando lo encuentras, lo irradias con fuerza hacia el exterior.

Responder con actitud pacífica no quiere decir que tengas que permitir que los demás te dañen o se aprovechen de ti. Significa que tú te mantengas comprometido con ser y hacer lo correcto, y alejado de sentirte abrumado por cualquier cosa que haya podido salir mal.

Una respuesta pacífica no es débil ni ingenua sino firme, confiada, enérgica y efectiva. Permite que una parte de ti se mantenga en paz no importa lo que pase, y el resto de ti, así como aquellos que te rodean y las situaciones en las cuales estén involucrados, se beneficiarán enormemente.


Ralph Marston

Abre la puerta

Abre la puerta, hay un mundo afuera que espera por ti.

No estés asustado, no temas, no te escondas…

Puede un problema hacer que sientas debilidad o te deje sin fuerzas, pero si sigues caminando sin mirar atrás, un día sorprendido verás que aquello que te hizo daño y te quebró el alma en algún momento, cuando gires la cabeza, se habrá convertido en un punto diminuto.

Prioriza, amigo… Prioriza…

Perdemos la vida muchas veces invirtiendo nuestro tiempo en cuestiones que no son importantes.

Mira a tu alrededor…

¿Qué tienes? ¿Qué es lo más importante para ti hoy?

No es egoísmo ponerse en el primer lugar, pues si nosotros no logramos estar bien, nada lo estará.

Somos como una cascada, y nuestro caudal debe ser potente a veces, otras intermitente, y a veces lento muy lento.

Pensemos qué agua estamos vertiendo sobre todo aquello que forma parte de nuestro mundo. Si estamos contaminados, vamos a contaminar todo a nuestro paso… Si estamos cristalinos y limpios tocaremos todo y lo limpiaremos y como una cascada depositaremos los residuos en el fondo para que el tiempo poco a poco los haga desaparecer…

La cascada no pierde su tiempo en los desechos, al contrario, renueva el agua, la purifica y sigue… sigue…

Si logramos en la vida llevar lo mejor de nosotros a los demás, si aprendemos a priorizar y sólo nos preocupamos por lo que realmente es valioso para nosotros, si dejamos que la luz se refracte en el agua y nos muestre un arco iris nos daremos cuenta que somos los protagonistas principales de nuestra historia y que en cada uno está la clave para vivir mejor y para regalarnos un arco iris en el alma cuando así lo deseemos.

Abre a puerta…

Si decidimos quedarnos encerrados en un problema, en un disgusto, en una pena sólo veremos los desechos en el fondo y nos estaremos perdiendo la oportunidad de renovar el agua y alejarnos del dolor, de la angustia, y del resentimiento.

Abre la puerta…

Hay un mundo afuera y si no la abres nunca podrás volver a verlo y la vida es valiosa como para dejarla pasar agarrado de todo lo negativo…

Suelta y como la cascada arroja en el fondo con fuerzas todo aquello que no quieras seguir llevando contigo y sigue… sigue, pues siempre tienes una nueva oportunidad de volver a empezar… Depende de ti.


Graciela E. Prepelitchi

¿Por qué estoy sufriendo?

El dolor nos contrae, nos empuja hacia adentro; mientras que la alegría nos expande. Cuando una persona está sufriendo, todo le parece sin sentido, pues el dolor nos marca, nos forma y nos transforma.

1.Reacciones frente al sufrimiento:

Podemos reaccionar de muchas maneras cuando estamos sufriendo. Por ejemplo, cayendo en abatimiento, aislándonos, victimizándonos o enojándonos. Algunos tienen la creencia de que el sufrimiento es meritorio o purificador y terminan por idealizarlo.

2. ¿Cómo podemos afrontar los momentos difíciles de la vida y el sufrimiento que estos nos producen?

a) Enfrentándolos con la mejor actitud. Es decir, sin quedarnos en el dolor. Transitando el momento duro siendo conscientes de que no hay fórmulas para hacerlo y tenemos que respetar nuestros tiempos de dolor. El dolor no es un pozo, sino un camino que muchas veces nos toca recorrer. A la mayoría de los seres humanos nos cuesta aceptar el sufrimiento como parte de la vida. Por eso, buscamos una explicación y surgen las preguntas. En realidad, no queremos sufrir y sentimos que es algo extraño que no debería tener lugar en nuestra vida. Aun cuando, en el fondo, sabemos que es algo «natural» y una parte ineludible de nuestro paso por este mundo.

b) Otra forma de enfrentar el dolor es utilizándolo para cambiarme a mí mismo y ser una mejor persona. Víktor Frankl decía que el sufrimiento sólo tiene sentido si lo cambia a uno mismo y lo hace mejor. Lo importante entonces es descubrir:

  • en qué me cambió este dolor,
  • qué dejó en mi vida,
  • qué hizo nacer en mí, de qué manera me hizo crecer.

Todas las personas que han pasado por situaciones difíciles comentan: «Dejé de preocuparme por tonterías y empecé a enfocarme, a priorizar otras cosas». Es decir, que han logrado «utilizarlo» a su favor, no porque se trate de algo positivo, sino para abrir su existencia a una nueva dimensión de mayor madurez y de cosas verdaderamente importantes en su vida.

c. Pasar del por qué al para qué. Preguntarnos por qué nos pasó lo que nos pasó no nos permite resolver nada. No resulta útil responder esta pregunta porque nos conduce a mirar hacia atrás y al sufrimiento lo enfrentamos «mirando hacia adelante». Lo importante es: qué voy a hacer con lo que me está pasando.

d. El dolor es una pregunta que no tiene respuesta. Aunque nos expliquen que la persona querida se murió por tal o cual motivo, el dolor no cede. He escuchado a gente preguntar: «¿Por qué me pasó esto a mí?». Y a alguien responder: «¿Y por qué no?». Esta no es una respuesta apropiada porque puede sonar como: «Embromate por lo que te tocó vivir».

e. Hacer crecer lo sembrado de quien partió. Toda persona que se fue de nuestro lado nos ha dejado una semilla, algo en nuestro interior y, muchas veces, nuestra tarea es hacerla crecer. Dice La Biblia que las obras de quienes partieron continúan en nosotros. La mejor manera de honrar a quien partió no es tirándonos en la cama y aislándonos del mundo, sino haciendo crecer esas semillas que nos dejó.

f. Transformarlo en un don para ayudar a otros. Podemos darle un sentido, una utilidad, al dolor. Muchas personas que han atravesado un gran sufrimiento lo han transformado en un don para ayudar y bendecir a otros. Este es un sentido privado que uno encuentra en comunión con uno mismo.

g. Recordar las respuestas positivas a situaciones del pasado. Todos vivimos situaciones complicadas que han dejado marcado en nuestro «ADN» que no nos dimos por vencidos. Es una especie de «currículum de batallas ganadas» y la fortaleza para seguir avanzando sin claudicar.

h. El apoyo social. Para cada problema, una compañía. En el sufrimiento busquemos gente que nos consuele, nos ame, nos acompañe. Víktor Frankl contaba: «Un hombre, en secreto, le dio a otro un pedazo de pan y le dijo algo que acompañó ese regalo. Ese algo es lo que me hizo llorar». Las palabras y la mirada de ese hombre acompañaron el regalo. Vemos en este ejemplo que el pan le dio energía al cuerpo pero la palabra le dio energía al espíritu. En eso consiste un gesto: un beso, un abrazo, una espera, un silencio, una mirada. Cuando uno sufre, comienza a valorar mucho más un gesto que el pan que pueda recibir.

i. Activar las emociones positivas. No perdamos de vista las «madrigueras afectivas»: esos espacios que nos brindan bienestar, como una salida con amigos, el compartir con otros, la lectura, la oración y todo lo que nos «cargue de energía» y nos ayude a atravesar los momentos difíciles.

Nuestro objetivo al enfrentar el dolor es transformarlo en un don para ayudar a otros sabiendo que este es parte de nuestra historia, nos forma y nos transforma.


Bernardo Stamateas | LaNacion.Com

Considerando los problemas

El modo como concebimos un problema puede abrir o cerrar puertas para la superación del mismo:

1. Considerar el problema como una pared infranqueable: Este modo de considerar los problemas hará que nos quedemos congelados y que no intentemos superarlos porque, por nuestra misma definición del problema, el mismo es infranqueable. Así, si es infranqueable, no tiene sentido intentar superarlo.

2. Considerar al problema como una realidad que se puede superar: Esto no implica caer en el facilismo de considerar que los problemas van a desaparecer, sino en asumir actitudes proactivas que nos permitan superarlo, utilizando todas nuestras estrategias o muchas nuevas que tal vez tengamos que aprender.

Ser libre es también aceptar lo que no se ha elegido

Una de las paradojas de la libertad interior es – en expresión de Jacques Philippe – que ser libre es también aceptar lo que no se ha elegido.

El hombre manifiesta la grandeza de su libertad cuando transforma la realidad, pero también cuando sabe aceptar la realidad que día tras día le viene dada.

Aceptar las limitaciones personales, la propia fragilidad, las situaciones y frustraciones que la vida nos impone, son modos de hacer crecer nuestra propia libertad interior, pues en ese ámbito personal podemos llegar a ser mucho más dueños de nuestras reacciones, y por tanto más libres.


Alfonso Aguiló

El amor por aprender

«Quien no conoce nada, no ama nada. Quien no conoce, no puede hacer. Quien nada comprende, nada vale. Pero quien comprende, también ama, observa, ve… Cuanto mayor es el conocimiento, más grande es el amor».

TEOFRASTO PARACELSO 

Hay un lazo poderoso entre la consciencia y el amor. De ese lazo nace la vida, la evolución y el sentido. Porque el amor despierta nuestra curiosidad, nuestro afán por comprender, nuestra voluntad de saber.

Quien ama quiere adentrarse en la realidad del objeto amado. También es cierto que, cuanto más conocemos aquello que amamos, más tiende a crecer nuestro amor por ello. El jardinero con sus flores, árboles y tierra, el artesano en su taller con sus materiales y herramientas, el músico con sus instrumentos, partituras y melodías, el pedagogo con sus conocimientos y métodos en su anhelo de acompañar a sus alumnos en el proceso de crecer. Evoco ahora a buenos amigos y amigas, todos ellos grandes expertos en sus disciplinas y bellas personas, que manifiestan un factor común: la gran pasión por su labor y por los frutos de ésta; por su servicio a los demás. Esta dialéctica entre el conocimiento y el amor, que tan bien definió Paracelso, es el motor del cambio, de la evolución, del avance de la ciencia y del arte, de la transformación que convoca utilidad, bondad y belleza. Sí, la pasión aplicada al conocimiento y a su vez el conocimiento aplicado con pasión a lo que hacemos transforma el mundo.

El rigor trenzado con la entrega nos regala resultados formidables. La belleza, la creatividad y la innovación nacen en el encuentro entre la mente inquieta y el corazón latiente. También surge la voluntad que nos empuja perseverantemente a conquistar nuevos saberes, y cómo no, la búsqueda del sentido a la vida cuando éste parece ausente por las adversidades. Porque, como afirmaba el Dr. Viktor Frankl a partir de sus observaciones en circunstancias límite, lo que sostiene al ser humano es la voluntad de amar a alguien o a algo, es decir, lo que da sentido a nuestra vida, lo que nos ayuda a comprender qué nos está pidiendo la vida y nos permite seguir avanzando a pesar de todo, es el anhelo de amar y crear.

También la alegría es uno de los frutos del descubrimiento que nace de la pasión por comprender. A su vez, la alegría abre la puerta a la generosidad que desea compartir con los demás el valor del hallazgo. Porque, ¿de qué sirven los frutos de la consciencia si no son dados a otros que también puedan crecer con ella?

Antoine de Saint-Exupéry daba en el blanco cuando afirmaba: «Si queremos un mundo de paz y de justicia debemos poner la inteligencia al servicio del amor». Así, amar y comprender se unen para servir, desde la empatía, desde la voluntad de construir un bien común. Porque si la cultura y la verdad nos hace libres, el amor y la voluntad nos hacen fuertes, y la unión de todos ellos hace que esta vida que nos ha tocado vivir sea más plena y llena de sentido.

Y lo mejor de todo ello es que estamos rodeados de oportunidades para cultivar esta pasión por aprender: los buenos libros que nos brindan las bibliotecas públicas, las librerías o la misma red, o espacios como éste, o el encuentro con el amigo, la conversación amable, o tan sólo la escucha de nuestro dictado interior. Lectura, estudio, análisis, observación, contemplación, meditación también en la entrega al silencio. En todo ello nos aguarda el asombro del descubrimiento. Conozcámonos a nosotros mismos, conozcamos este mundo y vida que nos han sido regalados, entreguémonos a este ejercicio con el entusiasmo y curiosidad del niño que quiere aprender. Porque a quien tiene la pasión por aprender le es regalado el infinito libro de la vida para que lea y escriba en él.

Sumerjámonos entonces en esta aventura, quizás aquí mismo y, por qué no, ahora.


Álex Rovira | AlexRovira.Com