Dar

Hay algunos que dan poco de lo mucho que tienen y lo dan para que se les reconozca; este deseo oculto hace que sus regalos no promuevan el bienestar.

Y hay aquellos que tienen poco y lo dan todo.

Éstos son los que creen en la vida y en la generosidad de la vida; su cofre nunca estará vacío.

Hay aquellos que dan con alegría, y esa alegría es su premio.

Y hay aquellos que dan con dolor, y ese dolor es su bautismo.

Y hay aquellos que dan y no conocen el dolor al dar, ni buscan alegría, ni lo dan pensando en la virtud; ellos dan tal como, en el valle distante. el mirto respira su fragancia en el espacio.

Por medio de las manos de personas como éstas, Dios habla y, detrás de sus ojos, Él sonríe hacia la tierra.


Gibrán Jalil Gibrán

Los que ven el árbol

Pobres son los que sólo ven el árbol cuando tiene manzanas. La verdad necesita pocas cosas y pocas palabras, como el amor. Para los corazones pequeños todas las penas son grandes. Nada como verse hermoso en el espejo de la conciencia. La curiosidad encuentra más cosas que la costumbre. En la tranquilidad que continúa. A la oración comienza la respuesta de Dios.

La conciencia es la presencia de Dios en cada hombre, por eso es desdichado el que no la escucha. Cuando el corazón llora sobre lo perdido, el espíritu ríe sobre lo encontrado. El sufrimiento nos hace piadosos, valientes y humildes, entonces es un maestro, no un castigo. Dios no abandona a sus hijos, te puede faltar el marido de tu madre, pero tu Padre jamás, por eso es una infamia decir que hay huérfanos.

No hay nada más espléndido que ser un hombre verdadero ni ciencia más importante que saber vivir. No hay que ser pobre para alegrar a Dios porque Él no tiene problemas sociales, por eso el sol y la lluvia son para todos.

Dios te quiere feliz, y para ser feliz hay que hacer lo que uno ama, y el amor te acerca a todo porque el amor es valiente (el amor es la antítesis del miedo). Para vivir mejor hay que ser mejor, nadie puede hacerlo por ti (si cada uno cuidara su árbol, el bosque sería maravilloso).

El maestro baja al discípulo cuando el discípulo está preparado para recibir al maestro. El que no está dispuesto a perderlo todo, no está preparado para ganar nada. La vida es abundancia porque Dios es abundancia, entonces la pobreza no es una virtud, salvo que favorezca tu libertad.

Goza las cosas, pero no te encadenes a ellas porque cuando llegue la hora de la mudanza que algunos llaman muerte, el campesino tendrá que dejar el arado, el carpintero el martillo, el soldado el fusil, entonces ¿para qué preocuparse por las cosas que tendremos que dejar aquí?

No escuches el mal, no digas el mal y no harás el mal. El bien se alimenta de sí mismo y el mal se destruye a sí mismo (el tumor te mata, pero muere contigo). Una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruye hay millones de caricias que construyen la vida.

Si los malos supieran qué buen negocio es ser bueno, serían buenos, aunque sea por negocio. El día del Juicio Final, el Señor no nos juzgará uno por uno sino el promedio, entonces estamos salvados porque la mayoría es buena gente.


Facundo Cabral

La estrella verde de la esperanza

la estrella verde de la esperanza

Existían millones de estrellas en el cielo. Estrellas de todos los colores: blancas, plateadas, verdes, doradas, rojas y azules.

Un día inquietas, ellas se acercaron a Dios y le dijeron:

– Señor Dios, nos gustaría vivir en la Tierra, entre los hombres.

– Así será hecho – respondió el Señor -. Las conservaré a todas ustedes pequeñitas, como son vistas, para que puedan bajar a la tierra.

Se cuenta que, en aquella noche, hubo una linda lluvia de estrellas. Algunas se acurrucaron en las torres de las iglesias, otras fueron a jugar y a correr junto con las luciérnagas por los campos, otras se mezclaron con los juguetes de los niños y la Tierra quedó maravillosamente iluminada.

Pero con el pasar del tiempo, las estrellas resolvieron abandonar a los hombres y volver para el cielo, dejando la tierra oscura y triste.

– ¿Por qué volvieron? – preguntó Dios -, a medida que ellas iban llegando al cielo.

– Señor, no nos fue posible permanecer en la Tierra. Allá existe mucha miseria y violencia, mucha maldad, mucha injusticia…

Y el Señor les dijo:

– ¡Claro! El lugar de ustedes es aquí en el cielo. La Tierra es el lugar de lo transitorio, de aquello que pasa, de aquel que cae, de aquel que yerra, de aquel que muere, nada es perfecto. El cielo es el lugar de la perfección, de lo inmutable, de lo eterno, donde nada perece.

Después que llegaron todas las estrellas y verificando su número, Dios habló de nuevo:

– Nos está faltando una Estrella. ¿Será que se perdió en el camino?

Un ángel que estaba cerca replicó:

– No Señor, una estrella resolvió quedarse entre los hombres. Ella descubrió que su lugar es exactamente donde existe la imperfección, donde hay límite, donde las cosas no van bien, donde hay lucha y dolor.

– Mas, ¿qué estrella es esa? – volvió a preguntar Dios.

– Es la Esperanza Señor. La Estrella Verde. La única estrella de ese color.

Y cuando miraron para la Tierra, la estrella no estaba sola. La Tierra estaba nuevamente iluminada porque había una estrella verde en el corazón de cada persona. Porque el único sentimiento que el hombre tiene y Dios no necesita retener es la Esperanza.

Dios ya conoce el futuro y la Esperanza es propio de la persona humana, propia de aquel que yerra, de aquel que no es perfecto, de aquel que no sabe cómo puede conocer el porvenir.


Anónimo

 

El poder de la oración

Un misionero en vacaciones contó la siguiente historia cuando visitaba su Iglesia local en Michigan, EU:

Como misionero en un pequeño hospital en el área rural de África, cada dos semanas viajaba a la ciudad en bicicleta para comprar provisiones y medicamentos. El viaje era de dos días y debía atravesar la jungla. Debido a lo largo del viaje, me era necesario acampar en el punto medio, pasar la noche y reanudar mi viaje temprano al siguiente día. En uno de estos viajes, llegué a la ciudad donde planeaba retirar dinero del banco, comprar las medicinas y los víveres, y reanudar mi viaje de dos días de regreso al hospital.

Cuando llegué a la ciudad, observé a dos hombres peleándose, uno de los cuales estaba bastante herido. Le curé sus heridas y al mismo tiempo le hablé de Nuestro Señor Jesucristo. Después de esto, reanudé mi viaje de regreso al hospital. Esa noche acampé en el punto medio y a la mañana siguiente reanudé mi viaje y llegué al hospital sin ningún incidente.

Dos semanas más tarde repetí mi viaje. Cuando llegué a la ciudad, se me acercó el hombre al cual yo había atendido en mi viaje anterior y me dijo que la vez pasada, cuando lo curaba, él se dio cuenta de que yo traía dinero y medicinas. Él agregó:

Unos amigos y yo te seguimos en tu viaje mientras te adentrabas en la jungla, pues sabíamos que habrías de acampar. Planeábamos matarte y tomar tu dinero y medicinas. Pero en el momento que nos acercamos a tu campamento, pudimos ver que estabas protegido por 26 guardias bien armados’.

Ante esto no pude más que reír y le aseguré que yo siempre viajaba solo. El hombre insistió y agregó:

No señor, yo no fui la única persona que vio a los guardias armados, todos mis amigos también los vieron, y no sólo eso, sino que entre todos los contamos.

En ese momento, uno de los hombres en la Iglesia se puso de pie y le pidió al misionero que por favor le dijera la fecha exacta de cuando sucedió ese hecho. El misionero les dijo la fecha y el mismo hombre le dijo la siguiente historia:

En la noche de tu incidente en África, era de mañana en esta parte del mundo, y yo me encontraba con unos amigos. Estábamos a punto de comenzar un juego de golf, cuando sentí una imperiosa necesidad de orar por ti, de hecho, el llamado que el Señor hacía era tan fuerte, que llamé a algunas personas de nuestra iglesia para que se reunieran conmigo lo más pronto posible.

Entonces, dirigiéndose a la congregación dijo: Todos los hombres que vinieron en esa ocasión a orar, ¿podrían por favor ponerse de pie?

Todos los hombres que habían acudido a orar por él se pusieron de pie, el misionero no estaba tan preocupado por saber quiénes eran, más bien se dedicó a contarlos… eran 26.

Ya he hecho algo

Anthony de Mello nos cuenta una historia bellísima:

«Cierto día, iba paseando por una calle cuando de repente vi a una niña hambrienta, sucia y titiritando de frío dentro de sus harapos. Me encolericé y le dije a Dios:

– ¿Por qué permites estas cosas? ¿Por qué no haces nada para ayudar a esa pobre niña?

Esperé la respuesta, pero fue en vano. Sin embargo, aquella noche, cuando menos lo esperaba, Dios respondió a mis preguntas airadas:

– Ciertamente que he hecho algo. Te he hecho a ti».


Anthony de Mello

La fuerza del amor

El núcleo del amor es la fuerza, el valor que mostramos para luchar por lo que amamos, la fortaleza para defender lo que más apreciamos, enfrentar desafíos, superar barreras, derribar obstáculos.

Cuando el amor es auténtico surge con la fuerza de la audacia, el atrevimiento, la osadía que nos lanza a correr riesgos para conquistar lo que amamos; es en esa entrega sin condiciones donde surgen fortalezas donde antes no las había.

El amor nos da el valor de:

  • Luchar por nuestros sueños.
  • Dar la vida por los que llevamos en el corazón.
  • Modificar nuestra propia existencia.
  • Cambiar nuestro ser.
  • Rebasar el límite de nuestras potencialidades.

El amor nos da la fuerza:

  • Para respetar a los seres que amamos.
  • Para sonreír a pesar de las adversidades.
  • De la humildad para pedir perdón.
  • La grandeza de la comprensión.
  • La nobleza de perdonar.

El amor nos da el poder:

  • Para manifestar nuestras emociones.
  • Para alcanzar estrellas.
  • Para convertir nuestros sueños en realidades.
  • Entregar nuestra vida por un ideal.

El amor nos transforma en seres superiores, nos despierta nuestra capacidad de asombro, nos da la sensibilidad de la contemplación, nos impulsa a niveles infinitos, nos da la fuerza para recorrer nuestra vida con un espíritu invencible y nos impulsa a alcanzar lo imposible.

El amor es la fuerza que Dios deposita en el corazón de todos los seres humanos, a cada uno corresponde decidir vivir como un paladín o un cobarde, como un conquistador o un conformista, como un ser excelente o un mediocre, como un ser lleno de luz o quien permanece por siempre en la oscuridad, el amor hace nacer la fuerza para atrevernos a ser auténticos colaboradores en la grandeza de la creación.

Pregúntate: Si de verdad amas, ¿estás luchando con todas tus fuerzas para conquistar lo que deseas?

  • El valor para luchar por tus hijos.
  • Cuidar de tus padres.
  • Hacer feliz a tu pareja.
  • Conceder el perdón a tu enemigo.
  • Pedir humildemente perdón a quien ofendiste.

Pregúntate:

  • ¿Tienes la fuerza para amarte a ti mismo, de convertirte en el ser que estás llamado a ser?
  • ¿Te atreverías a hacer de tu vida una obra magistral digna de las manos que te crearon?
  • ¿Tendrás el valor de ser un auténtico hijo de Dios?
  • ¿Tienes la fuerza del amor?

Paz en medio de la tormenta

En medio de tantos conflictos, ¿a dónde recurrir?

«Durante una terrible tormenta en el océano, un pequeño barco de pasajeros se bamboleaba precariamente en la ruidosa tempestad. Habían amarrado los muebles y todo lo que se pudiera mover, y los pasajeros se estaban confinados a sus camarotes para que estuvieran seguros. Muchos de los que estaban a bordo pensaron que el barco se hundiría.

Finalmente, un pasajero decidido a averiguar si había alguna esperanza de sobrevivir fue a ver al que estaba al mando. Aferrándose a las paredes y los pasamanos, llegó hasta la cubierta azotada por las olas, subió por una escalera, y llegó hasta la timonera. Notó que el barco estaba cerca de tierra y entre rocas dentadas. Parecía que el capitán estaba tratando de llegar a la seguridad de una bahía en calma que había más adelante. Puesto que sabía que el hombre no lo oiría por el ruido del viento y las olas, el capitán sencillamente se dio la vuelta sin hablar, miró al preocupado pasajero, y sonrió. Sintiéndose más tranquilo, el hombre regresó a donde estaban los demás y dijo: «No tengan miedo. Todo está bien. He visto el rostro del capitán y lo vi sonriendo».

Idea clave: En medio de cualquier situación, amenaza, nos sentimos aturdidos y nos desesperamos. Pero si miramos a nuestro soberano Capitán y le encomendamos nuestro camino (Salmo 37:5), hallaremos paz incluso en medio de la tormenta.


Anónimo

Pon a dieta tus palabras

¿Te preocupa mantener una silueta esbelta? Pues, quisiera llamarte la atención sobre un sobrepeso que no se menciona en las revistas para mujeres y que muchas veces pasamos por alto; el de nuestras palabras. Unas palabras pueden darnos fuerzas para vivir hundirnos en la depresión. Si, las palabras llevan dentro de ellas una carga muy poderosa, para bien o para mal.

Tomando esto en cuenta, la Biblia te propone que aprendas a usar bien la lengua, y que la pongas al servicio de Dios. Con nuestra lengua bendecimos al Señor; y con ella maldecimos a nuestro prójimo, hecho a imagen de Dios. Santiago nos dice que no debe ser así.

Nuestra forma de hablar tiene una influencia poderosa. Generalmente llenamos la vida de los que amamos con ideas opuestas a las verdades que Dios nos da en su Palabra. «Nunca vas a cambiar»; «Te gusta hacerme sufrir»; «Hijo, si no te portas bien, no te voy a querer más…» Tales frases son muy destructivas.

¿Qué tal si hoy empezamos la dieta? Comencemos a decir palabras buenas y oportunas, que ayuden a crecer y traigan bendición a quienes las escuchen.

La tormenta

400-storm

«Cuentan que un día un campesino le pidió a Dios le permitiera mandar sobre la Naturaleza para que según él le rindieran mejor sus cosechas.

¡Y dios se lo concedió!

Entonces cuando el campesino quería lluvia ligera, así sucedía; cuando pedía sol, éste brillaba en su esplendor; si necesitaba más agua, llovía más regularmente; etc.

Pero cuando llegó el tiempo de la cosecha, su sorpresa y estupor fueron grandes porque resultó un total fracaso. Desconcertado y medio molesto le preguntó a Dios por qué salió así la cosa, si él había puesto los climas que creyó convenientes.

Pero Dios le contestó:

– Tú pediste lo que quisiste, mas no lo que de verdad convenía. Nunca pediste tormentas, y éstas son muy necesarias para limpiar la siembra, ahuyentar aves y animales que la consuman, y purificarla de plagas que la destruyan».

Para reflexionar:

Así nos pasa: queremos que nuestra vida sea puro amor y dulzura, nada de problemas.

El optimista no es aquel que no ve las dificultades, sino aquel que no se asusta ante ellas, no se echa para atrás. Por eso podemos afirmar que las dificultades son ventajosas, las dificultades maduran a las personas, las hacen crecer.

Por eso hace falta una verdadera tormenta en la vida de una persona, para hacerla comprender cuánto se ha preocupado por tonterías, por chubascos pasajeros.

Lo importante no es huir de las tormentas sino tener fe y confianza en que pronto pasarán y nos dejarán algo bueno en nuestras vidas.


Anónimo

Buscando el amor

 John Powell, un profesor de la Universidad de Loyola en Chicago, escribió esta historia basada en un hecho real, sobre un estudiante de su clase de Teología de la Fe, llamado Tommy. 

Hace unos años atrás, estaba observando a mis estudiantes mientras entraban al salón de clases. Ese fue el primer día que vi a Tommy con su larga cabellera rubia. Sé que no es un asunto de importancia, pero por alguna razón, de inmediato catalogué a Tommy como una persona rara y extraña… muy extraña.

Tommy resultó ser el ateo de la clase. Él lo objetaba absolutamente todo, con una sonrisa sarcástica, o suspirando irónicamente ante la posibilidad de un Dios que nos ama incondicionalmente. Así y todo, el primer semestre transcurrió en una relativa paz.

Cuando se acercó para entregarme su examen final, me preguntó en un tono algo cínico,

– ¿Cree usted que alguna vez encontraré a Dios?

– ¡No!, por supuesto que no – le dije.

– ¿Por qué no? – me respondió -, yo creía que ése era el producto que usted estaba vendiendo.

Un poco molesto, me acerqué a Tommy y le dije:

– Creo que tú nunca encontrarás a Dios, pero estoy absolutamente seguro de que Él, te encontrará a ti, en algún momento de tu vida.

Se encogió de hombros, como si mi respuesta no le interesara y salió del salón de clases. Un tiempo después me enteré que Tommy se había graduado, pero también me contaron que Tommy padecía de una grave enfermedad.

Para mi sorpresa, Tommy vino a verme. Al entrar en mi oficina lo vi muy demacrado y su larga cabellera había desaparecido debido a la quimioterapia, pero sus ojos brillaban y su voz era muy firme.

-Tommy, he pensado mucho en ti, me contaron que estás enfermo, ¿es cierto?

– Oh, sí, muy enfermo – me respondió -, tengo cáncer. Los médicos no me dan muchas esperanzas.

– ¿Y cómo te sientes al pasar por esta situación con tan sólo 24 años?

– Bueno, podría ser peor.

– ¿Cómo dices?

– Peor es llegar a los cincuenta años sin tener valores o ideales; o a los sesenta creyendo que beber, seducir mujeres y hacer dinero es lo más importante en la vida. En realidad vine a verlo por algo que usted me dijo el último día de clases. Le pregunté si creía que yo alguna vez a encontraría a Dios y usted me dijo que no. Pero recuerdo que usted añadió: Pero Él te encontrará a ti. Desde hace un tiempo estuve pensando mucho en esto y comencé una búsqueda muy intensa cuando los doctores me diagnosticaron que el tumor era maligno. ¿Alguna vez ha tratado de hacer algo con mucho esfuerzo, sin obtener ningún resultado? Eso es lo que me ocurrió. Empecé a golpear con mis puños las puertas del cielo, pero Dios no salió para abrirme.

Pero un día desperté y en lugar de estar lanzando mis reclamos inútiles por encima de ese muro de ladrillos a un Dios que posiblemente no estuviera ahí, me rendí. Decidí que en realidad ya no me importaba nada, ni siquiera la vida después de la muerte. Decidí pasar el tiempo que me quedara haciendo algo más provechoso.

Pensé en usted y en sus enseñanzas y recordé otra cosa que usted nos había dicho: La mayor tristeza es pasarse la vida sin amar. Pero sería igualmente triste pasar por la vida e irse sin nunca haberle dicho a los que uno ama, que los ama. Así que empecé por el más difícil, mi padre.

Él estaba leyendo el periódico y le dije:

– Papá.

– ¿Qué? – preguntó -, sin quitar sus ojos del periódico.

– Papá, quisiera hablar contigo.

– Bueno, habla.

– Papá, es algo verdaderamente importante.

Bajó el periódico lentamente.

– ¿De qué se trata?

– Papá, yo te amo. Sólo quería que lo supieras.

El periódico se cayó de sus manos. Entonces mi padre hizo dos cosas que no recuerdo que hubiese hecho antes. Lloró y me abrazó. Estuvimos hablando toda la noche. Me sentí muy bien de estar cerca de mi padre, de sentir su abrazo y de oírle decir que me amaba.

Fue más fácil con mi madre y con mi hermano menor. También ellos lloraron conmigo y nos abrazamos, nos dijimos cosas bonitas los unos a los otros y compartimos las cosas que habíamos guardado en secreto por muchos años.

Sólo me arrepiento de una cosa, de haber esperado tanto tiempo. Ahí estaba, comenzando a abrirme a todas las personas que siempre habían estado tan cerca de mí.

De pronto me di cuenta y me dije: ¡Aquí está Dios! No vino a mí cuando yo le pedía. Me imagino que yo me porté con Dios como un entrenador de animales sosteniendo el aro para que saltaran: ¡Vamos, salta! Te doy tres días, tres semanas. Me di cuenta de que Dios hace las cosas a Su manera y a Su hora. ¡Me había encontrado! Usted tenía razón, me encontró aún después de que yo dejé de buscarlo.

– Tommy – le dije con un nudo en la garganta -, yo creo que estás diciendo algo muy importante. La manera más segura de encontrar a Dios es la de no tratar de hacer de Él una posesión personal, un liberador de problemas, un consuelo instantáneo en tiempos de necesidad, sino abrirse al amor. Sabes, el apóstol Juan dijo eso: “Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en Él”.

– Tommy, ¿podría pedirte un favor? ¿Por qué no vienes a mi clase de Teología de la Fe y cuentas este importante testimonio? Si lo hago yo, no tendrá el mismo efecto que puede tener al contárselo tú.

– No sé, yo estaba listo para usted, pero no sé si para su clase.

– Piénsalo Tommy y si quieres hacerlo, llámame.

Pasó un tiempo y Tommy llamó al profesor:

– No voy a poder ir a su clase, le dijo. ¿Podría contarles usted mi historia? ¿Le contará usted al mundo entero que Dios es Amor?

– Sí, Tommy, les diré a todos cómo Dios te encontró, será una gran satisfacción para mí poder hacerlo.

Pasaron pocos días y recibí la noticia, Tommy había partido de este mundo para encontrase para siempre con su amigo Jesús.

Hoy quiero

approaching-the-sacred

  • Hoy quiero concentrarme en los pétalos y no en las espinas. Hoy quiero admirar el azul del cielo sin quejarme de las nubes.
  • Hoy pago un gozoso balance de mis dones y bendigo al Señor por todos mis talentos y por su amor sin límites.
  • Hoy tengo tiempo para valorar a mis seres queridos y dar gracias por mi trabajo, mis bienes y mi salud.

Destierro el pesimismo y entierro al desaliento porque me abro jubiloso a la experiencia de alabar y agradecer. En lugar de envidiar me dedico a elogiar, en lugar de destruir me dedico a construir, en lugar de llorar me dedico a reír.

  • Hoy tengo ojos y corazón para asombrarme con las flores, los árboles, las aves y los peces. Hoy contemplo el universo con ojos nuevos y aprecio tantas maravillas. Hoy cambio mis lamentos por bendiciones.
  • Hoy veo mis problemas como oportunidades y me animo a seguir adelante con la ayuda de Dios y de quienes me aman.
  • Hoy elijo vivir en lugar de morir.

Gonzalo Gallo González

¿Dónde está Dios?

En los días de mi más remota antigüedad, cuando el primer temblor del habla llegó a mis labios, subí a la Montaña Santa y hablé a Dios, diciéndole: «Amo, soy tu esclavo. Tu santa voluntad es mi ley, y te obedeceré por siempre jamás».

Pero Dios no respondió, y pasó de largo como una tempestad violenta.

Mil años después volví a subir a la montaña santa, y hablé otra vez con Dios, diciéndole: «Creador mío, soy tu criatura. Me hiciste de barro, y te debo todo cuanto soy».

Y Dios no contestó: pasó de largo como si fuera un pájaro de mil alas desplegadas.

Y mil años después volví a escalar la montaña, y hablé a Dios nuevamente, diciéndole: «Padre, soy tu hijo. Tu piedad y tu amor me dieron vida, y mediante el amor y la adoración heredaré tu Reino».

Pero Dios no respondió; pasó de largo como la niebla que tiende un velo sobre las lejanas montañas.

Y mil años después volví a escalar la sagrada montaña, y volví a invocar a Dios, diciéndole: «¡Dios mío!, mi supremo anhelo y mi plenitud, soy tu ayer y eres mi mañana. Soy tu raíz en la tierra y tú eres mi flor en el cielo; juntos creceremos ante la faz del sol».

Y Dios se inclinó hacia mí, y me susurró al oído dulces palabras. Y como el mar, que abraza al arroyo que corre hacia él, Dios me abrazó.

Y cuando bajé a los valles y a las planicies, vi que Dios también estaba allí.


Gibrán Jalil Gibrán

El barbero

Un hombre fue a una barbería a cortarse el cabello, entabló una conversación con la persona que le atendió. De pronto, tocaron el tema de Dios.

El barbero dijo:

– Yo no creo que Dios exista, como usted dice.

– ¿Por qué dice usted eso? – preguntó el cliente.

– Es muy fácil, al salir a la calle se da cuenta de que Dios no existe. O… dígame, ¿acaso si Dios existiera, habría tantos enfermos? ¿Habría niños abandonados? Si Dios existiera, no habría sufrimiento ni tanto dolor para la humanidad. No puedo pensar que exista un Dios que permita todas estas cosas.

El cliente se quedó pensando, y no quiso responder para evitar una discusión. Al terminar su trabajo, el cliente salió del negocio y vio a un hombre con la barba y el cabello largo. Entró de nuevo a la barbería y le dijo al barbero:

– ¿Sabe una cosa? Los barberos no existen.

– ¿Cómo? Si aquí estoy yo – dijo el barbero.

– ¡No…! – dijo el cliente -, no existen, si existieran no habría personas con el pelo y la barba tan larga como la de ese hombre.

– Los barberos si existen, es que esas personas no vienen hacia mí.

– ¡Exacto…! – dijo el cliente – ese es el punto -. Dios sí existe, lo que pasa es que las personas no van hacia Él y no le buscan, por eso hay tanto dolor y miseria.

Poema: Amar es enseñar

Si es cierto que me amas, no pongas en mis manos

el pez que otros pescaron a fuerza de remar

no quiero ser tu esclavo, prefiero ser tu hermano

levántate, camina, enséñame a pescar…

Si es cierto que me amas, no cubras mis harapos

con telas que otras manos tejieron y es mejor

que sienta yo el orgullo de ver sobre mis hombros

el paño que mis manos hicieron con amor…

Si es cierto que me amas, no pongas en mis manos

el pan que otros ganaron, y te pido por favor…

Invítame a los campos, entrégame un arado

el pan es más sabroso mezclado con sudor…

Si es cierto que me amas, no trates de narrarme

la historia de otros hombres, difícil de entender

despiértame a la vida, tú puedes levantarme

invítame a la escuela, enséñame a leer…

Si es cierto que me amas y sientes en el alma

la paz y la esperanza que ha puesto en mi tu Dios

ayúdame a ser bueno, yo anhelo tener calma

enséñame la senda del bien y del mal…

Si es cierto que me amas, estréchame la mano

enfréntame a la vida, anímate a luchar

ayúdame a ser libre, yo quiero ser tu hermano

que amor no es sentir lastima, amar es enseñar…

Sólo Dios es tu refugio, tu lugar seguro;

Él es tu Dios y en Él confía.

Que descanses bien pensando en esta promesa hermosa.