Sé feliz

Muchas personas no saben esto, pero «ser feliz sólo depende de ti» y de nadie ni de nada más.

Si relegamos nuestra felicidad a los demás o a los acontecimientos que nos sucedan sólo podremos ser felices cuando los demás lo deseen y cuando los acontecimientos surjan como los deseamos. Serán los demás y nuestro alrededor los que tengan el poder de decidir sobre nuestra felicidad, siendo pocos los momentos en los que podremos gozar de ella.

Sin embargo, cuando la felicidad tan sólo depende de nosotros mismos y de nada ni nadie más, todo cambia, pues podremos ser felices siempre que así lo deseemos nosotros. Y en realidad eso es la verdadera felicidad.

Cuando la felicidad sólo depende de nosotros y deja de ser la consecuencia de determinados sucesos, es cuando se es verdaderamente feliz.

La verdadera felicidad consiste en ser feliz con todo y a pesar de todo, no sólo en los buenos momentos sino también en los malos.

La verdadera felicidad no es un estado de ánimo, sino que es una actitud personal, es ser consciente de que la tristeza y el sufrimiento no nos aportan nada bueno y que por ello debemos reducirlos a los momentos estrictamente necesarios (muy pocos) y aprovechar el máximo tiempo posible en ser felices.

Para ser feliz tan sólo hace falta que tomes la firme decisión de querer serlo y comprometerte con esa decisión. Así que, sé feliz.

«Existen maravillas en todo, aún en la oscuridad y el silencio, y aprendo a estar satisfecho en cualquier estado en que me encuentre».

HELEN KELLER 


Javier Morán Serrano

La desmemoria

«A cierta hora, un bisabuelo encuentra a su bisnieto. El bisabuelo está completamente chocho (sus pensamientos son del color del agua) y sonríe con la misma beatífica sonrisa de su bisnieto recién nacido. El bisabuelo es feliz porque ha perdido la memoria que tenía. El bisnieto es feliz porque no tiene, todavía, ninguna memoria. He aquí, pienso, la felicidad perfecta. Yo no la quiero».

EDUARDO GALEANO 

7 cosas que las personas felices no hacen

En la vida existen situaciones que escapan de nuestro control y pueden causarnos un gran dolor, sumirnos en la tristeza o generar una ira profunda. Nadie lo pone en duda y, antes o después, todos tendremos que experimentar esas vivencias.

Sin embargo, hay personas que se centran sólo en esos aspectos, y terminan creyendo que la vida es un rosario de lágrimas. Otras, al contrario, prefieren centrarse en las cosas que sí pueden controlar, prefieren apostar por ser felices o, al menos, intentarlo.

Si asumimos esta perspectiva, podemos comprender que ser felices es una decisión personal que debemos tomar todos los días. Y para lograrlo es imprescindible ser conscientes de esos comportamientos y actitudes que terminan amargándonos.

¿Qué diferencia a las personas que apuestan por la felicidad?

1. Las personas felices abrazan el cambio. La gente infeliz le teme.

Abrazar el cambio es uno de los retos más difíciles que podemos enfrentar en la vida. A la mayoría de las personas les resulta más fácil quedarse a buen reparo en su zona de confort, donde saben perfectamente qué pueden esperar y tienen todo relativamente bajo control. Sin embargo, en esa zona languidece la felicidad porque ser feliz también es vivir experiencias nuevas, atreverse a ir más allá de nuestros límites y evolucionar constantemente. De hecho, la felicidad no está reñida con el miedo y la ansiedad sino que se entrelazan para permitirnos crecer.

2. Las personas felices hablan de ideas. La gente infeliz habla de los demás.

Las personas felices se centran en sí mismas, se esfuerzan por clarificar lo que quieren y trazar el camino para alcanzarlo. De hecho, uno de los grandes secretos de la felicidad consiste en abandonar la crítica malsana, la necesidad enfermiza de estar pendientes de la vida de los demás y, sobre todo, la creencia de que somos superiores y podemos convertirnos en jueces de los comportamientos y actitudes ajenas. La gente infeliz, al contrario, se dedica a criticar a los demás, por lo que pierde una energía valiosísima que podría utilizar para mejorar sus vidas.

3. Las personas felices asumen la responsabilidad por sus errores. La gente infeliz culpa a los otros.

En nuestra sociedad existe la creencia de que los errores son algo negativo, por lo que resulta muy difícil que las personas los asuman de buena gana. Sin embargo, poner la culpa en los demás es el camino más directo a la infelicidad. Al contrario, las personas felices tienen un locus de control interno, por lo que son capaces de asumir la responsabilidad por sus acciones, sin sentir que han fracasado o cargar sobre sus espaldas con el fardo de la culpa. Estas personas comprenden que los errores son oportunidades de aprendizaje y los aprovechan para crecer. De esta forma, cuando se equivocan, en vez de llorar sobre la leche derramada o buscar un culpable, aprenden la lección y siguen adelante, con una caja de herramientas para la vida más completa.

4. Las personas felices perdonan. La gente infeliz guarda rencor.

Uno de los sentimientos más dañinos que podemos experimentar es el rencor, es como consumirse a fuego lento por voluntad propia. El rencor no solo nos hace infelices sino que además desencadena una serie de reacciones a nivel fisiológico que aumentan nuestra propensión a enfermar. Por eso, las personas felices saben que necesitan perdonar y seguir adelante. De hecho, el perdón es extremadamente liberador ya que nos impide ser prisioneros del pasado y nos permite vivir con plenitud el presente. Si no somos capaces de perdonar, seguiremos siendo prisioneros del rencor, nos ataremos a esa situación que tanto daño nos ha causado y que tanto mal nos sigue haciendo.

5. Las personas felices se centran en lo positivo. La gente infeliz sólo ve las manchas en el sol.

Las personas felices no son optimistas ingenuos, al contrario, pueden llegar a ser muy realistas y son capaces de mantener sus expectativas bajo control. Sin embargo, prefieren centrarse en los aspectos positivos de las situaciones porque saben que así pueden automotivarse y sentirse mejor. Estas personas son conscientes de que el vaso está medio vacío, pero eligen centrarse en el hecho de que también está medio lleno. Al contrario, la gente infeliz se centra en los aspectos negativos de las situaciones, por lo que terminan desarrollando una visión pesimista del mundo que amarga sus días. Estas personas prefieren ver las manchas en el sol, en vez de apreciar el calor y la luz que nos regala.

6. Las personas felices aprovechan las oportunidades. La gente infeliz se queda de brazos cruzados lamentándose.

Una de las claves para tener una vida plena y ser felices consiste en aprovechar las oportunidades. Las personas felices lo saben y siempre están dispuestas a tomar en consideración diferentes alternativas. Estas personas saben que pueden equivocarse, pero prefieren arriesgarse que quedarse de brazos cruzados y después arrepentirse por no haber aprovechado la oportunidad. Al contrario, las personas infelices se regodean en su amargura y dejan pasar las oportunidades inventando continuamente excusas para después lamentarse por su «mala suerte», sin darse cuenta de que son ellas quienes construyen su propio destino.

7. Las personas felices siguen sus propios sueños. La gente infeliz se ata a las opiniones de los demás.

Las personas felices sueñan como si fueran a vivir eternamente y viven como si fueran a morir mañana. Esto significa que tienen grandes planes para su futuro pero, a la vez, no dejan escapar el aquí y ahora. No posponen su felicidad ni la supeditan a una meta lejana sino que saben aprovechar las pequeñas cosas de su presente que les brindan alegría y satisfacción. Al contrario, la gente infeliz deja que sean los demás quienes dicten sus metas, dependen de sus opiniones y valoraciones. Y ese es el camino más directo hacia la insatisfacción, la amargura y el remordimiento es seguir la senda que han marcado los demás, dependiendo de sus opiniones. La clave de la auténtica felicidad consiste en saber qué necesitamos de verdad y tener el valor suficiente para luchar por ello.

Ya lo había dicho Benjamin Franklin: «La felicidad humana no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces en la vida, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días».


Jennifer Delgado | RinconPsicologia.Com

Para ser feliz…

Para ser feliz debemos evitar el resentimiento personal y hacia los demás, ¿Cómo?

  • Elige vivir de la manera que tú creas sin criticar a los que viven distinto.
  • Si algo no te funciona cambia de estrategia y evita quejarte.
  • Proponte metas y asegúrate en cumplirlas, después ayuda a otros a que también lo hagan.
  • No disminuyas los logros de los demás, reconócelos y alégrate sinceramente de ellos.

Como Flor Profusa

La felicidad son pétalos de años

La felicidad son pétalos de años que la vida nos pone en nuestras manos para convertirla en una rosa.

  • La buscamos a nuestra medida, le fabricamos un entorno irreal que no tiene.
  • La soñamos más que la vivimos… Y muchas veces, llevándola dentro, la sacamos fuera y la desfiguramos en un ambiente de superficialidad.

Es intimidad en el amigo, luz en el hogar; es detalle, beso, sonrisa, flores, cielo, mar.

Es verdad que la felicidad no es siempre estable, fija, duradera.

Más bien parece un parpadeo, una luz que dura minutos, como huecos de trecho en trecho en una red muy tupida.

Los sufrimientos, en cambio, parecen un beso que se estanca, se posiciona, adueña, se queda.

  • Si no se agota en ti la resistencia de la voluntad, ni la fuerza de las emociones, ni el hambre de aventura, ni la frescura de los hondos manantiales de la vida, has conocido la felicidad.
  • Si los golpes no te rompen la fe, si la indiferencia no te cierra las manos, si el egoísmo y la avaricia no te secan los sentimientos y llegas al fin con capacidad de emoción, de llanto, de perdón, de ternura, de plegaria, de luz, has conocido la felicidad.

Anónimo

Hoy seré feliz

  • Sólo por hoy trataré de ajustarme a lo que es, y no trataré de ajustar todas las cosas a mis propios deseos: aceptaré mi familia, mis negocios y las contingencias de la vida como son, y procuraré armonizar con todo ello.
  • Sólo por hoy cuidaré de mi organismo: lo ejercitaré, lo atenderé, lo alimentaré; no abusaré de él ni lo abandonaré, procurando que sea una máquina perfecta para mis cosas.
  • Sólo por hoy trataré de vigorizar mi espíritu: aprenderé algo útil, no seré un haragán mental, leeré algo que requiera esfuerzo, meditación y concentración.
  • Sólo por hoy ejercitaré mi alma de tres modos: haré a alguien algún bien sin que él lo descubra, y haré dos cosas que no me agrade hacer, sólo por ejercitarme.
  • Sólo por hoy seré agradable, tendré el mejor aspecto posible, me vestiré con la mayor corrección a mi alcance, hablaré en voz baja, me mostraré cortés, seré generoso en la alabanza, no criticaré a nadie, no encontraré defectos en nada, y no intentaré dirigir ni encauzar los planes del prójimo.
  • Sólo por hoy trataré de vivir únicamente este día sin abordar a la vez todo el problema de mi vida. Puedo hacer en 12 horas cosas que me espantarían si tuviera que seguir haciéndolas toda mi vida.
  • Sólo por hoy no tendré miedo, y especialmente no tendré miedo de ser feliz, de disfrutar lo bello, de amar y de creer en los que amo y me aman.

Dr. Frank Crane

Morirse de la risa para vivir mejor

Una investigación reciente de la Universidad británica de Reading ha arrojado nuevos datos sobre los fuertes vínculos entre el sistema inmunológico y nuestro estado mental.

Se ha comprobado que los pensamientos agradables provocan un mejor ánimo, lo que aumentaría nuestras defensas.

Esto ha llevado al Dr. David Warburton, jefe de psicofarmacología de la mencionada universidad británica -y fundador de la Asociación para la Investigación de la Ciencia del Disfrute (ARISE) -, a asegurar que esa relación «prueba que la felicidad puede hacernos más saludables».

La felicidad vendría a ser como golosinas para el cerebro, algo que hace que nuestra mente se sienta consentida.

Por su parte, el Dr. William Fry, de la Universidad de Standford, asegura que la risa puede disparar las endorfinas, que son los analgésicos que produce el cerebro.

Afirma que la risa puede regular el ritmo cardíaco y bajar la presión arterial. «Es más», añade, «como usualmente un ataque de risa va seguido de tos, también sirve para aclarar los pulmones».

Veinte segundos de risa con ganas, serían el equivalente cardiovascular de tres minutos en una máquina de ejercicios.

La conclusión es simple: a reír con ganas. Es barato, efectivo… ¡y hasta puede ser contagioso!


Marjorie Ross

El valor de disfrutar la vida

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Muchas personas actúan y hablan sin preocuparse de la repercusión que tendrán sus acciones en el futuro. Esto es bueno, pero sólo a veces; una mala acción o experiencia nos pasará factura en el futuro. Debemos saber, pues, que las experiencias de hoy serán recuerdos mañana. Es por esto que, si sabemos disfrutar de la vida y vivimos experiencias enriquecedoras y agradables, en el futuro podremos mirar atrás y sentir la felicidad que generan los buenos recuerdos. Y es que los buenos recuerdos son lo que nos mantiene vivos. Es el poder mirar hacia atrás y sumergirse en un mundo cargado de emociones, la mayoría positivas, lo que nos hará sonreír mañana.

Vivir es generar recuerdos

El problema aparece cuando intentamos buscar en nuestro pasado y no somos capaces de encontrar nada o nos disgusta lo que encontramos. En cualquier caso, siempre hay algo que valga la pena. De todos modos, los recuerdos no aparecen solos, sino que se hacen. Y construir un recuerdo muchas veces parte de nosotros mismos; una experiencia, donde los protagonistas somos nosotros, se puede crear. Quiero decir con esto que estar sentados en el sofá todo el día, sin relacionarnos con nadie, no nos ayudará a construir recuerdos. Será el relacionarnos con otras personas o el hacer actividades lo que pueda convertirse en recuerdo.

Que las felicidades de antaño no nos impidan ir en busca de experiencias nuevas

Sin embargo, a pesar de todo esto, los buenos recuerdos pueden ser, a veces, un veneno para nosotros. Si hace mucho tiempo que no sucede nada interesante en nuestra vida, los recuerdos de felicidad pasada pueden devorarnos. La nostalgia es, en períodos de inactividad social o amorosa, un gran enemigo. Es así que, al recordar tiempos de felicidad pasada, en vez de sentir alegría, nos entristece el hecho de que esta etapa haya quedado atrás en el tiempo y de que no vamos a volver a vivirla. Por este motivo, debemos alimentar esa hambre de experiencias continuamente. Es obvio que no todo lo que nos suceda será bueno, pero serán las experiencias agradables las que se queden en el baúl de nuestros recuerdos y las que nos ayudarán a seguir avanzando: las que nos darán felicidad y ganas de vivir.

Es un hecho y una realidad que no podemos recuperar el tiempo perdido. Por eso debemos relacionarnos, hacer cosas diferentes, enamorarnos… Todo para alimentar ese apetito vital que acompaña al ser humano y que nos hace necesitar sentirnos vivos. No debemos dejarnos atrapar por la inactividad y dar vueltas en el círculo de la nostalgia, que no nos lleva a ninguna parte y que nos consume por dentro. Debemos avanzar, seguir adelante, vivir.

Construir recuerdos, por tanto, está en nuestras manos. Y lo podemos hacer ahora mismo. ¿Para qué esperar?


Puedo fabricar felicidad

Para mí y para los que me rodean. Decidirme a ser feliz, con lo que tengo en mi vida.

  • A pesar de no sentirme bien.
  • A pesar de no ser las cosas como deseo.
  • A pesar de no gustarme mi familia.
  • A pesar de no comprender a la gente.
  • A pesar de mi cansancio físico y moral.
  • A pesar del desaliento.
  • A pesar de las desilusiones
  • A pesar de las circunstancias adversas.
  • A pesar de la enfermedad.

Lucharé con mis estados negativos para poder dar lo mejor de mí mismo a los demás y así decidirme a ser feliz con lo que tengo.

Esto es: Fabricar felicidad.


Anamaría Rabatté

¡Tan cerca!

Si me dejo llevar por una serie de lamentaciones, me hundo, cada vez más, en el abismo. Los pensamientos oscuros siguen atrayendo hacia mí nuevas miserias. Debo vivir hoy. No puedo cambiar los acontecimientos. ¡Si lograse, tan sólo, dejar un resquicio para los recuerdos hermosos! ¡Si consiguiera no preocuparme tanto del mañana!

¿Qué tengo hoy de nuevo? La salud. El sol en el cielo. Comida y bebida. Un niño que me sonríe. Una flor en casa.

Tal vez busco la felicidad demasiado lejos de mí. ¡La felicidad se parece a las gafas! No las veo y, sin embargo, ¡están sobre mi nariz! ¡Tan cerca!


Phil Bosmans

Personas felices

He buscado la causa profunda de la felicidad humana.

Nunca la he encontrado en el dinero, en el lujo, en el propio provecho, en el poder, en el ocio, en el ruido, en el placer.

En las personas felices he encontrado siempre una rica vida interior, una alegría espontánea hacia las cosas pequeñas, una gran sencillez.

En las personas felices me ha impresionado siempre la falta de envidias insensatas.

En las personas felices no he encontrado nunca impaciencia, agresividad o fanatismo.

Casi siempre poseían una gran dosis de sentido del humor.


Phil Bosmans

La felicidad fluye de las acciones diarias

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La felicidad es el destino del hombre. Todos apetecemos durables goces y placeres. Si nos preguntaran cuáles son nuestros tres más ardientes anhelos, la mayoría responderíamos: salud, riqueza y felicidad; pero si la pregunta se contrajese al supremo anhelo, la mayor parte lo cifrarían en la felicidad.

Verdaderamente todo ser humano anda en perpetua búsqueda de la felicidad, pues aun sin darnos cuenta nos asalta este poderoso incentivo. Todos nos esforzamos en mejorar las condiciones de nuestra vida para vivir con algún mayor desahogo, creyendo que esto ha de darnos la felicidad.

Poco a poco, procuramos emanciparnos de tareas ingratas y duras; pero aun cuando desde los albores de la historia haya ido la raza humana en busca de la felicidad ¡cuán pocos la poseyeron y cuán menos supieron lo que es!

Quien fue en busca de la felicidad no la halló donde la buscaba; pues nadie puede hallarla si va en pos de ella, porque dimana de las acciones y no es producto de caza como las reses acosadas por los ojeadores.

Tan sencilla es la verdadera felicidad, que la mayor parte de las gentes no reparan en ella. Es hija de lo más humilde, tranquilo y modesto que en el mundo existe.

La felicidad no mora entre los ruines ideales del egoísmo, ociosidad y discordia. Por el contrario, es amiga de la armonía, de la verdad, belleza, cariño y sencillez. Multitud de hombres alegan riquezas, pero a costa de su impotencia para disfrutarlas.


Orison Swett M.

Tu alegría

Hay muchas canciones a la alegría, muchos poemas, muchos escritos sobre sus beneficios, pero hay veces nos suena bastante distante, como una ilusión, una experiencia fugaz, casi siempre lo estamos rechazando, como que más nos gusta estar tristes, como que buscamos el dar lástima, ésta nos es dulce, quizás así atraemos un amor temporal o compasión hacia nosotros de los demás.

Pero puedes pensar que tú mereces respeto, también mereces ser amado sin la necesidad de hacer hazañas. Lo que ves y lo que conoces: Si tienes el privilegio de tener tus sentidos de la vista normales y a adentrarte en lo que conoces, intenta experimentar estos dos atributos de «ver» y «lo que conoces», descubrirás muchas cosas.

Hay cosas que conocemos y no las experimentamos, es como un despertar, es no negar la realidad, también mereces ser feliz, también mereces sonreír.

Tus temores y tu conciencia: Si aportas un alto nivel de conciencia a tus temores, puedes experimentar en todo momento no perder el punto de vista de que la realidad sólo son los hechos, es mejor enfrentarlos, aceptarlos plenamente, experimentarlo y actuar de manera consciente sobre el origen de ese temor. Experimentarás que son menos feos de los que nos imaginamos.

Al aceptar tus temores como cualquier otro sentimiento o parte tuya, se puede desatar en otro sentimiento tampoco deseado, pero al aceptarlo tenderán a diluirse.

Tus dolores y tu conciencia: Si aportamos un alto nivel de conciencia a nuestro dolor, hay que experimentarlo plenamente, aceptarlo como algo nuestro, no rechazarlo. Es la realidad, es un hecho, es la verdad. Pues el aceptar tus temores y tus dolores es aceptarte a ti mismo, pero muchos de ellos no son razonables, o a simple vista no tienes por qué tenerlos, pero sólo tú sabes de dónde se originaron.

Quizás no son razonables, pero existen en tu mente y merece toda la aceptación tuya.


Julio Reyes A.

Sin rostro y sin corazón

Deja que te ponga en guardia contra el frío que embiste a la tierra de los hombres y que a tantos de ellos hace morir congelados. Muchos hombres viven aislados en un árido desierto de gente, como hormigas, en las tiendas y por las calles, en los trenes y en el metro, en los apartamentos. Hombres sin rostro y sin corazón.

Dependemos totalmente los unos de los otros para el alimento, el vestido, la vivienda, el transporte, la diversión, para todo lo que se obtiene «pagando». Pero dependemos todavía más para nuestra felicidad, y en este terreno nada se obtiene con el dinero. Aquí está de por medio el «corazón« y el «amor», ¡gratuitamente!


Phil Bosmans

El niño que todos llevamos dentro

el niño interior

En cada uno de nosotros vive el niño que siempre fuimos, entonces ¿por qué será que intentamos echar ese niño que habita en nuestro corazón?

Nuestro mundo real es frío, interesado, cruel, lleno de zancadillas, nos cuesta aceptar que un amigo y conocido sea reconocido por sus méritos, somos egoístas.

Cuando somos niños, cualquier cosa nos vale, somos súper héroes en busca de alguien que te necesite, algún villano que capturar. Somos princesas, príncipes, en un mundo de dragones, hadas, y amigos. No nos olvidamos de nuestro amigo imaginario, pero esta enfermedad que se llama niñez se cura con el paso del tiempo y desgraciadamente cada vez dura menos.

Se cura porque todo esto se muere. Lo matamos nosotros mismos e intentamos hacer cosas de personas adultas, de imitarlas. Nos obligan a ser personas responsables, jóvenes a los que se nos obliga a competir, olvidándonos de compartir. Nos enseñan a empezar la carrera de la vida, sin poder disfrutar de nuestra niñez, con el afán de ser más que tus amigos, y a tener más que nadie y creemos que el mundo es nuestro y que nada y nadie nos importa, sólo nosotros mismos.

Creemos en el amor puro, pero como estamos creciendo y evolucionando, nuestro concepto de amor también cambia; nuestro mundo de ilusiones lo hemos cambiado por un mundo práctico y competitivo y toda persona ajena a él no la dejamos entrar a nuestra vida; nos creamos un escudo, ya crecimos….

Ya no pintamos corazones en cada rincón que encontremos y vemos todo de colores pasteles a nuestro alrededor, ya hemos pasado esa enfermedad llamada juventud, ya no queremos oír hablar de hadas, duendes, dragones, amigos imaginarios y la amistad noble, el amor limpio, de compartir y las cosas de color rosa, no existieron nunca, todo fue producto de nuestra imaginación….

Nos hemos creado nuestro mundo perfecto, lleno de espinas y cardos, y de vez en cuando encontramos rosas en nuestro andar; pero qué tiempos los de atrás, éramos tan felices. Y entonces nos damos cuenta que el mundo que teníamos entonces no era tan malo; e incluso, si nos dieran un día, volveríamos para poder volver a ser hadas y duendes en un mundo donde el amigo imaginario tomaba el poder, donde la imaginación tenía un poder que en nuestro mundo no le dejamos espacio.

Volvemos a ser otra vez niños, por eso cuando ya somos ancianos dicen que volvemos a nuestra niñez, sólo con un último esfuerzo de poder disfrutar lo que en su tiempo, las personas «Mayores» no nos dejaron.


Pilar Remartínez Cereceda