Cuando nació mi alegría

Y cuando nació mi Alegría, la alcé en brazos y subí con ella a la azotea de mi casa, a gritar:

¡Venid, vecinos! ¡Venid a ver! Porque hoy ha nacido mi alegría: venid a contemplar este ser placentero que ríe bajo el sol.

Pero fue grande mi sorpresa cuando ningún vecino mío acudió a contemplar mi Alegría.

Y todos los días, durante siete lunas, proclamé el advenimiento de mi Alegría desde la azotea de mi casa, pero nadie quiso escucharme.

Y mi Alegría y yo estábamos solos, sin nadie que fuera a visitarnos.

Luego, mi Alegría palideció y enfermó de hastío, pues sólo yo gozaba de su hermosura, y sólo mis labios besaban sus labios.

Luego, mi Alegría murió, de soledad y aislamiento.

Y ahora sólo recuerdo a mi muerta Alegría al recordar mi muerta risa. Pero el recuerdo es una hoja de otoño que susurra un instante en el viento, y luego no vuelve a escucharse más.


Gibrán Jalil Gibrán

Disfrutar el presente depende de ti

El ex-presidente de una famosa marca de refrescos, Bryan Dyson, hablando sobre la relación entre el trabajo y otros compromisos decía:

«Imaginen la vida como un juego en el que ustedes hacen malabarismos con cinco bolas que arrojan al aire: el trabajo, la familia, la salud, los amigos y el espíritu. De pronto se darán cuenta de que el trabajo es una bola de goma, si se cae, rebota.

Pero las otras cuatro bolas: familia, salud, amigos y espíritu, son de vidrio. Si se deja caer una de esas, va a quedar irrevocablemente dañada, rayada, rajada o rota. Nunca volverán a ser las mismas. Compréndanlo y busquen el equilibrio en la vida.

¿Cómo?

  • No disminuyan su propio valor comparándose con otros. Es porque somos diferentes que cada uno de nosotros es especial.
  • No fijen sus objetivos en razón de lo que otros consideran importante. Sólo ustedes están en condiciones de elegir lo que es mejor para ustedes.
  • No den por supuesto las cosas más queridas por su corazón. Apéguense a ellas como a la vida misma, porque sin ellas la vida carece de sentido.
  • No dejen que la vida se les escurra entre los dedos por vivir en el pasado o para el futuro.
  • No abandonen cuando todavía son capaces de un esfuerzo más. Nada termina hasta el momento en que uno deja de intentar.
  • No teman admitir que no son perfectos, ese es el frágil hilo que nos mantiene unidos.
  • No teman enfrentar riesgos, es corriendo riesgos que aprendemos a ser valientes.
  • No excluyan de sus vidas el amor diciendo que no lo pueden encontrar. La mejor forma de recibir amor es darlo. La forma más rápida de quedarse sin amor es aferrarlo demasiado. Y la mejor forma de mantener el amor es darle alas.
  • No corran tanto por la vida, que lleguen a olvidar no sólo donde han estado, sino también a dónde van.
  • No olviden que la mayor necesidad emocional de una persona es la de sentirse apreciado.
  • No teman aprender, el conocimiento es liviano, es un tesoro que se lleva fácilmente.
  • No usen imprudentemente el tiempo o las palabras, no se pueden recuperar.

La vida no es una carrera, sino un viaje que debe ser disfrutado a cada paso. El ayer es historia, el mañana es misterio y el Hoy es un regalo: por esa razón se llama «presente».

¡El cómo disfrutes el presente depende de ti! Suerte en la vida y en todo lo que hagas».

Así se nos pasa la vida

Tal vez miramos hacia arriba con temor pues alguien muy poderoso puede estar pensando en hacernos daño. Miramos hacia abajo y también ahí puede estar escondido algún enemigo.

Vivimos en un mundo en el que nos relacionamos con todas las personas pero no sabemos qué piensan, qué sienten, qué quieren de nosotros. Sucede también con los problemas. Muchas veces sentimos una gran presión, estamos ahí mirando hacia arriba, hacia abajo y sólo vemos problemas y más problemas. Entonces sin darnos cuenta dejamos de vivir el momento, el presente. Dejamos de disfrutar de lo que sucede aquí y ahora.

Parece difícil, pero es posible vivir este momento, separarse del resto, dejar que nos motive lo que se presenta. Esto no significa ignorar lo que nos está sucediendo, sabemos cuáles son nuestros problemas, sabemos también qué puede suceder o tal vez no, pero también en este instante algo maravilloso puede estar sucediéndonos y por dejarnos llevar por los problemas dejamos de vivenciarlo como se debe.

  • Nos preocupa el dinero, entonces pasamos el día haciendo cuentas y nuestros hijos nos regalan sonrisas, alegrías, caricias y no las vemos ni las sentimos.
  • El auto no nos funciona bien y entonces estamos atentos a todos sus ruiditos y a sus fallas y en ese camino que estamos transitando no apreciamos el paisaje.
  • El día no fue bueno y llegamos a casa y mamá o papá o nuestra pareja nos espera con una comida preparada para nosotros, con la mesa servida pero no apreciamos nada, porque sólo estamos pensando en lo malo que nos sucedió.
  • En el trabajo nos exigen un mayor rendimiento y entonces sometidos a esa presión dejamos de amar lo que hacemos pues nos preocupa sólo cumplir con lo que nos exigen y temerosos nos movemos como máquinas.

Y así se nos pasa la vida… De problema en problema…

Pero es así también como estamos viviendo, sin dejarnos salpicar por las alegrías, ni por esos flashes que no están ahí por casualidad sino que como rayos fugaces nos están diciendo: Viví… Ahora… ¡Ya!

No dejes pasar los buenos momentos, no los ignores, ni pienses que esto bueno que ahora, en este instante está sucediendo, mañana se repetirá.

Cada momento de nuestra vida es único e irrepetible: ¡No te lo pierdas!


Graciela de Filippis

El sol de la vejez

¡Qué difícil es envejecer con alegría y naturalidad! ¡Qué duro es reconocer que se ha entrado en el atardecer de la vida y captar, al mismo tiempo, que aún queda mucho por hacer! Y al mismo tiempo, que eso que queda por hacer es algo muy distinto, ¡aunque no menos importante que lo hecho hasta ahora!

Hay tres cosas y que producen pena: un «viejo» de cuarenta años, un viejo que se cree «joven» y un viejo que se cree «muerto». Y una que producen alegría, un «joven» de ochenta años, es decir un viejo que asume la segunda parte de su vida con tanto coraje e ilusión como la primera. Pero para ser uno de esos, hay que aceptar, que el Sol del atardecer es tan importante como el del amanecer y el del mediodía, aunque su calor sea muy distinto.

El Sol no se avergüenza de ponerse, no siente nostalgia de su brillo matutino, no piensa que las horas del día le estén «echando» del cielo, no cree que es menos luminoso ni hermoso porque el ocaso se aproxima. Tampoco su resol sobre los edificios es menos importante o necesario que el que, hace algunas horas, hacía germinar las semillas en los campos o crecer las frutas en los árboles. Cada hora tiene su gozo y el Sol cumple, hora a hora, con su misión.

Es verdad que la Naturaleza es más piadosa con las cosas, que los hombres con ellos mismos. Nadie desprecia al Sol de la tarde, ni le empuja a jubilarse, ni le niega el derecho a seguir dando su luz, débil, pero luz verdadera, necesaria, a veces la más hermosa. ¡Qué bien sabe el enfermo lo dulce de este último rayo de sol que se cuela, por la última esquina de la ventana!

¡Si todos los ancianos entendieran que su sonrisa puede ser tan hermosa y fecunda, como ese último rayo de sol antes de ponerse! ¡Si comprendieran que el Sol nunca es amargo, aunque sea más débil! ¡Si pensaran lo orgulloso que se siente el Sol de ser lo que es, de haberlo sido, de seguirlo siendo hasta el último segundo de su estancia en el cielo! ¡Señor, no me dejes marchar hasta haber repartido el último rayo de mi pobre luz!

El resumen perfecto de estas reflexiones es la siguiente oración de José Laguna Menor. ¿Hay algo que añadir? Sí, ¡hay que vivirlos!

«Señor, enséñame a envejecer como cristiano. Convénceme de que no son injustos conmigo: los que me quitan responsabilidades; los que ya no piden mi opinión; los que llaman a otro para que ocupe mi puesto.

Quítame el orgullo de mi experiencia pasada y el sentimiento de que soy indispensable. Pero ayúdame, Señor, para que siga siendo útil a los demás, contribuyendo con mi alegría al entusiasmo de los que ahora tienen responsabilidades y aceptando mi salida de los campos de actividad, como acepto con sencilla naturalidad la puesta del Sol.

Finalmente te doy gracias, pues en esta hora tranquila caigo en la cuenta de lo mucho que me has amado. Concédeme que mire con gratitud hacia el destino feliz que me tienes preparado.

¡Señor, ayúdame a envejecer así!»


José Laguna Menor

Morirse de la risa para vivir mejor

Una investigación reciente de la Universidad británica de Reading ha arrojado nuevos datos sobre los fuertes vínculos entre el sistema inmunológico y nuestro estado mental.

Se ha comprobado que los pensamientos agradables provocan un mejor ánimo, lo que aumentaría nuestras defensas.

Esto ha llevado al Dr. David Warburton, jefe de psicofarmacología de la mencionada universidad británica -y fundador de la Asociación para la Investigación de la Ciencia del Disfrute (ARISE) -, a asegurar que esa relación «prueba que la felicidad puede hacernos más saludables».

La felicidad vendría a ser como golosinas para el cerebro, algo que hace que nuestra mente se sienta consentida.

Por su parte, el Dr. William Fry, de la Universidad de Standford, asegura que la risa puede disparar las endorfinas, que son los analgésicos que produce el cerebro.

Afirma que la risa puede regular el ritmo cardíaco y bajar la presión arterial. «Es más», añade, «como usualmente un ataque de risa va seguido de tos, también sirve para aclarar los pulmones».

Veinte segundos de risa con ganas, serían el equivalente cardiovascular de tres minutos en una máquina de ejercicios.

La conclusión es simple: a reír con ganas. Es barato, efectivo… ¡y hasta puede ser contagioso!


Marjorie Ross

Hoy quiero

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  • Hoy quiero concentrarme en los pétalos y no en las espinas. Hoy quiero admirar el azul del cielo sin quejarme de las nubes.
  • Hoy pago un gozoso balance de mis dones y bendigo al Señor por todos mis talentos y por su amor sin límites.
  • Hoy tengo tiempo para valorar a mis seres queridos y dar gracias por mi trabajo, mis bienes y mi salud.

Destierro el pesimismo y entierro al desaliento porque me abro jubiloso a la experiencia de alabar y agradecer. En lugar de envidiar me dedico a elogiar, en lugar de destruir me dedico a construir, en lugar de llorar me dedico a reír.

  • Hoy tengo ojos y corazón para asombrarme con las flores, los árboles, las aves y los peces. Hoy contemplo el universo con ojos nuevos y aprecio tantas maravillas. Hoy cambio mis lamentos por bendiciones.
  • Hoy veo mis problemas como oportunidades y me animo a seguir adelante con la ayuda de Dios y de quienes me aman.
  • Hoy elijo vivir en lugar de morir.

Gonzalo Gallo González

Pesimista y optimista

El pesimista debilita su capacidad y su voluntad al cargar con el peso inútil de los mensajes negativos que se crea. Con su ansiedad y negativismo no arregla ninguno de los problemas que él mismo se crea y se siente, a toda hora, cercado de amenazas de fracaso.

El optimista, en cambio, toma sus asuntos con calma y sabe que puede llevarlos a feliz término. Con suficiente confianza en Dios y en sí mismo, el optimista encuentra las orientaciones y la fuerza para lograr todo lo que se propone.

Tú… ¿con quién te identificas…?

Disponte a vivir

Hay mucha gente que dice: «odio los domingos», «no soporto los lunes», «estoy deseando que llegue el fin de semana», «cuento los días para las vacaciones» o «cuando me jubile haré esto y aquello»… Me da la impresión de que están desperdiciando el tiempo que les toca vivir en su momento, que se pierden un trozo de vida, que posponen la felicidad o el bienestar para un futuro que quizás no es como lo imaginan.

Quiero saborear despacito mi vida, con todos sus ingredientes, con sus maravillas y sus decepciones, con sus aciertos y sus fracasos, con sus obligaciones y sus pequeños placeres, con sus dificultades y sus nuevas ilusiones y, muy especialmente, con los cambios que haya.

De momento, me dispongo a vivir el día de hoy.


Reyes A.

Manifiesta entusiasmo en todo

Una persona sin entusiasmo es como un reloj sin cuerda.

El entusiasmo es un ingrediente fundamental para una personalidad de éxito, eficiente y competente.

Para volverte entusiasta respecto a un objetivo debes pensar en los frutos y beneficios que reporta dicho objetivo, más esforzado y empeñoso serás en alcanzarlos.

El entusiasmo proviene del interior del hombre: brota en una mente positiva y crece con acciones positivas.

Para ser entusiasta…, ¡hay que actuar con entusiasmo!

Dios, te doy gracias por tener fe. No es fácil ser entusiasta cuando muchas cosas me salen mal cada día. Por eso te pido ayuda para empezar cada día con visión positiva y actitud entusiasta. Si de pronto mi corazón se desalentara por algún fracaso por favor refuérzame con nuevas dosis de entusiasmo.

Amén

La alegría de vivir

La risa es salud. El buen humor es salud. ¿Estás seguro de pensar lo suficiente en este aspecto de tu bienestar? Si, a causa de las preocupaciones, envejece el corazón, también tu rostro aparecerá pronto lleno de arrugas.

La risa libera. El humor relaja. La risa es capaz de liberarte de los falsos problemas. La risa es el mejor cosmético para tu belleza externa y la mejor medicina para tu vida interna. Si riendo, tus músculos trabajan regularmente, tu digestión resultará beneficiada, e incluso tu apetito se estimulará y tu presión arterial permanecerá estable. La risa y el buen humor te liberaran de aquella lúgubre seriedad que vuelve los problemas pesados como el plomo; te liberaran, además del triste «tran-tran» cotidiano. La risa y el buen humor crean espacios nuevos para alegrías desconocidas.

Un día que no has reído, es un día perdido.


Phil Bosmans

Pesimismo

No eres un pesimista porque estás triste por una herida profunda en el corazón o un conjunto de males que te afligen. No eres un pesimista tampoco cuando estás profundamente entristecido por el insoportable sufrimiento de tantos inocentes, por la violencia o la injusticia en el mundo.

Pesimista es aquel que toda la vida permanece en una habitación oscura en la que sigue desarrollando «ideas negras».

Pesimista es aquel que anuncia la lluvia cuando sale el sol, que, cuando todo va bien, afirma que durará poco, que se interroga acerca de las verdaderas intenciones de una persona amable.

El pesimista tiene «mala vista» porque nunca se entera de las buenas noticias. Nota más el frío que el calor. Nota más el dolor que la alegría.

Diagnóstico médico: «El pesimista tiene una influencia nefasta sobre la digestión y la presión sanguínea».

Conclusión: «Los optimistas viven más tiempo que los pesimistas».

P.D. «Los pesimistas no viven, están ya muertos mucho antes de ser sepultados».


Phil Bosmans

Mucha paciencia con los adultos

¿Te has dado cuenta alguna vez que los niños parecen extrañarse de la mezquina estrechez mental de los adultos?

  • Cuando los adultos están ocupados entre sí, casi siempre tratan de cifras.
  • Cuando quieren conocer a alguien le preguntan dónde trabaja, qué posee, cuánto gana, qué diplomas y relaciones tiene. Si hablan de una casa, dicen: «4 millones, señores» y se la ven ya adelante.
  • Cuando hablas de un amigo a los niños, dicen: «¿Hace colección de mariposas? ¿Sabe silbar?». Si hablas de una casa te preguntan qué color tiene si hay flores en las ventanas o golondrinas bajo el tejado.

Los temas tratados por los niños adquieren un tono fresco y natural, lleno de color y de afecto. Los adultos no entienden nada. Y no hay nada que hacer. Hablan de «ganancias» y se ocupan incesantemente de dinero. «Los niños deben tener mucha paciencia con los adultos…» dice el Pequeño Príncipe en el libro homónimo de Saint-Exupéry.


Phil Bosmans

El poder mágico de la sonrisa

Desde pequeños se nos enseña que la madurez tiene que ver con la seriedad y la responsabilidad. Así, cuando crecemos creemos que estamos maduros porque nos ponemos serios, somos realistas y nos olvidamos de soñar. Exceptuando nuestro entorno, son pocas veces las que le sonreímos a un desconocido y nos olvidamos que la sonrisa es como un «virus bueno» que se contagia y alivia tensiones.

Cuando le sonreímos a otro, le estamos diciendo muchas cosas, entre ellas que nos gusta que comparta el espacio con nosotros, el otro lo decodifica y también sonríe, y es en ese momento cuando los pensamientos negativos quedan a un lado.

La sonrisa es un aliviador natural. Sonreímos cuando nos sentimos bien, cuando sucede algo gracioso, cuando estamos contentos o emocionados por alguna noticia, y así hay infinidad de situaciones que nos hacen sonreír.

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La magia de la sonrisa

Pero lo más importante que tiene la sonrisa cuando va dirigida a otra persona es la transmisión de una sensación de compañía, que el otro no está sólo en el «hormiguero» de gente que va y viene en medio de las calles de una gran ciudad y que nosotros, al recibir una sonrisa de vuelta, tampoco lo estamos.

Muchas conversaciones con personas que no conocemos comienzan con un intercambio de sonrisa. Ésta también es una parte de la magia, otra parte es la sensación de bienestar que causa sonreír y también lo importante que es en momentos de acompañamiento de otra persona que sufre.

Muchas veces en momentos en los que las palabras no pueden cubrir el espacio, lo puede hacer la sonrisa. Es capaz de comunicar que estoy con el otro y para el otro en su momento de dolor y, al ser contagiosa, hace que el otro por un momento olvide el dolor que tiene e inconscientemente, sonría.

Regalar sonrisas es algo efectivo que podemos hacer para desconectarnos de la rutina, ya que nos saca la negatividad de los problemas y nos cambia el punto de vista, es como si cambiaras los polos de negativo a positivo.

Si te animas a regalar sonrisas en tu vida cotidiana, adelante. Verás que los resultados son infalibles y realmente mágicos. Sonríe al panadero, al cajero del supermercado, al chofer del colectivo y hasta a tu compañero de asiento, te darás cuenta en breve de que la sonrisa es un motor de buenas emociones y que contagia el buen clima a tu alrededor.


José Mariano Biaus | LaMenteEsMaravillosa.Com

El entusiasmo

La palabra entusiasmo proviene del griego y significa tener un Dios dentro de sí.

La persona entusiasta o entusiasmada era aquella que era tomada por uno de los dioses, guiada por su fuerza y sabiduría, y por ese motivo podría transformar la naturaleza que lo rodea y hacer que ocurrieran cosas.

Sólo las personas entusiastas eran capaces de vencer los desafíos de lo cotidiano. Era necesario por lo tanto entusiasmarse para resolver los problemas que se presentaban y pasar a una nueva situación. El entusiasmo no es una cualidad que se construye o que se desarrolla. Es un estado de fe, de afirmación de sí mismo.

La persona entusiasta es aquella que cree en su capacidad de transformar las cosas, cree en sí misma, cree en los demás, cree en la fuerza que tiene para transformar el mundo y su propia realidad. Está impulsada a actuar en el mundo, a transformarlo, movida por la fuerza y la certeza en sus acciones.

El entusiasmo es lo que da una nueva visión de la vida.

Entusiasmo es distinto del optimismo. Mucha gente confunde el optimismo con el entusiasmo.

Optimismo significa creer que algo favorable va ocurrir, inclusive anhelar que ello ocurra, es ver el lado positivo de las cosas, es una postura amable ante los hechos que ocurren. En cambio el entusiasmo es acción y transformación, es la reconciliación entre uno mismo y los hechos, las cosas.

Sólo hay una manera de ser entusiasta: actuando entusiasmadamente.

Si tuviéramos que esperar tener las condiciones ideales primero para luego entusiasmarnos, jamás nos entusiasmaríamos por algo, pues siempre tendríamos razones para no entusiasmarnos.

No son «las cosas que van bien» lo que trae entusiasmo, es el entusiasmo que nos hace hacer bien las cosas. Hay personas que se quedan esperando que las condiciones mejoren, que llegue el éxito, que mejore su trabajo, que mejore su relación de pareja o de familia para luego entusiasmarse… la verdad es que jamás se entusiasmarán por algo.

Si creemos que es imposible entusiasmarnos por las condiciones actuales en las que nos tocó vivir, lo más probable será que jamás saldremos de esa situación.

Es necesario creer en uno mismo, en la capacidad de hacer, de transformarse y transformar la realidad que nos rodea.

Dejar de un lado toda la negatividad, dejar de un lado todo el escepticismo, dejar de ser incrédulo y ser entusiasta con la vida, con quienes nos rodean y con uno mismo.


Anónimo

Una sonrisa cálida

Una sonrisa cálida y sincera es un valioso rasgo de tu personalidad.

  • Sonríe para que alivies el peso de cualquier problema.
  • Sonríe para que ayudes a tus amigos a vivir alegres.
  • Sonríe para que ganes nuevos amigos.
  • Sonríe para que mejores tu atractivo personal.

Al sonreír expresas la dicha de vivir y la satisfacción de convivir con los que te acompañan.

La sonrisa subraya la alegría de compartir la paz y la armonía, y de trabajar concordes por el bien de la propia comunidad.

La sonrisa amable y sincera es la flor que brota de un corazón generoso.


Tiberio López Fernández