Cuando matamos el amor

El amor no muere por causas naturales. Muere por negligencia y abandono. Muere por ceguera e indiferencia y porque se lo da por sentado. Las omisiones son generalmente más graves que los errores cometidos. Finalmente, el amor muere de cansancio, porque no se lo alimenta.

No dejamos de amar así porque sí, del mismo modo en que no nos enamoramos porque sí.

Cuando el amor muere, es porque uno o ambos amantes lo descuidaron, no lo avivaron ni renovaron. Lo más triste es que siempre cada quien termina echándole la culpa al otro.

Como cualquier otro ser viviente, el amor requiere el esfuerzo mutuo de mantenerlo sano. El amor es como una flor bella, mientras vive, todos la quieren, pero una vez muerta nadie la desea.

También pienso que muchas veces desechamos el tallo que dio vida a una hermosa flor, sin saber que ese tallo algún día podría dar otra flor más bella aún.

¿Cuántos de nosotros de verdad sabemos diferenciar lo que hay entre lo que es, la necesidad de amar a una persona y amar a la persona misma?


Nelson Cisneros

No empequeñezcas

Todo lo que tú necesitas saber en cuanto a la salud mental, puede ser resumido en dos palabras: «No Empequeñezcas».

El 95% de todos los problemas emocionales y mentales podrían ser eliminados si todos practicáramos esta verdad. ¡Cómo cambiaría todo si viviéramos conforme a ella! No empequeñezcas a los demás. No hagas nada que pueda hacer que alguien se sienta menospreciado. No juzgues ni critiques de una forma que disminuya la autoestima y el sentir de otras personas.

La mayoría de los problemas de crímenes, abusos, fracasos, problemas, hogares destruidos y adicciones a drogas y alcohol, pueden ser atribuidos a una autoestima herida.

No empequeñezcas. No lo olvides, vívelo, enséñalo a los demás y principalmente a tus hijos para que no cometan los errores por los cuales la mayoría hemos pasado. Mantén tu enfoque sobre lo positivo de los demás. Resalta siempre lo bueno en cada persona. Anima siempre a tu prójimo. Trata a los demás de la misma forma en que quisieras ser tratado. Habla palabras que ayuden y sanen. Evita palabras que destruyan y causen dolor. ¡Tus palabras sí importan! Ellas pueden traer vida o muerte. Utiliza tus palabras sabiamente, edifica a los demás.


Justin Scott

El contemplador de orillas

(…) «Lo que hay que conseguir – a veces lo consigo – es acompasarse con el tiempo, no ir más deprisa ni más despacio que él. Porque el tiempo tiene un ritmo, un compás y no hay que perder el compás. Durante unos días consigo ir en sus aguas, placentero, llevado, tranquilo. Y entonces es cuando salen las cosas y mejor se ve el mundo, porque el mundo hay que mirarlo como la orilla del tiempo. Ser un contemplador de orillas». (…)

FRANCISCO UMBRAL  | MORTAL Y ROSA

Procuro – a veces lo consigo y otras no – vivir en el presente. Lo malo es cuando me encuentro en un presente que quisiera contemplar siempre, pararme a observar la orilla en la que estoy y no querer que pase el tiempo… Sé que esto no es posible, así que tendré que aprender a saborearla mientras dure y cuando termine buscar otras orillas que contemplar.

Mientras tanto, me bañaré profundamente en las únicas aguas de estos momentos.


Reyes A.

Compasión

amabilidad

La compasión es una virtud que se deriva del valor del amor.

La verdadera compasión consiste en percibir la angustia ajena y hacerla nuestra.

La compasión no puede esperar, hay que actuar en el preciso instante en que alguien nos necesita.

Muchas veces es más cómodo no involucrarnos en la angustia de los demás, bajo pretexto de que somos discretos y prudentes; cuando en realidad lo que sucede es que estamos siendo controlados por nuestro egoísmo.

Las siguientes palabras, resumen de una manera poética, en qué consiste la compasión:

  • No es lo que has hecho, sino lo que no has hecho lo que causa congoja al caer el sol.
  • La tierna palabra olvidada, la carta que no escribiste, las flores que no enviaste, son fantasmas en la noche.
  • La piedra que no apartaste del camino de un hermano, el consejo alentador que no te atreviste a dar, esa caricia afectuosa, esa palabra amorosa en la que nunca pensaste, sumido en tus propias penas.

Margaret E. Sangster

Hoy quiero

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  • Hoy quiero concentrarme en los pétalos y no en las espinas. Hoy quiero admirar el azul del cielo sin quejarme de las nubes.
  • Hoy pago un gozoso balance de mis dones y bendigo al Señor por todos mis talentos y por su amor sin límites.
  • Hoy tengo tiempo para valorar a mis seres queridos y dar gracias por mi trabajo, mis bienes y mi salud.

Destierro el pesimismo y entierro al desaliento porque me abro jubiloso a la experiencia de alabar y agradecer. En lugar de envidiar me dedico a elogiar, en lugar de destruir me dedico a construir, en lugar de llorar me dedico a reír.

  • Hoy tengo ojos y corazón para asombrarme con las flores, los árboles, las aves y los peces. Hoy contemplo el universo con ojos nuevos y aprecio tantas maravillas. Hoy cambio mis lamentos por bendiciones.
  • Hoy veo mis problemas como oportunidades y me animo a seguir adelante con la ayuda de Dios y de quienes me aman.
  • Hoy elijo vivir en lugar de morir.

Gonzalo Gallo González

Amor propio

Un hombre de negocios arrojó apresuradamente un dólar en la taza de un hombre que estaba vendiendo flores en una esquina y luego se alejó. A media cuadra de distancia se dio vuelta súbitamente y regresó hasta donde estaba el mendigo.

– Lo lamento -dijo -, sacando una flor del ramo que el mendigo tenía en una lata a su lado -. En mi apuro dejé de efectuar mi compra. Después de todo, usted es un hombre de negocios igual que yo. Su mercadería está a buen precio y es de buena calidad. Espero que no se haya disgustado con mi falta de atención en mi compra.

Y diciendo eso, el hombre de negocios sonrió y se alejó con una flor en la mano.

Semanas después, mientras almorzaba, se le aproximó al hombre de negocios un hombre bien parecido, vestido con pulcritud, quien se presentó a sí mismo y luego le dijo:

– Estoy seguro que usted no me recuerda, y yo ni siquiera sé su nombre, pero su rostro es uno que nunca olvidaré. Usted es el hombre que me inspiró para que hiciera algo de mí mismo. Yo era un vagabundo vendiendo flores marchitas hasta que usted me devolvió mi amor propio. Ahora creo que soy un hombre de negocios.

«El amor propio es vital para toda persona, propóngase en su corazón elevar el respeto y la autoestima en otros».

Pesimista y optimista

El pesimista debilita su capacidad y su voluntad al cargar con el peso inútil de los mensajes negativos que se crea. Con su ansiedad y negativismo no arregla ninguno de los problemas que él mismo se crea y se siente, a toda hora, cercado de amenazas de fracaso.

El optimista, en cambio, toma sus asuntos con calma y sabe que puede llevarlos a feliz término. Con suficiente confianza en Dios y en sí mismo, el optimista encuentra las orientaciones y la fuerza para lograr todo lo que se propone.

Tú… ¿con quién te identificas…?

Resoluciones

Judith se considera llena de defectos, y decide mejorar. Mas no es su Leyenda Personal que se apure en este sentido; la Sociedad dice que existe un padrón de crecimiento, que es preciso comprender.

Al final del año, Judith hace una lista de decisiones para el año siguiente. Los primeros días de enero son fáciles; ella obedece la lista, da pasos que siempre aplazó. En febrero, ya no tiene la misma disposición, y la lista comienza a fallar. Cuando marzo llega, Judith ya quebró todas las promesas hechas en Año Nuevo; y se sentirá pequeña, incapaz, y culpable hasta la última semana del año. Cuando, al fin, esta semana llega, ella hace de nuevo las promesas, y el ritual se repite.

No debemos intentar mejorar en aquello que los otros esperan de nosotros, Judith; pero sí descubrir que esperamos de nosotros mismos. Ahí no es preciso prometer nada, porque cambiamos con placer y alegría.


Paulo Coelho

Disponte a vivir

Hay mucha gente que dice: «odio los domingos», «no soporto los lunes», «estoy deseando que llegue el fin de semana», «cuento los días para las vacaciones» o «cuando me jubile haré esto y aquello»… Me da la impresión de que están desperdiciando el tiempo que les toca vivir en su momento, que se pierden un trozo de vida, que posponen la felicidad o el bienestar para un futuro que quizás no es como lo imaginan.

Quiero saborear despacito mi vida, con todos sus ingredientes, con sus maravillas y sus decepciones, con sus aciertos y sus fracasos, con sus obligaciones y sus pequeños placeres, con sus dificultades y sus nuevas ilusiones y, muy especialmente, con los cambios que haya.

De momento, me dispongo a vivir el día de hoy.


Reyes A.