El deseo, la raíz del sufrimiento

Empezaré por decir que todas las personas hemos sufrido unas más que otras a pesar de que a nadie nos gusta sufrir. Pero ¿por qué sufre la gente? Porque hay algo deseado que no tenemos, lo estamos perdiendo o tal vez es tarde para recuperar lo que deseamos, esto es: el amor de alguien, el no ser correspondidos como uno quiere que nos quieran, el no tener aquel coche o trabajo, solvencia económica etc. La solución para acabar con dicho estado anímico sería dejar de desear, pero esto es imposible puesto que la mente es insaciable.

Es por eso que debemos de aprender a desarrollar nuestra capacidad de anhelar sin quedarnos pegados al deseo, a ser una persona feliz aceptando nuestra realidad sin aferrarnos a un pasado el cual está muerto, a un futuro incierto. ¿Preocuparme? Únicamente por mi presente. Viviendo así al máximo cada uno de mis días, dando siempre lo mejor de mi persona a los que me rodean dejando a un lado el egoísmo, el pesimismo. Simplemente dando lo mejor para esperar lo mejor, aunque las cosas no salgan como uno quiere y al tiempo que uno quiere es porque algo mejor está por llegar a nuestra vida, yo siempre he vivido con esta manera de pensar, es lo que funciona. Dejando a un lado la añoranza por lo que ya no está conmigo. Por último, permite que todos los sucesos sucedan.


Nadia Kabande Toledo

Dar

Hay algunos que dan poco de lo mucho que tienen y lo dan para que se les reconozca; este deseo oculto hace que sus regalos no promuevan el bienestar.

Y hay aquellos que tienen poco y lo dan todo.

Éstos son los que creen en la vida y en la generosidad de la vida; su cofre nunca estará vacío.

Hay aquellos que dan con alegría, y esa alegría es su premio.

Y hay aquellos que dan con dolor, y ese dolor es su bautismo.

Y hay aquellos que dan y no conocen el dolor al dar, ni buscan alegría, ni lo dan pensando en la virtud; ellos dan tal como, en el valle distante. el mirto respira su fragancia en el espacio.

Por medio de las manos de personas como éstas, Dios habla y, detrás de sus ojos, Él sonríe hacia la tierra.


Gibrán Jalil Gibrán

Siempre cabe algo mejor

Suele decirse que la inteligencia es como un globo que siempre se puede hinchar un poco más. Nunca te acostarás sin saber una cosa más. «Ningún día sin línea», decía un escritor antiguo.

Conversación de la baronesa con su doncella:

– Dame la aguja, voy a coser.

– Pero, señora, si está usted muriéndose.

– Esa no es razón para estar sin hacer nada.

Y aunque mañana fuera el fin del mundo, yo seguiría plantando manzanas en el día de hoy.

Sócrates se encontraba en la cárcel, esperando ser ejecutado sin tardanza. Un día oyó a otro prisionero, que cantaba una difícil canción del poeta Stesíchoros. Sócrates pidió a su compañero que le enseñara aquella canción.

– ¿Para qué? – le preguntó el otro -. ¡Si te van a ejecutar mañana!

– Porque puedo morir sabiendo una cosa más – fue la respuesta del gran filósofo. La ciencia atrae a la ciencia, la torpeza a la torpeza.


Justo López

Aprende a decir no

Algunas personas no tienen reparos en tratar de convencerte para que hagas lo que ellos quieren, aun cuando a ti te desagrade o lo encuentres inconveniente. Si accedes a sus peticiones, lo más normal es que luego eso te deje resentido, enfadado y con la impresión de que han abusado de ti.

Las excusas raramente surten efecto para escapar de tales situaciones, porque los manipuladores suelen ser expertos en contrarrestar hasta el más hábil de los pretextos. La mejor solución resulta ser la más simple: basta con decir: «¡No quiero hacerlo!»

Decir «No» a esa clase de personas no sólo es la mejor solución, sino que además no tendrás por qué darles ninguna razón para hacerlo. Si ellos no tienen ningún tipo de reparos en tratar de hacerte imposiciones, tú tampoco deberás tener ninguno en negarte a ello.

Idea clave: A menos que algo se encuentre realmente dentro de mis responsabilidades, no tengo la obligación de realizarlo.


Jerry Minchinton

Las leyes fundamentales

Un grupo de sabios judíos se reunió para intentar crear la menor Constitución del mundo. Si alguno de ellos era capaz de definir, en el espacio de tiempo que necesita un hombre para mantenerse en equilibrio con un solo pie, las leyes que deben regir el comportamiento humano, sería considerado el más sabio de todos los sabios.

– Dios castiga a los criminales – dijo uno.

Los otros argumentaron que esto no era una ley, sino una amenaza, y la frase no fue aceptada.

– Dios es amor – comentó otro.

Nuevamente los sabios no aceptaron la frase, diciendo que no aclaraba bien los deberes de la Humanidad. En aquel momento se aproximó el rabino Hillel y, sosteniéndose en un solo pie, dijo:

– No hagas a tu prójimo lo que detestarías que te hicieran a ti. Ésta es la Ley. Todo lo demás es comentario jurídico.

Y el rabino Hillel fue considerado el mayor sabio de su tiempo.


Paulo Coelho

Cuando nació mi alegría

Y cuando nació mi Alegría, la alcé en brazos y subí con ella a la azotea de mi casa, a gritar:

¡Venid, vecinos! ¡Venid a ver! Porque hoy ha nacido mi alegría: venid a contemplar este ser placentero que ríe bajo el sol.

Pero fue grande mi sorpresa cuando ningún vecino mío acudió a contemplar mi Alegría.

Y todos los días, durante siete lunas, proclamé el advenimiento de mi Alegría desde la azotea de mi casa, pero nadie quiso escucharme.

Y mi Alegría y yo estábamos solos, sin nadie que fuera a visitarnos.

Luego, mi Alegría palideció y enfermó de hastío, pues sólo yo gozaba de su hermosura, y sólo mis labios besaban sus labios.

Luego, mi Alegría murió, de soledad y aislamiento.

Y ahora sólo recuerdo a mi muerta Alegría al recordar mi muerta risa. Pero el recuerdo es una hoja de otoño que susurra un instante en el viento, y luego no vuelve a escucharse más.


Gibrán Jalil Gibrán

La virtud de la perseverancia

El escritor brasileño Nelson Rodrigues estaba condenado a la soledad. Tenía cara de sapo y lengua de serpiente, y a su prestigio de feo y fama de venenoso sumaba la notoriedad de su contagiosa mala suerte: la gente de su alrededor moría por bala, miseria o desdicha fatal.

Un día, Nelson conoció a Eleonora. Ese día, el día del descubrimiento, cuando por primera vez vio a esa mujer, una violenta alegría lo atropelló y lo dejó bobo. Entonces quiso decir alguna de sus frases brillantes, pero se le aflojaron las piernas y se le enredó la lengua y no pudo mas que tartamudear ruiditos.

La bombardeó con flores. Le enviaba flores a su apartamento, en lo más alto de un alto edificio de Río de Janeiro. Cada día le enviaba un gran ramo de flores, flores siempre diferentes, sin repetir jamás los colores ni los aromas, y abajo esperaba: desde abajo veía el balcón de Eleonora, y desde el balcón ella arrojaba las flores a la calle, cada día, y los automóviles las aplastaban.

Y así fue durante cincuenta días. Hasta que un día, un mediodía, las flores que Nelson envió no cayeron a la calle y no fueron pisoteadas por los automóviles.

Ese mediodía, él subió hasta el piso último, tocó el timbre y la puerta se abrió.

«No te rindas. Esas son las tres palabras más útiles que uno puede regalarse a sí mismo, y regalar a los demás».


Eduardo Galeano | «El Libro de los Abrazos»

Oasis

Hace años un estudioso de la energía y las plantas llamado Luther Burbank logró cosas asombrosas con unos cactus.

Como buen enamorado de la naturaleza dedicaba buen tiempo a hablar con esas plantas y les decía: «No tienen nada que temer, las espinas no les hacen falta porque yo siempre las voy a proteger».

Además las trataba con cariño, las cuidaba y siempre les enviaba toda su energía amorosa.

Pues bien, aunque algunos no lo crean, Luther Burbank logró algo que en realidad parece inverosímil: Con el tiempo esos cactus tuvieron unos brotes que dieron origen a una variedad sin espinas.

De hecho, Burbank se hizo famoso hace años con sus curiosos experimentos sobre la sensibilidad de las plantas.

Y hablo de esto sólo para sembrar una inquietud: ¿qué no podrás lograr contigo y los que amas si de verdad lo quieres e insistes?


Gonzalo Gallo González

El momento oportuno

En nuestra vida cotidiana, muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente el resultado de nuestro crecimiento interno y que éste requiere tiempo.

Seguramente la impaciencia en muchos que aspiran resultados a corto plazo, es un arma de doble filo, pues abandonan súbitamente la tarea emprendida, justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta, sin pensar que el momento oportuno está por llegar de un momento a otro.


Anónimo

Tendamos la mano

El alcohol, la droga y tantas otras cosas son moneda corriente en el mundo en que vivimos, pero más allá de la enfermedad tendríamos que detenernos en los motivos que llevan a esas personas a beber, o a drogarse… Tal vez en lo más íntimo encontramos el secreto.

La soledad, el no sentirse importantes, útiles, necesarios…íntimamente genera un profundo dolor. Algunos logran convivir con ese dolor y otros prefieren escapar, no pensar.

Debemos mirar más allá de nosotros… Debemos tratar de ayudar. Tender la mano de una manera generosa.

Desde nuestros lugares podemos ayudar y rescatar a tantos que están paralizados en medio del camino.

No nos detengamos tanto en nosotros… Tratemos de mirar más allá… Sacrificarnos por los demás nos hace sentir completos y nos motiva a seguir alentando a otros a vivir.

Ayudemos a los demás, sembremos esperanza en aquellos corazones cuyos latidos parecen apagarse día a día ante la desvalorización y ante la falta de oportunidades…

Debemos comprender que el dolor de un ser humano es nuestro dolor como así también su risa es nuestra risa.


Graciela de Filippis

Hay un tiempo

 

  • Hay un tiempo para partir y uno para volver.
  • Hay un tiempo para equivocarse, uno para arreglarlo.
  • Hay un tiempo para andarse con rodeos, y uno para decidir.
  • Hay el tiempo pasado, el tiempo que vendrá, y el tiempo perdido.

Y luego está el tiempo más importante: el tiempo de ahora…

Vívelo, porque el tiempo no espera al tiempo, y la vida pasa, sin esperar tus tiempos…


G. Stella

Sembradores de esperanza

Cuando nuestra fe es firme, dejamos de ser profetas de calamidades y nos convertimos en sembradores de esperanza y constructores de un mundo más justo y fraterno. Si quieres que el país cambie, no te limites a lamentarte, haz algo. Con quejas y críticas aumentas la oscuridad; con buenas obras brilla la luz. Anímate a dar claridad con actos de amor. Cuando muere la injusticia nace la concordia. Comparte con el pobre, alegra al triste, anima al abatido, fortalece al débil, comprende al que yerra. Cada gesto de amor es un paso hacia la paz.

Depende de todos nosotros crear una sociedad fraterna con el poder del amor, la verdad y la justicia. Necesitamos del civismo que nos permite convivir en armonía. Hagamos nuestro el pensamiento de Charles Chaplin: «Unámonos todos, luchemos por un mundo nuevo y digno. Unámonos para liberar al mundo, para terminar con la codicia, con el odio y con la intolerancia».


Gonzalo Gallo González

Ya he hecho algo

Anthony de Mello nos cuenta una historia bellísima:

«Cierto día, iba paseando por una calle cuando de repente vi a una niña hambrienta, sucia y titiritando de frío dentro de sus harapos. Me encolericé y le dije a Dios:

– ¿Por qué permites estas cosas? ¿Por qué no haces nada para ayudar a esa pobre niña?

Esperé la respuesta, pero fue en vano. Sin embargo, aquella noche, cuando menos lo esperaba, Dios respondió a mis preguntas airadas:

– Ciertamente que he hecho algo. Te he hecho a ti».


Anthony de Mello

Conocerse a uno mismo

Conocerse a uno mismo es quizás lo más complejo que exista si no somos conscientes de dicha exploración. Implica superar barreras e ir más allá de aquello que nos ha transmitido nuestra sociedad en valores y creencias. Es depurarnos, cuestionar y discernir, es ir creciendo despojándonos de aquello que nos aparta de nuestra originalidad; de la autenticidad de ser como uno es realmente, con sus dones y errores, con sus pros y contras. Todo ello, forma parte de ti, del ser humano.

Despojarse y ser uno mismo, es cimentar una mirada intrínseca. No obstante, indagar en nuestro interior sigue siendo algo extraño y poco practicable en nuestra sociedad, no estamos acostumbrados a realizarlo y tampoco estamos entrenados en ello. Una de las consecuencias perjudiciales es que nos incita de forma automática a culpabilizar hacia el exterior aquello que nos molesta o nos crispa mostrando una identidad que a veces, nos aparta de lo que somos verdaderamente. En otras ocasiones, vuelve contra nosotros esa creencia de que somos de tal modo, empañándonos de las sombras y luces que también poseemos.

El trayecto y camino hacia la introspección supone un proceso del conocimiento sobre la propia naturaleza y limitaciones del ser humano. Aproxima al individuo a comprenderse, aceptarse, estudiar su propia alma. Es entender nuestros sentimientos y las razones que nos mueven encaminados a orientar nuestra propia vida y nuestras acciones de acuerdo a propósitos e intereses.