Aprende a perdonar

El camino para aprender a amar es «Perdonando», quien desea crecer en el amor lo logra amando en el perdón.

Perdonar es el camino de la liberación, el que auténticamente se libera es quien perdona, echando fuera de su alma al rencor y la venganza que solamente lo envilece y lo consume.

Perdonar a pesar de tener razón y mil justificaciones para no hacerlo, se atreve a pronunciar en el interior del corazón «Perdón».

Perdonar cuando te han ofendido y humillado es cuando se manifiesta la grandeza del corazón del ser humano.

Solamente el que ama auténticamente puede decir «te perdono y lo olvido».

Perdonar es cuando a pesar de sentirse ofendido te atreves a dar una sonrisa de amor.

Deja hoy tus rencores, tu venganza que anhela ver al que te ha ofendido de rodillas pidiendo clemencia, deja hoy ese fuego que enciende tu cólera y abraza tu ser de rabia y de rencor, cuando ha sido pisoteado tu orgullo y has sido lastimado en lo más profundo, cuando deseas con todas tus fuerzas ver fulminado al que te ha ofendido.

Te pregunto, hoy serás capaz de perdonar a ese amigo tuyo que te traicionó, aquella ofensa de alguien que creías no te podía fallar y hoy le puedes demostrar que lo amas, serás capaz hoy de llenar tu alforja de olvido, y salir al encuentro con lo único que le puedes ofrecer, tu perdón y continuar tu camino de paz al encuentro de Dios.

Hoy libérate y camina como un niño extraviado a los brazos de una madre llena de amor, como el ciego al encuentro de la luz.

Hoy perdona y olvida, eleva tu alma a las estrellas y encuentra la paz.

Dios sé que tu grandeza y tu más sublime expresión de amor es perdonar, dame la sabiduría, la comprensión y la fuerza para convertirme en amor, y sin dar espacio ni tregua al odio, entregar la vida por los que amo.

Hoy perdonaré para siempre y arrojaré de mi alma todos aquellos rencores que me envilecen y me atan al pasado, hoy estoy dispuesto a olvidar, hoy me demostraré a mí mismo mi capacidad de amar.

Señor, tú lo sabes mejor que nadie, conoces el corazón del hombre y sabes que hoy deseo amar como nunca imaginé, Señor… gracias, hoy al fin he perdonado por amor.


Miguel Ángel Cornejo

Tu mente es un arma poderosa

Dios le dio sólo al ser humano una mente capaz de razonar, pero éste a veces se olvida de usarla. Cuando un perro come un alimento en mal estado, no vuelve a repetir ese error. Pero el hombre puede comer algo que le sienta mal y después repetir el mismo error muchas veces en su vida.

¿Por qué insistimos en hacer algo que es malo para nosotros?

Construimos edificios que casi pueden tocar el cielo y nos lanzamos al espacio para conquistar el cosmos, pero nos olvidamos de usar nuestra mente para ser mejores personas y ser felices. Cuando vemos la violencia y las guerras que se agitan en torno de nosotros, cabe preguntarse por la utilidad de la mente humana. Porque así como un arma sofisticada en manos inexpertas se vuelve en contra de quien la usa, también la mente es un instrumento poderoso que puede destruir la propia vida de quien la alberga y de quienes la rodean.

Hace unos meses, había un bache en una calle cercana a mi casa y cada vez que pasaba, me olvidaba de que existía. Cada día, el auto se golpeaba más fuerte ya que con el correr del tiempo, el hoyo se iba haciendo más grande. Y siempre me decía: «Mañana, cuando pase por aquí, lo recordaré». Pero al día siguiente, me olvidaba, y volvía a caer en él. Hasta que un día en que llovía torrencialmente, iba haciendo el mismo recorrido, y sin darme cuenta, nuevamente caí en el agujero. Esta vez, estaba cubierto de agua y se había hecho tan grande que se reventó una llanta. Allí, en el medio del temporal, tuve que cambiar el neumático. Recién entonces, abrumado por la frustración de verme empapado bajo la lluvia, me hice el firme propósito de no pasar nunca más por allí. Sólo que la próxima vez que pasé, observé que ya habían arreglado el bache.

Lo interesante de todo esto es que tuve que romper el neumático y esperar dos meses para ser capaz de hacer lo que me había propuesto. Cuando los animales caen en una trampa, aprenden a no caer nunca más en ella. Los seres humanos, en cambio, nos atamos tan fuertemente a una conducta, que aunque nos lastimemos, seguimos aferrados a ella.

El pensamiento tiene una notable influencia en nuestras vidas, y su poder invisible pasa muchas veces inadvertido. Si observamos nuestros pensamientos a lo largo de sólo unas horas, veremos cuán cargada de negatividad está nuestra mente. Dado que el pensamiento es el motor propulsor de nuestras acciones, según lo que pensemos, así actuaremos.

Limpiar nuestra mente se asemeja al trabajo del jardinero, pacientemente arranca las malezas que cubren las plantas e impiden apreciar la belleza de sus flores. El trabajo debe ser constante y diario, sin darnos tregua, ya que la maleza, como los pensamientos negativos, nunca cesa de brotar.

Podemos limpiarla un día, y al día siguiente encontrarla de nuevo entre las plantas, más vigorosa que nunca. De igual manera, los pensamientos negativos afloran siempre, de muchas maneras, algunas muy sutiles.

Hay que disciplinarse y aplicarse a un ejercicio diario para eliminarlos de la mente y evitar que enturbien nuestra forma de ver la vida. No debemos pelear violentamente contra ellos, sino ponerles freno con la indiferencia.


El valor de disfrutar la vida

fantasy-time

Muchas personas actúan y hablan sin preocuparse de la repercusión que tendrán sus acciones en el futuro. Esto es bueno, pero sólo a veces; una mala acción o experiencia nos pasará factura en el futuro. Debemos saber, pues, que las experiencias de hoy serán recuerdos mañana. Es por esto que, si sabemos disfrutar de la vida y vivimos experiencias enriquecedoras y agradables, en el futuro podremos mirar atrás y sentir la felicidad que generan los buenos recuerdos. Y es que los buenos recuerdos son lo que nos mantiene vivos. Es el poder mirar hacia atrás y sumergirse en un mundo cargado de emociones, la mayoría positivas, lo que nos hará sonreír mañana.

Vivir es generar recuerdos

El problema aparece cuando intentamos buscar en nuestro pasado y no somos capaces de encontrar nada o nos disgusta lo que encontramos. En cualquier caso, siempre hay algo que valga la pena. De todos modos, los recuerdos no aparecen solos, sino que se hacen. Y construir un recuerdo muchas veces parte de nosotros mismos; una experiencia, donde los protagonistas somos nosotros, se puede crear. Quiero decir con esto que estar sentados en el sofá todo el día, sin relacionarnos con nadie, no nos ayudará a construir recuerdos. Será el relacionarnos con otras personas o el hacer actividades lo que pueda convertirse en recuerdo.

Que las felicidades de antaño no nos impidan ir en busca de experiencias nuevas

Sin embargo, a pesar de todo esto, los buenos recuerdos pueden ser, a veces, un veneno para nosotros. Si hace mucho tiempo que no sucede nada interesante en nuestra vida, los recuerdos de felicidad pasada pueden devorarnos. La nostalgia es, en períodos de inactividad social o amorosa, un gran enemigo. Es así que, al recordar tiempos de felicidad pasada, en vez de sentir alegría, nos entristece el hecho de que esta etapa haya quedado atrás en el tiempo y de que no vamos a volver a vivirla. Por este motivo, debemos alimentar esa hambre de experiencias continuamente. Es obvio que no todo lo que nos suceda será bueno, pero serán las experiencias agradables las que se queden en el baúl de nuestros recuerdos y las que nos ayudarán a seguir avanzando: las que nos darán felicidad y ganas de vivir.

Es un hecho y una realidad que no podemos recuperar el tiempo perdido. Por eso debemos relacionarnos, hacer cosas diferentes, enamorarnos… Todo para alimentar ese apetito vital que acompaña al ser humano y que nos hace necesitar sentirnos vivos. No debemos dejarnos atrapar por la inactividad y dar vueltas en el círculo de la nostalgia, que no nos lleva a ninguna parte y que nos consume por dentro. Debemos avanzar, seguir adelante, vivir.

Construir recuerdos, por tanto, está en nuestras manos. Y lo podemos hacer ahora mismo. ¿Para qué esperar?


Qué no hacer con un problema

Una de las premisas más estimulantes para afrontar situaciones adversas es suponer que los problemas no son un problema. Grandes en algunos casos, pequeños por lo general, los problemas son simplemente desafíos inevitables que forman parte de nuestra vida diaria y que ocurren cuando lo que deseamos no es lo que obtenemos. Algo se rompe (pérdida). Un plan se desbarata por un imprevisto (sorpresa). Surge un malentendido (confusión). No nos sentimos o no nos vemos tan bien como quisiéramos (desilusión). Nos bloqueamos o nos sentimos impotentes cuando tratamos de conseguir algo (frustración).

Ya sea que el problema resulte de la acción de un agente externo, de una circunstancia casual, de un error de cálculo o de una equivocación o travesura, los padres deben alentar al niño a abordar cada problema como una oportunidad de aprendizaje de vida. El objetivo no es criar un hijo que nunca hace nada mal, o a quien nunca le sale nada mal, o intervenir siempre para solucionarle los problemas al niño. La meta es criar un hijo capaz, con la disposición y la habilidad de superar obstáculos.

Es muy raro que un niño no resuelva un problema sin aprender algo que antes no sabía o no podía hacer. Todos los problemas son maestros disfrazados. Y lo mejor de resolver un problema es que el proceso incluye su propia recompensa: la sensación de realización y orgullo por haber resuelto satisfactoriamente la situación Con cada problema resuelto se conquista una cuota de capacidad que fortalece aún más la autoestima. Los padres pueden transmitir a sus hijos una visión más amplia de esta cuestión: «Cada vez que abordes un desafío en la vida, sin darte por vencido ni salir corriendo, mejorarás tu manejo de las situaciones y tu concepto de ti mismo».


Carl Pickhardt, Ph. D

Lo que los demás piensen de ti, refleja quiénes son ellos

 

Todos somos mundos diferentes en nuestras mentes, todos llevamos un contenido particular cargado de vivencias, de recuerdos, de prejuicios, de «realidades»… y es a partir de ellas que emitimos juicios de las acciones de las otras personas.

Cuando cualquier persona critica, lo que está haciendo es, sin tratar de entender, mucho menos ser empático, evaluar desde su banco de información lo que a su juicio debe hacerse de una manera diferente.

Ser espectadores de alguna situación, nos coloca en una situación privilegiada, inclusive para nuestro crecimiento, pero si se quiere opinar, se deben dejar los prejuicios, las ideas preconcebidas y las malas intenciones a un lado y ser, en caso de que sea extremadamente necesaria nuestra opinión, lo más objetivos posible.

«Uno está tan expuesto a la crítica como a la gripe».

FRIEDRICH DÜRRENMATT 

Se critica aquello que no se comprende o no se acepta. Muchas veces nos encontramos criticando algo, creyéndonos con mayor conocimiento del tema, con mayor experiencia, creyéndonos dueños de la verdad y considerando que nuestra manera de hacer las cosas es la mejor.

El no tomarnos el tiempo necesario para comprender una situación, para entender los detonantes, para evaluar los porqués, hace más factible que mostremos inconformidad a través de la crítica. Debemos aceptar e incluso validar en nuestro interior aquello que criticamos.

Cuando nos vemos expuestos a la crítica, lo mejor que podemos hacer es simplemente ser comprensivos con quien emite el juicio, el cual habla más de él que de nosotros, podemos tomarnos un tiempo para validar y decidir si hay algo que podamos rescatar o aprovechar de esa crítica, pero dándole la justa importancia que merece, algunas veces es: ninguna.

Todo el mundo opina de acuerdo a su creencia… eso nos da la oportunidad de saber que toda crítica depende exclusivamente de la visión de quien la emite. Éstas algunas veces inclusive son las que nos hacen abrir los ojos y darnos cuenta de que existen mejores maneras de abordar una situación o llevar a cabo cualquier acción.

Adicional a las opiniones de terceros, que siempre existirán, debemos cuidarnos de manera especial de la autocrítica que está completamente vinculada a la poca aceptación que tenemos de nosotros mismos.

Debemos ser para nosotros los principales cuidadores, protectores y defensores, no podemos jugar el rol destructivo de enemigo, cuestionando lo que hacemos, dudando de nuestras capacidades, pensando que siempre habrá una manera de hacer las cosas mejor que la que decidimos o que siempre tomaremos el peor de los caminos. Existen personas exitosísimas desde una evaluación general, pero tienen un pobre concepto de sí mismas que no les permite explotar su potencial y menos ser felices, siempre saboteando cada uno de sus logros.

Definitivamente la actitud con la que afrontemos la vida marcará la diferencia más que cualquier otra cosa. Seamos más empáticos, menos críticos, demos mayor libertad a que las personas vivan su vida a su manera. Pongámonos inclusive en los zapatos de quien nos critica y tratemos de entender sus puntos, utilizando toda información siempre para nuestro crecimiento.


Sara Tibet | RinconDelTibet.Com

Amigo

Amigo, trátame con pureza:

  • No me catalogues, no soy un objeto.
  • No me etiquetes, no soy mercadería.
  • No me juzgues, no soy tu reo.
  • No me acuses, no eres mi fiscal.
  • No me condenes, no eres mi juez.
  • No me enmarques, no soy un espejo ni un cuadro.
  • No me definas, soy un misterio.
  • No me minimices, soy más complejo de lo que crees.
  • No me divulgues, no soy un producto o una cosa.
  • No me vulgarices, soy alguien muy especial.
  • No me apuntes, no soy un blanco de tiro.
  • No me idolatres, no soy un ídolo.
  • No me calumnies, tengo el derecho a la verdad de los hechos.
  • No me difames, tengo el derecho de ser quien soy.
  • No me esquematices, soy más libre de lo que te imaginas.
  • No creas demasiado en mí, soy falible.
  • No dudes siempre de mí, soy más verdad que error.

Recuerda que:

  • Soy gente como tú.
  • Soy humano como tú.
  • Soy limitado como tú.
  • Soy hijo de Dios como lo eres tú.

Trátame como gente y como hermano y serás para mí aquello que no lograste ver en mi persona: ¡Un amigo de verdad!

¿Has visto y tratado a los demás respetando su libertad que tienen de ser ellos mismos? ¿Te encanta que tus amigos te envuelvan y manipulen tu vida? ¿Has conocido experiencias donde se manipule la amistad?


  • Grimaldo Salazar, Leonel | «Una y Otra Vez».

Te quiero tal como eres

Cuenta Anthony de Mello una fábula que me gustaría comentar a mis lectores. Dice así:

«Durante años fui un neurótico. Era un ser oprimido y egoísta. Y todo el mundo insistía en decirme que cambiara. Y no dejaban de recordarme lo neurótico que era. Y yo me ofendía, aunque estaba de acuerdo con ellos, y deseaba cambiar, pero no me convencía la necesidad de hacerlo por mucho que lo intentara.

Lo peor era que mi mejor amigo tampoco dejaba de recordarme lo neurótico que yo estaba. Y también insistía en la necesidad de que yo cambiara. Y también con él estaba de acuerdo, aunque tampoco podía ofenderme con él. De manera que me sentía impotente y como atrapado.

Pero un día mi amigo me dijo: “No cambies. Sigue siendo tal y como eres. En realidad, no importa que cambies o dejes de cambiar. Yo te quiero tal como eres y no puedo dejar de quererte”.

Aquellas palabras sonaron en mis oídos como una música: “No cambies, no cambies, te quiero”. Entonces me tranquilicé. Y me sentí vivo. Y, ¡oh maravilla!, cambié».

Supongo que habrá algunos lectores que no estén del todo de acuerdo con esta fábula y que hubieran preferido que el consejo de mi amigo fuera un poco diferente: «Harías bien en tratar de cambiar por tu propio bien, pero lo importante es que sepas que yo te quiero como eres o como puedes llegar a ser.» Pero lo que me parece claro es que, en todo caso, lo sustancial de la fábula pie: nadie es capaz de cambiar si no se siente querido, si no experimenta una razón «positiva» para cambiar, si no tiene a interior suficiente para subirse por encima de sus fallos.

Temo que esta elemental norma pedagógica y humana sea desconocida por muchísimas personas. Tal vez por eso el primer consejo yo doy siempre a los padres que me cuentan problemas de sus hijos sea éste: De momento, quiérele, quiérele ahora más que nunca. No le eches en cara sus defectos, que él ya conoce. Quiérele, confía en él. Hazle comprender que le quieres y le querrás siempre, con defectos o sin ellos. Él debe estar que, haga lo que haga, no perderá tu amor. Eso, lejos de empujarle al mal, le dará fuerza para sentirse hombre. Con reproches lo más probable es que multipliques su amargura y le hagas encastillarse en sus defectos, aunque sólo sea propio. Él debe conocer que esos fallos suyos te hacen sufrir. Pero debe saber también que tú le amas lo suficiente como para sufrir por él todo lo que sea necesario.

Y nunca le pases factura por ese amor. Tú lo haces porque es tu deber, porque eres padre o madre, no como un gesto de magnanimidad. Y cuando te canses – porque también te cansarás de perdonar por mucho que le quieras -, acuérdate alguna vez de que también Dios nos quiere como somos y tiene con nosotros mucha más paciencia que nosotros con los nuestros.

Pero, ¿y si la técnica del amor termina fallando porque también la ingratitud es parte de la condición humana? Al menos habremos cumplido con nuestro deber y habremos aportado lo mejor de nosotros. En todo caso, es seguro que un poco de amor vale mucho más que mil reproches.


José L. Martín Descalzo

Amistad maravillosa

amigas

Si tienes un amigo, has merecido un don divino.

La amistad leal, sincera, desinteresada, es la verdadera comunión de las almas. Es más fuerte que el amor, porque éste suele ser celoso, egoísta y vulnerable. La verdadera amistad perdura y se fortalece a través del tiempo y la distancia.

No se necesita ver frecuentemente al amigo para que la amistad perdure; basta saber que éste responderá cuando sea necesario, con un acto de afecto, de comprensión y aun de sacrificio.

La amistad no se conquista, no se impone; se cultiva como una flor; se abona con pequeños detalles de cortesía, de ternura y de lealtad; se riega con las aguas vivas del desinterés y del cariño silencioso. No importan las distancias, los niveles sociales, los años o las culturas. La amistad lo borra todo.

El recuerdo del amigo lejano, del amigo de la niñez o de la juventud, produce la íntima alegría de habernos conocido. Nuestra vida se enriqueció con su contacto, por breve que haya sido.

La felicidad del amigo nos da felicidad. Sus penas se vuelven nuestras porque hay un maravilloso lazo invisible que une a los amigos. La amistad es bella sobre toda ponderación.

¡Para el que tiene un amigo, no existe la soledad!


Anónimo

Busca lo bueno que el día te ofrece

Cuando llegue la aurora y con ella comience un nuevo día, busca un momento de paz para entrar en contacto con tu alma.

Profundiza en ti mismo, hasta donde ella mora y escúchala. Capta su vibración, la más bella melodía que interpreta el alma.

Allí en lo profundo de ti mismo sólo existen: Voluntad… Amor… y Sabiduría.

Allí sólo encontrarás lo bueno y lo perfecto, y eso es lo que eres en esencia. Toma lo mejor de lo que allí palpita, lo mejor de ti mismo y vuelve para empezar con ello un nuevo día. Entonces serán buenos los frutos que trae cada día pues llevarán la savia pura de tu mejor esencia.

Por eso, busca en cada día la esencia buena que atesora tu espíritu, ahí en lo más profundo de ti mismo, y sazona con ella tus frutos, y vive cada día como el mejor de tu vida. Concentra todas tus energías en vivir intensamente esas pocas horas que tienes por delante, desde la aurora que te despierta hasta el descanso reparador de la noche.

Olvida el ayer y deja el mañana para cuando llegue su momento. Olvida tus errores, pero ten presente la experiencia que de ellos surjan.

Y si vas a recordar, recuerda sólo cosas buenas, es de necios llevar a cuestas la carga de ayer. Vive plenamente este día, porque el hoy es un don maravilloso que tienes, y porque la vida es un eterno presente.

Sonríe cada mañana porque Dios se ha despertado antes que tú y ha colgado el sol en tu ventana.


Lily Medina

Piensa y agradece

¿No crees que sería bueno hacer un inventario de los bienes que has recibido para así vivir con mayor alegría y optimismo? ¿Por qué llorar mientras voy andando, si otros ríen y no tienen pies? ¿Por qué vivir pensando en el 10% de las cosas que nos hacen sufrir, y no recordar el 90% de las cosas que nos suceden bien?

En tu cerebro tienes 13 millones de neuronas trabajando tan sabiamente a tu favor, que, si las quisieras reemplazar por la máquina computadora más perfecta del mundo, esa máquina electrónica ocuparía el sitio de un edificio de setenta pisos de alto.

Tienes un corazón que es una maravilla de la naturaleza. Bombea hora tras hora, 36 millones de latidos al año, año tras año, despierto o dormido, impulsando la sangre a través de 100 mil kilómetros de venas y arterias, que llevan más de 2 millones de litros de sangre al año.

Te puedes mover, no eres un árbol amarrado a una pequeña porción de la tierra. Puedes pasear, correr, bailar y hacer deporte. Para ello tienes 500 músculos, 200 huesos y 7,000 nervios, sincronizados para obedecerte y llevarte a donde quieras.

En tus oídos hay 24 mil millones de filamentos que vibran con el viento, con el reír de los niños, con la suave música de las orquestas, con el trepidar de las aguas espumantes y al escuchar las palabras amables de las personas que estimas. Tus pulmones son los mejores filtros del mundo. A través de 600 millones de alvéolos purifican el aire que reciben y libran a tu cuerpo de desperdicios dañinos.

En tus ojos, Dios ha depositado 100 millones de receptores que te permiten gozar de la magia de los colores, de la luz, de la simpatía de las personas y de la majestad de la naturaleza.

Tu sangre es un formidable tesoro. Son apenas 4 litros, pero allí hay 22 millones de células sanguíneas, y en cada célula hay muchas moléculas y en cada molécula hay un átomo que oscila más de 10 millones de veces por segundo.

Cada día mueren 2 millones de tus células y son reemplazadas por 2 millones más, en una resurrección que ha continuado desde el día en que naciste. En tu cerebro hay 4 millones de estructuras sensibles al dolor, 500 mil detectores táctiles, y 200 mil detectores de temperatura…

Ahora pregúntate:

¿Crees que no vale la pena tu vida?

Lo triste es que dedicamos mucho tiempo pensando en lo que nos hace falta y casi nunca nos detenemos a recordar y agradecer lo muchísimo bueno que poseemos.

No sólo con respecto a tu cuerpo, aplícalo también a los dones que posees, la familia que te ha tocado, las amistades de las cuales eres dichoso de poseer, las comodidades que disfrutas y hasta las oportunidades que se te han presentado. ¡No veas sólo lo que te hace falta, agradece lo que ya tienes!

Has cuenta de tus bienes, y de tus alegrías también. No pierdas tiempo haciendo cuentas de tus males.

Colecciona pensamientos alegres y optimistas, y no se te olvide alejar de tu mente esos cuervos asquerosos llamados «pensamientos pesimistas» y «recuerdos tristes».


Anónimo