Para después de la luna de miel

Hay que aprender a turnarse el mal humor.

Nunca se disgusten los dos a la vez. Si los dos pierden el control, entonces sí están al borde de la tragedia. El piloto y el copiloto no pueden salir al mismo tiempo de la cabina de control. Alguien tiene que llevar el mando.

No se griten nunca.

La única excepción es si la casa se está quemando. Todo ruido desagradable es nocivo en el hogar. Pero si el ruido se hace con la lengua, y en ese momento ésta es de fuego, eso es una bomba atómica. Y la única bomba que puede existir en una casa es la de los niños, para inflar la llanta de su bicicleta.

Complázcanse mutuamente, siempre que no haya una razón de mucho peso.

Si alguno se niega a los deseos del otro, que siempre exista esa razón. Pero esto tienen que hacerlo de mutuo acuerdo. Así ninguno de los dos será el consentido, y ninguno de los dos se convertirá en protector.

Cuando haya una oportunidad de lucirse, por ejemplo en la conversación, procuren que el lucido sea el otro.

Es un pequeño detalle que la mayor parte de las veces no cuesta nada, pero se agradece mucho. Cuando esto se ha convertido en costumbre, crea un ambiente de agrado continuo, ya que nada agradecemos tanto como el que se reconozcan nuestros valores.

Dejen atrás, sin miedo y sin reservas, su antigua vida de solteros.

No van a perder su individualidad ni su valor personal, sino que van a crecer constantemente en el amor, si realizan todas las actividades posibles como pareja. En el matrimonio, uno más uno es más que dos. Sus pasatiempos, sus amigos y familias, y aun su religión, no deben ser causa de separación, sino oportunidades para unirse más que nunca.

El hogar con fe y feliz es un hogar abierto.

Ustedes necesitan, por supuesto, su privacidad, pero no deben encerrarse en sí mismos. Especialmente los necesitados y los pobres deben sentirse bienvenidos, cómodos y respaldados en la casa de ustedes. A aquellos que comparten con alegría lo que tienen, nunca les falta lo necesario.

Nunca renueven el pasado ni la conducta errada, ni la discusión ni la falta que ya pasó y que ahora no existe.

Para ustedes dos, sólo existe el momento y el futuro inmediato, nada más. No existe el pasado ni el futuro lejano. Remover el pasado, sobre todo, es crear situaciones difíciles, sin necesidad.

Que nunca termine un día sin un regalo.

Este regalo puede ser, bien un cumplido, una ternura, una alabanza por algo que se hizo bien, una promesa, en fin, tantas cosas… pero siempre, al retirarse a la alcoba, que haya una sonrisa en la cara de ambos. Mas no esperes nunca el regalo. Dalo tú primero.

No hagan un hábito del beso, sobre todo del beso matinal y del que se espera al llegar a casa.

Que siempre haya calor en el beso, aunque ya no haya llamaradas. Este calor seco, caliente y limpio, es el mejor signo de eternidad en el amor.

Sería imposible pedir que no haya discusiones, pero no se pierdan el placer de la reconciliación.

Nunca vayan a acostarse si tienen una discusión pendiente. No tengan miedo a las discusiones, siempre que éstas, pasada una media hora, terminen en un beso.

De esta forma su hogar tendrá vida. El hogar donde no se debate y donde no se piden excusas es un muerto sin enterrar. Pero no se olviden que, en toda discusión el que menos razón tiene es el que más habla.


Anónimo

El tiempo es la mejor expresión del amor

Es posible evaluar la importancia que le asignamos a algo considerando el tiempo que estamos dispuestos a dedicarle. Cuanto más tiempo le dedicamos a algo, más evidente resulta la relevancia y el valor que tiene para nosotros. Si quieres conocer las prioridades de una persona, fíjate en cómo usa el tiempo.

El tiempo es el regalo más preciado que tenemos porque es limitado. Podemos producir más dinero, pero no más tiempo. Cuando le dedicamos tiempo a una persona, le estamos entregando una porción de nuestra vida que nunca podremos recuperar. Nuestro tiempo es nuestra vida. El mejor regalo que le puedes dar a alguien es tu tiempo.

No es suficiente decir que las relaciones son importantes; debemos demostrarlo en acciones, invirtiendo tiempo en ellas. Las palabras por sí solas nada valen: Amigos míos, no solamente debemos decir que amamos, sino que debemos demostrarlo por medio de lo que hacemos.

Las relaciones exigen tiempo y esfuerzo. Amor se deletrea así: T – I – E – M – P – O.

La esencia del amor no es lo que pensamos o hacemos o aportamos a los demás, antes bien, es cuánto entregamos de nosotros mismos. A los hombres, en particular, les cuesta entender esto. Muchos me han dicho: «No puedo entender a mi esposa ni a mis hijos. Les proveo todo lo que necesitan. ¿Qué más quieren?» ¡Te quieren a ti! Quieren tus ojos, tus oídos, tu tiempo, tu atención, tu presencia, tu interés: tu tiempo. No hay nada que pueda suplir eso.

El mejor regalo de amor no son los diamantes ni las rosas ni los dulces. Es brindar tu concentración. El amor se concentra tanto en otra persona que por un instante uno se olvida quién es. La atención dice: «Te valoro tanto que te entrego mi bien más valioso: mi tiempo». Siempre que dediques de tu tiempo, estarás haciendo un sacrificio, y el sacrificio es la esencia del amor.

Es posible dar sin amar, pero no se puede amar sin dar. Amar es entregarse: dejar de lado mis preferencias, comodidad, objetivos personales, seguridad, dinero, energía y tiempo para el beneficio de otra persona.

Los que ven el árbol

Pobres son los que sólo ven el árbol cuando tiene manzanas. La verdad necesita pocas cosas y pocas palabras, como el amor. Para los corazones pequeños todas las penas son grandes. Nada como verse hermoso en el espejo de la conciencia. La curiosidad encuentra más cosas que la costumbre. En la tranquilidad que continúa. A la oración comienza la respuesta de Dios.

La conciencia es la presencia de Dios en cada hombre, por eso es desdichado el que no la escucha. Cuando el corazón llora sobre lo perdido, el espíritu ríe sobre lo encontrado. El sufrimiento nos hace piadosos, valientes y humildes, entonces es un maestro, no un castigo. Dios no abandona a sus hijos, te puede faltar el marido de tu madre, pero tu Padre jamás, por eso es una infamia decir que hay huérfanos.

No hay nada más espléndido que ser un hombre verdadero ni ciencia más importante que saber vivir. No hay que ser pobre para alegrar a Dios porque Él no tiene problemas sociales, por eso el sol y la lluvia son para todos.

Dios te quiere feliz, y para ser feliz hay que hacer lo que uno ama, y el amor te acerca a todo porque el amor es valiente (el amor es la antítesis del miedo). Para vivir mejor hay que ser mejor, nadie puede hacerlo por ti (si cada uno cuidara su árbol, el bosque sería maravilloso).

El maestro baja al discípulo cuando el discípulo está preparado para recibir al maestro. El que no está dispuesto a perderlo todo, no está preparado para ganar nada. La vida es abundancia porque Dios es abundancia, entonces la pobreza no es una virtud, salvo que favorezca tu libertad.

Goza las cosas, pero no te encadenes a ellas porque cuando llegue la hora de la mudanza que algunos llaman muerte, el campesino tendrá que dejar el arado, el carpintero el martillo, el soldado el fusil, entonces ¿para qué preocuparse por las cosas que tendremos que dejar aquí?

No escuches el mal, no digas el mal y no harás el mal. El bien se alimenta de sí mismo y el mal se destruye a sí mismo (el tumor te mata, pero muere contigo). Una bomba hace más ruido que una caricia, pero por cada bomba que destruye hay millones de caricias que construyen la vida.

Si los malos supieran qué buen negocio es ser bueno, serían buenos, aunque sea por negocio. El día del Juicio Final, el Señor no nos juzgará uno por uno sino el promedio, entonces estamos salvados porque la mayoría es buena gente.


Facundo Cabral

Cuidado con los pensamientos negativos

Protégete de los mensajes negativos que llegan a tu mente y a tus sentidos.

He leído sobre el secreto del éxito en muchos libros y lo he oído de labios de grandes triunfadores. Este puede resumirse así: Te convertirás en aquello en lo que piensas constantemente.

Los pensamientos que guardas en tu mente moldean la persona en la cual te convertirás, influyen en tus decisiones a corto y largo plazo y en tus determinaciones diarias. Es así de simple. Es tan simple que es inconcebible, que muchos de nosotros no lo descubramos nunca. Todo lo que entra a tu mente a través de los sentidos, ya sea de manera consciente o inconsciente, queda grabado en ella para siempre.

Toda acción está precedida por un pensamiento y todo pensamiento es el resultado de aquello que entra y encuentra cabida en nuestra mente. Por esta razón, si logramos controlar aquello que entra a nuestras mentes, ya sea a través de lo que leemos, lo que escuchamos a través de la radio, o lo que vemos en la televisión, podremos controlar nuestros pensamientos y por ende, nuestras acciones.

¿Por qué la mayoría de las personas no controla lo que entra en sus mentes? La respuesta tal vez radica, por lo menos en parte, en el hecho de no ser totalmente conscientes del poder que nuestros pensamientos pueden ejercer sobre nuestras acciones.

Un pensamiento no equivale a más de una décima de voltio de electricidad. Sin embargo, esta décima de voltio de electricidad ejerce una gran influencia en nuestras emociones y en nuestras acciones.


Camilo Cruz

¡Anímate a ser mejor!

Si todos nosotros, antes de tomar una decisión, de emitir un juicio, de hacer una promesa, nos tomáramos unos minutos para meditar acerca de lo que vamos a hacer, seguramente las cosas marcharían mejor. Porque cuando prometemos algo, es necesario tener la certeza de que vamos a poder cumplir.

Cuando opinemos sobre alguna cosa, que nuestra opinión refleje algo acerca de lo cual estemos convencidos. Recordemos que nuestras opiniones, un poco, nos reflejan a nosotros. Y cuando tomemos una decisión, que la misma sea lo más acertada posible y que nunca lastime a los demás.

La gente valora las personas estables, con carácter parejo, y con patrones de conducta definidos, y se desconcierta ante quien hoy los acaricia y mañana los golpea. Pero creo que las relaciones humanas serían mucho más armoniosas si todos respetáramos la siguiente premisa: No actuar frente a los demás como no nos gustaría que actuaran con nosotros mismos.

Si antes de expresarnos, de una u otra forma, ante los demás, nos pusiéramos en el lugar del otro y evaluáramos cómo nos sentiríamos si fuéramos los verdaderos receptores, con toda seguridad no existirían los insultos, las palabras hirientes, los gestos despectivos… ¿Por qué no ponemos en práctica esos cinco minutos de reflexión?…

Dale… anímate a ser mejor…


Graciela de Filippis

Sé feliz

Muchas personas no saben esto, pero «ser feliz sólo depende de ti» y de nadie ni de nada más.

Si relegamos nuestra felicidad a los demás o a los acontecimientos que nos sucedan sólo podremos ser felices cuando los demás lo deseen y cuando los acontecimientos surjan como los deseamos. Serán los demás y nuestro alrededor los que tengan el poder de decidir sobre nuestra felicidad, siendo pocos los momentos en los que podremos gozar de ella.

Sin embargo, cuando la felicidad tan sólo depende de nosotros mismos y de nada ni nadie más, todo cambia, pues podremos ser felices siempre que así lo deseemos nosotros. Y en realidad eso es la verdadera felicidad.

Cuando la felicidad sólo depende de nosotros y deja de ser la consecuencia de determinados sucesos, es cuando se es verdaderamente feliz.

La verdadera felicidad consiste en ser feliz con todo y a pesar de todo, no sólo en los buenos momentos sino también en los malos.

La verdadera felicidad no es un estado de ánimo, sino que es una actitud personal, es ser consciente de que la tristeza y el sufrimiento no nos aportan nada bueno y que por ello debemos reducirlos a los momentos estrictamente necesarios (muy pocos) y aprovechar el máximo tiempo posible en ser felices.

Para ser feliz tan sólo hace falta que tomes la firme decisión de querer serlo y comprometerte con esa decisión. Así que, sé feliz.

«Existen maravillas en todo, aún en la oscuridad y el silencio, y aprendo a estar satisfecho en cualquier estado en que me encuentre».

HELEN KELLER 


Javier Morán Serrano

Disfrutar el presente depende de ti

El ex-presidente de una famosa marca de refrescos, Bryan Dyson, hablando sobre la relación entre el trabajo y otros compromisos decía:

«Imaginen la vida como un juego en el que ustedes hacen malabarismos con cinco bolas que arrojan al aire: el trabajo, la familia, la salud, los amigos y el espíritu. De pronto se darán cuenta de que el trabajo es una bola de goma, si se cae, rebota.

Pero las otras cuatro bolas: familia, salud, amigos y espíritu, son de vidrio. Si se deja caer una de esas, va a quedar irrevocablemente dañada, rayada, rajada o rota. Nunca volverán a ser las mismas. Compréndanlo y busquen el equilibrio en la vida.

¿Cómo?

  • No disminuyan su propio valor comparándose con otros. Es porque somos diferentes que cada uno de nosotros es especial.
  • No fijen sus objetivos en razón de lo que otros consideran importante. Sólo ustedes están en condiciones de elegir lo que es mejor para ustedes.
  • No den por supuesto las cosas más queridas por su corazón. Apéguense a ellas como a la vida misma, porque sin ellas la vida carece de sentido.
  • No dejen que la vida se les escurra entre los dedos por vivir en el pasado o para el futuro.
  • No abandonen cuando todavía son capaces de un esfuerzo más. Nada termina hasta el momento en que uno deja de intentar.
  • No teman admitir que no son perfectos, ese es el frágil hilo que nos mantiene unidos.
  • No teman enfrentar riesgos, es corriendo riesgos que aprendemos a ser valientes.
  • No excluyan de sus vidas el amor diciendo que no lo pueden encontrar. La mejor forma de recibir amor es darlo. La forma más rápida de quedarse sin amor es aferrarlo demasiado. Y la mejor forma de mantener el amor es darle alas.
  • No corran tanto por la vida, que lleguen a olvidar no sólo donde han estado, sino también a dónde van.
  • No olviden que la mayor necesidad emocional de una persona es la de sentirse apreciado.
  • No teman aprender, el conocimiento es liviano, es un tesoro que se lleva fácilmente.
  • No usen imprudentemente el tiempo o las palabras, no se pueden recuperar.

La vida no es una carrera, sino un viaje que debe ser disfrutado a cada paso. El ayer es historia, el mañana es misterio y el Hoy es un regalo: por esa razón se llama «presente».

¡El cómo disfrutes el presente depende de ti! Suerte en la vida y en todo lo que hagas».

Un amor menor

A veces, nos pasamos la vida pendientes de otras personas.

Atentos a su más leve súplica o gemido. Colmando sus pequeñas exigencias, arañando al mundo para cumplir sus deseos.

Y no sólo para que sean felices y se sientan bien, sino para complacerlas y hacer que nos miren… que nos vean.

Lo podemos hacer llegar al extremo, al exceso… sobrecargarnos de la necesidad de existir a través de sus ojos y aceptar sus miradas como las únicas válidas.

Cedemos el primer día un minuto de nuestro tiempo y despertamos años más tarde con siglos perdidos de caricias, de respuestas, buscando aprobación y suplicando un cariño que no es tal porque lo hemos dado a cambio de nada… y esa persona ha creído que era gratuito, que no merecía canje.

Vendemos nuestra ilusión, nuestras ganas y nuestras inquietudes tan baratas que parece que no merezcan la pena.

Y ese reloj que corre para indicarnos los momentos regalados a cambio de indiferencia nos recuerda que lo único que conseguiremos de esa maniobra tremenda que es el borrarse a uno mismo es un «casi amor».

Unas migajas de amor que siquiera llegan juntas y el mismo día, están dispersas en el tiempo y el espacio, no cunden… no juntan un puñado de buenos momentos, saben a lágrimas y son bocados entrecortados para alguien hambriento que merece saciarse porque sacia mucho, porque se da por entero y recibe una especie de sucedáneo.

Un placebo que procura algunos instantes de euforia porque se parece al cariño, al respeto, a la compañía, pero que es exigencia, cierta tiranía y pura necesidad. Y no nos queda ni el consuelo de echar culpas. No existen las culpas. La responsabilidad es nuestra, toda. Nosotros cruzamos líneas y toleramos despechos. Subimos montañas imposibles y bajamos a lo más ínfimo por decisión propia. Somos lo que hemos consentido ser.


Mercè Roura

Saber esperar

«El que esperar puede, alcanza lo que quiere».

Sirva esta frase para hacernos pensar acerca del momento en el que nos pasan las cosas. Las cosas ocurren cuando tienen que ocurrir. Grandes debates me han acompañado sobre la causalidad y la casualidad, sobre la relación causa-efecto de todo lo que pasa o el azaroso proceder de una vida sin rumbo determinado. Es posible que todo tenga una relación entre sí y que el mero desconocimiento de la relación causal sea lo que llamamos suerte, o es posible también que nuestras vidas dependan de una «estrella» que nos acompañe (o no) en nuestro devenir fáctico, pero de lo que no tengo duda, es de la importancia de saber esperar. Hoy en día nos dejamos llevar por una «mentalidad de tarjeta de crédito», es decir, lo quiero todo ya y luego ya veremos cómo lo argumento, cómo lo justifico, qué utilidad le saco, y muchas veces entramos en una vorágine de consumo de experiencias que no somos capaces de madurar y nos producen bloqueos vitales que acaban en una fuente de estrés importante.

Las cosas llevan su tiempo. No es fácil conseguir un objetivo, todo requiere de tiempo, de habilidad, de destreza, de delicadeza, de lucidez… hay que saber esperar el mejor momento para conseguir lo que se quiere, hay que entender el ritmo propio de la vida personal y de las personas que nos rodean, tenemos que leernos a nosotros mismos, leer nuestras intenciones, nuestras tentaciones, nuestras ilusiones, nuestras utopías… El que sabe esperar, entiende que las cosas cuestan de conseguir, entiende que la paciencia es una virtud que ayuda en el tiempo de incertidumbre, el que sabe esperar escucha el pálpito de una vida que lleva sus ritmos y que marcan una melodía y somos nosotros los que nos adoptamos a ella. Por eso el que sabe esperar, el que puede esperar, alcanza lo que quiere, consigue el objetivo pretendido, es capaz de descifrar el ritmo vital que acopla nuestro palpitar, con la melodía de la vida. No es fácil saber cuándo hablar, saber cuándo callar, saber cuándo actuar o saber cuándo escuchar, no es fácil saber cuándo proponer, o cuando simplemente disponer. Tendemos a hacer, a producir, y muchas veces no sabemos por qué. Tenemos que aprender a esperar, a proveer, a intuir, a programar, a planificar, a revisar, y finalmente a convencernos para actuar, porque las cosas llegan…y pasan, pero hay que saber cuándo debemos hacerlo.

Saber esperar es un paso más en el conocimiento personal.


Javier Bailén | SirvaPara.Wordpress.Com

Semilla somos

En el silencio de mi reflexión percibo todo mi mundo interno como si fuera una semilla, de alguna manera pequeña e insignificante pero también pletórica de potencialidades.

… Y veo en sus entrañas el germen de un árbol magnífico, el árbol de mi propia vida en proceso de desarrollo.

En su pequeñez, cada semilla contiene el espíritu del árbol que será después. Cada semilla sabe cómo transformarse en árbol, cayendo en tierra fértil, absorbiendo los jugos que la alimentan, expandiendo las ramas y el follaje, llenándose de flores y de frutos, para poder dar lo que tienen que dar.

Cada semilla sabe cómo llegar a ser árbol. Y tantas son las semillas como son los sueños secretos.

Dentro de nosotros, innumerables sueños esperan el tiempo de germinar, echar raíces y darse a luz, morir como semillas… para convertirse en árboles.

Árboles magníficos y orgullosos que a su vez nos digan, en su solidez, que oigamos nuestra voz interior, que escuchemos la sabiduría de nuestros sueños semilla.

Ellos, los sueños, indican el camino con símbolos y señales de toda clase, en cada hecho, en cada momento, entre las cosas y entre las personas, en los dolores y en los placeres, en los triunfos y en los fracasos.

Lo soñado nos enseña, dormidos o despiertos, a vernos, a escucharnos, a darnos cuenta. Nos muestra el rumbo en presentimientos huidizos o en relámpagos de lucidez enceguecedora.

Y así crecemos, nos desarrollamos, evolucionamos…

Y un día, mientras transitamos este eterno presente que llamamos vida, las semillas de nuestros sueños se transformarán en árboles, y desplegarán sus ramas que, como alas gigantescas, cruzarán el cielo, uniendo en un solo trazo nuestro pasado y nuestro futuro.

Nada hay que temer,… una sabiduría interior las acompaña… porque cada semilla sabe…. cómo llegar a ser árbol…


Jorge Bucay

Reflexiones sobre la sabiduría

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La sabiduría cuyas raíces viven en el campo del silencio y de la meditación, es el silencio elocuente en el corazón y no en el discurso bullicioso de la mente; de día llama al hombre con persistencia y él no la oye porque está ocupado en duplicar sus ganancias; de noche grita al oído del alma, y está no la escucha porque está soñando en el fruto del trabajo.

Todo corazón es el libro que encierra los misterios de los días y los arcanos de las noches; pero los ojos no saben ni pueden leer sus jeroglíficos.

Hay palabras silenciosas y sentidas que no pueden ser leídas por los ojos vidriosos que contemplan deslumbrados la luz solar. Pretender sacar a la luz del sol la sabiduría del corazón es intentar abrir los ojos del topo para que lea los libros a la luz del sol.

El sabio no arrastra a nadie a la sabiduría, sino más bien, exterioriza su amor, su fe y su esperanza en ella. Vive la luz del saber para alumbrar al caminante y se convierte en ejemplo viviente, hace lo que se debe y aplica con razón lo que es justo. Vive en el silencio y cuando habla procede como la naturaleza, todo lo fecunda y lo transforma.

Por lo que la sabiduría es la joya que debe ser conservada en el arca del silencio y contemplada con los ojos de la meditación; siendo la luz del corazón que ilumina al cerebro y hace al hombre dueño de los demás, él los ve, pero los demás no ven en él más que luz.


Raquel Todd

Los beneficios y desafíos de la comunicación

Comunicar lo que pensamos es una de nuestras necesidades más básicas y puede traernos grandes beneficios. Pero por otro lado, también puede generar desafíos muy complicados. ¿Cómo podemos mejorar nuestras habilidades comunicativas?

Una de las necesidades más fundamentales del ser humano es comunicarse. Poco después de nacer, y a veces sólo unos minutos más tarde, el bebé buscará el rostro de papá o mamá para satisfacer su necesidad de establecer lazos con otro ser humano. Puede que se comunique sólo con llanto y balbuceos, ¡pero se está comunicando!

A medida que un niño crece, sus habilidades comunicativas también se van desarrollando; no sólo aprende a expresarse con palabras, sino también a través de variaciones de tono y timbre, y utilizando el lenguaje corporal. Incluso el hecho de callar algo se convierte en una forma de comunicación. Además, quienes reciben la información que comunicamos lo hacen a través del filtro de sus propias emociones y experiencias, ¡complicando el proceso aún más!

George Bernard Shaw una vez dijo que «el mayor problema de la comunicación es la ilusión de que ha sido exitosa». Existen muchísimos factores que pueden obstaculizar el proceso comunicativo. Y es por esto que los malentendidos han causado tantas discusiones, falsas impresiones, ofensas y heridas. Un malentendido puede dañar una amistad, y a veces puede incluso destruirla.

En Colosenses 4:6, el apóstol Pablo nos aconseja: «Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno». ¡Qué talento tan difícil de desarrollar!

Dependencia emocional

«Nos han enseñado a perturbarnos cuando perdemos a alguien. Hemos sido adiestrados para perturbarnos cuando alguien nos rechaza, nos desaprueba, nos abandona, se nos muere. Hemos sido adiestrados para depender emocionalmente de los demás, para no ser capaces de vivir emocionalmente sin ellos».

ANTHONY DE MELLO

La Dependencia Emocional se define como «una necesidad afectiva fuerte que una persona siente hacia otra a lo largo de sus diferentes relaciones». Aunque lo más conocido es la dependencia emocional en cuanto a relaciones de pareja, también existe la dependencia afectiva hacia padres, amigos e hijos.

La Dependencia Emocional sería algo similar a una adicción, pero en vez de necesitar una sustancia, se necesitaría aprobación, afecto, cariño, etc., de determinadas personas.

Cuando somos niños, creamos un vínculo afectivo de dependencia emocional con las personas más cercanas, generalmente nuestros padres, o personas que vivan en la misma casa (por ejemplo, los abuelos). En la adolescencia creamos esos vínculos con amigos y estos vínculos nos ayudan a aprender y a crecer personalmente, y en la edad adulta, además creamos un vínculo especial con nuestra pareja.

El problema aparece cuando este vínculo se convierte en dependencia y nos impide desarrollarnos en la vida como seres independientes y libres; cuando esa dependencia nos lleva a quedarnos en segundo plano en nuestra propia vida, dando más importancia a las necesidades, derechos y comportamientos de otra persona, que a los nuestros. En realidad, lo que se está haciendo es colocar la felicidad en las manos de otros, se busca la felicidad fuera de sí mismos. Eso, sin saberlo, lleva a la infelicidad automáticamente, ya que la única forma de ser felices es buscar esa felicidad en nosotros y en las acciones que elijamos. Los únicos comportamientos en los cuales podemos influir de una manera clara son los nuestros, y esos son los únicos que nos pueden garantizar nuestra felicidad.

Lo que más destaca en las personas con alta dependencia emocional es su miedo a las pérdidas y al rechazo de las personas queridas, en este caso, de la pareja. Tienen miedo a hacer algo que al otro no le guste, y que esa persona decida dejarles o retirarles su amor y su cariño. Así que buscan continuamente complacerle, hacer lo que se supone que el otro quiere o desea. Intentan adivinar qué es lo que gustaría al otro en cada una de sus acciones, con el consiguiente riesgo de equivocarse, ya que por mucho que conozcamos a una persona, no sabemos lo que les pasa por la cabeza en cada uno de los momentos de sus vidas. Si nos ponemos a pensarlo, muchas veces ni siquiera nosotros comprendemos nuestras acciones, así que será difícil controlar cada una de las reacciones del otro. Pero, aun así, estas personas intentan hacerse expertas en adaptarse a las necesidades y deseos que creen que el otro tiene.


Gemma Despierto | ReflexionesDeUnaPsicologa.Com

La fuerza del amor

El núcleo del amor es la fuerza, el valor que mostramos para luchar por lo que amamos, la fortaleza para defender lo que más apreciamos, enfrentar desafíos, superar barreras, derribar obstáculos.

Cuando el amor es auténtico surge con la fuerza de la audacia, el atrevimiento, la osadía que nos lanza a correr riesgos para conquistar lo que amamos; es en esa entrega sin condiciones donde surgen fortalezas donde antes no las había.

El amor nos da el valor de:

  • Luchar por nuestros sueños.
  • Dar la vida por los que llevamos en el corazón.
  • Modificar nuestra propia existencia.
  • Cambiar nuestro ser.
  • Rebasar el límite de nuestras potencialidades.

El amor nos da la fuerza:

  • Para respetar a los seres que amamos.
  • Para sonreír a pesar de las adversidades.
  • De la humildad para pedir perdón.
  • La grandeza de la comprensión.
  • La nobleza de perdonar.

El amor nos da el poder:

  • Para manifestar nuestras emociones.
  • Para alcanzar estrellas.
  • Para convertir nuestros sueños en realidades.
  • Entregar nuestra vida por un ideal.

El amor nos transforma en seres superiores, nos despierta nuestra capacidad de asombro, nos da la sensibilidad de la contemplación, nos impulsa a niveles infinitos, nos da la fuerza para recorrer nuestra vida con un espíritu invencible y nos impulsa a alcanzar lo imposible.

El amor es la fuerza que Dios deposita en el corazón de todos los seres humanos, a cada uno corresponde decidir vivir como un paladín o un cobarde, como un conquistador o un conformista, como un ser excelente o un mediocre, como un ser lleno de luz o quien permanece por siempre en la oscuridad, el amor hace nacer la fuerza para atrevernos a ser auténticos colaboradores en la grandeza de la creación.

Pregúntate: Si de verdad amas, ¿estás luchando con todas tus fuerzas para conquistar lo que deseas?

  • El valor para luchar por tus hijos.
  • Cuidar de tus padres.
  • Hacer feliz a tu pareja.
  • Conceder el perdón a tu enemigo.
  • Pedir humildemente perdón a quien ofendiste.

Pregúntate:

  • ¿Tienes la fuerza para amarte a ti mismo, de convertirte en el ser que estás llamado a ser?
  • ¿Te atreverías a hacer de tu vida una obra magistral digna de las manos que te crearon?
  • ¿Tendrás el valor de ser un auténtico hijo de Dios?
  • ¿Tienes la fuerza del amor?

Día de limpieza

Estaba necesitando hacer una limpieza en mí…

Tirar algunos pensamientos indeseados; lavar algunos tesoros que estaban medio oxidados. Entonces saqué del fondo de las gavetas, recuerdos que no uso y no quiero más. Tiré afuera algunos sueños, algunas ilusiones…

Papeles de regalo que nunca usé, sonrisas que nunca di. Tiré fuera la rabia y el rencor de las flores marchitas que estaban dentro de un libro que nunca leí. Miré mis sonrisas futuras y mis alegrías pretendidas… y las coloqué en un cajoncito, bien ordenaditas.

Quedé sin paciencia… Saqué todo de adentro del armario y lo fui tirando al suelo: pasiones escondidas; deseos reprimidos; palabras horribles que nunca hubiera querido decir; heridas de un amigo; recuerdos de un día triste…

Pero también encontré otras cosas… y muy bellas. Me senté en el suelo, para poder escoger. Un pajarito cantando en mi ventana; aquella luna color de plata; esa puesta de sol… Me fui encantando y distrayendo, mirando cada uno de aquellos recuerdos. Arrojé directo en el tacho de la basura los restos de un amor que me hirió. Tomé las palabras de rabia y de dolor que estaban en el estante de encima, pues casi no las uso, y las tiré fuera en el mismo instante.

Otras cosas que aún me hieren, las coloqué en un cajón para después ver lo que haré con ellas, si las olvido o las envío al basurero. Encontré aquel cajoncito, aquella gaveta en la que uno guarda todo lo que es más importante: el amor, la alegría, las sonrisas, un dedito de fe para los momentos que más necesitamos. Recogí con cariño el amor encontrado; doblé ordenaditos los deseos; coloqué perfume en la esperanza; pasé un pañito en el estante de mis metas y las dejé a la vista para no olvidarlas. Coloqué en los estantes de abajo algunos recuerdos de la infancia; en la gaveta de encima, los de mi juventud, y colgado bien enfrente, puse mi capacidad de amar, y principalmente… la fuerza para Recomenzar.

«Para empezar a cambiar tu vida: Hazlo de inmediato, hazlo de forma extraordinaria. Sin excepciones».

WILLIAM JAMES