El tiempo es la mejor expresión del amor

Es posible evaluar la importancia que le asignamos a algo considerando el tiempo que estamos dispuestos a dedicarle. Cuanto más tiempo le dedicamos a algo, más evidente resulta la relevancia y el valor que tiene para nosotros. Si quieres conocer las prioridades de una persona, fíjate en cómo usa el tiempo.

El tiempo es el regalo más preciado que tenemos porque es limitado. Podemos producir más dinero, pero no más tiempo. Cuando le dedicamos tiempo a una persona, le estamos entregando una porción de nuestra vida que nunca podremos recuperar. Nuestro tiempo es nuestra vida. El mejor regalo que le puedes dar a alguien es tu tiempo.

No es suficiente decir que las relaciones son importantes; debemos demostrarlo en acciones, invirtiendo tiempo en ellas. Las palabras por sí solas nada valen: Amigos míos, no solamente debemos decir que amamos, sino que debemos demostrarlo por medio de lo que hacemos.

Las relaciones exigen tiempo y esfuerzo. Amor se deletrea así: T – I – E – M – P – O.

La esencia del amor no es lo que pensamos o hacemos o aportamos a los demás, antes bien, es cuánto entregamos de nosotros mismos. A los hombres, en particular, les cuesta entender esto. Muchos me han dicho: «No puedo entender a mi esposa ni a mis hijos. Les proveo todo lo que necesitan. ¿Qué más quieren?» ¡Te quieren a ti! Quieren tus ojos, tus oídos, tu tiempo, tu atención, tu presencia, tu interés: tu tiempo. No hay nada que pueda suplir eso.

El mejor regalo de amor no son los diamantes ni las rosas ni los dulces. Es brindar tu concentración. El amor se concentra tanto en otra persona que por un instante uno se olvida quién es. La atención dice: «Te valoro tanto que te entrego mi bien más valioso: mi tiempo». Siempre que dediques de tu tiempo, estarás haciendo un sacrificio, y el sacrificio es la esencia del amor.

Es posible dar sin amar, pero no se puede amar sin dar. Amar es entregarse: dejar de lado mis preferencias, comodidad, objetivos personales, seguridad, dinero, energía y tiempo para el beneficio de otra persona.

Aprende a decir no

Algunas personas no tienen reparos en tratar de convencerte para que hagas lo que ellos quieren, aun cuando a ti te desagrade o lo encuentres inconveniente. Si accedes a sus peticiones, lo más normal es que luego eso te deje resentido, enfadado y con la impresión de que han abusado de ti.

Las excusas raramente surten efecto para escapar de tales situaciones, porque los manipuladores suelen ser expertos en contrarrestar hasta el más hábil de los pretextos. La mejor solución resulta ser la más simple: basta con decir: «¡No quiero hacerlo!»

Decir «No» a esa clase de personas no sólo es la mejor solución, sino que además no tendrás por qué darles ninguna razón para hacerlo. Si ellos no tienen ningún tipo de reparos en tratar de hacerte imposiciones, tú tampoco deberás tener ninguno en negarte a ello.

Idea clave: A menos que algo se encuentre realmente dentro de mis responsabilidades, no tengo la obligación de realizarlo.


Jerry Minchinton

Las leyes fundamentales

Un grupo de sabios judíos se reunió para intentar crear la menor Constitución del mundo. Si alguno de ellos era capaz de definir, en el espacio de tiempo que necesita un hombre para mantenerse en equilibrio con un solo pie, las leyes que deben regir el comportamiento humano, sería considerado el más sabio de todos los sabios.

– Dios castiga a los criminales – dijo uno.

Los otros argumentaron que esto no era una ley, sino una amenaza, y la frase no fue aceptada.

– Dios es amor – comentó otro.

Nuevamente los sabios no aceptaron la frase, diciendo que no aclaraba bien los deberes de la Humanidad. En aquel momento se aproximó el rabino Hillel y, sosteniéndose en un solo pie, dijo:

– No hagas a tu prójimo lo que detestarías que te hicieran a ti. Ésta es la Ley. Todo lo demás es comentario jurídico.

Y el rabino Hillel fue considerado el mayor sabio de su tiempo.


Paulo Coelho

¡Anímate a ser mejor!

Si todos nosotros, antes de tomar una decisión, de emitir un juicio, de hacer una promesa, nos tomáramos unos minutos para meditar acerca de lo que vamos a hacer, seguramente las cosas marcharían mejor. Porque cuando prometemos algo, es necesario tener la certeza de que vamos a poder cumplir.

Cuando opinemos sobre alguna cosa, que nuestra opinión refleje algo acerca de lo cual estemos convencidos. Recordemos que nuestras opiniones, un poco, nos reflejan a nosotros. Y cuando tomemos una decisión, que la misma sea lo más acertada posible y que nunca lastime a los demás.

La gente valora las personas estables, con carácter parejo, y con patrones de conducta definidos, y se desconcierta ante quien hoy los acaricia y mañana los golpea. Pero creo que las relaciones humanas serían mucho más armoniosas si todos respetáramos la siguiente premisa: No actuar frente a los demás como no nos gustaría que actuaran con nosotros mismos.

Si antes de expresarnos, de una u otra forma, ante los demás, nos pusiéramos en el lugar del otro y evaluáramos cómo nos sentiríamos si fuéramos los verdaderos receptores, con toda seguridad no existirían los insultos, las palabras hirientes, los gestos despectivos… ¿Por qué no ponemos en práctica esos cinco minutos de reflexión?…

Dale… anímate a ser mejor…


Graciela de Filippis

Tendamos la mano

El alcohol, la droga y tantas otras cosas son moneda corriente en el mundo en que vivimos, pero más allá de la enfermedad tendríamos que detenernos en los motivos que llevan a esas personas a beber, o a drogarse… Tal vez en lo más íntimo encontramos el secreto.

La soledad, el no sentirse importantes, útiles, necesarios…íntimamente genera un profundo dolor. Algunos logran convivir con ese dolor y otros prefieren escapar, no pensar.

Debemos mirar más allá de nosotros… Debemos tratar de ayudar. Tender la mano de una manera generosa.

Desde nuestros lugares podemos ayudar y rescatar a tantos que están paralizados en medio del camino.

No nos detengamos tanto en nosotros… Tratemos de mirar más allá… Sacrificarnos por los demás nos hace sentir completos y nos motiva a seguir alentando a otros a vivir.

Ayudemos a los demás, sembremos esperanza en aquellos corazones cuyos latidos parecen apagarse día a día ante la desvalorización y ante la falta de oportunidades…

Debemos comprender que el dolor de un ser humano es nuestro dolor como así también su risa es nuestra risa.


Graciela de Filippis

Cuando se perdona pero no se olvida

La discusión había llegado a su momento más álgido y el volumen de las voces se había elevado a tal grado que solamente se escuchaban gritos incoherentes que denotaban enojo y todo tipo de emociones negativas.

De repente, se hizo un silencio absoluto, como si la energía de los dos se hubiera terminado.

Fue entonces cuando la voz de Miriam sonó mientras sus ojos se fijaban como espadas frente a los ojos de su esposo.

Quiero decirte – dijo Miriam -, que no solamente estoy enojada por lo que acaba de pasar, hay muchas cosas que me molestan y me tienen harta.

No sé de qué me estás hablando – respondió él.

Ya vez, lo peor es que la riegas y luego ni siquiera te acuerdas.

¡Espérame!, – dijo él -, ¿a qué te refieres?.

Ese es tu principal problema, que no te acuerdas de lo que no te conviene, pero te voy a refrescar la memoria. ¿Ya se te olvidó el papelito que hiciste cuando te pusiste muy grosero en casa de mis papás…?

¡Óyeme!, pero eso fue el año pasado…

¡Espérame que todavía no acabo! Y el día que quedamos en ir a cenar, y claro… se te olvidó…

Miriam hizo una breve pausa como para tomar aire y casi de inmediato continuó:

Y el día de mi cumpleaños, que ni siquiera te acordaste, tu secretaria te lo tuvo que recordar y llegaste en la tarde con tu regalito, tratando de disimular tu olvido. ¡Ah! Y aquella vez que…

¡Hey! ¡cálmate!, ¿qué te pasa?. De todo eso ya habíamos hablado y en su momento discutimos. Eso ya pasó, ¿por qué lo vuelves a sacar?

Pues por una razón muy sencilla, porque aunque ya te perdoné, ni creas que lo he olvidado.

Cuando se perdona y no se olvida

Hay muchas personas, hombres y mujeres, que tienden a actuar como Miriam.

Hay muchas personas, hombres y mujeres, que en un lugar de su mente han colocado un cajón, en el cual, guardan con doble llave las experiencias negativas, los desengaños y los momentos difíciles o dolorosos que han vivido y en el momento oportuno y ¡zas!, abren el cajón y sacan de él lo necesario para poner en evidencia su condición de víctimas y los argumentos para chantajear a la pareja.

Mantener archivadas las experiencias negativas, conservar las cuentas pendientes con el «ser amado», pone en evidencia la existencia de rencor y resentimiento, sentimientos que «envenenan» cualquier relación humana.

Cuando se guardan resentimientos, cuando se «perdona» pero no se olvida, la relación se envenena y las personas entran en un juego interminable de cobrarse cuentas pendientes, que como resultado hace infelices a todos los involucrados: al que no olvida, porque el simple hecho de estar recordando las cosas negativas le amarga la vida y le impide la felicidad, y al que se le están echando en cara las cuentas pendientes, porque se siente agredido y manipulado cada vez que le presenten una factura de cobro.

Un elemento importante para lograr la felicidad es el saber perdonar.

¿Qué es perdonar?

Perdonar es abrir una válvula de escape para permitir la salida del veneno acumulado por el rencor y el resentimiento.

Cuando una persona perdona, no está ayudando a quien la ofendió, se está ayudando a sí misma, porque se está deshaciendo de los sentimientos negativos y está recuperando el equilibrio y la paz interior.

En toda relación humana se generan problemas y desacuerdos, se producen situaciones que pueden causar molestia y enojo, pero eso no implica que se tengan que quedar cuentas pendientes.

Hay dificultades y malos entendidos, incluso problemas graves de relación, pero si no se perdona, si se guarda rencor, la relación se va a corroer y la infelicidad de ambos va a ser la principal consecuencia.

El perdón no es cuestión de razón.

El perdón en muchas ocasiones aparece como algo «ilógico», hasta cierto punto irracional, pero lograr perdonar y liberarse del rencor tiene su lógica y su metodología.

¿Cómo evitar el círculo vicioso?

Para evitar que esa cadena de resentimientos y agresiones se convierta en algo interminable, es necesario aprender a perdonar, sin condiciones, sincera y generosamente.

Para poder llegar al perdón, cuando se ha sufrido una ofensa, es conveniente tomar en consideración los siguientes puntos:

Aceptar el dolor: Tratar de aparentar que «al cabo no me importa», es echarle tierra al asunto, pero debajo de esa tierra queda el resentimiento. Solamente reconociendo y aceptando el dolor se puede trabajar para eliminarlo de raíz.

Evitar la competencia: En ocasiones se toma la actitud de «si el otro me hizo, yo le hago…» No se trata de ver a quién le va peor, pues esa es una actitud de: «yo pierdo y tú también», que resulta autodestructiva.

Valorar la ganancia, no la pérdida. Perdonar implica recuperar la paz interior, el equilibrio emocional. Al perdonar, la más beneficiada es la persona que otorga el perdón porque se deshace de los sentimientos negativos.

Buscar soluciones, no al culpable: Lo importante al perdonar es encontrar la manera de restablecer la relación y mejorarla, en vez de identificar quién tiene la culpa de que las cosas no marchen bien.

Evitar poner condiciones: Cuando se ponen condiciones, se corre el riesgo de caer en el chantaje. «Te perdono si tú haces esto o aquello». «Cuando vea que cambiaste, entonces te perdonaré». Estos planteamientos implican una compensación o una especie de desquite y mantienen vivas las actitudes negativas.

Regalar en vez de cobrar: El perdón es un regalo, no es una factura que más tarde se va a cobrar. Perdonar implica decirle al otro: «te perdono, sin pedir nada a cambio». Si se pide algo a cambio, si se cobra ya no hay perdón, hay transacción.

El perdón es como el amor, simplemente se da como un regalo, sin condiciones.

Cuando se toman actitudes de desquite, cuando se guardan cuentas pendientes, cuando se entra en un juego de «toma y saca», se está cultivando la infelicidad.

¿Por qué estar luchando contra nuestra propia felicidad? El perdón generoso, desinteresado, es una excelente inversión, ¡se está invirtiendo en la propia felicidad!


Jorge Zuloaga | Catholic.Net

Los beneficios y desafíos de la comunicación

Comunicar lo que pensamos es una de nuestras necesidades más básicas y puede traernos grandes beneficios. Pero por otro lado, también puede generar desafíos muy complicados. ¿Cómo podemos mejorar nuestras habilidades comunicativas?

Una de las necesidades más fundamentales del ser humano es comunicarse. Poco después de nacer, y a veces sólo unos minutos más tarde, el bebé buscará el rostro de papá o mamá para satisfacer su necesidad de establecer lazos con otro ser humano. Puede que se comunique sólo con llanto y balbuceos, ¡pero se está comunicando!

A medida que un niño crece, sus habilidades comunicativas también se van desarrollando; no sólo aprende a expresarse con palabras, sino también a través de variaciones de tono y timbre, y utilizando el lenguaje corporal. Incluso el hecho de callar algo se convierte en una forma de comunicación. Además, quienes reciben la información que comunicamos lo hacen a través del filtro de sus propias emociones y experiencias, ¡complicando el proceso aún más!

George Bernard Shaw una vez dijo que «el mayor problema de la comunicación es la ilusión de que ha sido exitosa». Existen muchísimos factores que pueden obstaculizar el proceso comunicativo. Y es por esto que los malentendidos han causado tantas discusiones, falsas impresiones, ofensas y heridas. Un malentendido puede dañar una amistad, y a veces puede incluso destruirla.

En Colosenses 4:6, el apóstol Pablo nos aconseja: «Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno». ¡Qué talento tan difícil de desarrollar!

Dependencia emocional

«Nos han enseñado a perturbarnos cuando perdemos a alguien. Hemos sido adiestrados para perturbarnos cuando alguien nos rechaza, nos desaprueba, nos abandona, se nos muere. Hemos sido adiestrados para depender emocionalmente de los demás, para no ser capaces de vivir emocionalmente sin ellos».

ANTHONY DE MELLO

La Dependencia Emocional se define como «una necesidad afectiva fuerte que una persona siente hacia otra a lo largo de sus diferentes relaciones». Aunque lo más conocido es la dependencia emocional en cuanto a relaciones de pareja, también existe la dependencia afectiva hacia padres, amigos e hijos.

La Dependencia Emocional sería algo similar a una adicción, pero en vez de necesitar una sustancia, se necesitaría aprobación, afecto, cariño, etc., de determinadas personas.

Cuando somos niños, creamos un vínculo afectivo de dependencia emocional con las personas más cercanas, generalmente nuestros padres, o personas que vivan en la misma casa (por ejemplo, los abuelos). En la adolescencia creamos esos vínculos con amigos y estos vínculos nos ayudan a aprender y a crecer personalmente, y en la edad adulta, además creamos un vínculo especial con nuestra pareja.

El problema aparece cuando este vínculo se convierte en dependencia y nos impide desarrollarnos en la vida como seres independientes y libres; cuando esa dependencia nos lleva a quedarnos en segundo plano en nuestra propia vida, dando más importancia a las necesidades, derechos y comportamientos de otra persona, que a los nuestros. En realidad, lo que se está haciendo es colocar la felicidad en las manos de otros, se busca la felicidad fuera de sí mismos. Eso, sin saberlo, lleva a la infelicidad automáticamente, ya que la única forma de ser felices es buscar esa felicidad en nosotros y en las acciones que elijamos. Los únicos comportamientos en los cuales podemos influir de una manera clara son los nuestros, y esos son los únicos que nos pueden garantizar nuestra felicidad.

Lo que más destaca en las personas con alta dependencia emocional es su miedo a las pérdidas y al rechazo de las personas queridas, en este caso, de la pareja. Tienen miedo a hacer algo que al otro no le guste, y que esa persona decida dejarles o retirarles su amor y su cariño. Así que buscan continuamente complacerle, hacer lo que se supone que el otro quiere o desea. Intentan adivinar qué es lo que gustaría al otro en cada una de sus acciones, con el consiguiente riesgo de equivocarse, ya que por mucho que conozcamos a una persona, no sabemos lo que les pasa por la cabeza en cada uno de los momentos de sus vidas. Si nos ponemos a pensarlo, muchas veces ni siquiera nosotros comprendemos nuestras acciones, así que será difícil controlar cada una de las reacciones del otro. Pero, aun así, estas personas intentan hacerse expertas en adaptarse a las necesidades y deseos que creen que el otro tiene.


Gemma Despierto | ReflexionesDeUnaPsicologa.Com

Pon a dieta tus palabras

¿Te preocupa mantener una silueta esbelta? Pues, quisiera llamarte la atención sobre un sobrepeso que no se menciona en las revistas para mujeres y que muchas veces pasamos por alto; el de nuestras palabras. Unas palabras pueden darnos fuerzas para vivir hundirnos en la depresión. Si, las palabras llevan dentro de ellas una carga muy poderosa, para bien o para mal.

Tomando esto en cuenta, la Biblia te propone que aprendas a usar bien la lengua, y que la pongas al servicio de Dios. Con nuestra lengua bendecimos al Señor; y con ella maldecimos a nuestro prójimo, hecho a imagen de Dios. Santiago nos dice que no debe ser así.

Nuestra forma de hablar tiene una influencia poderosa. Generalmente llenamos la vida de los que amamos con ideas opuestas a las verdades que Dios nos da en su Palabra. «Nunca vas a cambiar»; «Te gusta hacerme sufrir»; «Hijo, si no te portas bien, no te voy a querer más…» Tales frases son muy destructivas.

¿Qué tal si hoy empezamos la dieta? Comencemos a decir palabras buenas y oportunas, que ayuden a crecer y traigan bendición a quienes las escuchen.

¿Por qué tanta agresión en las redes sociales?

Las redes sociales han hecho un aporte extraordinario a nuestras vidas, pero queremos dedicar este breve análisis a las múltiples maneras de agredir al otro por las redes. La discriminación, la burla, la mentira, la ironía, crear una página para que todos insulten, dejar comentarios ofensivos en foros, insultar en los comentarios de un diario online, hacer circular chismes, subir fotos no autorizadas, descalificar la opinión del otro, mandar anónimos, amenazar, acosar, inventarse perfiles usurpando la identidad de otra persona, etc. La agresión en el espacio virtual, no tiene límites, llega a cualquier país del mundo y a velocidad «luz».

Algunas personas utilizan la red para «navegar», otros para «conocer gente» y muchos para «hacer catarsis». Y todo esto desde la privacidad de una habitación o un celular personal.

¿Cuáles son las características de este «nuevo» sistema de comunicación y por qué, esta modalidad de «catarsis agresiva»?

Son dos los elementos sobresalientes que propician a agredir:

1. La ausencia del otro que es invisible.

El otro está ausente, invisible, no está su cuerpo desde lo real, y no existe «el cara a cara».

A causa de lo «privado» y de que falta «el otro», resulta que muchas personas que tienen dificultades de expresión (timidez, agresividad pasiva, etc.) cobren fuerzas y «se animen» a expresar de manera anónima o no, sus emociones, especialmente la agresividad, como una manera de «catarsis momentánea» o para «que otros se sumen y suelten su agresividad también». En Internet, algunas personas con baja estima se sienten «iguales» al poder insultar a un famoso, a una persona con autoridad, etc.

En el ciberespacio, existe la ilusión de ser «privado»; la fantasía de que no hay nadie, aunque esa foto, comentario etc. lo lean cientos de miles.

Otro factor que motiva la agresión es la posibilidad de «descargar broncas» y esta ira se desplazará al «famoso» o «la noticia» de turno.

2. La ausencia de lo no verbal (gestos, miradas, tono emocional, etc.) en la comunicación.

Toda comunicación tiene dos niveles: el digital (texto) y el analógico (lo no verbal). Este último nivel, le da «sentido» al anterior. Cuando uno escribe en Internet, no está el ánimo, el tono emocional, el «cómo se dice». Al estar solamente lo digital (el texto) y no el tono de voz, la postura corporal, etc. puede traer como consecuencia la mala interpretación del mensaje.

Algunas sugerencias prácticas: 

  • Recordar que lo escrito, el receptor lo lee con una lente de aumento: cada palabra tiene una proyección del «tono emocional» propio tanto del emisor como del receptor, y eso hace muchas veces mal interpretar el mensaje.
  • Utilizar «el cara cara» para temas profundos, importantes o de contenido emocional, ya que por la red se pueden generar grandes equívocos.
  • Saber que es casi imposible «enamorarse» por la red; sí tener un «flechazo», atracción, o el «comienzo de una pasión», recordando siempre que el «enamoramiento» es un proceso que necesita no sólo de lo «escrito» sino del «cara a cara». De allí que algunas parejas que se forman sin este último dato, luego de unos meses de convivencia se dan cuenta de que el vínculo no era tal como lo habían pensado o imaginado.
  • No responder ni sumarse al maltrato en la red. Bloquear e ignorar a toda persona que nos agreda. Se puede dialogar con quien disiente, pero no con quien agrede.
  • Recordar que la agresión es una expresión Emocional y no Racional.  Por eso, es imposible generar diálogo entre una agresión emocional y una idea racional. Alguien dijo que «la mejor manera de ganar una discusión es evitándola».
  • No dar datos personales, fotos, etc. que tengan que ver con la intimidad. Internet no es un ámbito privado.
  • En caso de acoso, pedir ayuda familiar, profesional y hacer la denuncia legal.
  • Utilizar nuestras palabras para reflexionar, expandir y hacer crecer un diálogo constructivo con el otro.

Bernardo Stamateas | Artículo publicado originalmente en la edición No. 163 de Liderazgo y Mercadeo.

El amor es una gran cosa

La más maravillosa de todas las cosas en la vida es el descubrimiento de otro ser humano con quien una relación ha de crecer profundamente, con belleza y gozo según pasen los años.

Esta progresividad interior de amor entre dos seres humanos es la cosa más maravillosa; que no puede ser encontrada buscándola o por más pasionales deseos que se tengan. Esto es una suerte de divino accidente, y la más maravillosa de todas las cosas.


Thomas à Kempis

Un corazón que escuche

Un  médico psicólogo atendía una consulta en un hospital… sus pacientes eran adolescentes…

Cierto día le derivaron un joven de 14 años que desde hacía un año no pronunciaba palabra y estaba internado en un orfanato.

Cuando era muy pequeño, su padre murió… vivió con su madre y abuelo hasta hacía un año… a los 13 muere su abuelo, y tres meses después su madre en un accidente… Sólo llegaba al consultorio y se sentaba mirando las paredes, sin hablar. Estaba pálido y nervioso.

Este médico no podía hacerlo hablar. Comprendió que el dolor del muchacho era tan grande que le impedía expresarse, y él, por más que le dijera algo, tampoco serviría de mucho.

Optó por sentarse y observarlo en silencio, acompañando su dolor. Después de la segunda consulta, cuando el muchacho se retiraba, el doctor le puso una mano en el hombro: «Ven la semana próxima si gustas… ¿duele verdad?» El muchacho lo miró, no se había sobresaltado ni nada… sólo lo miró y se fue.

Cuando volvió a la semana siguiente el doctor lo esperaba con un juego de ajedrez… así pasaron varios meses… sin hablar… pero él notaba que David ya no parecía nervioso… y su palidez había desaparecido. Un día mientras el doctor miraba la cabeza del muchacho mientras él estudiaba agachado en el tablero… pensaba en lo poco que sabemos del misterio del proceso de curación. De pronto, David alzó la vista y lo miró: «Le toca» – le dijo.

Ese día empezó a hablar, hizo de amigos en la escuela, ingresó a un equipo de ciclismo y comenzó una nueva vida, su vida. Posiblemente el médico le dio algo, pero también aprendió mucho de él. Aprendió que el tiempo hace posible lo que parece dolorosamente insuperable… a estar presente cuando alguien lo necesita, a comunicarnos sin palabras. Basta un abrazo, un hombro para llorar, una caricia, un corazón que escuche.


Anónimo

Un hermoso regalo

Lo que doy con mayor dificultad debo darlo primero el perdón. El «perdón», así, ¡tal como suena!

Debo perdonar, volver siempre a perdonar. Si dejo de perdonar empiezo enseguida a levantar un muro. Y un muro es el principio de una cárcel.

En la vida tengo necesidad de hacer, sobre todo dos cosas: «comprender» y «olvidar».

Conozco a mucha gente y conozco los secretos de muchos. Estoy cada vez más persuadido de que no existen dos hombres idénticos. Cada hombre es un mundo aparte; vive, piensa, siente y reacciona a partir de su mundo, cuyo centro profundo me resulta siempre extraño. Por eso entre los hombres se crean, casi necesariamente, roturas, fricciones e incomprensiones.

Solamente si comprendo que el otro es «otro», y si estoy dispuesto a perdonar será posible «vivir juntos». De otra suerte la vida se convertirá en un recíproco asedio y viviré día tras día en guerra, caliente o fría.

Hay ocasiones excelentes, excepcionales, para desterrar los litigios. Dado el primer paso, el más difícil, el resto será una «fiesta». ¡El perdón! ¡El regalo más hermoso!


Phil Bosmans

Cómo controlar el enojo

Muchas veces nos vemos enfrentados a situaciones que nos «sacan de nuestras casillas» y dependiendo de las previas circunstancias que hayamos tenido durante el día, actuaremos con más o menos paciencia; en otras palabras si hemos tenido un día difícil nos alteraremos con mayor facilidad.

Cuando reaccionamos no pensamos con claridad y ésto muchas veces nos lleva a decir cosas que en verdad no sentimos y así podemos herir profundamente al otro y también a nosotros mismos porque quedamos sumidos en arrepentimientos y culpas.

Por eso cuando nos sintamos enojados, es fundamental realizar el esfuerzo y detenernos aunque sea por unos segundos, antes de decir algo. Verás como este pequeño intervalo puede cambiarnos completamente.

Este consejo lo aprendí hace algunos años atrás, cuando leí una historia del  antiguo filósofo armenio George Gurdjieff, quien contaba que cuando tenía aproximadamente nueve años, fue llamado por su padre moribundo quien le dijo: «Hijo, soy tan pobre que no te puedo dar nada. Pero hay algo que mi padre me dio a mí y que yo quiero entregarte. Puede que ahora no seas capaz de comprender lo que significa, pues yo mismo no lo entendí cuando mi padre me lo dio. Pero ha resultado ser la cosa más preciada de mi vida. ¡Consérvala! Siempre que te sientas enojado, nunca contestes antes de veinticuatro horas. Responde, pero deja un intervalo de veinticuatro horas».

Gurdjieff decía, «He practicado muchos, muchos, muchos ejercicios espirituales, pero éste fue el mejor. Ya nunca más pude enfadarme y eso cambió todo el proceso, toda mi vida, porque tuve que mantenerme fiel a la promesa. Cuando alguien me insultaba, yo solía crear algo, una situación. Le decía que regresaría a las veinticuatro horas a contestarle y nunca lo hacía, pues quedaba demostrado que no tenía sentido el contestar. Sólo un distanciamiento era necesario. Un nuevo camino de pensamiento se fraguó en esas palabras».

Qué sabio consejo. Si tan sólo hacemos el esfuerzo y cuando alguien nos ofenda, en el momento que sintamos ese calor en el estómago, cuando nuestro corazón comience a latir más fuerte y la boca se abra para responder… ¡detente! ¡detente! ¡detente! No contestes inmediatamente porque eso no será más que una reacción automática. Algo así como una máquina cuando  aprietas el botón encender.  Si quien te ha hecho enojar es alguien conocido a quien puedes volver a ver más tarde, pídele algún tiempo para retirarte y pensar y dile que luego le contestarás.

¿Y cuando se trate de alguien que no conocemos? Todos alguna vez hemos sido tratados de mala forma por algún desconocido, ya sea un funcionario público, un vendedor, un mesero, etc.; al reaccionar muchas veces dejamos de ser coherentes y claros en nuestros requerimientos, porque nos enfocamos en responder y devolver lo que nos parece una agresión personal. Pasado el incidente le seguimos dando vueltas y vueltas en la cabeza… «Por qué no le dije ésto o aquéllo…»   Al sentir que debimos hacer algo distinto de lo que en realidad hicimos, el agresor ya deja de ser el desconocido y pasamos a ser nosotros mismos porque nos castigamos una y otra vez trayendo a la memoria el incidente.

Para no quedarnos con esos remordimientos, debemos actuar de la manera mas civilizada que nos sea posible. Antes de responder deja pasar unos segundos, respira y en ese respirar deja de identificarte con el enojo, suéltalo, déjalo a un lado. Comprende que hay algún motivo por el cual esa persona está actuando de esa forma, puede que tenga problemas personales, un mal día, etc, pero tú no eres ese motivo, tú eres sólo un canal con el que quiere desahogar su ira. Si reaccionas estarás aceptando, recibiendo y compartiendo su enojo. Depende solamente de ti recibirlo o no, pero recuerda que si lo haces lo llevarás hasta tu casa y quizás lo sigas cargando por varios días. Simplemente no lo aceptes, no lo quieres, no te sirve.

Por eso respira, mirando con calma y comprendiendo que el problema no eres tú sino él, responde con serenidad, usa un tono normal, sin levantar la voz, defiende tu punto de vista, sé honesto, firme, claro, pero no violento. No pierdas de vista el motivo por el cual esta ahí, enfócate en exponer lo que quieres, mas que en responder a sus agresiones.

Después de cualquier episodio que nos haya hecho enojar, debemos limpiarnos completamente para que no queden sentimientos reprimidos en el interior. Analiza un poco la situación y piensa que la persona que te hizo enfadar es un espejo, ese es tu reflejo, ¿Qué actitud tuya puedes ver reflejada en él? No creas que esto es una ñoñería, es verdad, detrás de esa situación hay un mensaje, descubre que quieres decirte a ti mismo. Trata de identificar algún aspecto tuyo que puedas cambiar y mejorar.

Recuerda este sabio Proverbio de Confucio: «Cuando veas a un hombre sabio, piensa en igualar sus virtudes. Cuando veas a un hombre desprovisto de virtud, examínate a ti mismo».

Finalmente déjalo ir, suéltalo. Si la situación sigue dando vueltas en tu cabeza puedes hacer algún ritual, como escribir lo sucedido en un papel y luego  romperlo o quemarlo o reza pídele a Dios que con amor borre ese incidente de tu mente. Dale las gracias por la lección y despídelo definitivamente y no pienses más en ello, ya se acabó. Eres libre.

No olvidemos nunca el consejo del padre de George Gurdjieff y aprendamos a distanciarnos del enojo, con un poco de tiempo podemos cambiar toda nuestra historia.


Marcella Allen Herrera | Aldiaria.Blogspot.Com

No empequeñezcas

Todo lo que tú necesitas saber en cuanto a la salud mental, puede ser resumido en dos palabras: «No Empequeñezcas».

El 95% de todos los problemas emocionales y mentales podrían ser eliminados si todos practicáramos esta verdad. ¡Cómo cambiaría todo si viviéramos conforme a ella! No empequeñezcas a los demás. No hagas nada que pueda hacer que alguien se sienta menospreciado. No juzgues ni critiques de una forma que disminuya la autoestima y el sentir de otras personas.

La mayoría de los problemas de crímenes, abusos, fracasos, problemas, hogares destruidos y adicciones a drogas y alcohol, pueden ser atribuidos a una autoestima herida.

No empequeñezcas. No lo olvides, vívelo, enséñalo a los demás y principalmente a tus hijos para que no cometan los errores por los cuales la mayoría hemos pasado. Mantén tu enfoque sobre lo positivo de los demás. Resalta siempre lo bueno en cada persona. Anima siempre a tu prójimo. Trata a los demás de la misma forma en que quisieras ser tratado. Habla palabras que ayuden y sanen. Evita palabras que destruyan y causen dolor. ¡Tus palabras sí importan! Ellas pueden traer vida o muerte. Utiliza tus palabras sabiamente, edifica a los demás.


Justin Scott