Sé feliz

Muchas personas no saben esto, pero «ser feliz sólo depende de ti» y de nadie ni de nada más.

Si relegamos nuestra felicidad a los demás o a los acontecimientos que nos sucedan sólo podremos ser felices cuando los demás lo deseen y cuando los acontecimientos surjan como los deseamos. Serán los demás y nuestro alrededor los que tengan el poder de decidir sobre nuestra felicidad, siendo pocos los momentos en los que podremos gozar de ella.

Sin embargo, cuando la felicidad tan sólo depende de nosotros mismos y de nada ni nadie más, todo cambia, pues podremos ser felices siempre que así lo deseemos nosotros. Y en realidad eso es la verdadera felicidad.

Cuando la felicidad sólo depende de nosotros y deja de ser la consecuencia de determinados sucesos, es cuando se es verdaderamente feliz.

La verdadera felicidad consiste en ser feliz con todo y a pesar de todo, no sólo en los buenos momentos sino también en los malos.

La verdadera felicidad no es un estado de ánimo, sino que es una actitud personal, es ser consciente de que la tristeza y el sufrimiento no nos aportan nada bueno y que por ello debemos reducirlos a los momentos estrictamente necesarios (muy pocos) y aprovechar el máximo tiempo posible en ser felices.

Para ser feliz tan sólo hace falta que tomes la firme decisión de querer serlo y comprometerte con esa decisión. Así que, sé feliz.

«Existen maravillas en todo, aún en la oscuridad y el silencio, y aprendo a estar satisfecho en cualquier estado en que me encuentre».

HELEN KELLER 


Javier Morán Serrano

Así se nos pasa la vida

Tal vez miramos hacia arriba con temor pues alguien muy poderoso puede estar pensando en hacernos daño. Miramos hacia abajo y también ahí puede estar escondido algún enemigo.

Vivimos en un mundo en el que nos relacionamos con todas las personas pero no sabemos qué piensan, qué sienten, qué quieren de nosotros. Sucede también con los problemas. Muchas veces sentimos una gran presión, estamos ahí mirando hacia arriba, hacia abajo y sólo vemos problemas y más problemas. Entonces sin darnos cuenta dejamos de vivir el momento, el presente. Dejamos de disfrutar de lo que sucede aquí y ahora.

Parece difícil, pero es posible vivir este momento, separarse del resto, dejar que nos motive lo que se presenta. Esto no significa ignorar lo que nos está sucediendo, sabemos cuáles son nuestros problemas, sabemos también qué puede suceder o tal vez no, pero también en este instante algo maravilloso puede estar sucediéndonos y por dejarnos llevar por los problemas dejamos de vivenciarlo como se debe.

  • Nos preocupa el dinero, entonces pasamos el día haciendo cuentas y nuestros hijos nos regalan sonrisas, alegrías, caricias y no las vemos ni las sentimos.
  • El auto no nos funciona bien y entonces estamos atentos a todos sus ruiditos y a sus fallas y en ese camino que estamos transitando no apreciamos el paisaje.
  • El día no fue bueno y llegamos a casa y mamá o papá o nuestra pareja nos espera con una comida preparada para nosotros, con la mesa servida pero no apreciamos nada, porque sólo estamos pensando en lo malo que nos sucedió.
  • En el trabajo nos exigen un mayor rendimiento y entonces sometidos a esa presión dejamos de amar lo que hacemos pues nos preocupa sólo cumplir con lo que nos exigen y temerosos nos movemos como máquinas.

Y así se nos pasa la vida… De problema en problema…

Pero es así también como estamos viviendo, sin dejarnos salpicar por las alegrías, ni por esos flashes que no están ahí por casualidad sino que como rayos fugaces nos están diciendo: Viví… Ahora… ¡Ya!

No dejes pasar los buenos momentos, no los ignores, ni pienses que esto bueno que ahora, en este instante está sucediendo, mañana se repetirá.

Cada momento de nuestra vida es único e irrepetible: ¡No te lo pierdas!


Graciela de Filippis

Piensa y agradece

¿No crees que sería bueno hacer un inventario de los bienes que has recibido para así vivir con mayor alegría y optimismo? ¿Por qué llorar mientras voy andando, si otros ríen y no tienen pies? ¿Por qué vivir pensando en el 10% de las cosas que nos hacen sufrir, y no recordar el 90% de las cosas que nos suceden bien?

En tu cerebro tienes 13 millones de neuronas trabajando tan sabiamente a tu favor, que, si las quisieras reemplazar por la máquina computadora más perfecta del mundo, esa máquina electrónica ocuparía el sitio de un edificio de setenta pisos de alto.

Tienes un corazón que es una maravilla de la naturaleza. Bombea hora tras hora, 36 millones de latidos al año, año tras año, despierto o dormido, impulsando la sangre a través de 100 mil kilómetros de venas y arterias, que llevan más de 2 millones de litros de sangre al año.

Te puedes mover, no eres un árbol amarrado a una pequeña porción de la tierra. Puedes pasear, correr, bailar y hacer deporte. Para ello tienes 500 músculos, 200 huesos y 7,000 nervios, sincronizados para obedecerte y llevarte a donde quieras.

En tus oídos hay 24 mil millones de filamentos que vibran con el viento, con el reír de los niños, con la suave música de las orquestas, con el trepidar de las aguas espumantes y al escuchar las palabras amables de las personas que estimas. Tus pulmones son los mejores filtros del mundo. A través de 600 millones de alvéolos purifican el aire que reciben y libran a tu cuerpo de desperdicios dañinos.

En tus ojos, Dios ha depositado 100 millones de receptores que te permiten gozar de la magia de los colores, de la luz, de la simpatía de las personas y de la majestad de la naturaleza.

Tu sangre es un formidable tesoro. Son apenas 4 litros, pero allí hay 22 millones de células sanguíneas, y en cada célula hay muchas moléculas y en cada molécula hay un átomo que oscila más de 10 millones de veces por segundo.

Cada día mueren 2 millones de tus células y son reemplazadas por 2 millones más, en una resurrección que ha continuado desde el día en que naciste. En tu cerebro hay 4 millones de estructuras sensibles al dolor, 500 mil detectores táctiles, y 200 mil detectores de temperatura…

Ahora pregúntate:

¿Crees que no vale la pena tu vida?

Lo triste es que dedicamos mucho tiempo pensando en lo que nos hace falta y casi nunca nos detenemos a recordar y agradecer lo muchísimo bueno que poseemos.

No sólo con respecto a tu cuerpo, aplícalo también a los dones que posees, la familia que te ha tocado, las amistades de las cuales eres dichoso de poseer, las comodidades que disfrutas y hasta las oportunidades que se te han presentado. ¡No veas sólo lo que te hace falta, agradece lo que ya tienes!

Has cuenta de tus bienes, y de tus alegrías también. No pierdas tiempo haciendo cuentas de tus males.

Colecciona pensamientos alegres y optimistas, y no se te olvide alejar de tu mente esos cuervos asquerosos llamados «pensamientos pesimistas» y «recuerdos tristes».


Anónimo

Puedo fabricar felicidad

Para mí y para los que me rodean. Decidirme a ser feliz, con lo que tengo en mi vida.

  • A pesar de no sentirme bien.
  • A pesar de no ser las cosas como deseo.
  • A pesar de no gustarme mi familia.
  • A pesar de no comprender a la gente.
  • A pesar de mi cansancio físico y moral.
  • A pesar del desaliento.
  • A pesar de las desilusiones
  • A pesar de las circunstancias adversas.
  • A pesar de la enfermedad.

Lucharé con mis estados negativos para poder dar lo mejor de mí mismo a los demás y así decidirme a ser feliz con lo que tengo.

Esto es: Fabricar felicidad.


Anamaría Rabatté

¡Tan cerca!

Si me dejo llevar por una serie de lamentaciones, me hundo, cada vez más, en el abismo. Los pensamientos oscuros siguen atrayendo hacia mí nuevas miserias. Debo vivir hoy. No puedo cambiar los acontecimientos. ¡Si lograse, tan sólo, dejar un resquicio para los recuerdos hermosos! ¡Si consiguiera no preocuparme tanto del mañana!

¿Qué tengo hoy de nuevo? La salud. El sol en el cielo. Comida y bebida. Un niño que me sonríe. Una flor en casa.

Tal vez busco la felicidad demasiado lejos de mí. ¡La felicidad se parece a las gafas! No las veo y, sin embargo, ¡están sobre mi nariz! ¡Tan cerca!


Phil Bosmans

Si elegimos

Si elegimos sentirnos bien, todos los días nos sobrarán motivos para sentirnos bien; si elegimos sentirnos mal, todos los días nos sobrarán razones para sentirnos mal. ¡Pensémoslo!

Y tal vez descubramos que lo importante y decisivo no es lo que pasa fuera de uno sino lo que hacemos que suceda dentro de uno mismo, y que no son los otros, las cosas o los acontecimientos los que nos hacen sentir mal, sino nuestro modo de vivir frente a todo…


René J. Trossero

Los pensamientos

Los pensamientos son imágenes y palabras. La idea es como una película fotográfica: crea una imagen de la forma, que luego se magnetiza y conduce la energía física para que fluya esa forma y pueda llegar a manifestarse en el plano físico. Este principio sigue siendo válido aunque no emprendamos una acción física directa para que nuestras ideas se materialicen. El mero hecho de tener una idea o pensamiento alojados en nuestra mente, es una energía que tendrá a atraer y crear la forma en el plano material.

Si pensamos constantemente en la enfermedad, acabaremos enfermando. Si pensamos en nosotros mismos como algo hermoso, acabaremos siéndolo.

Un viajero, después de caminar horas bajo el sol, llegó a una gran llanura y, sintiéndose exhausto, cubierto de sudor, se sentó a la sombra de un árbol para descansar un rato. Enseguida comenzó a pensar que sería delicioso tener un mullido lecho para dormir.

El viajero no tenía ni la más remota idea de que estaba sentado debajo del árbol celestial. Tan pronto como surgió en su mente aquel pensamiento, vio aparecer a su lado una hermosa cama. Quedó muy sorprendido, pero no tardó en acostarse en ella.

Luego, pensó cuán placentero sería que una joven doncella viniera y le hiciera masajes en las piernas. Al momento, vio aparecer una doncella, que se sentó a sus pies y comenzó a frotar suavemente sus piernas. El viajero se sintió enormemente feliz.

Enseguida tuvo hambre y pensó: «He tenido todo lo que he deseado; ¿no podría ahora conseguir algo para comer?» De inmediato apareció ante él un plato de deliciosos manjares. Comió alegremente y habiendo quedado satisfecho por completo, volvió a tenderse sobre el lecho. Luego, comenzó a repasar en su mente los sucesos del día. Ocupado en ésto, pensó: «¡Y si un tigre me atacara de repente!» Al instante, un gran tigre saltó sobre él, le quebró la nuca y comenzó a devorarle. De este modo, el viajero perdió su vida.

Como consecuencia de este principio universal, atraemos a nuestra vida aquello en lo que pensamos más intensamente, aquello en lo que creemos con más fuerza, aquello que deseamos con mayor vehemencia, lo que imaginamos de un modo más real. Como dice la frase: «Si siembras arroz, cosecharás arroz».

Sanear nuestra mente se convierte así en una labor de primera importancia, pues los problemas graves llegarán, y conviene que nos cojan bien entrenados en un modo de pensar positivo y optimista que nos ayude a salir airosos de las tribulaciones, extrayendo de ellas su lado positivo, mirándolas desde la actitud de que «ve la botella medio llena en vez de medio vacía».


¡Estamos enhorabuena!

Una empresa fabricante de zapatos envió un viajante a África para que abriese un nuevo mercado. Después de un mes, el viajante volvió a la empresa con un informe totalmente negativo diciendo que allí no había ninguna posibilidad:

– En África casi todos van descalzos. Por lo tanto, no vamos a vender nada.

La dirección de la empresa, no obstante, decidió enviar allí a un segundo viajante. Éste, después de un mes, elaboró un informe totalmente positivo:

– ¡Estamos de enhorabuena, señores! En aquel país nadie tiene zapatos. ¡Tenemos todo un mercado para abrir!


Anónimo

Cambiando nuestras actitudes

No podemos controlar las circunstancias que se nos presentan. A veces nos sentimos estar a merced de lo que nos sucede, sin poder hacer demasiado porque sea distinto. Lo que sí podemos cambiar son nuestras reacciones ante lo que nos pasa, y esto modificará no sólo nuestro presente, sino también nuestro futuro.

Muchas de las cosas y de los hechos que nos parecen desfavorables, con el tiempo, vemos que fueron importantes en nuestra vida: para nuestro crecimiento, para irnos de aquel trabajo y conseguir uno mejor, para separarnos de esa pareja (o de esa amistad) que nada bien nos hacía. El proceso puede ser difícil y doloroso, pero hoy, a la distancia, entendemos que fueron puntos importantes para nuestro crecimiento personal, y para seguir avanzando en nuestra vida.

Nuestra actitud es la que define si nos sentiremos bien o mal en el día de hoy. Podemos quejarnos y aferrarnos a creencias estériles, tales como:

  • ¡Me pasa siempre lo mismo! Tengo mala suerte.
  • Ningún hombre (o mujer) es confiable.
  • Sin dolor no se gana nada.
  • Soy torpe y todo me sale mal.
  • Es imposible disfrutar del trabajo.

Todos estos pensamientos limitantes ejercen más influencia en ti de lo que puedas llegar a imaginar. Si esto crees, esto generarás alrededor tuyo. Si piensas en cosas bonitas y positivas, eso es lo que atraerás a tu vida. Todos los pensamientos que has tenido hasta ahora, han creado tu presente. ¡Imagina el poder con el que cuentas para modificar tu futuro!

Te propongo que, de ahora en más, cada vez que te digas frases negativas o limitantes, las cambies inmediatamente en tu mente: por ejemplo:

  • Me equivoqué esta vez, pero la siguiente lo haré mejor.
  • Algunos hombres (o mujeres) engañan o mienten, pero hay otros que son fieles y confiables.
  • Si me gritan, no es por ser tonto. Merezco que me valoren y me traten bien, en todas las circunstancias.
  • Hay trabajos que vale la pena tener porque permiten nuestro desarrollo personal.
  • Si una amiga (o un amigo) me defraudó, ¡problema de ella y de su conciencia! Yo sólo acepto el buen trato y la confianza.

Merlina Meiler | MejoraEmocional.Com

Un secreto para ser feliz

El mundo exterior, es decir todo aquello que percibimos con nuestros sentidos, es el reflejo de nuestro mundo interior. Los dos están íntimamente unidos y relacionados, uno es la causa y el otro es el efecto; cambias uno y automáticamente afectarás al otro. Recibes una noticia agradable, algo que anhelabas (mundo externo), entonces tu actitud (interior) es vibrante, alegre, te sientes feliz, dichoso. Supongamos ahora que te peleas con tu pareja, tu actitud entonces será de tristeza o quizás te sientas enojado, decepcionado.

La causa fue un evento exterior y el efecto se sintió en el interior. Pero aquí está el secreto para controlar nuestro destino y nuestro futuro; podemos invertir las cosas y poner las causas en el interior para dejar que los efectos se reflejen en el exterior.

Comienza imaginando cómo quisieras que fuera tu vida, luego analiza cuál sería tu actitud si aquello ya fuera una realidad, cómo verías el mundo desde esa perspectiva y entonces sabrás cuál es la actitud (causa) que debes comenzar a adoptar y cultivar.  Si quieres encontrar el amor de tu vida, debes cultivar la alegría y la felicidad porque esa es la actitud que tendrías si estuvieras en su compañía. Crea la causa en el interior, busca la forma de sentirte feliz, radiante, enamórate del mundo entonces el efecto le seguirá, por mi propia experiencia te digo que así es. Quizás muchas veces los resultados no los vemos inmediatamente, pero de seguro aparecen.

La mayoría de las personas no creen o no saben esto y hacen justamente lo contrario, manteniendo la misma actitud esperan que las cosas externas cambien;  ignoran que es mucho más fácil comenzar por mejorarnos nosotros primero, cambiar el pesimismo por la fe, la negatividad por esperanza, la tristeza por alegría.

Con una actitud renovada, las circunstancias serán distintas, recuerda que cosechas lo que siembras. Si sembramos tristeza no podemos esperar cosechar alegrías, si sembramos envidia y odio no podemos cosechar amor. Es por simple ley universal, cosechamos lo que sembramos.

Por eso, comienza hoy mismo a cosechar alegría. No esperes que las condiciones sean diferentes para ser feliz, sé feliz y las condiciones serán diferentes.  Mejora tu actitud y para ello elije tus pensamientos, nunca entretengas nada que sea negativo, deja de lado las críticas, el resentimiento, la rabia y dirige tu vista solamente hacia el amor, la bondad, la paz.  Si tus pensamientos son positivos, tu actitud también lo será y esto sin duda cambiará tu destino.

Pruébalo, crea la causa en el interior y verás el efecto reflejado ahí afuera. Entonces comprenderás que la vida es felicidad y que somos capaces de hacer milagros porque somos auténticos hijos de Dios.


Marcela Allen | Aldiaria.Blogspot.Com

La edad arruga el cuerpo, renunciar arruga el alma

Es muy fácil descubrir en nuestro cuerpo el paso del tiempo. Es un problema que a muchos nos obsesiona y nos hace observarnos en el espejo, preocupados por esa cana que ha aparecido o por esas arruguillas alrededor de los ojos. Compramos cremas, intentamos llevar una vida más sana, incluso nos sometemos a operaciones para intentar frenar el paso del tiempo.

Pero, ¿nos preocupamos igual por la manera en la que envejece nuestro espíritu? Piensa por un momento en cómo eras de adolescente: qué sueños tenías, qué vida imaginabas que llevarías en el futuro, a qué querías dedicarte… Piensa en cómo era tu espíritu, en esa energía y fuerza que tenías, en esas ganas de comerte el mundo. Y ahora pregúntate cuánto queda de ese espíritu.

Durante los años que han pasado desde que eras un adolescente con la cabeza llena de sueños, tu forma de ser ha cambiado. Seguramente no conservas esa fuerza, esas ilusiones, esas ganas de comerte el mundo. Con cada sueño que has abandonado, con cada fracaso que te ha hecho renunciar, tu alma ha ido envejeciendo.

Como dice la cita de hoy «La edad arruga el cuerpo, renunciar arruga el alma». Nuestro espíritu va perdiendo fuerza no por el paso de los años, ni por los errores cometidos, ni por las decepciones que hayamos tenido que pasar. Nuestro espíritu envejece cada vez que nos rendimos, cada vez que creemos que no vamos a ser capaces de lograr lo que queremos, cada vez que nos dejamos dominar por el miedo al fracaso y abandonamos un sueño.

No hay cremas que puedan arreglar eso, depende de nosotros y de nuestra actitud. Podemos ponerle freno a ese envejecimiento decidiendo que no vamos a rendirnos más, que vamos a luchar por nuestros sueños aunque parezcan muy difíciles o incluso imposibles. Está en nuestra mano recuperar esa fuerza y esa ilusión, ser perseverantes y luchar por lo que de verdad queremos.


Douglas McArthur

¡Optimismo ante todo!

Nada más satisfactorio que conocer, convivir, trabajar, disfrutar y compartir con personas de «Buena Voluntad».

Personas de «Buena Voluntad» son aquellas que verdaderamente tratan de ver sólo el lado bueno de las cosas; que miran con optimismo las posibilidades, que ponen su capacidad por encima de las dificultades que diariamente se viven, que agradecen hasta el más mínimo detalle, y las que se esfuerzan por prestar su colaboración en beneficio de los demás.

Una persona de «Buena Voluntad» siempre es bienvenida en cualquier lugar, e invitada obligada para cualquier evento. ¿Eres tú realmente una persona de «Buena Voluntad?»

El pesimista debilita su capacidad y su voluntad al cargar con el peso inútil de los mensajes negativos que se crea.

Con su ansiedad y negativismo no arregla ninguno de los problemas que él mismo se crea, y se siente, a toda hora, cercado de amenazas de fracaso.

El optimista, en cambio, toma sus asuntos con calma y sabe que puede llevarlos a feliz término.

Con suficiente confianza en Dios, y en sí mismo, el optimista encuentra las orientaciones y la fuerza para lograr todo lo que se propone.

Si eres indeciso o inseguro, comienza ahora mismo a repetirte una y otra vez:

¡Procederé ahora!

¡Lo haré, lo haré bien y ahora!

Hasta que se te grave profundamente en la conciencia, repítelo al despertar, mientras te bañas y te vistes, al mirarte al espejo, al programar cada paso y compromiso de tu día.

Graba profundamente en tu mente la imagen de la persona segura, diligente, proactiva y efectiva que debes ser en todo momento. En poco tiempo empezarás a reaccionar automáticamente a esta afirmación.

Piensa en lo positivo

mujer dibujando arcoiris

La vida exterior que conoces es consecuencia de tu vida interior, de tu pensamiento.

Piensa en ello con un ejemplo: amanece el día soleado, sin nubes, con una ligera brisa y una temperatura templada. ¿Es un buen día? Todo depende de cómo lo interprete el pensamiento de cada persona. Para una persona pesimista y amargada, será «otro día más» en el que debe padecer la triste rutina diaria. Para un hombre que piensa en lo positivo, será «otro día magnífico» lleno de oportunidades para hacer grandes cosas por uno mismo y por los demás.

¿Te das cuenta? No hay «días buenos y días malos, sino que cada uno considera o percibe como bueno buenos o malos». Tus pensamientos determinan tus acciones y tus actitudes, y éstos dan forma a tus circunstancias y marcan tu destino.

Si estás habituado a pensar en lo negativo, te levantarás odiando al despertador, molesto por los ronquidos de tu familia y de mal humor por tener que ir al trabajo o la escuela. No soportarás el día sean cuales sean las condiciones meteorológicas. Te irritarás durante el desayuno, te enfadarás con la torpeza de tus amigos o seres queridos, te irás de casa lamentando un sinnúmero de cosas o situaciones, te enfadarás con los demás conductores, etcétera.

Tu pensamiento, tu actitud mental, están determinando tu forma de comportarte, tu forma de relacionarte con los demás, tu disposición para aprovechar las oportunidades… el estado y la dirección de tu vida.

Comprueba que el mundo y las personas son como espejos que reflejan la actitud que muestres hacia ellas. Si muestras sinceridad, simpatía y preocupación por otra persona, la actitud de ella hacia ti acabará siendo similar. Haz la prueba y descubrirás que, a medida que cambies tus actitudes hacia las cosas y las personas, éstas a su vez cambiarán respecto a ti.

Comprende que tu mente es como una huerta en la que todo lo que siembras y cultivas da frutos. Tus buenos pensamientos generan buenas acciones, y los malos pensamientos generaran malas acciones. La buena noticia es que puedes cultivar esa huerta según tus deseos. Es decir, tienes la libertad y el poder de modelar tus pensamientos.

Todo lo que consigues o no, es el resultado de lo que piensas acerca de tus aptitudes, tu valor y tus posibilidades.

Comprende que incluso tu propio cuerpo es consecuencia de tus pensamientos. Tu salud y belleza se verán afectados por tu forma de pensar. Como generalmente se intuye, la cara de una persona no se dulcifica o amarga por casualidad, sino como resultado de pensar en lo positivo o lo negativo.

Comprende que el sufrimiento mental es siempre consecuencia del pensamiento negativo. Incluso los más elevados niveles del dolor físico y el fracaso, si son asumidos con actitud positiva, no generan sufrimiento mental, sino lecciones, fuentes de mejora continua e incluso alegría. Piensa en el dolor físico de un parto y en la felicidad mental de una madre.

Por lo tanto, puedes elegir pensar resaltando todo lo positivo de ti mismo, de los demás y de las cosas (pensamiento positivo) o puedes elegir pensar resaltando todo lo negativo de ti mismo, de los demás y de las cosas (pensamiento negativo).

El pensamiento positivo te procurará alegría, ilusión, motivación y confianza en tus posibilidades, lo que te traerá buenos resultados y a la vez favorecerá la salud y la belleza de tu cuerpo. Pensar en lo positivo te proporcionará, además, la simpatía, la amistad y el apoyo de quienes te rodean. El pensamiento negativo, por el contrario, te procurará tristeza, ansiedad e inseguridad, lo que te traerá malos resultados y a la vez favorecerá la mala salud física y la fealdad de tu cuerpo o expresión de tu rostro. Pensar en lo negativo te proporcionará, además, antipatía, desconfianza y aislamiento de quienes te rodean. Tienes la libertad de elegir.

Comprende, por último, que pensar en lo positivo no significa ser un ingenuo o dejarse avasallar por los desalmados. Que te esfuerces por resaltar los aspectos positivos de las personas o las cosas, no quiere decir que no debas actuar con determinación cuando presencies una injusticia o una maldad. Harás lo posible por resolverla con actitud positiva, lo que no excluye actuar con contundencia cuando sea inevitable y no implique hacer algo que pueda obligarte a perder el respeto por ti mismo.

«Hoy pensaré en lo positivo: resaltaré siempre lo positivo de mí mismo, de los demás y de las cosas. Apartaré mi mente de los pensamientos negativos».


El bosque mágico de la mente

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«La felicidad es una mariposa que sale volando cuando la persigues pero que puede posarse a tu lado, si te sientas tranquilamente a mirar».

El concepto de felicidad es muy diferente de unas personas a otras y aunque hay cosas y sensaciones que pueden ser comunes, los gozos de unos pueden ser la pesadilla de otros; así, el escalador es feliz arriesgando su vida para vencer a la montaña mientras que una persona normal sentiría pánico por verse expuesta a esos riesgos.

Algunas personas son felices llevando una vida tranquila y segura mientras otras se mueren de aburrimiento si no hay en su vida cambios, novedades y fuertes excitaciones.

La felicidad depende más de lo que ocurre dentro que de lo que nos sucede fuera; de las ideas que tenemos sobre nosotros mismos y sobre la vida.

Depende de todos los misterios que viven en el «Bosque Mágico de tu Mente». Dentro de tu mente lo tienes todo.

El sol y la luna, las montañas y los valles. Los colores del amanecer y las sombras de la noche. La alegría de las cascadas y la niebla espesa que empapa el alma de nostalgias infinitas.

Si buscas dentro de tu mente, siempre encontrarás razones para ser feliz y también para permanecer en la tristeza.

Porque tu felicidad no depende de lo que haces ni tampoco de lo que tienes. No depende de cómo sea tu cuerpo ni de que tengas más o menos dones. Sólo depende de lo a gusto que estés con lo que haces, con lo que tienes, con tu cuerpo y con tus dones.

Básicamente, la Felicidad depende de que realmente quieras ser feliz y estés tan a gusto contigo mismo como para poder sentir todo el Amor de la Vida que te ha permitido existir.


Nathaniel Hawthorne

Sentimientos que visten mi vida

Si al despertar puedo elegir la ropa, puedo elegir también el sentimiento que va a vestir mi vida.

En el camino puedo errar y también puedo elegir el paisaje que va a vestir mis ojos.

La misma articulación que tengo para reclamar, la tengo para dar las gracias. Y, si puedo enfrentar con alegría, no lo haré con tristeza.

Que hoy y siempre, ¡sea un hermoso día!


Marla de Queiroz