La alegría cotidiana como impulso creativo

 Calidad de vida es hacer fluir la Autonomía en cada instante. 

Quienes siguieron nuestras últimas reflexiones, habrán podido detectar la secuencia lógica y el valor existencial de los conceptos para poder llevar a la práctica un enfoque diferente respecto de lo que comúnmente se entiende por calidad de vida. La tan mentada calidad de vida se la considera vulgarmente como si fuera un estado de felicidad casi-providencial que se obtiene en circunstancias especiales y hasta con erogaciones y recursos especiales. Cuando se piensa así, la calidad de vida y la felicidad nunca llegan, ya que denota una dependencia mental a situaciones y a factores externos a la realidad y a la sencillez de la vida del sujeto.

Si bien es cierto que los factores externos (recursos económicos, contactos, prestigio) son muy importantes, no son decisivos para la felicidad del ser humano y hasta podríamos ensayar una ecuación, dada en la experiencia de lo que cada individuo entiende por felicidad. Aun cuando se lograra un nivel óptimo de satisfacción acerca de dichos factores externos, resulta ingenuo deducir que por ese solo hecho adviene la felicidad. El sujeto podrá estar satisfecho, no sufrir necesidades, vivir cómodo y holgado, pero de ello no se sigue que sea plenamente feliz en cuanto a la realización de la alta finalidad de su vida. De esto surge que la calidad de vida se obtiene cuando el propio sujeto la construye con su capacidad y habilidad para enfrentar de manera creativa y autónoma las diferentes alternativas que la vida cotidiana le impone.

Calidad de vida es calidad de percepción, de decisión y ejercicio de la capacidad para dejar transcurrir y hacer fluir cada momento y cada instante vivido según un rango de autonomía de pensamiento y de acción creativa frente a las variadas circunstancias y situaciones, tanto complejas como simples y sencillas. Cuando esperamos de otro la respuesta o la solución salvadora, nuestro potencial interno cae en los debilitamientos de la dependencia y se desvanece en la pasividad. Esto ocurre por los hábitos, deficiencias y vínculos que se fueron tejiendo desde la comodidad, la indiferencia, la intolerancia o la impaciencia.

Sin caer en los extremos (como el de la indigencia, que constituye un estado de alta dependencia, necesidad y sumisión) el sentido común consiente y valida la posibilidad de ser feliz solamente cuando hay autonomía y dominio personal frente a los diversos factores externos. De allí que para superar la dependencia y sumisión a los mismos, el sujeto debe dar cabida a valores que eleven y dignifiquen de manera consciente su pensar, su sentir y su actuar a fin de poder utilizar los medios y recursos al servicio de una finalidad que le otorga sentido a la propia vida.

Pero las trampas de la imaginación colocan a quien no está advertido en una suerte de sopor mental que funciona como un contagio inadvertido. En ese circuito ilusorio en el que la vida aburrida busca nuevos paréntesis, encontramos los indicadores aparentemente inofensivos e irrelevantes de una vida signada por la rutina mental y el hastío laboral y familiar.

La rutina y el hastío adormecen las horas y los días de quien no ha decidido cambiar y revertir su habitual lógica repetitiva, tanto en su mundo laboral, como familiar y personal. En este escenario de indecisión, surge el pacto con el aburrimiento, en el que el individuo sobrelleva su cotidianeidad de manera azarosa e infértil, ocupado en las mismas cosas de siempre y en pequeños fragmentos de bienestar e ilusiones que hacen transcurrir pesadamente cada instante.

El aburrimiento y la creatividad constituyen, desde nuestra hipótesis cognitiva, los extremos por los que se decide la calidad de vida. El aburrimiento paraliza la mente, impide la iniciativa para algo nuevo y ahoga el impulso creativo de la alegría. Quien hace algo nuevo y tiene iniciativas escapa de la lúgubre lógica del aburrimiento, ya que su creatividad proviene del estímulo y la motivación y no de la parálisis mental. Lamentablemente, la calidad de vida está erróneamente asociada con el consumo de estereotipos de confort y entretenimiento, a instancias de la pasividad de una mente aburrida y sin iniciativas. Creatividad es vivir con autonomía cada instante, para lo cual la mente y la sensibilidad deben generar constantemente el impulso transformador de la alegría cotidiana.

Por eso, cada uno debe promover una actitud creativa ante la vida y generar estímulos desde la iniciativa personal y la capacidad para pensar por sí mismo. Este proceso superador de la conciencia frente a las obligaciones laborales, familiares y sociales, define el rango personal de la propia autonomía y creatividad, donde el pensar, el sentir y el actuar son inducidos desde la íntima convicción del sujeto para cumplir, en todo lo que hace y realiza, con el paradigma de la superación humana.


Dr. Augusto Barcaglioni | Barcaglioni.Blogspot.Com

 

La alegría de vivir

La risa es salud. El buen humor es salud. ¿Estás seguro de pensar lo suficiente en este aspecto de tu bienestar? Si, a causa de las preocupaciones, envejece el corazón, también tu rostro aparecerá pronto lleno de arrugas.

La risa libera. El humor relaja. La risa es capaz de liberarte de los falsos problemas. La risa es el mejor cosmético para tu belleza externa y la mejor medicina para tu vida interna. Si riendo, tus músculos trabajan regularmente, tu digestión resultará beneficiada, e incluso tu apetito se estimulará y tu presión arterial permanecerá estable. La risa y el buen humor te liberaran de aquella lúgubre seriedad que vuelve los problemas pesados como el plomo; te liberaran, además del triste «tran-tran» cotidiano. La risa y el buen humor crean espacios nuevos para alegrías desconocidas.

Un día que no has reído, es un día perdido.


Phil Bosmans

Vive tu propia vida

Permíteme hacerte una pregunta: ¿Estás viviendo tu vida de la manera en que realmente quieres vivirla?  Si tu respuesta es afirmativa, te felicito, porque entonces eres de las pocas personas que son verdaderamente exitosas y que tienen el control completo de su vida.  Pero si no es así, déjame decirte que formas parte de un grupo desafortunadamente muy grande de personas que están viviendo la vida que otros les están dictando.  Y ¿vale la pena vivir así?

Y lo que sucede es que, en lugar de vivir nuestra propia vida, terminamos viviendo la vida que los demás quieren para nosotros, y ¡ni siquiera somos conscientes de ello!  Por miedo a quedarnos solos, buscamos la aprobación de los demás (padres, hijos, esposos, novios, amigos, jefes, compañeros de escuela o de trabajo, maestros, vecinos, etc., etc.), y nos convertimos en una mezcla extraña de todo lo que los demás esperan de nosotros, lo cual está muy lejos de ser la vida que realmente deseamos vivir, nuestra propia vida.

No hay nada de malo en aceptar la opinión o consejos de los demás, si eso significa una mejoría en nuestras vidas.  No se trata de que nos rehusemos a escuchar las opiniones de los demás, porque eso nos estaría cerrando la puerta a la oportunidad de aprender, o de abrirnos a otros puntos de vista que podrían ser muy útiles.  Pero hay que tener cuidado de no caer en la trampa de una situación en la que te conviertes en el esclavo de las intenciones de los demás.  Sin duda, es tu vida y tienes todo el derecho de vivirla a tu manera, sin la influencia de los demás.  Date a ti mismo la oportunidad de desarrollar tus cualidades creativas, libre de miedo y de presión.

La razón por la que no vives tu propia vida, es porque crees que entre mejor la gente se sienta acerca de ti, mejor te sentirás acerca de ti mismo, y que entre menos seas aprobado por los demás, más solo e inapropiado te sentirás.  Esto ayuda a explicar por qué piensas que siempre tienes que agradar a los demás, y por qué al mismo tiempo estás resentido con aquellos que sientes que debes agradar.  El tener la aprobación de los demás se ha convertido en un sistema extraño de vida en el que crees inconscientemente que no hay vida sin alguien que apruebe tu existencia.  Y justamente lo contrario es cierto.  Entre más dependes de otros para confirmarte a ti mismo, menos vida tienes.

Es nuestro miedo a quedarnos solos y el querer tener la certeza de que estamos haciendo lo correcto, lo que nos empuja a buscar la aprobación de los demás. Pero el día que dejes de vivir buscando la aprobación de los demás, comenzarás a vivir realmente tu propia vida, libre de culpas y resentimientos.   Nadie a tu alrededor sospechará que ahora vives en una nueva clase de mundo interior, un mundo que siempre es en tus propios términos, porque tus términos y los términos de este nuevo mundo interior feliz nunca estarán en conflicto.  Habrás recuperado tu propia vida.

Esta necesidad de aprobación permea todas las áreas de nuestras vidas, nuestras relaciones en casa y en el trabajo, cómo gastamos nuestro dinero, la manera en que vestimos, la manera en la que nos relacionamos con extraños, hasta los alimentos que comemos y los lugares que frecuentamos.  Esta necesidad de agradar a los demás nos lleva a vivir vidas que en el fondo no nos satisfacen y a permanecer en relaciones que no nos hacen bien.  En casos extremos, esta necesidad de agradar a los demás nos puede causar enfermedades, pobreza y aún la muerte.

Cuando vivimos nuestra vida en base a lo que los demás piensan de nosotros, destruimos nuestro propio ser, nuestra esencia. Si enfocamos nuestra energía en agradar a los demás, no nos queda nada para crear nuestra propia vida.  Si, en nuestro esfuerzo de agradar, permitimos que las ideas de los demás controlen todo lo que hacemos, nuestra vida estará llena de constantes confusiones e insatisfacciones.

Es absolutamente imperativo que cada uno de nosotros aprenda a amarse a sí mismo.  Cuando nos amamos, podemos ser sinceros con nosotros mismos y podemos escuchar lo que los otros dicen y decidir objetivamente si tiene algún valor o verdad para nosotros.  Esto libera nuestro propio potencial y nuestra capacidad de mejorar cada área de nuestra vida, de acuerdo a nuestros propios valores.  Por supuesto, el ser objetivo no es fácil, pero puede lograrse.  No debemos permitir que los demás reflejen sus propias inseguridades y miedos en nosotros.

Desde pequeños, aprendemos a vivir nuestra vida pensando que hay ciertas cosas que no debemos hacer porque «¿qué van a pensar los demás?»  También, aprendemos que debemos agradar a los demás, aún a costa de nosotros mismos.  Esta negación de nuestro verdadero ser es tan fuerte, que nos olvidamos de lo que realmente somos.  Y así pasamos nuestras vidas suprimiendo nuestros propios deseos.  Pero ha llegado el momento de cambiar este patrón.  Cada vez que permites que tu vida sea manejada por los deseos de los demás, renuncias a ti mismo.

Recuerda que tú eres responsable de tu propia vida.  Después de todo, ¿quién más puede ser el experto en tu vida?  ¿Quién más puede decir lo que sientes y lo que quieres, lo que te hace feliz y sentirte vivo?  Tú tienes, dentro de ti mismo, todas las respuestas, por eso es que debes aprender a hacerte cargo y tomar la responsabilidad completa de tu vida.  No hay otra persona, lugar, sistema, filosofía, iglesia u organización, que sepa más acerca de ti, que tú mismo.  Recuerda que tú estás a cargo de tu vida, y que tú puedes ser tu propio mejor amigo.  Tú eres la única autoridad en tu propia vida.  Eso no significa que no ames y apoyes a los demás o que no escuches lo que tengan que decir.  Acepta que puedes aprender de los demás.  Acepta que tienes el poder de crear tu vida exactamente en la manera que tú quieres.

Si has renunciado a lo que realmente quieres por temor a lo que van a pensar los demás, es tiempo de dejar de hacerlo.  Hay una fórmula sencilla que te permitirá vivir cualquier cosa que desees: «Siempre y cuando aquello que hagas sea ético, siempre y cuando no quieras lastimar o quitarle algo a otra persona, entonces la vida que escojas es buena». Determina la vida que elegirías si no hubiera obstáculos.  No te preocupes si suena loco o si significa que tendrás que renunciar a cosas o a personas que están en tu vida ahora. Sólo ten claridad con respecto a lo que quieres.

No importa que tan lejos hayas llegado por el camino equivocado, en el momento en que te des cuenta, detente y toma el camino correcto.

Es muy probable que actualmente no estés viviendo la vida que tú elegirías.  Y también es muy probable que ni siquiera seas consciente de ello.  Las tradiciones y la presión de la sociedad, la familia y la religión, generalmente juegan un papel muy importante en determinar cómo vives tu vida.  Mucha gente termina siguiendo el camino conocido de: escuela, universidad, carrera, trabajo, matrimonio, hijos, jubilación, vejez, enfermedad y muerte, sin siquiera considerar que hay otras opciones. Las elecciones que hacemos, normalmente están limitadas por las tradiciones y lo que nos es familiar, y no es fácil rebelarse contra este patrón y forjar un camino propio.

¿Cómo te sientes hoy con tu vida?  ¿Estás viviendo cada día en plenitud?  ¿Amas lo que estás haciendo?  ¿Estás emocionado cada momento de tu vida?  ¿Estás esperando con ilusión lo que viene después? ¿Estás viviendo tu mejor vida?

Si tu respuesta es:  no, quizás, o no estoy seguro, eso significa que no estás viviendo tu vida al máximo.  Lo cual no tiene que ser así, ya que tu experiencia de vida la creas tú.  ¿Por qué conformarte con menos de lo que puedes ser?  ¡Tú mereces nada menos que lo mejor! ¡Mereces vivir una vida extraordinaria, llena de alegría, pasión y entusiasmo!  No te dejes llevar por tu pasado, tú puedes ser, hacer y tener todo lo que desees.  Deja de tratar de complacer a los demás o ser alguien más.  Es mejor ser la versión original de ti mismo, que un duplicado exacto de alguien más.  Deja de quejarte y no hacer nada.  Conócete a ti mismo.  Descubre lo que realmente quieres ser, hacer y tener.  No sigas al montón.  Vive en alineación con tu propósito.  Descubre tus valores, ellos son tu esencia.  Diseña tu vida ideal.  Deja de poner tu vida en espera. Actúa. Evalúa lo que estás haciendo actualmente y continúa haciéndolo sólo si tiene algún significado para ti. No lo hagas sólo porque «todos lo hacen» o porque es lo que los demás esperan de ti.  Haz lo que te gusta hacer.  La vida es demasiado corta para desperdiciarla haciendo algo más.  Si algo no te gusta, no lo hagas.  Gasta tu tiempo y energía en cosas que te traigan alegría y satisfacción.  Descubre tu pasión en la vida.  ¿Qué es lo que te enciende?  Si aún no lo sabes, haz tu primer objetivo el saberlo.  ¿Qué es lo que realmente te hace feliz?  ¿Cuál es tu propósito de vida?

Permanece abierto a las críticas, pero no te dejes afectar por ellas.  Aprende de ellas.  Sé positivo.  Cree en ti mismo y en tus capacidades y talentos. Deja ir las relaciones que no te sirven, la gente negativa, deshonesta, que no te respeta, que te hace sentir mal acerca de ti mismo y que no te deja crecer.  Continúa aprendiendo siempre.  Siempre hay algo que aprender.  Aprende de tus errores y «fracasos». Aprende cosas diferentes. Sal de tu zona de comodidad, intenta hacer algo diferente a lo que normalmente haces.  Si vas a pasar tu tiempo haciendo algo, hazlo lo mejor que puedas.

No te conformes con menos que una vida extraordinaria. No te conformes con un trabajo que no te gusta.  No te conformes con una relación que no te satisface.  No te conformes con amigos que te hacen sentir menos.  Ve por aquello que realmente quieres. Ábrete a nuevas ideas. No te limites. Piensa siempre en posibilidades, no en limitaciones.  Y por favor, ¡no vivas tu vida en piloto automático!

Olvidamos quienes somos en verdad.  Y olvidamos también que todo es posible.  Todo lo que hemos soñado y querido es posible.  Sólo es cuestión de tomar los pasos adecuados para lograrlo, y lo primero que tienes que hacer es definir qué es lo que quieres. Para vivir tu mejor vida, primero tienes que identificar tus más grandes deseos, metas y sueños, cosas que te emocionan, que te hacen sentir vivo.

Por otra parte, además de la influencia de otras personas, es importante hacernos conscientes de que nuestras mentes están siendo bombardeadas diariamente con misiles de «información gratuita» a través de los medios electrónicos y escritos.  A menudo sin saberlo, estamos haciendo lo que otros quieren que hagamos.  Fíjate en la ropa que estás usando, en lo que comes, en los lugares que frecuentas, en las actividades que desarrollas, en lo que gastas tu dinero y tu tiempo y en cómo te comportas. ¿Acaso no estás haciendo lo que otros te están diciendo? El seguir ciegamente a los demás, sin usar nuestra mente y nuestro sentido común, y sin considerar nuestros propios deseos, puede ser desastroso para nuestra vida.

Los seres humanos nos hemos convertido en meros robots en las manos de aquellos que tienen el control completo de nuestras vidas y nos están dirigiendo a través del control remoto de lo que llamamos «educación» e «información». Hemos perdido nuestra individualidad, nuestra creatividad. Muy pocas personas son lo suficientemente fuertes para tomar el control de sus propias vidas, sin dejarse influenciar por otros, y son, sin lugar a dudas, las personas más poderosas en la Tierra. Se necesita mucho valor, sabiduría y fuerza interior para vivir la vida en su totalidad, en su originalidad, y de una manera digna y ambiciosa.

¿Qué harías si supieras que no puedes fracasar?  ¿Qué harías si tuvieras recursos ilimitados?  ¡Cuál es tu más grande sueño?  ¿Qué quieres lograr en tu vida?  ¿Cuál sería tu vida ideal?  ¿Cuál sería una vida de la cual estarías orgulloso?  ¿Cómo quieres vivir el resto de tu propia vida?


 

Tristeza, amargura y resentimiento

¿Quién no ha sentido en algún momento de su vida tristeza, amargura o resentimiento?

Nadie escapa a estos sentimientos y el sentirlos de vez en cuando es normal, es parte de nuestra naturaleza humana. Llorar es bastante sano cuando se trata de un acontecimiento eventual, el llanto es parte de la liberación.

¿Pero qué pasa cuando estas emociones quedan alojadas en nuestro corazón de manera permanente?, cuando el dolor, la amargura y la tristeza representan nuestra propia personalidad.

Hoy en día los males provenientes del corazón son muy comunes, los rompimientos familiares, la frustración, la represión, el fracaso y lo que llamaríamos «el cansancio de vida» se apodera de nosotros cuando vemos que a pesar de nuestro esfuerzo, las cosas «nunca funcionan», «todo nos sale mal» porque «la vida ha sido muy injusta con nosotros».

Es entonces cuando el resentimiento, la autocompasión y la tristeza pueden quedar instalados en nuestro corazón de manera permanente.

Esta actitud hace que todo en la vida lo veamos a través de un «cristal empañado», es decir, nuestra perspectiva de vida se torna gris, ya no vemos la belleza de la vida, los buenos momentos se vuelven indiferentes ante nosotros, dejamos ir oportunidades y empezamos a crear una realidad falsa al creer que «nadie nos quiere» o «todos quieren hacerme daño», nuestra visión actúa y distorsiona todo desde nuestro cristal empañado.

El guardar por mucho tiempo esta actitud o este sentimiento, además de prolongar nuestro sufrimiento, nos trae como consecuencia enfermedades derivadas de «un corazón triste»:

  • Enfermedades respiratorias (gripas, asma, tos, sinusitis, etc.)
  • Enfermedades del corazón (Angina de pecho, infarto, etc.)
  • Enfermedades del sistema circulatorio (mala circulación, várices, colesterol, etc.)

Ningún medicamento, dieta o ejercicio pueden evitar o curar dichas enfermedades si no nos conectamos con la alegría de vivir, con el amor a la vida. La alegría es la única medicina para un corazón que revive constantemente en su presente las heridas del pasado.

Sin la alegría, nuestra vida se frena, nuestros pasos se alentan, ya no queremos saber nada, estamos deprimidos y con un constante dolor de piernas, nos pesan tanto como para poder dar un paso más.

Sufrimos también a causa de nuestra soledad por tener nuestro corazón cerrado al amor, no sabemos darlo, mucho menos recibirlo… al mismo tiempo nos duelen los hombros y la espalda.

Seguimos sufriendo, porque las pastillas no son suficientes para un corazón que frena el amor, que lo tiene por esencia, pero no lo deja salir… se ahoga, se asfixia… hasta morir.


Anónimo

Tu alegría

Hay muchas canciones a la alegría, muchos poemas, muchos escritos sobre sus beneficios, pero hay veces nos suena bastante distante, como una ilusión, una experiencia fugaz, casi siempre lo estamos rechazando, como que más nos gusta estar tristes, como que buscamos el dar lástima, ésta nos es dulce, quizás así atraemos un amor temporal o compasión hacia nosotros de los demás.

Pero puedes pensar que tú mereces respeto, también mereces ser amado sin la necesidad de hacer hazañas. Lo que ves y lo que conoces: Si tienes el privilegio de tener tus sentidos de la vista normales y a adentrarte en lo que conoces, intenta experimentar estos dos atributos de «ver» y «lo que conoces», descubrirás muchas cosas.

Hay cosas que conocemos y no las experimentamos, es como un despertar, es no negar la realidad, también mereces ser feliz, también mereces sonreír.

Tus temores y tu conciencia: Si aportas un alto nivel de conciencia a tus temores, puedes experimentar en todo momento no perder el punto de vista de que la realidad sólo son los hechos, es mejor enfrentarlos, aceptarlos plenamente, experimentarlo y actuar de manera consciente sobre el origen de ese temor. Experimentarás que son menos feos de los que nos imaginamos.

Al aceptar tus temores como cualquier otro sentimiento o parte tuya, se puede desatar en otro sentimiento tampoco deseado, pero al aceptarlo tenderán a diluirse.

Tus dolores y tu conciencia: Si aportamos un alto nivel de conciencia a nuestro dolor, hay que experimentarlo plenamente, aceptarlo como algo nuestro, no rechazarlo. Es la realidad, es un hecho, es la verdad. Pues el aceptar tus temores y tus dolores es aceptarte a ti mismo, pero muchos de ellos no son razonables, o a simple vista no tienes por qué tenerlos, pero sólo tú sabes de dónde se originaron.

Quizás no son razonables, pero existen en tu mente y merece toda la aceptación tuya.


Julio Reyes A.

Poema: Defensa de la alegría

Defender la alegría como una trinchera

defenderla del escándalo y la rutina

de la miseria y los miserables

de las ausencias transitorias

y las definitivas

defender la alegría como un principio

defenderla del pasmo y las pesadillas

de los neutrales y de los neutrones

de las dulces infamias

y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera

defenderla del rayo y la melancolía

de los ingenuos y de los canallas

de la retórica y los paros cardiacos

de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino

defenderla del fuego y de los bomberos

de los suicidas y los homicidas

de las vacaciones y del agobio

de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza

defenderla del óxido y de la roña

de la famosa pátina del tiempo

del relente y del oportunismo

de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho

defenderla de dios y del invierno

de las mayúsculas y de la muerte

de los apellidos y las lástimas

del azar

y también de la alegría.

Mario Benedetti

La juventud no es una edad

La juventud no es una edad, es un clima del corazón, es voluntad, es imaginación, es pasión. Los años marchitan la piel; renunciar al ideal, marchita el alma.

Joven es aquel que se sorprende y se maravilla, que pregunta como el niño insaciable, y después desafía los acontecimientos, y encuentra alegría en el juego de la vida.

Serás tan joven, como tu fe

  • tan viejo, como tu duda
  • tan joven, como tu confianza en ti mismo
  • tan joven, como tu esperanza
  • tan viejo, como tu abatimiento.

Permanecerás joven mientras permanezcas receptivo,

  • receptivo a cuanto es bello, bueno y grande,
  • receptivo a los mensajes de la naturaleza,
  • del hombre y del infinito.

Anónimo

Una mujercita con suerte

El siguiente cuento, uno de mis favoritos, titulado «Una Mujercita con Suerte» ilustra perfectamente cómo una actitud mental positiva que sabe extraer lo bueno que encierra toda situación, aunque aparentemente sea dolorosa, es una plena garantía de suerte y felicidad.

Una mujer pobre tenía la costumbre de ir todas las mañanas a un bosque cercano a su casa para recoger leña, que luego vendía a sus vecinos. Cierto día, encontró bajo un roble un caldero viejo de latón, ya muy oxidado por la intemperie.

– ¡Vaya, qué suerte! – exclamó -. Tiene un agujero, y no me servirá para llevar agua, pero podré utilizarlo para plantar flores. Tapó el caldero con su mantón y, cargándolo al hombro, emprendió el camino hacia su humilde choza. Pero empezó a notar que el caldero iba pesando más y más, así que se sentó a descansar. Cuando puso el caldero en el suelo, vio con asombro que estaba lleno de monedas de oro.

– ¡Qué suerte tengo! – volvió a exclamar, llena de alegría -. Todas estas monedas para una pobre mujer como yo. Mas pronto tuvo que volver a pararse. Desató el mantón para ver su tesoro y, entonces, se llevó otra sorpresa: El caldero lleno de oro se había convertido en un trozo de hierro.

– ¡Qué suerte tan maravillosa! – dijo -. ¿Qué iba a hacer una mujercita como yo con todas esas monedas de oro? Seguro que los ladrones me robarían todo. Por este trozo de hierro me ganaré unas cuantas monedas normales, que es todo lo que necesito para ir tirando.

Envolvió el trozo de hierro, y prosiguió su camino.

Cuando salió del bosque, volvió a sentarse, y decidió mirar otra vez en su mantón, por si el destino le había dado otra sorpresa. Y, en efecto, así era: el trozo de hierro se había convertido en una gran piedra.

– ¡Vaya suerte que tengo hoy! – dijo -. Esta piedra es lo que necesito para sujetar la puerta del jardín, que siempre golpea cuando hace viento.

En cuanto llegó a su casa, fue hacia la puerta del jardín y abrió el mantón para sacar la piedra. Mas, nada más desatar los nudos, una extraña criatura saltó fuera. Tenía una enorme cola con pelos de varios colores, unas orejas puntiagudas y unas patas largas y delgadísimas. La mujercita quedó maravillada al ver que la aparición daba tres vueltas alrededor y luego se alejaba bailando por el valle.

– ¡Qué suerte tengo! – exclamó -. Pensar que yo, una pobre mujercita, ha podido contemplar este maravilloso espectáculo… Estoy segura de que soy la pobre mujercita solitaria con más suerte del mundo entero.

Y se fue a la cama tan alegre como siempre. Y, según se cuenta, lo más curioso es que, desde aquel día, la suerte de esta pobre mujer cambió, y ya nunca volvió a ser pobre ni solitaria.


Anónimo

Poema: Piedritas en la ventana

De vez en cuando la alegría

tira piedritas contra mi ventana

quiere avisarme que está ahí esperando

pero me siento calmo

casi diría ecuánime

voy a guardar la angustia en un escondite

y luego a tenderme cara al techo

que es una posición gallarda y cómoda

para filtrar noticias y creerlas.

Quién sabe dónde quedan mis próximas huellas

ni cuándo mi historia va a ser computada

quién sabe qué consejos voy a inventar aún

y qué atajo hallaré para no seguirlos.

Está bien no jugaré al desahucio

no tatuaré el recuerdo con olvidos

mucho queda por decir y callar

y también quedan uvas para llenar la boca

Está bien me doy por persuadido

que la alegría no tire más piedritas

abriré la ventana

abriré la ventana.

Mario Benedetti

Un secreto para ser feliz

El mundo exterior, es decir todo aquello que percibimos con nuestros sentidos, es el reflejo de nuestro mundo interior. Los dos están íntimamente unidos y relacionados, uno es la causa y el otro es el efecto; cambias uno y automáticamente afectarás al otro. Recibes una noticia agradable, algo que anhelabas (mundo externo), entonces tu actitud (interior) es vibrante, alegre, te sientes feliz, dichoso. Supongamos ahora que te peleas con tu pareja, tu actitud entonces será de tristeza o quizás te sientas enojado, decepcionado.

La causa fue un evento exterior y el efecto se sintió en el interior. Pero aquí está el secreto para controlar nuestro destino y nuestro futuro; podemos invertir las cosas y poner las causas en el interior para dejar que los efectos se reflejen en el exterior.

Comienza imaginando cómo quisieras que fuera tu vida, luego analiza cuál sería tu actitud si aquello ya fuera una realidad, cómo verías el mundo desde esa perspectiva y entonces sabrás cuál es la actitud (causa) que debes comenzar a adoptar y cultivar.  Si quieres encontrar el amor de tu vida, debes cultivar la alegría y la felicidad porque esa es la actitud que tendrías si estuvieras en su compañía. Crea la causa en el interior, busca la forma de sentirte feliz, radiante, enamórate del mundo entonces el efecto le seguirá, por mi propia experiencia te digo que así es. Quizás muchas veces los resultados no los vemos inmediatamente, pero de seguro aparecen.

La mayoría de las personas no creen o no saben esto y hacen justamente lo contrario, manteniendo la misma actitud esperan que las cosas externas cambien;  ignoran que es mucho más fácil comenzar por mejorarnos nosotros primero, cambiar el pesimismo por la fe, la negatividad por esperanza, la tristeza por alegría.

Con una actitud renovada, las circunstancias serán distintas, recuerda que cosechas lo que siembras. Si sembramos tristeza no podemos esperar cosechar alegrías, si sembramos envidia y odio no podemos cosechar amor. Es por simple ley universal, cosechamos lo que sembramos.

Por eso, comienza hoy mismo a cosechar alegría. No esperes que las condiciones sean diferentes para ser feliz, sé feliz y las condiciones serán diferentes.  Mejora tu actitud y para ello elije tus pensamientos, nunca entretengas nada que sea negativo, deja de lado las críticas, el resentimiento, la rabia y dirige tu vista solamente hacia el amor, la bondad, la paz.  Si tus pensamientos son positivos, tu actitud también lo será y esto sin duda cambiará tu destino.

Pruébalo, crea la causa en el interior y verás el efecto reflejado ahí afuera. Entonces comprenderás que la vida es felicidad y que somos capaces de hacer milagros porque somos auténticos hijos de Dios.


Marcela Allen | Aldiaria.Blogspot.Com