Lo que los demás piensen de ti, refleja quiénes son ellos

 

Todos somos mundos diferentes en nuestras mentes, todos llevamos un contenido particular cargado de vivencias, de recuerdos, de prejuicios, de «realidades»… y es a partir de ellas que emitimos juicios de las acciones de las otras personas.

Cuando cualquier persona critica, lo que está haciendo es, sin tratar de entender, mucho menos ser empático, evaluar desde su banco de información lo que a su juicio debe hacerse de una manera diferente.

Ser espectadores de alguna situación, nos coloca en una situación privilegiada, inclusive para nuestro crecimiento, pero si se quiere opinar, se deben dejar los prejuicios, las ideas preconcebidas y las malas intenciones a un lado y ser, en caso de que sea extremadamente necesaria nuestra opinión, lo más objetivos posible.

«Uno está tan expuesto a la crítica como a la gripe».

FRIEDRICH DÜRRENMATT 

Se critica aquello que no se comprende o no se acepta. Muchas veces nos encontramos criticando algo, creyéndonos con mayor conocimiento del tema, con mayor experiencia, creyéndonos dueños de la verdad y considerando que nuestra manera de hacer las cosas es la mejor.

El no tomarnos el tiempo necesario para comprender una situación, para entender los detonantes, para evaluar los porqués, hace más factible que mostremos inconformidad a través de la crítica. Debemos aceptar e incluso validar en nuestro interior aquello que criticamos.

Cuando nos vemos expuestos a la crítica, lo mejor que podemos hacer es simplemente ser comprensivos con quien emite el juicio, el cual habla más de él que de nosotros, podemos tomarnos un tiempo para validar y decidir si hay algo que podamos rescatar o aprovechar de esa crítica, pero dándole la justa importancia que merece, algunas veces es: ninguna.

Todo el mundo opina de acuerdo a su creencia… eso nos da la oportunidad de saber que toda crítica depende exclusivamente de la visión de quien la emite. Éstas algunas veces inclusive son las que nos hacen abrir los ojos y darnos cuenta de que existen mejores maneras de abordar una situación o llevar a cabo cualquier acción.

Adicional a las opiniones de terceros, que siempre existirán, debemos cuidarnos de manera especial de la autocrítica que está completamente vinculada a la poca aceptación que tenemos de nosotros mismos.

Debemos ser para nosotros los principales cuidadores, protectores y defensores, no podemos jugar el rol destructivo de enemigo, cuestionando lo que hacemos, dudando de nuestras capacidades, pensando que siempre habrá una manera de hacer las cosas mejor que la que decidimos o que siempre tomaremos el peor de los caminos. Existen personas exitosísimas desde una evaluación general, pero tienen un pobre concepto de sí mismas que no les permite explotar su potencial y menos ser felices, siempre saboteando cada uno de sus logros.

Definitivamente la actitud con la que afrontemos la vida marcará la diferencia más que cualquier otra cosa. Seamos más empáticos, menos críticos, demos mayor libertad a que las personas vivan su vida a su manera. Pongámonos inclusive en los zapatos de quien nos critica y tratemos de entender sus puntos, utilizando toda información siempre para nuestro crecimiento.


Sara Tibet | RinconDelTibet.Com

No critiques

¡No critiques!

Procura, más bien, la colaboración de todos, sin hacer críticas.

La crítica hiere y a nadie le gusta que lo hieran.

La persona que tiene por costumbre criticar se verá, muy pronto, marginada.

Si ves que algo anda mal, habla con amor y cariño y presta ayuda.

Pero, sobre todas las cosas que sea tu ejemplo el que corrija.


  • Torres Pastorino | «Minutos de Sabiduría»

Hacer y recibir críticas

 Toda una habilidad social. 

¿Quién interpreta las críticas como una oportunidad, como una información útil que puede ayudarnos a mejorar? O, dicho de otro modo, ¿no somos mayoría quienes ante las críticas nos sentimos atacados y accionamos nuestros mecanismos de defensa, en lugar de escuchar, reflexionar y extraer lo que de positivo pueda aportar la crítica que nos hacen? Efectivamente, algunas preguntas nos desnudan impúdicamente, en la medida que revelan graves limitaciones que, de puro interiorizadas, nos parecen inabordables. Pero no podemos resignarnos, hay mucho que hacer, también en el ámbito de saber encajar las críticas y saber formularlas.

Deberíamos entender las críticas como información muy útil, que nos sirve para mejorar

Tendemos a distinguir entre las constructivas y las que no lo son, pero una crítica, independientemente de la intención con que se emite e incluso de su propio contenido, ofrece una opinión distinta a la nuestra, un punto de vista discrepante sobre lo que hacemos o pensamos. Y, por ello, nunca carece de interés y puede ser metabolizada positivamente, ya que podemos interpretarla como una información que sirve como contraste con nuestros planteamientos. Parece obvio que nos resultará tanto más fácil asimilar las críticas cuando mejor sepamos formularlas nosotros. Son dos habilidades sociales, tan difíciles una como otra, que nos ayudan a entender a los demás y a conocernos mejor. Siempre hay en quién fijarse: personas que saben criticar sin acritud, crispación o tensiones innecesarias, generando en cambio un ambiente tranquilo, racional y tolerante en el que las ideas se confrontan pacíficamente. Muestran una actitud de respeto y comprensión hacia las actitudes y comportamientos ajenos. E incluso ante hechos intolerables que requieren una crítica severa y rotunda, saben criticar con rigor, riqueza de matices y sentido de la medida.

Qué son las habilidades sociales

Son comportamientos que incluyen respuestas verbales y no-verbales, que hacen probable una consecuencia deseable o la evitación o retirada de otra indeseable. Se trata de destrezas necesarias para ciertas tareas y se refieren a respuestas relacionadas con la conducta social. El término “habilidad” indica que esta pericia social no es un rasgo de personalidad, sino un conjunto de respuestas que se aprenden y se asocian a determinados estímulos. Una conducta socialmente habilidosa es “la que permite a una persona actuar en base a sus intereses más importantes, defenderse sin ansiedad inapropiada, expresar cómodamente sentimientos honestos o ejercer los derechos personales sin negar los derechos de los demás” (Alberti y Emmons, 1.978), y puede expresarse mediante una comunicación verbal o no verbal.

  • Comunicación verbal hábil. Es la que la que utiliza preferentemente la primera persona (yo), resulta positiva (constructiva, ofrece alternativas, soslaya los “peros” y maneja la responsabilidad y no la culpabilidad), acepta opiniones diferentes, huye de maniqueismos, es asertiva (expresa o defiende una opinión sin miedo ni ansiedad, sin conductas punitivas o amenazantes para los demás), empática (atiende al otro y no hace juicios de valor) y respetuosa (con las personas, no forzosamente con las ideas, que están para ser cuestionadas).
  • Comunicación no-verbal hábil. Es la que atiende y cuida el contacto ocular y la expresión facial, la postura corporal, los gestos y la sonrisa, el volumen, la inflexión y la entonación de voz, la fluidez, la claridad y la velocidad del discurso, el tiempo de habla, las pausas y los silencios, y que gestiona adecuadamente el contacto físico, la distancia y la proximidad.

Cuando nos toca criticar…

Una de las habilidades sociales que más conviene aprender es el manejo de la crítica, a la hora de hacerla y de recibirla, ya que es una estrategia básica para solucionar problemas y conflictos interpersonales.

Y seamos conscientes de que las propuestas de cambio pueden ser acogidas con desagrado. El ser humano es un animal de costumbres, y uno de sus mecanismos más automatizados el de la resistencia al cambio. Procede, por tanto, planificar una secuencia que facilite la aceptación de la crítica. En primer lugar, definamos el objetivo, clarifiquemos nuestro comportamiento y calculemos cómo hacer la crítica, la forma o modo en que la presentaremos. Después, describamos la conducta o situación que deseamos criticar, expresándonos con mensajes en primera persona: son nuestras opiniones, ni más ni menos. Posteriormente, podemos sugerir o solicitar los cambios, que enunciaremos de modo claro y preciso. Por último, si procede, elogiemos los cambios prometidos o puestos en marcha valorando el esfuerzo que han requerido de nuestro interlocutor, y agradezcamos la atención que ha merecido nuestra petición. De todos modos, esta secuencia debe adaptarse a las personas y al contexto en que realizaremos nuestra crítica.

Quien bien critica no ofende y todos tenemos derecho a exponer nuestras opiniones. Asegurémonos de que nuestras críticas se basan en hechos objetivos y contrastados, porque un error de matiz puede echarnos abajo toda la argumentación. Centrémonos en lo fundamental, no pretendamos abordar todos los detalles, y dirijamos la crítica siempre a comportamientos o actitudes concretos. No descalifiquemos al individuo, sino a lo que ha hecho o dicho, y seamos claros, concretos y específicos, evitando generalizaciones, etiquetas y vaguedades. Si mientras exponemos nuestra crítica surjan obstáculos, estudiémoslos y seleccionemos las habilidades de comunicación, verbales y no verbales, apropiadas para la ocasión.

Hacer críticas constructivas (resultando útiles, no hieren innecesariamente) y estar dispuestos a recibirlas equivale a asumir que sobrevendrán situaciones tensas y que tendremos que articular esas habilidades de comunicación que hemos ido aprendiendo. No eludamos estas situaciones, porque son oportunidades para fortalecer nuestra relación interpersonal, mejorando el conocimiento mutuo y fortaleciendo nuestra autoestima.

Cuando toca recibir las críticas

Recibir una crítica es disfrutar de una oportunidad para aprender. Escuchemos con atención y agradezcamos esta información que nos puede servir para mejorar como padres, como amantes, como compañeros de trabajo, como estudiantes, como amigos, como hijos…, en fin, como seres humanos que viven permanentemente interrelacionados. No somos perfectos, todos sufrimos problemas y dificultades que a veces nos bloquean o nos conducen a distorsionar la realidad, haciendo que nuestras conductas no sean las más apropiadas ni las que nosotros quisiéramos. No tengamos miedo a reconocer nuestros errores, ya que sólo así aprenderemos a afrontarlos y a mejorar nuestra manera de ser y nuestra calidad de vida. Y tengamos presente que quien no comete fallos quien nada hace, nada arriesga o, peor aún, quien no se responsabiliza de lo que hace. Los errores, asumámoslo, forman parte de cualquier aprendizaje. Y que alguien nos los recuerde o reproche forma parte de la normalidad cotidiana, así de sencillo.

Cómo afrontar las críticas:

  • Escuchando atentamente.
  • Mostrando nuestro acuerdo total o parcial con lo que nos dicen y agradeciendo la aportación que siempre supone una buena crítica.
  • Comprometiéndonos a rectificar lo que entendamos y reconozcamos mejorable, o, si lo necesitamos, solicitando alternativas a nuestro interlocutor
  • Expresando nuestros sentimientos (algunas críticas sientan mal, porque nos parecen exageradas o incorrectamente enunciadas), distinguiendo siempre el fondo de la crítica de la forma en que nos ha sido presentada.
  • Negando con asertividad (sin herir al otro ni crearle incomodidad) las imputaciones que creemos improcedentes o inadecuadas.

Aquellos que critican a los demás, revelan a menudo sus propias carencias

No nos corresponde juzgar a nadie, no está bien vivir tu propia vida intentando ser juez, conciencia y testigo de la vida de alguien más, cada quien tiene sus propias responsabilidades y su manera de afrontar las cosas, aunque muchas veces no estés de acuerdo con el proceder de los demás, porque sientes que no es el más acertado o porque simplemente tú no actuarías de la misma manera, es menester de cada quien decidir sobre su propia vida.

«Algunos necios desaprueban aquello que son incapaces de hacer» (Cristina de Suecia). 

La crítica suele ser destructiva en muchas formas, aunque se hable de una crítica constructiva, nunca es del todo bien recibida, menos aún cuando se percibe que no es manifestada con la mejor intención, el caso es que más allá de las críticas en sus diversas formas, existen personas que viven constantemente de la crítica, esto se hace un hábito cotidiano y casi necesario en su vida, de hecho suelen relacionarse con muchas personas desde la crítica hacia los demás.

Todo aquello que se critica no revela más que una carencia propia, no somos más que reflejos, todos los seres humanos partimos de la misma esencia, son nuestros pensamientos los que comienzan a diferenciarnos, comenzamos a ver la vida fragmentada, así vamos asumiendo roles, tomando decisiones y tratando de llevar los asuntos de la vida de manera separada, cuando en realidad la vida forma parte de un todo, que sea como sea que se enfoque, finalmente entenderemos que todo se relaciona en su totalidad.

Para nadie resulta sano vivir criticando, la crítica únicamente trae angustias, malos comentarios, influencias negativas y nada placenteras, solemos ver en los demás lo que ante nuestros ojos desaparece de nosotros mismos, somos incapaces de reconocer muchas cosas de nuestra persona, pero lo identificamos en los demás casi automáticamente.

Las carencias de la vida siempre se hacen presente, si no logramos armonizar nuestro ser interior con nuestra manera de llevar la vida, nunca encontraremos una total conformidad en lo que hacemos o en lo que tenemos, siempre existirá una especie de vacío, de soledad, de ruido o de silencio, algo nos falta…no nos sentimos del todo felices, no la mayoría del tiempo, así que las carencias siempre están, en nuestra mente, hasta que logramos unificar la visión de toda nuestra vida, como un todo, una clara totalidad.

«No quiero criticar a nadie en el mundo, sino a mí mismo, en quien reconozco numerosos defectos» (William Shakespeare). 

Esta insatisfacción nos lleva a entregarnos a vivir la vida de los demás y la manera más directa de llegar a ellas es la crítica, ver en otros aquello que consideramos no está bien, pero que finalmente es sólo una proyección propia y que si miramos hondo en nuestro ser veremos nuestro propio defecto o nuestra propia necesidad.

Abstenerse de realizar críticas, resulta una manera maravillosa de depurar tu propia vida, porque no sólo te libera de levantar calumnias a los demás, sino que comienzas a educar y limpiar tu pensamiento, por ende tu palabra y por consiguiente tu acción, empiezas a entregarte a tu propia vida y dejas a los demás vivir la suya.

Ama tu vida y disfruta el placer de vivirla, deja que cada quien tome sus decisiones, no las critiques, no seas juez de nadie, brinda consejos a quien lo requiera y te lo haga saber, pero criticar a los demás no demuestra mayor cosa que las propias carencias.


Sara Tibet | RinconDelTibet.Com

La espiral de la queja

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A menudo quizá nos descubrimos quejándonos de pequeños rechazos, de faltas de consideración o de descuidos de los demás. Observamos en nuestro interior ese murmullo, ese gemido, ese lamento que crece y crece aunque no lo queramos. Y vemos que cuanto más nos refugiamos en él, peor nos sentimos; cuanto más lo analizamos, más razones aparecen para seguir quejándonos; cuanto más profundamente entramos en esas razones, más complicadas se vuelven.

Es la queja de un corazón que siente que nunca recibe lo que le corresponde. Una queja expresada de mil maneras, pero que siempre termina creando un fondo de amargura y de decepción.

Hay un enorme y oscuro poder en esa vehemente queja interior. Cada vez que una persona se deja seducir por esas ideas, se enreda un poco más en una espiral de rechazo interminable. La condena a otros, y la condena a uno mismo, crecen más y más. Se adentra en el laberinto de su propio descontento, hasta que al final puede sentirse la persona más incomprendida, rechazada y despreciada del mundo.

Además, quejarse es muchas veces contraproducente. Cuando nos lamentamos de algo con la esperanza de inspirar pena y así recibir una satisfacción, el resultado es con frecuencia lo contrario de lo que intentamos conseguir. La queja habitual conduce a más rechazo, pues es agotador convivir con alguien que tiende al victimismo, o que en todo ve desaires o menosprecios, o que espera de los demás —o de la vida en general— lo que de ordinario no se puede exigir. La raíz de esa frustración está no pocas veces en que esa persona se ve autodefraudada, y es difícil dar respuesta a sus quejas porque en el fondo a quien rechaza es a sí misma.

Una vez que la queja se hace fuerte en alguien – en su interior, o en su actitud exterior -, esa persona pierde la espontaneidad hasta el punto de que la alegría que observa en otros tiende a evocar en ella un sentimiento de tristeza, e incluso de rencor. Ante la alegría de los demás, enseguida empieza a sospechar. Alegría y resentimiento no puede coexistir: cuando hay resentimiento, la alegría, en vez de invitar a la alegría, origina un mayor rechazo.

Esa actitud de queja es aún más grave cuando va asociada a una referencia constante a la propia virtud, al supuesto propio buen hacer: «Yo hago esto, y lo otro, y estoy aquí trabajando, preocupándome de aquello, intentando eso otro… y en cambio él, o ella, mientras, se despreocupan, hacen el vago, van a lo suyo, son así o asá…».

Como ha escrito Henri J.M.Nouwen, son quejas y susceptibilidades que parecen estar misteriosamente ligadas a elogiables actitudes en uno mismo. Todo un estilo patológico de pensamiento que desespera enormemente a quien lo sufre. Justo en el momento en que quiere hablar o actuar desde la actitud más altruista y más digna, se encuentra atrapado por sentimientos de ira o de rencor. Cuanto más desinteresado pretende ser, más se obsesiona en que se valore lo que él hace. Cuanto más se esmera en hacer todo lo posible, más se pregunta por qué los demás no hacen lo mismo que él. Cuanto más generoso quiere mostrarse, más envidia siente por quienes se abandonan en el egoísmo.

Cuando se cae en esa espiral de crítica y de reproche, todo pierde su espontaneidad. El resentimiento bloquea la percepción, manifiesta envidia, se indigna constantemente porque no se le da lo que, según él, merece. Todo se convierte en sospechoso, calculado, lleno de segundas intenciones. El más mínimo movimiento reclama un contramovimiento. El más mínimo comentario debe ser analizado, el gesto más insignificante debe ser evaluado. La vida se convierte en una estrategia de agravios y reivindicaciones. En el fondo de todo aparece constantemente un yo resentido y quejoso.

¿Cuál es la solución a esto? Quizá lo mejor sea esforzarse en dar más entrada en uno mismo a la confianza y a la gratitud. Sabemos que gratitud y resentimiento no pueden coexistir. La disciplina de la gratitud es un esfuerzo explícito por recibir con alegría y serenidad lo que nos sucede. La gratitud implica una elección constante. Puedo elegir ser agradecido aunque mis emociones y sentimientos primarios estén impregnados de dolor. Es sorprendente la cantidad de veces en que podemos optar por la gratitud en vez de por la queja. Hay un dicho estonio que dice: «Quien no es agradecido en lo poco, tampoco lo será en lo mucho». Los pequeños actos de gratitud le hacen a uno agradecido. Sobre todo porque, poco a poco, nos hacen a uno ver que, si miramos las cosas con perspectiva, al final nos damos cuenta de que todo resulta ser para bien.


Alfonso Aguiló | Interrogantes.Net

Queja vs. crítica en la relación de pareja

Las parejas necesitan separar en sus conversaciones los asuntos de las personas, especialmente cuando exponen quejas. 

Juan y María entraron como un torbellino a mi consultorio. Sostenían una acalorada discusión.

– ¿Cuál es el problema? – pregunté.

– Es que ella me critica todo el tiempo – contestó Juan -, siendo interrumpido por ella, quién argumentó:

– Es que él no me escucha cuando le hablo; es sordo e insensible a mis necesidades y opiniones.

– Lo que pasa es que ‘ella es una cotorra que no para de hablar’, y no me da oportunidad de expresarme a mí, además ‘es una sabelotoda’ que siempre cree tener la razón –  acotó Juan -, interrumpiéndola.

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Esta es una típica conversación donde los cónyuges tienden a personalizar los problemas, recurriendo a adjetivos descalificadores. Así es imposible conversar en forma efectiva… así es difícil arribar a acuerdos mutuamente beneficiosos… así es difícil resolver problemas en la pareja.

Es importante evitar personalizar cuando se manifiesta una inconformidad. En ocasiones las quejas no van dirigidas a la situación, sino a la persona. Si los cónyuges no son cuidadosos al hacer sus planteamientos, el otro(a) puede sentirse juzgado, criticado o atacado. Esto hace que la persona que percibe que se le está atacando se ponga a la defensiva y se sienta amenazada. En tales condiciones en muy difícil obtener buenos resultados de dicha conversación.

Muchas veces la queja se torna personal y agresiva, siendo generadora de conflictos disfuncionales; en tal caso la queja se convierte en crítica. Es importante distinguir la queja de la crítica. Según Daniel Goleman «La queja es la afirmación específica de lo que perturba a la persona, con énfasis en el hecho, y la crítica es un ataque que se dirige más a la persona que al acto o situación». Por otra parte, la queja va dirigida a señalar o criticar la acción del cónyuge, y no al cónyuge mismo. La queja puede ser una forma útil de expresión de necesidades, siempre y cuando ésta no se vuelva crónica.

Veamos algunos ejemplos de queja y crítica:

Queja: Durante el último mes has estado trabajando los fines de semana y yo me he sentido sola, desatendida y con toda la carga de la casa.

Crítica: Eres un desconsiderado(a), además de un adicto(a) al trabajo. Pienso que eres un(a) egoísta.

Queja: En los últimos dos meses casi no me buscas para intimar conmigo, y me siento lejana(o) a ti.

Crítica: No eres sensible a mis necesidades sexuales. Creo que ya no tienes interés en mí.

Queja: Hace meses que no salimos solos a compartir un momento de diversión.

Crítica: Te has convertido en una persona aburrida,  ermitaña y apagada.

Con frecuencia la crítica se convierte en un ataque contra la personalidad del cónyuge, minando su autoestima, y predisponiéndolo para la confrontación. La crítica además es una fuente generadora de vergüenza, disgusto, desvalorización, inculpación y resentimiento.

Para muchas parejas la crítica se convierte en una norma de vida, en un estilo y tono de encauzar la conversación. Cuando la crítica se convierte en un patrón: una forma habitual de interacción, entonces, el sarcasmo, la ofensa, la desvalorización y la intolerancia, se entronizan como forma de convivencia en la vida de la pareja.

Las quejas están más relacionadas con las realidades de primer orden en la comunicación, y las críticas mayormente están relacionadas con las realidades de segundo orden. Las realidades de primer orden están referidas a los hechos, a las acciones específicas de las personas, a los sentimientos que la propia persona expresa de sí misma. Por el contrario, las realidades de segundo orden están referidas a los juicios de valor, a las opiniones e interpretaciones que hacemos sobre las motivaciones de otras personas. Cuando usamos realidades de segundo orden como si fueran realidades de primer orden, corremos el riesgo de equivocarnos, ser injustos, caer en la crítica, o resultarle amenazante a nuestro cónyuge.

La crítica (descalificación, culpabilización, personalización) pone a la defensiva a los cónyuges, y convierte las conversaciones en un campo de batalla. Por el contrario, la queja puede ser una herramienta útil para zanjar brechas y resolver problemas conyugales, si se utiliza sabiamente. Dice Daniel Goleman referente a la queja: «Es una expresión de inteligencia emocional básica: positiva, no beligerante ni pasiva. Pero en una crítica personal el cónyuge utiliza la queja específica para lanzar un ataque global sobre su pareja».

Los cónyuges deberían optar por callar si lo que van a decir representa una crítica. Rara vez la crítica resulta provechosa. La Biblia dice: «En las muchas palabras no falta pecado, mas el que refrena sus labios es prudente».

Este es un llamado a hablar con prudencia, pensando lo que se va a decir, antes de usar las palabras para ofender o denigrar con lo que decimos.


Arnoldo Arana | ParejasEfectivas.Blogspot.Com