Disfrutar el presente depende de ti

El ex-presidente de una famosa marca de refrescos, Bryan Dyson, hablando sobre la relación entre el trabajo y otros compromisos decía:

«Imaginen la vida como un juego en el que ustedes hacen malabarismos con cinco bolas que arrojan al aire: el trabajo, la familia, la salud, los amigos y el espíritu. De pronto se darán cuenta de que el trabajo es una bola de goma, si se cae, rebota.

Pero las otras cuatro bolas: familia, salud, amigos y espíritu, son de vidrio. Si se deja caer una de esas, va a quedar irrevocablemente dañada, rayada, rajada o rota. Nunca volverán a ser las mismas. Compréndanlo y busquen el equilibrio en la vida.

¿Cómo?

  • No disminuyan su propio valor comparándose con otros. Es porque somos diferentes que cada uno de nosotros es especial.
  • No fijen sus objetivos en razón de lo que otros consideran importante. Sólo ustedes están en condiciones de elegir lo que es mejor para ustedes.
  • No den por supuesto las cosas más queridas por su corazón. Apéguense a ellas como a la vida misma, porque sin ellas la vida carece de sentido.
  • No dejen que la vida se les escurra entre los dedos por vivir en el pasado o para el futuro.
  • No abandonen cuando todavía son capaces de un esfuerzo más. Nada termina hasta el momento en que uno deja de intentar.
  • No teman admitir que no son perfectos, ese es el frágil hilo que nos mantiene unidos.
  • No teman enfrentar riesgos, es corriendo riesgos que aprendemos a ser valientes.
  • No excluyan de sus vidas el amor diciendo que no lo pueden encontrar. La mejor forma de recibir amor es darlo. La forma más rápida de quedarse sin amor es aferrarlo demasiado. Y la mejor forma de mantener el amor es darle alas.
  • No corran tanto por la vida, que lleguen a olvidar no sólo donde han estado, sino también a dónde van.
  • No olviden que la mayor necesidad emocional de una persona es la de sentirse apreciado.
  • No teman aprender, el conocimiento es liviano, es un tesoro que se lleva fácilmente.
  • No usen imprudentemente el tiempo o las palabras, no se pueden recuperar.

La vida no es una carrera, sino un viaje que debe ser disfrutado a cada paso. El ayer es historia, el mañana es misterio y el Hoy es un regalo: por esa razón se llama «presente».

¡El cómo disfrutes el presente depende de ti! Suerte en la vida y en todo lo que hagas».

Morirse de la risa para vivir mejor

Una investigación reciente de la Universidad británica de Reading ha arrojado nuevos datos sobre los fuertes vínculos entre el sistema inmunológico y nuestro estado mental.

Se ha comprobado que los pensamientos agradables provocan un mejor ánimo, lo que aumentaría nuestras defensas.

Esto ha llevado al Dr. David Warburton, jefe de psicofarmacología de la mencionada universidad británica -y fundador de la Asociación para la Investigación de la Ciencia del Disfrute (ARISE) -, a asegurar que esa relación «prueba que la felicidad puede hacernos más saludables».

La felicidad vendría a ser como golosinas para el cerebro, algo que hace que nuestra mente se sienta consentida.

Por su parte, el Dr. William Fry, de la Universidad de Standford, asegura que la risa puede disparar las endorfinas, que son los analgésicos que produce el cerebro.

Afirma que la risa puede regular el ritmo cardíaco y bajar la presión arterial. «Es más», añade, «como usualmente un ataque de risa va seguido de tos, también sirve para aclarar los pulmones».

Veinte segundos de risa con ganas, serían el equivalente cardiovascular de tres minutos en una máquina de ejercicios.

La conclusión es simple: a reír con ganas. Es barato, efectivo… ¡y hasta puede ser contagioso!


Marjorie Ross

Hoy quiero

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  • Hoy quiero concentrarme en los pétalos y no en las espinas. Hoy quiero admirar el azul del cielo sin quejarme de las nubes.
  • Hoy pago un gozoso balance de mis dones y bendigo al Señor por todos mis talentos y por su amor sin límites.
  • Hoy tengo tiempo para valorar a mis seres queridos y dar gracias por mi trabajo, mis bienes y mi salud.

Destierro el pesimismo y entierro al desaliento porque me abro jubiloso a la experiencia de alabar y agradecer. En lugar de envidiar me dedico a elogiar, en lugar de destruir me dedico a construir, en lugar de llorar me dedico a reír.

  • Hoy tengo ojos y corazón para asombrarme con las flores, los árboles, las aves y los peces. Hoy contemplo el universo con ojos nuevos y aprecio tantas maravillas. Hoy cambio mis lamentos por bendiciones.
  • Hoy veo mis problemas como oportunidades y me animo a seguir adelante con la ayuda de Dios y de quienes me aman.
  • Hoy elijo vivir en lugar de morir.

Gonzalo Gallo González

Pesimista y optimista

El pesimista debilita su capacidad y su voluntad al cargar con el peso inútil de los mensajes negativos que se crea. Con su ansiedad y negativismo no arregla ninguno de los problemas que él mismo se crea y se siente, a toda hora, cercado de amenazas de fracaso.

El optimista, en cambio, toma sus asuntos con calma y sabe que puede llevarlos a feliz término. Con suficiente confianza en Dios y en sí mismo, el optimista encuentra las orientaciones y la fuerza para lograr todo lo que se propone.

Tú… ¿con quién te identificas…?

Disponte a vivir

Hay mucha gente que dice: «odio los domingos», «no soporto los lunes», «estoy deseando que llegue el fin de semana», «cuento los días para las vacaciones» o «cuando me jubile haré esto y aquello»… Me da la impresión de que están desperdiciando el tiempo que les toca vivir en su momento, que se pierden un trozo de vida, que posponen la felicidad o el bienestar para un futuro que quizás no es como lo imaginan.

Quiero saborear despacito mi vida, con todos sus ingredientes, con sus maravillas y sus decepciones, con sus aciertos y sus fracasos, con sus obligaciones y sus pequeños placeres, con sus dificultades y sus nuevas ilusiones y, muy especialmente, con los cambios que haya.

De momento, me dispongo a vivir el día de hoy.


Reyes A.

Los pensamientos

Los pensamientos son imágenes y palabras. La idea es como una película fotográfica: crea una imagen de la forma, que luego se magnetiza y conduce la energía física para que fluya esa forma y pueda llegar a manifestarse en el plano físico. Este principio sigue siendo válido aunque no emprendamos una acción física directa para que nuestras ideas se materialicen. El mero hecho de tener una idea o pensamiento alojados en nuestra mente, es una energía que tendrá a atraer y crear la forma en el plano material.

Si pensamos constantemente en la enfermedad, acabaremos enfermando. Si pensamos en nosotros mismos como algo hermoso, acabaremos siéndolo.

Un viajero, después de caminar horas bajo el sol, llegó a una gran llanura y, sintiéndose exhausto, cubierto de sudor, se sentó a la sombra de un árbol para descansar un rato. Enseguida comenzó a pensar que sería delicioso tener un mullido lecho para dormir.

El viajero no tenía ni la más remota idea de que estaba sentado debajo del árbol celestial. Tan pronto como surgió en su mente aquel pensamiento, vio aparecer a su lado una hermosa cama. Quedó muy sorprendido, pero no tardó en acostarse en ella.

Luego, pensó cuán placentero sería que una joven doncella viniera y le hiciera masajes en las piernas. Al momento, vio aparecer una doncella, que se sentó a sus pies y comenzó a frotar suavemente sus piernas. El viajero se sintió enormemente feliz.

Enseguida tuvo hambre y pensó: «He tenido todo lo que he deseado; ¿no podría ahora conseguir algo para comer?» De inmediato apareció ante él un plato de deliciosos manjares. Comió alegremente y habiendo quedado satisfecho por completo, volvió a tenderse sobre el lecho. Luego, comenzó a repasar en su mente los sucesos del día. Ocupado en ésto, pensó: «¡Y si un tigre me atacara de repente!» Al instante, un gran tigre saltó sobre él, le quebró la nuca y comenzó a devorarle. De este modo, el viajero perdió su vida.

Como consecuencia de este principio universal, atraemos a nuestra vida aquello en lo que pensamos más intensamente, aquello en lo que creemos con más fuerza, aquello que deseamos con mayor vehemencia, lo que imaginamos de un modo más real. Como dice la frase: «Si siembras arroz, cosecharás arroz».

Sanear nuestra mente se convierte así en una labor de primera importancia, pues los problemas graves llegarán, y conviene que nos cojan bien entrenados en un modo de pensar positivo y optimista que nos ayude a salir airosos de las tribulaciones, extrayendo de ellas su lado positivo, mirándolas desde la actitud de que «ve la botella medio llena en vez de medio vacía».


El poder mágico de la sonrisa

Desde pequeños se nos enseña que la madurez tiene que ver con la seriedad y la responsabilidad. Así, cuando crecemos creemos que estamos maduros porque nos ponemos serios, somos realistas y nos olvidamos de soñar. Exceptuando nuestro entorno, son pocas veces las que le sonreímos a un desconocido y nos olvidamos que la sonrisa es como un «virus bueno» que se contagia y alivia tensiones.

Cuando le sonreímos a otro, le estamos diciendo muchas cosas, entre ellas que nos gusta que comparta el espacio con nosotros, el otro lo decodifica y también sonríe, y es en ese momento cuando los pensamientos negativos quedan a un lado.

La sonrisa es un aliviador natural. Sonreímos cuando nos sentimos bien, cuando sucede algo gracioso, cuando estamos contentos o emocionados por alguna noticia, y así hay infinidad de situaciones que nos hacen sonreír.

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La magia de la sonrisa

Pero lo más importante que tiene la sonrisa cuando va dirigida a otra persona es la transmisión de una sensación de compañía, que el otro no está sólo en el «hormiguero» de gente que va y viene en medio de las calles de una gran ciudad y que nosotros, al recibir una sonrisa de vuelta, tampoco lo estamos.

Muchas conversaciones con personas que no conocemos comienzan con un intercambio de sonrisa. Ésta también es una parte de la magia, otra parte es la sensación de bienestar que causa sonreír y también lo importante que es en momentos de acompañamiento de otra persona que sufre.

Muchas veces en momentos en los que las palabras no pueden cubrir el espacio, lo puede hacer la sonrisa. Es capaz de comunicar que estoy con el otro y para el otro en su momento de dolor y, al ser contagiosa, hace que el otro por un momento olvide el dolor que tiene e inconscientemente, sonría.

Regalar sonrisas es algo efectivo que podemos hacer para desconectarnos de la rutina, ya que nos saca la negatividad de los problemas y nos cambia el punto de vista, es como si cambiaras los polos de negativo a positivo.

Si te animas a regalar sonrisas en tu vida cotidiana, adelante. Verás que los resultados son infalibles y realmente mágicos. Sonríe al panadero, al cajero del supermercado, al chofer del colectivo y hasta a tu compañero de asiento, te darás cuenta en breve de que la sonrisa es un motor de buenas emociones y que contagia el buen clima a tu alrededor.


José Mariano Biaus | LaMenteEsMaravillosa.Com

El entusiasmo

La palabra entusiasmo proviene del griego y significa tener un Dios dentro de sí.

La persona entusiasta o entusiasmada era aquella que era tomada por uno de los dioses, guiada por su fuerza y sabiduría, y por ese motivo podría transformar la naturaleza que lo rodea y hacer que ocurrieran cosas.

Sólo las personas entusiastas eran capaces de vencer los desafíos de lo cotidiano. Era necesario por lo tanto entusiasmarse para resolver los problemas que se presentaban y pasar a una nueva situación. El entusiasmo no es una cualidad que se construye o que se desarrolla. Es un estado de fe, de afirmación de sí mismo.

La persona entusiasta es aquella que cree en su capacidad de transformar las cosas, cree en sí misma, cree en los demás, cree en la fuerza que tiene para transformar el mundo y su propia realidad. Está impulsada a actuar en el mundo, a transformarlo, movida por la fuerza y la certeza en sus acciones.

El entusiasmo es lo que da una nueva visión de la vida.

Entusiasmo es distinto del optimismo. Mucha gente confunde el optimismo con el entusiasmo.

Optimismo significa creer que algo favorable va ocurrir, inclusive anhelar que ello ocurra, es ver el lado positivo de las cosas, es una postura amable ante los hechos que ocurren. En cambio el entusiasmo es acción y transformación, es la reconciliación entre uno mismo y los hechos, las cosas.

Sólo hay una manera de ser entusiasta: actuando entusiasmadamente.

Si tuviéramos que esperar tener las condiciones ideales primero para luego entusiasmarnos, jamás nos entusiasmaríamos por algo, pues siempre tendríamos razones para no entusiasmarnos.

No son «las cosas que van bien» lo que trae entusiasmo, es el entusiasmo que nos hace hacer bien las cosas. Hay personas que se quedan esperando que las condiciones mejoren, que llegue el éxito, que mejore su trabajo, que mejore su relación de pareja o de familia para luego entusiasmarse… la verdad es que jamás se entusiasmarán por algo.

Si creemos que es imposible entusiasmarnos por las condiciones actuales en las que nos tocó vivir, lo más probable será que jamás saldremos de esa situación.

Es necesario creer en uno mismo, en la capacidad de hacer, de transformarse y transformar la realidad que nos rodea.

Dejar de un lado toda la negatividad, dejar de un lado todo el escepticismo, dejar de ser incrédulo y ser entusiasta con la vida, con quienes nos rodean y con uno mismo.


Anónimo

Una sonrisa cálida

Una sonrisa cálida y sincera es un valioso rasgo de tu personalidad.

  • Sonríe para que alivies el peso de cualquier problema.
  • Sonríe para que ayudes a tus amigos a vivir alegres.
  • Sonríe para que ganes nuevos amigos.
  • Sonríe para que mejores tu atractivo personal.

Al sonreír expresas la dicha de vivir y la satisfacción de convivir con los que te acompañan.

La sonrisa subraya la alegría de compartir la paz y la armonía, y de trabajar concordes por el bien de la propia comunidad.

La sonrisa amable y sincera es la flor que brota de un corazón generoso.


Tiberio López Fernández

¡Estamos enhorabuena!

Una empresa fabricante de zapatos envió un viajante a África para que abriese un nuevo mercado. Después de un mes, el viajante volvió a la empresa con un informe totalmente negativo diciendo que allí no había ninguna posibilidad:

– En África casi todos van descalzos. Por lo tanto, no vamos a vender nada.

La dirección de la empresa, no obstante, decidió enviar allí a un segundo viajante. Éste, después de un mes, elaboró un informe totalmente positivo:

– ¡Estamos de enhorabuena, señores! En aquel país nadie tiene zapatos. ¡Tenemos todo un mercado para abrir!


Anónimo

Realismo

Hay un dicho muy conocido según el cual un optimista inventó el avión, un pesimista no lo usa y un realista se sube en él con paracaídas.

La persona realista sabe equilibrar los sueños del optimista con la prevención del pesimista.

La persona realista piensa en lo mejor y lucha por lo mejor, pero acepta que los fracasos forman parte de todo proceso.

En todo nos conviene actuar con realismo y en especial en nuestras relaciones amorosas y sociales. No contar con imponderables ni presupuestar crisis sería como practicar un deporte queriendo ganar siempre.

Las derrotas también nos enseñan valiosas lecciones y casi siempre aprendemos más de las caídas que de los triunfos.

En el deporte los ejemplos son constantes, como lo cuenta el atleta Carl Lewis, ya que sus inicios fueron bien desalentadores.

Sólo que él supo insistir, se comprometió en su carrera y no se dio por vencido. Fue realista como ojalá lo seamos nosotros siempre. Es de sabios contar con las crisis y aprender de ellas.


Anónimo

Los pensamientos positivos capacitan

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Los pensamientos positivos son los únicos que nos permiten acumular fuerza interior y nos capacitan a ser constructivos. Los pensamientos positivos son los que siempre dan beneficio en todas las situaciones sin atraparnos en la apariencia externa de una situación.

Pensar positivamente no significa que ignoremos la realidad a nuestro alrededor y pretender vivir en lo irreal o pretender ser otro. Pensar positivamente significa ver los problemas y reconocer su realidad, pero al mismo tiempo ser capaces de encontrar soluciones a ese problema.

A menudo, esto requiere tolerancia, paciencia y sentido común. Es fácil ser pesimista, así como ser optimista, pero necesitamos ser muy cuidadosos y maduros si queremos ser realistas. Una persona que piensa positivamente será consciente de las debilidades de los demás a su alrededor, pero aun así dirigirá su atención hacia las buenas tendencias de los demás.

Los pensamientos positivos nos dan el sentimiento de sentirnos contentos interiormente y gracias a esto nuestras expectativas hacia los demás disminuyen cada vez más. Esto no significa que no nos importen, sino que dejamos de pedirles amor, respeto, reconocimiento, etc. y hacemos que la relación sea más ligera. Éste es el mejor método para crear relaciones duraderas y armoniosas.

También cuando estamos contentos interiormente tenemos la fortaleza para aceptar a los demás tal como son sin querer cambiarles como nosotros pensamos que sería correcto. Junto a esto somos capaces de darnos tal como somos, con nuestros talentos positivos y nuestras limitaciones, sin pretender otra cosa.


Anthony Strano

Una mujercita con suerte

El siguiente cuento, uno de mis favoritos, titulado «Una Mujercita con Suerte» ilustra perfectamente cómo una actitud mental positiva que sabe extraer lo bueno que encierra toda situación, aunque aparentemente sea dolorosa, es una plena garantía de suerte y felicidad.

Una mujer pobre tenía la costumbre de ir todas las mañanas a un bosque cercano a su casa para recoger leña, que luego vendía a sus vecinos. Cierto día, encontró bajo un roble un caldero viejo de latón, ya muy oxidado por la intemperie.

– ¡Vaya, qué suerte! – exclamó -. Tiene un agujero, y no me servirá para llevar agua, pero podré utilizarlo para plantar flores. Tapó el caldero con su mantón y, cargándolo al hombro, emprendió el camino hacia su humilde choza. Pero empezó a notar que el caldero iba pesando más y más, así que se sentó a descansar. Cuando puso el caldero en el suelo, vio con asombro que estaba lleno de monedas de oro.

– ¡Qué suerte tengo! – volvió a exclamar, llena de alegría -. Todas estas monedas para una pobre mujer como yo. Mas pronto tuvo que volver a pararse. Desató el mantón para ver su tesoro y, entonces, se llevó otra sorpresa: El caldero lleno de oro se había convertido en un trozo de hierro.

– ¡Qué suerte tan maravillosa! – dijo -. ¿Qué iba a hacer una mujercita como yo con todas esas monedas de oro? Seguro que los ladrones me robarían todo. Por este trozo de hierro me ganaré unas cuantas monedas normales, que es todo lo que necesito para ir tirando.

Envolvió el trozo de hierro, y prosiguió su camino.

Cuando salió del bosque, volvió a sentarse, y decidió mirar otra vez en su mantón, por si el destino le había dado otra sorpresa. Y, en efecto, así era: el trozo de hierro se había convertido en una gran piedra.

– ¡Vaya suerte que tengo hoy! – dijo -. Esta piedra es lo que necesito para sujetar la puerta del jardín, que siempre golpea cuando hace viento.

En cuanto llegó a su casa, fue hacia la puerta del jardín y abrió el mantón para sacar la piedra. Mas, nada más desatar los nudos, una extraña criatura saltó fuera. Tenía una enorme cola con pelos de varios colores, unas orejas puntiagudas y unas patas largas y delgadísimas. La mujercita quedó maravillada al ver que la aparición daba tres vueltas alrededor y luego se alejaba bailando por el valle.

– ¡Qué suerte tengo! – exclamó -. Pensar que yo, una pobre mujercita, ha podido contemplar este maravilloso espectáculo… Estoy segura de que soy la pobre mujercita solitaria con más suerte del mundo entero.

Y se fue a la cama tan alegre como siempre. Y, según se cuenta, lo más curioso es que, desde aquel día, la suerte de esta pobre mujer cambió, y ya nunca volvió a ser pobre ni solitaria.


Anónimo

Juventud

La juventud no es una época de la vida; es un estado mental.

No consiste en tener mejillas sonrosadas, labios rojos y piernas ágiles.

Es cuestión de voluntad; implica una cualidad de la imaginación; un vigor de las emociones; es la frescura de las profundas fuentes de la vida.

Juventud es el predominio temperamental del arrojo sobre la pusilanimidad de los apetitos; del ímpetu aventurero sobre el apego a la comodidad. Esta actitud a menudo se encuentra más en un hombre de sesenta años que un muchacho de veinte.

Nadie envejece meramente por el número de años que ha cumplido. Envejecemos cuando despertamos de nuestros ideales.

Los años pueden arrugar la piel; pero cuando se renuncia al entusiasmo, le salen arrugas al alma. Las preocupaciones, el temor, la falta de confianza en sí mismo, encogen el corazón y aniquilan el espíritu.

Lo mismo a los sesenta años que a los dieciséis, en todo corazón humano palpitan el ansia por lo maravilloso, el constante apetito – como de un niño – por lo que ha de venir, y la alegría inherente al juego de la vida.

En el centro del corazón – del tuyo y del mío – existe una estación de radio. Mientras reciba mensajes de belleza, esperanza, alegría, valor y fuerza, tanto de los hombres como del infinito, seguirás siendo joven.

Cuando se abatan tus antenas, cuando las nieves del cinismo y el hielo del pesimismo cubran tu espíritu, entonces habrás envejecido, aunque sólo tengas veinte años.

Pero mientras tus antenas sigan en alto, dispuestas a captar las ondas del optimismo, hay esperanza de que mueras joven, aun cuando seas un octagenario.


Samuel Ullman

El dilema de siempre agradar

Intentar complacer a los demás todo el tiempo puede tener efectos emocionales nocivos. 

En constantes ocasiones hemos publicado en este diario que la felicidad se encuentra en muchas partes y que todos de una forma u otra vivimos buscando ser felices.

De hecho, una búsqueda rápida en librerías en internet refleja que hay miles de trabajos dedicados a investigar cómo ser feliz, pero la realidad es que no hay una forma exacta para encontrarla.

De acuerdo con el consejero profesional licenciado Alberto Cancel Soto, de los factores que determinan la felicidad sólo un 10% son circunstanciales, (estatus marital, profesión, salud, edad, zona geográfica e ingresos), 50% son factores genéticos y 40% se deben a actividades intencionadas. Esto significa que este por ciento está bajo nuestro control y se refiere a patrones de pensamiento y conducta que podemos desarrollar para incrementar la felicidad.

Como parte de esa búsqueda de satisfacción algunos se refugian en el alcohol, en el exceso de compromisos sociales u otras conductas nocivas. Una de ellas es lo que la doctora Harriet B. Braker denominó hace diez años como «The disease to please» o la enfermedad de querer agradar a los demás constantemente.

Y es que muchos de estos «people pleasers» consideran que deben hacer todo lo que esté a su alcance para lograr hacer a todos a su alrededor felices y por consecuencia se ellos se sentirán felices.

«Quienes padecen de este síndrome son personas que dicen sí a todo cuando realmente quieren decir no. Para ellos la necesidad de conseguir la aprobación de otros es una adicción. El miedo a la confrontación hace que estas personas utilicen su amabilidad y habilidad de agradar otros como una coraza de protección», explica Braker.

De acuerdo con la doctora, en la mayoría de las ocasiones quienes padecen de este síndrome lo saben pero desconocen cómo abordarlo o cómo enfrentarlo.

Una vez identificado es importante comenzar a dar pequeños pasos para atreverte a decir que no.

La experta aconseja comenzar a hacerlo con cosas sencillas. Una vez te hacen una petición toma un momento, respira y siéntete en la confianza de decir que no, sin dar explicaciones adicionales. Poco a poco incorpora el ejercicio en diferentes momentos y situaciones con amigos, familiares compañeros de trabajo y hasta desconocidos.

Esto en teoría, te ayudará a sentirte más seguro en ocasiones subsiguientes.

El consejero Cancel añade que una de las razones para encontrar la felicidad propia es reconocer que nunca se podrá agradar a los demás todo el tiempo y que lo ideal es evitar el pensamiento perfeccionista. «Una fuente de miseria emocional es exigir que las cosas funcionen siempre como queremos. Muchos problemas emocionales surgen de no distinguir entre preferencias y necesidades. Podemos aprender a decir me gustaría, preferiría, pero no lo necesito», explica Cancel.

Recomendaciones

Desarrolla un pensamiento optimista como estilo de vida. El optimista espera un futuro mejor, interpreta las circunstancias negativas como temporales y que sólo afectan algunas áreas de la vida, explica el consejero Cancel.

Aprende a tolerar a los demás. Esperar demasiado de las personas es fuente de frustración. No importa cuán inteligente sean, de vez en cuando, mantendrán ideas irracionales y no importan cuan bondadosos sean, manifestarán conductas egoístas. Las personas tienen derecho a pensar y actuar diferente a nosotros. Es lo que queremos decir cuando decimos que nadie es perfecto.


Catalina Reyes | ElNuevoDía.Com