Saber esperar

«El que esperar puede, alcanza lo que quiere».

Sirva esta frase para hacernos pensar acerca del momento en el que nos pasan las cosas. Las cosas ocurren cuando tienen que ocurrir. Grandes debates me han acompañado sobre la causalidad y la casualidad, sobre la relación causa-efecto de todo lo que pasa o el azaroso proceder de una vida sin rumbo determinado. Es posible que todo tenga una relación entre sí y que el mero desconocimiento de la relación causal sea lo que llamamos suerte, o es posible también que nuestras vidas dependan de una «estrella» que nos acompañe (o no) en nuestro devenir fáctico, pero de lo que no tengo duda, es de la importancia de saber esperar. Hoy en día nos dejamos llevar por una «mentalidad de tarjeta de crédito», es decir, lo quiero todo ya y luego ya veremos cómo lo argumento, cómo lo justifico, qué utilidad le saco, y muchas veces entramos en una vorágine de consumo de experiencias que no somos capaces de madurar y nos producen bloqueos vitales que acaban en una fuente de estrés importante.

Las cosas llevan su tiempo. No es fácil conseguir un objetivo, todo requiere de tiempo, de habilidad, de destreza, de delicadeza, de lucidez… hay que saber esperar el mejor momento para conseguir lo que se quiere, hay que entender el ritmo propio de la vida personal y de las personas que nos rodean, tenemos que leernos a nosotros mismos, leer nuestras intenciones, nuestras tentaciones, nuestras ilusiones, nuestras utopías… El que sabe esperar, entiende que las cosas cuestan de conseguir, entiende que la paciencia es una virtud que ayuda en el tiempo de incertidumbre, el que sabe esperar escucha el pálpito de una vida que lleva sus ritmos y que marcan una melodía y somos nosotros los que nos adoptamos a ella. Por eso el que sabe esperar, el que puede esperar, alcanza lo que quiere, consigue el objetivo pretendido, es capaz de descifrar el ritmo vital que acopla nuestro palpitar, con la melodía de la vida. No es fácil saber cuándo hablar, saber cuándo callar, saber cuándo actuar o saber cuándo escuchar, no es fácil saber cuándo proponer, o cuando simplemente disponer. Tendemos a hacer, a producir, y muchas veces no sabemos por qué. Tenemos que aprender a esperar, a proveer, a intuir, a programar, a planificar, a revisar, y finalmente a convencernos para actuar, porque las cosas llegan…y pasan, pero hay que saber cuándo debemos hacerlo.

Saber esperar es un paso más en el conocimiento personal.


Javier Bailén | SirvaPara.Wordpress.Com

El árbol muerto y la paciencia

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Recuerdo que un invierno mi padre necesitaba leña, así que buscó un árbol muerto y lo cortó. Pero luego, en la primavera, vio desolado que al tronco marchito de ese árbol le brotaron renuevos. Mi padre dijo:

«Estaba yo seguro de que ese árbol estaba muerto. Había perdido todas las hojas en el invierno. Pero se ve que hacía tanto frío que las ramas se quebraban y caían como si no le quedara al viejo tronco ni una pizca de vida. Pero ahora advierto que aún alentaba la vida en aquel tronco».

Y volviéndose hacia mí, me aconsejó:

«Nunca olvides esta lección. Jamás cortes un árbol en invierno. Jamás tomes una decisión negativa en tiempo adverso. Nunca decisiones importantes decisiones cuando estés en tu peor estado de ánimo. Espera. Sé paciente. La tormenta pasará. Recuerda que la primavera volverá».

Y es que de eso se trata la paciencia, de esperar, de la facultad de padecer o soportar algo sin alterarse. De esperar cuando algo se desea mucho. La palabra paciencia viene de la raíz latina pati que significa sufrir. Es por eso que en medicina paciente significa «el que sufre». Paciencia implica el sufrimiento de esperar con dignidad tiempos mejores, una buena recompensa que vendrá ya sea con el paso del tiempo o con el trabajo perseverante.

Decía el poeta chileno Pablo Neruda (1904-1973): «Sólo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres. Así la poesía no habrá cantado en vano».

La paciencia es un valor de quienes, de forma madura, han aprendido a sufrir y tolerar las contrariedades con fortaleza. Es esperar con calma que las cosas sucedan y otorgarles el tiempo que la prudencia permita.  Como dice el proverbio persa: «La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces».

Paciencia no es indiferencia ni insensibilidad. Tampoco significa sólo esperar hasta que cambie la situación desfavorable o hasta que alguien más haga lo que se debe hacer. El poeta Mariano Anguiló decía: «No confundas la paciencia, coraje de la virtud, con la estúpida indolencia del que se da por vencido».

Paciencia es lo que se necesita para educar a los hijos sin gritos, con tolerancia y de la mejor manera posible. También para soportar el tráfico cotidiano, compañeros de trabajo no muy agraciados o las inclemencias del tiempo. La falta de paciencia nos conduce, de manera irremediable, a la desesperación, los gritos y la irritación. De esta manera lo que hacemos es que el caos sea mayor.

Aristóteles describe a la paciencia como una virtud, como el punto medio o equilibrio entre emociones extremas. Con la paciencia se logra sobreponerse a las emociones generadas por las desgracias o aflicciones.

No olvidemos que la impaciencia puede ir acompañada de un vicio antiético como lo es la ira, así como también de insensatez y falta de amabilidad con quienes nos rodean. Al contrario actuar con paciencia es hacer uso de la serenidad y la calma.

Así que no olvides, quien quiere acertar tiene que aguardar y para subir una escalera hay que empezar por el primer peldaño.


Agustín Sequera | Inspirulina.Com

Fábula para impacientes

La siguiente fábula del escritor chino Xue Tao es bien apropiada para las personas impacientes:

Un mandarín, a punto de asumir su primer puesto oficial, recibió la visita de un gran amigo que iba a despedirse.

– Sobre todo, sé paciente – le recomendó su amigo -, y de esa manera no tendrás dificultades en tus funciones.

El mandarín dijo que no lo olvidaría y dio gracias por el consejo.

Su amigo le repitió tres veces la misma recomendación, y cada vez, el futuro magistrado le prometió seguir su consejo.

Pero cuando por cuarta vez le hizo la misma advertencia, estalló y dijo:

– ¿Crees que soy un imbécil? ¡Basta! ¡Ya van cuatro veces que me has repetido lo mismo!

– Ya ves que no es fácil ser paciente – le contestó su amigo con calma -. Lo único que he hecho es repetir mi consejo dos veces más de lo conveniente y ya has montado en cólera.

Un poco cada día 

Amigo mío, hombre, llevas todo tu pasado sobre la espalda y quieres llevar también todo tu porvenir. Es demasiado.

La vida se te da en porciones de 24 horas. ¿Por qué quieres llevarlo todo de golpe? No estás hecho para serlo. ¡Te morirías!

Debes aprender a volar poco a poco, a ciegas, como hacen los pilotos en la niebla.

Sabes lo que debes hacer, con sencillez, todos los días. Hazlo ciegamente. Sin reflexionar. Sin atormentarte. Sométete ciegamente a la dirección de otro. Ten paciencia, ten mucha paciencia, incluso para contigo mismo.


Phil Bosmans

Paciencia

«El dolor aligera su carga cuando uno cae en la cuenta de que, como todas las cosas de este mundo, tendrá un final».

BRUNO BETTELHEIM  

Reconciliarse con el tiempo, dejar que el dolor se tome su tiempo, son tareas que en la actualidad al ser humano le cuesta realizar porque parece que siempre va corriendo a todas partes. El dolor es mayor cuando uno cree que no va a acabar nunca, cuando la prisa está en medio, estorbando su ritmo natural, porque la prisa es exigente, y hace sentir culpable al que no es capaz de ir más rápido. Pero si el dolor no es eterno porque nada lo es, ¿por qué atormentarse por el tiempo necesario para digerirlo por completo?

Hay que dignificar el dolor. Hay que tenerle paciencia.


Reyes A.

El amor y la paciencia

Nada nutre más al amor que la paciencia. Es la cualidad que nos ayuda a esperar, entender y tener esperanzas. A veces parece quedar olvidada en un mundo que avanza a doble velocidad.

La paciencia significa mantener la serenidad y la contemplación frente a las desilusiones y los fracasos. No obstante, queremos acción, queremos soluciones, queremos respuestas. Y queremos que lleguen inmediatamente. Esta filosofía es la responsable de juicios apresurados, que causan mucho dolor y desesperación innecesarios.

En el amor, las respuestas más importantes llevan tiempo, y ese tiempo debe estar lleno de esperanzas y vacío de presiones. Muchos problemas son sólo sombras que generalmente desaparecen si se tiene paciencia. Aquellos que realmente aman aprendieron a enfrentar los tiempos difíciles con alegría. El premio más grande de la paciencia es el amor duradero.


Leo Buscaglia