Relaciones adictivas, hay amores que matan

Dicen que el amor mueve al mundo y es por eso que todos soñamos con poder disfrutar de una relación idílica… Pero, ¿qué es realmente el amor?, ¿es una tormenta arrasadora o es un hermoso día despejado?

Por todas partes nos llegan modelos de lo que debe ser una relación de pareja, a partir de los cuales nos hacemos una idea propia de lo que es el amor. Estas ideas, lamentablemente, no siempre son las más sanas. Por eso, las creencias equivocadas pueden convertir a la pareja en una peligrosa droga, sin la cual la vida parece perder sentido.

Amor, yo sin ti no valgo nada

Los niños son como esponjas que absorben todo lo que ocurre a su alrededor. Así, si las relaciones en el hogar fueron una mezcla de amor y dolor, porque había maltrato, indiferencia o manipulación, es probable que se repitan los mismos patrones disfuncionales o que se generen otros diferentes, pero igualmente perjudiciales.

Esto ocurre porque automáticamente tendemos a buscar lo que nos resulta familiar, pues los modelos con los que crecimos dejan una huella profunda en nosotros.

Desafortunadamente, en infinidad de casos el amor se confunde con dependencia y las relaciones se tornan tóxicas. Esto ocurre cuando hay una autoestima baja y se cree que hay que buscar el amor fuera de uno mismo y conseguirlo a costa de la propia dignidad.

La comedia romántica versus la tragedia

En la vida real, las relaciones, al igual que ocurre en las historias que vemos a través de la pantalla, o en el teatro, obedecen a estos dos tipos básicos. Pero, ¿qué es lo que hace divertida a una comedia romántica? Es ese ingrediente especial, llamado sentido del humor, el cual hace que la relación sea ligera y alegre y que la pareja se divierta horrores.

En cambio, en una tragedia, el sentido del humor brilla por su ausencia, y la relación se toma demasiado en serio, tornándose pesada, dramática y lo que es peor, adictiva.

Hay varias «alertas rojas» que identifican a una relación adictiva, tales como la posesividad, la manipulación, el irrespeto, los celos desproporcionados, la descalificación, la dependencia, la inseguridad y el maltrato.

En realidad, lo que todas estas señales tienen en común es el miedo a no ser amado ni aceptado tal como uno es. Por ese motivo se juega un rol, ya sea de sumisión o de dominación, para intentar controlar al otro y así seguir obteniendo la tan deseada «droga»: afecto y atención.

El secreto

Hay una clave para protagonizar una divertida comedia romántica, en vez de una dolorosa tragedia, y es saber que la fuente de amor está dentro de nosotros mismos, no fuera.

Cuando tenemos esta certeza, comprendemos que, independientemente de las personas que pasen por nuestra vida, vamos a estar bien, porque somos capaces de darnos a nosotros mismos el cariño, el cuidado, la compasión y la aceptación que necesitamos.

En cambio, si ponemos la fuente de estima en otra persona, la sola idea de perderla es devastadora y hacemos cualquier cosa por recibir esa engañosa dosis de afecto, llegando a cualquier extremo. Exactamente igual que lo haría una persona con problemas de dependencia a una droga.

Entonces, no hace falta contorsionarse para obtener la «droga» del amor de otra persona, ya que esto, paradójicamente, sólo lograría el efecto contrario. Sólo hace falta que sepas que eres merecedor de cariño tal y como eres, que lo expreses y lo demuestres constantemente.

Una persona segura de sí misma irradia un encanto verdaderamente irresistible. Por lo tanto, comienza por amarte a ti mismo; eso atraerá, por añadidura, a la pareja «ideal» que estás buscando.


Paula Aroca | LaMenteEsMaravillosa.Com

Para después de la luna de miel

Hay que aprender a turnarse el mal humor.

Nunca se disgusten los dos a la vez. Si los dos pierden el control, entonces sí están al borde de la tragedia. El piloto y el copiloto no pueden salir al mismo tiempo de la cabina de control. Alguien tiene que llevar el mando.

No se griten nunca.

La única excepción es si la casa se está quemando. Todo ruido desagradable es nocivo en el hogar. Pero si el ruido se hace con la lengua, y en ese momento ésta es de fuego, eso es una bomba atómica. Y la única bomba que puede existir en una casa es la de los niños, para inflar la llanta de su bicicleta.

Complázcanse mutuamente, siempre que no haya una razón de mucho peso.

Si alguno se niega a los deseos del otro, que siempre exista esa razón. Pero esto tienen que hacerlo de mutuo acuerdo. Así ninguno de los dos será el consentido, y ninguno de los dos se convertirá en protector.

Cuando haya una oportunidad de lucirse, por ejemplo en la conversación, procuren que el lucido sea el otro.

Es un pequeño detalle que la mayor parte de las veces no cuesta nada, pero se agradece mucho. Cuando esto se ha convertido en costumbre, crea un ambiente de agrado continuo, ya que nada agradecemos tanto como el que se reconozcan nuestros valores.

Dejen atrás, sin miedo y sin reservas, su antigua vida de solteros.

No van a perder su individualidad ni su valor personal, sino que van a crecer constantemente en el amor, si realizan todas las actividades posibles como pareja. En el matrimonio, uno más uno es más que dos. Sus pasatiempos, sus amigos y familias, y aun su religión, no deben ser causa de separación, sino oportunidades para unirse más que nunca.

El hogar con fe y feliz es un hogar abierto.

Ustedes necesitan, por supuesto, su privacidad, pero no deben encerrarse en sí mismos. Especialmente los necesitados y los pobres deben sentirse bienvenidos, cómodos y respaldados en la casa de ustedes. A aquellos que comparten con alegría lo que tienen, nunca les falta lo necesario.

Nunca renueven el pasado ni la conducta errada, ni la discusión ni la falta que ya pasó y que ahora no existe.

Para ustedes dos, sólo existe el momento y el futuro inmediato, nada más. No existe el pasado ni el futuro lejano. Remover el pasado, sobre todo, es crear situaciones difíciles, sin necesidad.

Que nunca termine un día sin un regalo.

Este regalo puede ser, bien un cumplido, una ternura, una alabanza por algo que se hizo bien, una promesa, en fin, tantas cosas… pero siempre, al retirarse a la alcoba, que haya una sonrisa en la cara de ambos. Mas no esperes nunca el regalo. Dalo tú primero.

No hagan un hábito del beso, sobre todo del beso matinal y del que se espera al llegar a casa.

Que siempre haya calor en el beso, aunque ya no haya llamaradas. Este calor seco, caliente y limpio, es el mejor signo de eternidad en el amor.

Sería imposible pedir que no haya discusiones, pero no se pierdan el placer de la reconciliación.

Nunca vayan a acostarse si tienen una discusión pendiente. No tengan miedo a las discusiones, siempre que éstas, pasada una media hora, terminen en un beso.

De esta forma su hogar tendrá vida. El hogar donde no se debate y donde no se piden excusas es un muerto sin enterrar. Pero no se olviden que, en toda discusión el que menos razón tiene es el que más habla.


Anónimo

¿Por qué nos relacionamos?

La vida está basada en la capacidad de relacionarnos.

Estamos habituados en aplicar el término «relación» a la interacción entre dos personas o más pero el relacionarse es parte inherente de la vida. Todas las manifestaciones de vida se relacionan de alguna forma para poder expresarse. Dentro de la evolución, la forma más pasiva es la del mineral, pero aun así se deja percibir, utilizar, admirar como puede ser un brillante, un zafiro, un rubí, una joya. Le sigue el animal que es una forma más dinámica pues interactúa con otros animales, con la naturaleza, con los seres humanos como por ejemplo: el perro con su amo. Luego, está el ser humano donde se manifiestan diferentes formas de relacionarse pero que requiere de la interacción para subsistir. Si el ser humano no se relaciona muere, por ejemplo: Un bebé si no se relaciona con la madre o con otra figura adulta protectora no subsiste por sí solo. Por ello, manteniendo el recuerdo de la necesidad de sobrevivencia, muchas personas eligen perpetuar una relación destructiva, antes de no relacionarse, pues en el momento que se relacionan viven. Por ejemplo: Una pareja que permite atropello físico o verbal porque en el fondo prefieren tener una relación abusiva que no tener ninguna. La calidad de la relación va a depender de la actitud con que se aborde.

Las relaciones humanas interpersonales representan el gran reto para el individuo y sólo a través del Amor es que podemos relacionarnos plenamente donde podemos fusionar nuestras conciencias individuales y contactar la unidad. La verdadera razón para relacionarnos es poder regresar a la unidad de donde se parte, habiendo asimilado las vivencias, re descubriendo en el otro la condición divina. Par ello, requerimos relacionarnos. Es a través del contacto, del placer, del gozo que nos integramos a la unidad pero la mente y las emociones no clarificadas ni canalizadas nublan el camino para hacerlo. Por ejemplo: El temor que sentimos a no ser amados, a ser rechazados nos hace dudar de nuestra capacidad de lograr sostener una relación de amor. El encontrar la capacidad de amar, nace de la voluntad y disponibilidad que tengamos.

En el relacionarse con los demás es cuando los conflictos no resueltos de la mente se activan, por ello, muchas personas creen que si no se relacionan sentimentalmente no tendrán problemas mayores debido a que considera que el roce de la incomodidad sólo se presenta con la presencia de otra persona cuando en realidad, las relaciones son un termómetro de nuestro estado interno Por ello, la fricción de la interacción es el activador del autoconocimiento porque primero el conflicto tiene que estar adentro para que se pueda manifestar afuera a través de otra persona. El evadir relacionarse sentimentalmente y sacrificar la plenitud del contacto perpetúa los problemas internos pues no son puestos en evidencia. En la medida que no estemos dispuestos a solventar los conflictos emocionales no se pueden tener relaciones significativas, duraderas, nutritivas.

La mayoría de las personas sólo se relacionan a través del intercambio de ideas, del placer sexual pero esa atracción no garantiza una comunicación profunda ni una relación duradera sino más bien un momento de proximidad que nos aleje de la soledad que probablemente en ese momento estemos sintiendo. Este tipo de relaciones pueden ser distraídas y placenteras pero tarde o temprano entrarán en conflicto pues el verdadero Ser no se ha revelado por temor a ser expuesto, a mostrar los conflictos y ser rechazado.

El verdadero ingrediente para tener una relación significativa es ser genuino, abierto. Es bajar las defensas, permitirse involucrarse, ser vulnerable, envolverse en el sentir. Para ello, hay que darse permiso de conocerse a sí mismo porque ¿cómo se puede comunicar a los demás lo que o no nos atrevemos a comunicar a nosotros mismos? ¿Cómo puedes hablar de tus necesidades con tu pareja si no las has reconocido primero?

Date el permiso de sentirte para que puedas sentir plenamente la integración con tu pareja.


María Dolores Paoli | Psicóloga y autora del libro Niños Índigos: Nuevo Paso en la Evolución.

Un amor menor

A veces, nos pasamos la vida pendientes de otras personas.

Atentos a su más leve súplica o gemido. Colmando sus pequeñas exigencias, arañando al mundo para cumplir sus deseos.

Y no sólo para que sean felices y se sientan bien, sino para complacerlas y hacer que nos miren… que nos vean.

Lo podemos hacer llegar al extremo, al exceso… sobrecargarnos de la necesidad de existir a través de sus ojos y aceptar sus miradas como las únicas válidas.

Cedemos el primer día un minuto de nuestro tiempo y despertamos años más tarde con siglos perdidos de caricias, de respuestas, buscando aprobación y suplicando un cariño que no es tal porque lo hemos dado a cambio de nada… y esa persona ha creído que era gratuito, que no merecía canje.

Vendemos nuestra ilusión, nuestras ganas y nuestras inquietudes tan baratas que parece que no merezcan la pena.

Y ese reloj que corre para indicarnos los momentos regalados a cambio de indiferencia nos recuerda que lo único que conseguiremos de esa maniobra tremenda que es el borrarse a uno mismo es un «casi amor».

Unas migajas de amor que siquiera llegan juntas y el mismo día, están dispersas en el tiempo y el espacio, no cunden… no juntan un puñado de buenos momentos, saben a lágrimas y son bocados entrecortados para alguien hambriento que merece saciarse porque sacia mucho, porque se da por entero y recibe una especie de sucedáneo.

Un placebo que procura algunos instantes de euforia porque se parece al cariño, al respeto, a la compañía, pero que es exigencia, cierta tiranía y pura necesidad. Y no nos queda ni el consuelo de echar culpas. No existen las culpas. La responsabilidad es nuestra, toda. Nosotros cruzamos líneas y toleramos despechos. Subimos montañas imposibles y bajamos a lo más ínfimo por decisión propia. Somos lo que hemos consentido ser.


Mercè Roura

Un gran hombre

Un día, mi hermana lloraba en su habitación… Con mucha nostalgia, observé que mi padre se le acercó y le preguntó el motivo de su tristeza; los escuché hablando por horas, pero hubo una frase tan especial que dijo mi padre esa tarde, que hasta el día de hoy, 8 años más tarde, la recuerdo cada mañana y me llena de fuerza.

Es la primera vez que escribo sobre nosotros los hombres, hombres que siempre nos caracterizamos por ser el sexo fuerte, aunque muchas veces caemos por debilidad…

Un día, mi hermana lloraba en su habitación… Con mucha nostalgia, observé que mi padre se le acercó y le preguntó el motivo de su tristeza; los escuché hablando por horas, pero hubo una frase tan especial que dijo mi padre esa tarde, que hasta el día de hoy, 8 años más tarde, la recuerdo cada mañana y me llena de fuerza.

Mi padre acariciándole el rostro, le dijo: «Hija mía, enamórate de un Gran Hombre y no volverás a llorar».

Me pregunté tantas veces, cuál era la fórmula exacta para llegar a ser ese gran hombre y no dejarme vencer por las pequeñeces…

Conforme pasan los años descubrimos que si tan sólo todos los hombres lucháramos por ser grandes de espíritu, grandes de alma y grandes de corazón… ¡el mundo sería completamente distinto!

Aprendí que un Gran Hombre no es aquel que compra todo lo que desea, pues habemos tantos de nosotros que hemos comprado hasta el cariño y el respeto de quienes nos rodean.

Mi padre decía: «No busques a un hombre que sólo hable de sí mismo, sin preocuparse por ti… Ni a aquel que se la pase las horas halagando sus propios logros. No te aferres a un hombre que te critique y te diga lo mal que te ves o lo mucho que deberías cambiar. ¿Para qué quieres a un hombre que te abandonará si no cambias, por un cabello más claro?, ¿Por unos ojos de otro color? ¿O por un cuerpo más esbelto si no supo admirar la verdadera belleza que hay en ti»?

Cuántas veces me dejé llevar por la superficialidad de las cosas, haciendo a un lado a quienes realmente me entregaban su sinceridad e integridad.

Me costó trabajo comprender que Gran Hombre no es el que llega más alto, ni el que tiene más dinero, casa, auto, ni el que vive rodeado de mujeres, ni mucho menos el más guapo.

Un Verdadero y Gran Hombre es aquel ser humano lleno de transparencia, que no oculta sus verdaderos sentimientos ni se refugia en vicios y cortinas de humo, es el que abre su corazón sin rechazar la realidad, es quien admira a una mujer por sus cimientos morales y grandeza interior.

Un Gran Hombre, es el que camina de frente, sin bajar la mirada, es aquel que no miente y sabe llorar su dolor.

Hoy mi hermana está felizmente casada, y ese Gran Hombre con quien se casó no era ni el más popular, ni el más perseguido, ni el más solicitado, ni mucho menos el más adinerado. Ese Gran Hombre es quien simplemente nunca la hizo llorar, es quien la hace sonreír por lo mucho que han logrado juntos, por todos sus recuerdos, por cada alegría que comparten, y por esos tres hijos que llenan sus vidas…

Ese Gran Hombre, ama tanto a mi hermana que no se cansa de besar sus manos, y mucho menos sus labios. La quiere por quien ella es y por lo que son cuando están juntos.

Se lo mando a mis «amigos hombres« para que hagan crecer a ese Gran Hombre que llevan dentro… y a «mis amigas mujeres» para que sepan elegir a ese Gran Hombre que Dios tiene destinado para ustedes.

Escrito por un hombre.

Humor: Correo equivocado

Un matrimonio decide ir a pasar vacaciones en una playa del Caribe, en el mismo hotel donde pasaron la luna de miel 20 años atrás, pero debido a problemas de trabajo, la mujer no pudo viajar con su marido, quedando en darle alcance unos días después.

Cuando el hombre llegó y se alojó en el hotel, vio con asombro que en la habitación había una computadora con conexión a Internet. Entonces decidió enviar un e-mail a su mujer, pero se equivocó en una letra y sin darse cuenta lo envió a otra dirección.

El e-mail lo recibe por error una viuda que acababa de llegar del funeral de su marido, y que al leer su correo electrónico se desmayó instantáneamente. El hijo de la viuda al entrar en la habitación, encontró a su madre en el suelo sin conocimiento, y miró la computadora, en cuya pantalla se podía leer…

Querida esposa: He llegado bien. Probablemente te sorprenda recibir noticias mías por esta vía, pero ahora tienen computadora aquí y puedes enviarles mensajes a tus seres queridos. Acabo de llegar y he comprobado que todo está preparado para cuando llegues este próximo viernes. Tengo muchas ganas de verte y espero que tu viaje sea tan tranquilo y relajado como ha sido el mío.

P.D.: No traigas mucha ropa. ¡Aquí hace un calor infernal!

La mujer perfecta

Mujer Con Velo

Nasrudín conversaba con sus amigos en la casa de té y les contaba como había emprendido un largo viaje para encontrar a la mujer perfecta con quién casarse. Les decía:

– Viajé a Bagdad, después de un tiempo encontré a una mujer formidable, atenta, inteligente, culta de una gran personalidad.

Dijeron sus amigos:

– ¿Por qué no te casaste con ella?

– No era completa – respondió Nasrudín -, después fui a El Cairo, allí conocí a otra mujer ciertamente fabulosa; hermosa, sensible, delicada, cariñosa.

– ¿Por qué no te casaste con ella? – dijeron los amigos.

– No era completa – respondió nuevamente Nasrudín -, entonces me fui a Samarcanda allí por fin encontré a las mujer de mis sueños; ingeniosa y creativa, hermosa e inteligente, sensible, culta, delicada y espiritual.

– ¿Por qué no te casaste con ella? – insistieron sus amigos.

– Pues saben por qué, ella también buscaba a un hombre perfecto.

Maestro: Al aceptar que eres perfecto, al aceptar que todos somos perfectos tal como somos… ya no habrá necesidad de buscar la perfección lejos.


Cuento Zen

Las 4 R’s de John Gray

John Gray (el mismo autor de «Los Hombres son de Marte, las Mujeres de Venus») escribió en su libro «Conoce tus Sentimientos, Mejora tus Relaciones», que existen cuatro señales de advertencia, que avisan cuando algo no marcha bien en las relaciones de parejas.

Cuando se sienta que está en una de las etapas, se debe decir la verdad acerca de los sentimientos y acerca de una posible pérdida del amor.

En resumen son:

(a) Resistencia: sobreviene cuando se nota que comienza a oponerse a algo que la persona dice, hace o siente.

(b) Resentimiento: sensación intensa de desagrado y censura respecto de la otra persona a causa de lo que esté haciendo.

(c) Rechazo: surge cuando son tan considerables la resistencia y el resentimiento que le resulta imposible permanecer emocionalmente conectado con esa persona y se retrae, cerrándose emocional y sexualmente. El rechazo es la consecuencia natural de haber acumulado resentimiento(s). No es capaz de hallarse cerca de la pareja o de relacionarse con ella sin sentir toda una tensión y el resentimiento acumulados, así que simplemente la rehúye para conseguir un poco de alivio. Tal vez descubre que todavía quiere a su pareja pero que ya no se siente atraído hacia ella, que no está enamorado.

(d) Represión: sobreviene cuando está tan harto de soportar resistencia, resentimiento y rechazo que logra reprimir sus emociones negativas para mantener la paz de la familia o para no llamar la atención de los demás. «No vale la pena seguir luchando; me olvidaré de todo, estoy demasiado harto de abordar esta cuestión». Es un estado de endurecimiento emocional. Embota sus sentimientos para sentirse cómodo.

Si empieza a querer más a su pareja, puede que al principio no reaccione y que quizás evite sus tentativas cariñosas. Puede que incluso suscite su desdén o resentimiento. Pero si insiste, eventualmente responderá con un amor y un aprecio considerables.

Prefiero

 

Nos hicieron creer que «el gran amor» sólo sucede una vez, generalmente antes de los 30 años. No nos contaron que el amor no es accionado, ni llega en un momento determinado.

Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja y la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en la vida merece cargar en las espaldas, la responsabilidad de completar lo que nos falta.

Nos hicieron pensar que una fórmula llamada «dos en uno»: dos personas pensando igual, actuando igual, era lo que funcionaba. No nos contaron que eso tiene un nombre: “anulación” y que sólo siendo individuos con personalidad propia podremos tener una relación saludable.

Nos hicieron creer que el matrimonio es obligatorio y que los deseos fuera de término deben ser reprimidos.

Nos hicieron creer que los lindos y flacos son más amados. Nos hicieron creer que sólo hay una fórmula para ser feliz, la misma para todos y los que escapan de ella están condenados a la marginalidad.

No nos contaron que estas fórmulas son equivocadas, que frustran a las personas, son alienantes y que podemos intentar otras alternativas.

Nadie nos va a decir esto, cada uno lo va a tener que descubrir solo. Y ahí, cuando estés muy enamorado de ti, vas a poder ser muy feliz y te vas a enamorar de alguien.

«Vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor… aunque la violencia se practica a plena luz del día».

JOHN LENNON

No te necesito, te prefiero. Lo sé, es duro y hace falta dejar muchas cosas atrás para pronunciar esas palabras. Entre otras cosas es necesario abandonar la cobardía y cubrirse de coraje, valentía y paciencia. Muchísima paciencia.

Paciencia para explicar que el hecho de preferirte es que puedo llegar a quererte y valorarte inmensamente más que si te necesito, porque eso significa que no necesito complementos para tapar mis carencias o mis defectos. Nadie en la vida tiene la responsabilidad de completar lo que me falta.

Con esto quiero decir que la única persona a la que necesitamos para vivir es a nosotros mismos. Y yo, en pleno derecho de usar mi libertad emocional, te elijo a ti para estar a mi lado y disfrutar el uno del otro.

He decidido dejar de esclavizarme y de atarme a mi pasado emocional. No permitiré que los demás definan quién soy. Voy a buscar la forma de expresar todo mi ser y a explorar el fondo de mi océano. Entonces podré ser yo misma.

Me comprometo a no dar nunca el gusto a los demás sin antes darme el gusto a mí misma. No voy a dejarme llevar por la gente corriente ni por la corriente de la gente. Desde ya me libero del efecto estrangulador de mis pensamientos y trabajaré porque mis decisiones me hagan sentir bien acerca de mi vida.

Desprenderme de los parches y los vendajes que tapan mis heridas me ayudará crear un lazo profundo y auténtico contigo. Porque si no amas con libertad es preferible no amar, pues la dependencia emocional destruye.

No sé si te amaré toda la vida ni sé si lo haré con la misma fuerza siempre, pero lo que sí que sé es que ahora mismo te prefiero sobre todas las personas. No ocupas mi mente cada segundo, pero sí que vas siempre conmigo.

Elijo el amor y sigo siendo dueña de mí misma. Porque el sentimiento de amor más fuerte que existe es el amor hacia uno mismo. Porque, como dijo Perls:

«Yo soy Yo y Tú eres Tú. Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas y tú no estás en este mundo para cumplir las mías».

Yo soy yo… Un ser completo aún con mis carencias. Tú eres tú… Un ser completo aún con tus carencias.

Si nos encontramos y nos aceptamos, si somos capaces de no cuestionar nuestras diferencias y de celebrar juntos nuestros misterios podremos caminar el uno junto al otro, ser mutua, respetuosa, sagrada, y amorosa compañía en nuestro camino.

Tú eres tú. Yo soy yo. Si en algún momento o en algún punto nos encontramos, será maravilloso. Si no, no puede remediarse.

Falto de amor a mí mismo, cuando en el intento de complacerte me traiciono. Falto de amor a ti, cuando intento que seas como yo quiero en vez de aceptarte como realmente eres.

Tú eres Tú, «Yo soy Yo»

Quizás a muchos les suene a palabrería barata de autoayuda, pero debo decir que funciona. No es sencillo, ya que ambas partes deben estar en sintonía, es decir, preferir y no necesitar… decidir aceptar al otro cómo es y no cómo queremos que sea, entender que la otra persona está para acompañarnos y no para completarnos. Que las diferencias no son lo importante, lo importante son las coincidencias. Que el miedo a ser uno mismo limita y crea un espacio – a veces un abismo – entre ambos y que si no estamos dispuestos a dar y recibir en la misma medida, la balanza se desequilibra y al final se desprende.

Quizás a lo anterior sólo añadiría que hay que cuidarse de no caer en el autoengaño y confundir las cosas. Aceptar a la persona como es no implica aceptar que la persona nos haga sentir menos, o nos brinde desamor y ausencias en lugar de presencia y amor.

Y puede suceder, podemos querer pensar que esa es la forma de amar de esa persona, y en virtud de aceptarla como es, aceptar situaciones que finalmente resultan tóxicas. De ahí, que hay que amarnos a nosotros mismos, pero con el especial cuidado de ser inteligentemente egoístas sin dejar que el egoísmo cree un espacio propio entre ambas partes. Lograr el equilibrio, pero sin traicionarnos a nosotros mismos.

Suena complicado, parece improbable, pero de hecho no es imposible; y en todo caso, nadie dijo que la vida fuera fácil.

La verdad, desde mi punto de vista, la vida es un experimento de ensayo y error donde cada quien perfecciona su método de vida, el cual debería satisfacer el deseo propio y no el ajeno, siempre cuidando – por supuesto – que no se arrolle a nadie en el camino.

Y se puede, se puede ser honesto con uno mismo y con los demás, sin ocasionar daño. En la vida todos nos equivocamos, sí. No obstante, hay que tener cuidado con internalizar la falibilidad del ser humano como conducta, o incluso como excusa a todas nuestras equivocaciones, pues si no, estaremos nadando en el mismo círculo sin aprender nada de la vida y sin ofrecer nada en el camino.

Hay que aprender a dar, a darnos a nosotros mismos para luego dar y recibir en equilibrio.

De esa forma, estaremos bien aun cuando no estemos acompañados por una pareja, porque no nos sentiremos atrapados en algún lugar en el que no nos guste estar. El texto habla de enamorarnos de nosotros mismos primero, pero no enamorarnos de nuestro ego; sino enamorarnos de nosotros con todo y nuestros defectos o carencias, para luego poder amar a otro, con sus defectos y carencias además de sus virtudes.

Alcanzar ese estado, quizás sea el reto de más de uno.


Raquel Aldana | LaMenteEsMaravillosa.Com

Cuando los padres no son equipo: ¿Qué hacer cuando hay diferencias en la forma de educar?

La pareja la forman dos personas que tienen biografías, personalidades, maneras de ver el mundo muy diferentes.

Parece lógico pensar que cuando se decide iniciar un proyecto común de trascendencia vital, como es formar una familia y ocuparse del desarrollo y cuidado de los hijos, tienen la suficiente compatibilidad como para que ese proyecto sea viable y en él quepa y predomine como una prioridad la tarea de educar a un ser humano vulnerable, indefenso y necesitado de referentes tanto como de alimento y ternura. Sin embargo, y por desgracia, esto sólo ocurre en la minoría de las familias. No tenemos ni idea de lo que significa tener un hijo antes de tenerlo y el aterrizaje que ambos miembros de la pareja hacen en la mater-paternidad es poco predecible. Y así, nos encontramos con que nuestra pareja, con la que hasta ese momento todo parecía fluir, no está de acuerdo en muchas de las cosas que atañen a la educación de los hijos, lo cual genera distancia afectiva, desencuentros, soledades y mucha frustración. Es sin duda, uno de los desafíos más difíciles de gestionar, pero también una oportunidad enorme de crecimiento y aprendizaje si lo hacemos desde la humildad y la empatía.

Dado que no podemos cambiar la historia de cada cual, ni tampoco cómo fuimos maternados, lo que sí podemos hacer es tratar de mirar hacia adelante, teniendo presente lo que nos jugamos y siendo capaces, sobre todo, de negociar, entendiendo que los dos estamos aprendiendo, que educar a un hijo es la tarea más difícil que encararemos a lo largo de nuestra vida y que los procesos de toma de conciencia y de aprendizaje de cada persona tienen una velocidad diferente. Se trata de ver al otro como un compañero, un cómplice, un apoyo y no como un enemigo. Partimos de dos premisas básicas que no debemos perder de vista: ambos padres amáis por encima de todo a vuestros hijos y no queréis dañarlos, y que tú elegiste a la otra persona y la consideras honesta y con capacidad de aprender.

Con todo esto por delante, algunas sugerencias para facilitar la cotidianidad serían: 

  • No corrijas ni des charlas magistrales sobre cómo deben hacerse las cosas al otro, ni delante de los niños, ni detrás. No hay verdades absolutas, ni porque lo diga un libro ni porque así lo hacía tu padre o madre.
  • No tomes decisiones sobre la marcha. Posponlo hasta hablar con el otro y tratar de alcanzar acuerdos, por mínimos que estos sean. Siempre hay lugares comunes y lo inteligente es poner el foco en lo que nos une, no en lo que nos separa.
  • Maneja las expectativas y aléjate de la perfección. No existe y, menos aún, a la hora de educar. La idea es hacer las cosas de la mejor manera posible, que no será óptima ni perfecta, pero será tu mejor jugada. Revisa, no te conformes y trata de hacerlo mejor mañana.
  • Todos tenemos limitaciones. Hablarlas, saber cuáles son las de tu pareja y las tuyas a la hora de educar, conduce a saber en qué momento debe intervenir cada cual.
  • Ponernos límites, de la misma manera que se los ponemos a los hijos. Dejar explícitamente claro cuáles son las acciones no tolerables por el otro y qué fronteras no se pueden traspasar.
  • Es fundamental no ver al niño como el causante de los problemas, idealizando la vida anterior a la llegada de los hijos, subrayando las dificultades y no la riqueza y oportunidad emocional de esta nueva etapa.
  • Confía en tu pareja. Hay muchas maneras diferentes de educar y salvo aquellas que incluyen maltrato físico o psíquico, no se ha descrito en psicología que un determinado estilo de crianza produzca un resultado inequívoco. Por suerte, no existe el determinismo, sólo la influencia.
  • Ayuda a tu hijo a que entienda que mamá y papá hacen algunas cosas de manera diferente y trata de realzar lo positivo del otro y no enfatizar sus zonas oscuras. La prioridad es el niño, no nosotros. Y debemos hacer todo lo posible para que crezca con la mejor versión de sus padres, aun conociendo sus limitaciones.
  • Hablad de ello, de vez en cuando, de forma serena, no como reacción a un desencuentro o una bronca. Quedad para hablarlo en un contexto diferente del propio hogar, sin niños, con inteligencia, buscando acuerdos, recordando lo que os une y la importancia de ser lo más coherentes y coincidentes posible.
  • Evitad la polarización, la vieja historia del «poli bueno y poli malo». El niño nos tiene que ver como equipo, no como posibilidades individuales de conseguir algo. Es negocio para él a corto plazo, pero abre una grieta que se ensancha con el tiempo y luego ya no se puede saltar.

Es imprescindible entender que no se trata de «tener razón», ni de ser el «que más sabe de esto», tampoco de confirmar lo «equivocado que está el otro». Se trata de poner el amor por encima de nuestra biografía y de nuestra necesidad de alimentar el ego. Se trata de ponerse en el lugar de los hijos y darnos cuenta de que nos están mirando. El mundo es filtrado a través de nosotros. Aprenderán a relacionarse según nos relacionemos entre nosotros y con ellos, aprenderán a negociar según seamos capaces nosotros de incorporar esta herramienta esencial en nuestra cotidianidad, aprenderán a respetar si viven con respeto, en definitiva, construirán una imagen de sí mismos y de los otros con lo que seamos capaces de ofrecerles.


Olga Carmona | ElPais.Com

 

El perdón en el vínculo conyugal

Aunque no existen matrimonios perfectos, exentos de padecer dificultades y situaciones de estrés, es válido y posible que las parejas aspiren a relaciones en donde los problemas que enfrentan, se puedan atender con prontitud y se resuelvan mediante acuerdos satisfactorios y saludables.

No será tarea fácil, pero con disposición, buena voluntad y perseverancia de la pareja, los eventuales conflictos y dificultades podrán ser solventados. Será igualmente necesario conformar un ambiente familiar en donde prevalezcan la comunicación, el entendimiento y los acuerdos, donde se dejen atrás las indisposiciones y resentimientos y se adopte, como un estandarte de la vida conyugal, el perdón recíproco.

En el matrimonio, las diferencias y los conflictos que surjan, no pueden colocar a cada uno en posiciones de confrontación y batalla. Las diferencias de opinión, temperamento, costumbres y aspiraciones, son inevitables y hasta naturales. Pero la forma de abordarlas y resolverlas, como pareja, determinará la diferencia entre una resolución positiva y saludable de la dificultad, de otra que no lo es.

Pero aun logrando, en general, establecer relaciones donde prevalezca el diálogo respetuoso y armonioso, aun cuando exista un adecuado y efectivo entendimiento en la vida conyugal, aun cuando las dificultades se tiendan a resolver mediante acuerdos satisfactorios para ambos, aun así, podrían surgir en el caminar del matrimonio, muchos momentos que hagan que alguno de los cónyuges, o ambos, se sientan lastimados, ofendidos, molestos, o simplemente afectados por algo que dijo o hizo su pareja.

Cuando esto ocurra, el perdón es una herramienta muy apropiada para evitar que los conflictos crezcan y perduren, así como para dar inicio al proceso de «sanar» las heridas que eventualmente fueron causadas por la inadecuada actitud, decisión o palabra del cónyuge.

Existen acciones o actitudes entre la pareja que pueden afectar a uno, a otro o a ambos. Permanecer enojados, alejados o confrontados por causa del problema, no solo no lo resuelve, sino que lo puede hacer más grande, difícil e inmanejable. Por otro lado, cuando se decide perdonar, se activa un proceso, consciente e inconsciente, que posibilita soltar lo que incomoda, distancia y afecta, y se experimenta una mayor libertad y tranquilidad consigo mismo y con la pareja.

Sea un problema ligero o de mayor dimensión, el perdón es un proceso que se inicia a partir de una decisión. La persona que se siente afectada por la acción de su pareja, decide perdonar -independientemente de que su cónyuge pida o no perdón-, porque sabe que su perdón no es un favor a la otra persona, sino que le produce un enorme beneficio a sí mismo. Con el perdón se logra soltar una serie de sentimientos negativos que producen daño y afectación directa a la persona que los siente: resentimiento. Ira, enojo, rencor, dolor, incomodidad, desasosiego, etc.

La persona que perdona, no lo debe hacer tanto por beneficiar a su pareja, ni pensar que está eximiendo de su falta a la persona que le dañó, sobre todo si ésta no ha reconocido su error y solicitado el perdón. Lo debe hacer por ella misma, porque es la mejor forma de liberarse de los sentimientos que la afectan y de volver a sentir paz y tranquilidad.

Ahora bien, lo óptimo es que la parte que ha cometido la falta reconozca su error y pida perdón, porque esta actitud facilitaría aún más el proceso de perdón en ambas direcciones, así como la posibilidad de activar de mayor forma el proceso de «sanidad» de las heridas provocadas por la falta.

En este mismo sentido, la persona que cometió un error y desea pedir perdón a su pareja, debería mostrar al menos tres aspectos importantes. En primer lugar, tener conciencia plena del error que cometió, así como de la dimensión de éste y del daño producido a su pareja y su entorno. Muchas personas que cometen una falta – menor o grave – tienden a justificarse, a buscar explicaciones, a trasladar a otros su responsabilidad para atenuar su falta y eventual culpa. Pero esta actitud, lejos de facilitar el proceso de perdón y la superación del problema derivado, termina afectando y lesionando mucho más la relación.

En segundo lugar, debe sentir y expresar un arrepentimiento genuino por la falta cometida. No se trata de cumplir con un requisito para hacer sentir mejor a su pareja. Debe sentir en lo hondo de su corazón, el daño producido a la persona que ama y que está a su lado. Debe ser capaz de conmoverse por el sufrimiento provocado y arrepentirse sinceramente por ello. El arrepentimiento debe ser un acto consciente que posibilita a quien ha cometido un error soltar su falta pidiendo perdón.

En tercer lugar, debe haber voluntad para corregir la falta, es decir, el deseo de trabajar intensamente para enmendar el error cometido, realizando acciones, emitiendo señales, mostrando expresamente su deseo de ayudar a la persona afectada a que «sane» sus heridas y a que vuelva a confiar en ella. Se trata, ante todo, de un proceso que implica no volver a fallar, tener paciencia y trabajar para recuperar la relación resquebrajada por su falta.

De parte del cónyuge afectado, para perdonar, se debe empezar por decidir perdonar, independientemente de lo que haga su pareja. Debe, asimismo, soltar el pasado – que no significa para nada dejar de sentir súbitamente el dolor -, pero sí iniciar el proceso de «cicatrización» de las heridas ocasionadas por las faltas de su pareja. Aun así, podría suceder que la persona afectada por una falta seria y dolorosa, decida perdonar, pero mantener la distancia con la persona que la afectó. Hay situaciones especiales donde los daños producidos por una de las partes hace que la otra no desee continuar con la relación. El vínculo conyugal es posible a partir de la voluntad y el compromiso expreso de ambos. Hay daños tan profundos que, aún con el otorgamiento de perdón, la relación no se logra recuperar, y la distancia respetuosa es, para algunos, una opción saludable.

El vínculo matrimonial debe estar unido por el amor. Cuando hay amor, la pareja se esfuerza por agradarse el uno al otro, procura establecer una comunicación positiva y abundante, mantener las manifestaciones y expresiones afectivas y la cercanía íntima necesaria. Pero aun así, los cónyuges pueden cometer errores, y es cuando el perdón se constituye en un ingrediente indispensable para que el matrimonio continúe robusto y saludable en el transcurrir de los años.


Jesús Rosales Valladares | enfoquealafamilia.com

Ámate lo suficiente para saber cuándo marcharte

Si hay algo verdaderamente difícil, es saber cuándo marcharte de la vida de una persona para poder convertirte así, en un amado recuerdo y no en una odiada costumbre. Saber decir adiós es el arte del sufrimiento, pero también del aprendizaje.

Según un trabajo publicado en el espacio «Study.com» la principal razón por la que decidimos alejarnos y dar por finalizada una relación es por la sensación de desigualdad en la pareja, ahí donde las aportaciones de cada uno son diferentes y donde el coste en “moneda de dolor” es demasiado alto ante los escasos beneficios.

Siempre hay un instante en que es necesario marcharte, aunque no sepas dónde ir, aunque tus pies estén desnudos y tus manos vacías. Sólo así le permitirás a tu corazón ser feliz de nuevo.

Amor y sufrimiento nunca deberían ir juntas en una relación afectiva. Esto es algo que no todo el mundo tiene claro, puesto que la concepción del «amor romántico» nos hace creer aún en estas falsas ideas. Si te amas lo suficiente, no debes permitirte llegar a estos extremos… Te invitamos a reflexionar sobre ello.

Cuando marcharte es la única opción

Una relación de pareja, como en todo organismo vivo, sufre continuos cambios. Ahora bien, cada cambio tiene como finalidad fortalecer el vínculo y permitir conocernos mucho mejor sin que ninguno de los dos pierda demasiado. La relación debe fluir.

El amor es ante todo una elección que hacemos en libertad. Sin embargo, muchas veces el amor es una de las principales causas de sufrimiento de la humanidad. Antes de caer en estos estados de dolor emocional es necesario saber dar un adiós a tiempo, evitando así así alargar situaciones verdaderamente destructivas.

Estos son los principales aspectos que deberíamos valorar para entender que «marcharte es ya tu única opción».

  • Valorar si el problema que te ha llevado a la situación actual tiene solución.
  • Ante un momento de crisis es necesario que las dos partes se esfuercen por igual o al menos que cada uno tenga esta percepción del otro. Cualquier desequilibrio ocasiona que solo una parte ofrezca su energía, su ilusión y sus sacrificios personales mientras el otro se limita a recibir sin ofrecer nada a cambio.
  • Intenta proyectar tu situación actual en un futuro lejano. ¿Piensas que dentro de 10 años serías feliz si las cosas fueran igual que ahora?

Si ante estas cuestiones valoras que nada es posible ni hay solución, deberás sacar fuerzas de ti mismo para decir adiós, para marcharte y cerrar ese círculo personal y afectivo cargado de sufrimiento.


Valeria Sabater | LaMenteEsMaravillosa.Com

La decisión de amar

Es importante reflexionar sobre la realidad de que «amar es una decisión» porque esto mejorará notablemente nuestras relaciones.

Cuando nosotros decidimos amar a alguien, estamos decidiendo poner al amor sobre los defectos o errores de la otra persona. Este es el amor verdadero y no el amor sentimental ¿Por qué? Porque si el amor fuera sólo un sentimiento, el día que un sentimiento de tristeza, frustración o dolor llegue a nuestras vidas desplazaría al amor, así como si nada.

Pero no, el amor debe sobrepasar a cualquier otro sentimiento porque así tú lo decidiste. Sabemos que no amamos a alguien perfecto, esa persona tiene defectos – y muchos – pero aun así decidimos amar. ¡Este es el amor verdadero!

La Teoría Triangular del Amor de Sternberg

¿Cuáles son las distintas formas de amar, y en qué principio se basa cada relación sentimental?

La teoría triangular del amor pretende explicar el complejo fenómeno del amor y las relaciones interpersonales amorosas. Fue propuesta por el psicólogo Robert Sternberg, y describe los distintos elementos que componen el amor, así como las posibles combinaciones de estos elementos a la hora de formar los diferentes tipos de relaciones.

La psicología y el amor

El amor y el enamoramiento es un tema que resulta muy interesante, pues es uno de los sentimientos más intensos que podemos experimentar. El amor nos afecta en todos los sentidos y cuando conocemos a esa persona especial, nos cambia la vida por completo. Al enamoramos, las intensas emociones y la pasión que nos envuelve afecta a nuestra a nuestra mente y nuestro cuerpo.

Por eso, tanto psicólogos, sociólogos y médicos han intentado entenderlo y explicarlo desde distintos puntos de vista (biológico, cultural, etc.). En las últimas décadas, las investigaciones en este campo han sido variadas, buscando comprender el enamoramiento, el amor, la atracción o el desamor.

La teoría del amor de Sternberg

Una de las teorías más conocidas del amor es la teoría triangular de Sternberg. Robert Sternberg, es un psicólogo estadounidense, profesor de la Universidad de Yale, ampliamente reconocido por sus investigaciones. No solo se ha interesado por el amor, sino que la inteligencia o la creatividad también han sido objetos de interés en sus investigaciones.

Sin embargo, este personaje es conocidos por su teoría sobre el amor y las relaciones interpersonales y muchos expertos en esta temática han apoyado sus ideas.

Entendiendo su teoría

Para Sternberg, el amor está compuesto por 3 cualidades que se manifiestan en cualquier relación amorosa: intimidad, pasión y compromiso.

  • Intimidad: La intimidad hace referencia al sentimiento de cercanía, a la conexión entre las dos personas que forman parte de la historia de amor, a la confianza entre ellos, a la amistad y al afecto.
  • Pasión: Este componente es la excitación o la energía de la relación. Los sentimientos de la atracción física y el impulso o la necesidad de estar con la otra persona y de tener relaciones íntimas.
  • Compromiso: Hace referencia a la decisión de seguir en la relación a pesar de los altibajos que puedan surgir. Incluye aspectos como los momentos vividos, la historia de la relación, etc.

Estos tres elementos representan las esquinas de la pirámide de la teoría de Sternberg, con la intimidad en el punto más alto y el compromiso y la pasión a los lados. Dependiendo de las combinaciones que se produzcan entre estos componentes, las relaciones amorosas serán distintas. Por ejemplo, en una nueva relación, la pasión predomina por encima de la intimidad y el compromiso.

Las posibles combinaciones o los tipos de amor

Según las posibles combinaciones, Sternberg afirma que existen distintas formas de amar. Estas formas de amar pueden ser entendidas de manera aislada o como etapas:

1. Cariño

El cariño hace referencia a la amistad verdadera. Sólo hay intimidad, pero no existe pasión ni compromiso. Los miembros de la relación se sienten cercanos y confían el uno con el otro, pero no hay deseo de tener relaciones íntimas ni compromiso como pareja.

2. Encaprichamiento

En esta forma de amar hay mucha pasión, no obstante, no hay ni intimidad ni compromiso, lo que convierte este tipo de relaciones en superficiales. Sería una especie de romance pero que termina pronto o el principio de una relación, en la que existe mucho deseo por tener relaciones íntimas pero no hay suficiente confianza ni compromiso.

3. Amor vacío

El amor vacío se caracteriza por un elevado compromiso, sin pasión ni intimidad. Esto es habitual en las relaciones interesadas o en las de larga duración, cuando no existe ni confianza ni relaciones íntimas, pero sí que existe compromiso por estar juntos.

4. Amor romántico

El amor romántico es una forma de amar en la que los miembros de la relación sienten atracción y excitación, y, además, tienen confianza y cercanía. El amor romántico ha inspirado miles de novelas y películas, es el amor que sienten Romeo y Julieta. Si esta etapa continúa con grandes experiencias juntos, podría acabar provocando el compromiso.

5. Amor sociable

Suele ocurrir en relaciones duraderas. Existe intimidad y compromiso, pero no pasión. Es el tipo de amor que puede manifestarse cuando la pareja carece de deseo y excitación hacia la otra persona, pero la convivencia, los hijos y las experiencias juntos les mantienen unidos. Esta relación puede parecer satisfactoria para los miembros y durar mucho tiempo.

6. Amor fatuo

En el amor fatuo predomina la pasión y el compromiso, pero no existe intimidad. El amor fatuo puede producirse porque los miembros de la pareja quieren estar juntos, pues existe el deseo y la excitación de vivir experiencias íntimas, sin embargo, no tienen muchas cosas en común.

7. Amor consumado

Este es el amor completo. Está formado por los tres elementos de la teoría piramidal de Sternberg. El amor consumado es el principal arquetipo amatorio, es el amor ideal y también recibe el nombre de amor maduro.

Hay que trabajar los tres elementos para lograr el amor consumado

Sternberg habla de «no amor» cuando estos tres elementos no están presentes en la relación. El mismo autor afirma que las parejas con amor consumado o completo continúan compartiendo el deseo íntimo y la pasión en todos los niveles, incluso pasados muchos años. No obstante, Sternberg puntualiza que mantener el amor consumado es más complicado que conseguirlo, por lo que es necesario para las parejas trabajar los tres elementos básicos de su teoría. Al fin y al cabo, las acciones hablan más alto que las palabras.

El equilibrio entre estos tres ingredientes puede ir cambiando a medida que avanza una relación. Sin embargo, el tiempo solo no resulta en una intimidad, pasión o compromiso altos. Conocer estos tres ingredientes del amor puede ayudar a los actores a reconocer cuándo necesitan mejorar uno de los elementos, o puede ayudarles a tomar la decisión de dejarlo. Sternberg concluye que sin la expresión de los tres componentes, incluso el amor más auténtico puede morir.

¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando nos enamoramos?

Muchos expertos en el tema afirman que el amor es un fenómeno complejo, y a pesar de las muchas investigaciones que se han realizado hasta el momento, no siempre ha existido consenso entre los investigadores. El enamoramiento, la atracción y el amor, son experiencias complejas en las que interactúan factores culturales y biológicos.


Juan Armando Corbin | PsicologiayMente.Net

El equipaje familiar

La expresión bíblica «por tanto, dejará el hombre a su padre y madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne» (Génesis 2:24), explica el inicio y origen de cada familia, que comienza con un hombre y una mujer, que dejan sus respectivas familias de origen para formar una nueva familia.

Cada uno (hombre y mujer) trae una cultura familiar (mapas sobre lo qué es la pareja y la familia); normas, valores, formas de establecer la comunicación – todo un equipaje familiar propio. Esta unión se caracteriza por el encuentro de dos culturas y contextos individuales, que se integran y necesitan adquirir una identidad propia como nueva familia. Eso quiere decir que cada uno de los cónyuges trae consigo toda su familia de origen a la vida matrimonial.  Cada cónyuge aporta sus modelos, sus mapas, sus patrones, lo que vio y vivió, y trata de que el conjunto – la totalidad (la pareja) – se acople a ese modelo.

Cada parte, al contraer matrimonio y formar un nuevo hogar, trae su propio equipaje familiar que desempaca en el contexto de la relación de pareja y luego de familia. Este equipaje está lleno con las «ropas y utensilios» que traen de su familia de origen, vale decir, sus mapas, paradigmas, normas, reglas, valores, hábitos, costumbres, rituales, tabús, prejuicios que se instalaron desde la infancia, aprendidos en la cotidianidad de la vida familiar, a través de modelajes y enseñanzas de padres y vida relacional con hermanos. Este equipaje incluye formas de relacionarse, negociar y resolver conflictos, definir prioridades, establecer límites, etc. O como lo expresa la guía de Ecotheos: «Cada parte de la pareja trae consigo mismo el drama y guión de su familia de origen, en donde se aprenden destrezas básicas como el dar y recibir afecto, tomar distancia y buscar cercanía, resolver conflictos, luchas de poder, dialogar, etc.».

En ese equipaje familiar vienen finas prendas hechas de lino fino, de altísima costura, pero también vienen algunos «trapitos sucios: secretos de familia», trajes mal configurados y peor cosidos; ropa que a la primera lavada se encoge, destiñe o deshilacha. Y todas esas prendas entran al mismo closet (nueva familia). Algunos colores y modelos aportados por cada miembro a la nueva familia (closet), desentonan en forma resaltante u ocupan demasiado espacio, restándole espacio al otro cónyuge.

Los problemas en la relación de pareja ocurren cuando uno de los cónyuges o ambos tratan de hacer valer su equipaje familiar por encima o a expensas del otro. Los cónyuges inconscientemente tratan de ser fieles a su equipaje familiar, lo cual se traduce en una necesidad de tener la razón, y de aferrarse a hacer las cosas a su «manera correcta».

Exceso de equipaje

Ese equipaje familiar puede convertirse en una maleta muy pesada de llevar, porque eventualmente esa maleta puede estar llena de ropas y prendas – paradigmas, valores, normas, etc. – muy rígidos, o descontextualizados, o distorsionados de la realidad. Por otra parte, llevar esa maleta puede ser un ejercicio fatigoso y desgastante, al tener que unir en un mismo closet (familia) las ropas y prendas que trae cada cónyuge. Esa maleta puede estar llena de alguna decepción amorosa, que cree la predisposición a ver a los hombres o las mujeres bajo un filtro negativo; o de alguna experiencia de abuso sexual que cree cierto filtro distorsionado sobre el placer sexual, o de un sistema educativo muy rígido, crítico y restrictivo, que predisponga al dogmatismo; o definiciones de lo que es el matrimonio y la familia; o de cosas más triviales como la forma de ordenar la cama al levantarse o la manera de utilizar la crema dental, etc.

Según Judith Sills (Exceso de Equipaje: Despeje Su Camino) hay ciertas alertas que nos pueden indicar que estamos viajando con exceso de equipaje:

  • Siente la obligación de terminar todo lo que comienza – un libro, un proyecto, un matrimonio – incluso cuando sabe que no vale la pena llegar hasta el final.
  • Para usted es un trago amargo tener que contentarse con «lo segundo mejor», sea una casa, un (a) esposo (a), o un puesto en un restaurante.
  • Siente que siempre es el que da – a los amigos, a su cónyuge, a los hijos – pero no recibe a cambio lo que merece.
  • Se paraliza cuando tiene que tomar una decisión importante. No puede escoger una pareja o progresar en su carrera sin sufrir la agonía de la ambivalencia.
  • Todavía recuerda con ira algo que sucedió hace años, e insiste en traer el hecho a la memoria periódicamente.
  • Anhela encontrar un amor, un empleo mejor, tiempo para divertirse o aprender, pero dejo de luchar. Se dio por vencido.
  • Dice «sí» cuando en realidad desea decir «no», sencillamente porque no soporta la idea de que alguien se disguste con usted.
  • Vive soñando siempre en «ese día en que seré…»
  • Está aburrido, decepcionado, apático o se siente ultrajado con más frecuencia de lo que quisiera.

Todo equipaje es de por sí una carga. Esa carga puede hacerse pesada o ligera, dependiendo de nuestra baja o alta predisposición y tolerancia al cambio, de la flexibilidad para viajar con poco equipaje, de su capacidad para reconocer y gestionar las diferencias, de su actitud para aprender y crecer. En ocasiones la presión o peso del equipaje viene por influencia externa, como las acciones de las familias de origen, o el entorno que rodea a la pareja. Pero en ocasiones se trata de cargas autoimpuestas. Estas cargas son las más difíciles de identificar / concienciar. Es fácil ver los fallos en otras personas, pero ver los propios puntos ciegos (hábitos, patrones de conducta, mapas), es más complejo y difícil.

Es necesario, entonces, que cada cónyuge comience a evaluar, revisar, someter a prueba, el contenido de su equipaje. Deberíamos preguntarnos, por ejemplo, ¿para qué me sirve este abrigo en verano? ¿Está a la moda esta camisa o vestido? Vale decir, ¿tiene sentido mantener este ritual? ¿Me beneficia esta forma de abordar las relaciones interpersonales? ¿Es válida esta creencia?

Construyendo un clóset conjunto 

Bajo el contexto de pareja – nueva familia – los cónyuges requieren revisar el closet y elegir conjuntamente, en acuerdo mutuo, qué ropa (hábitos, creencias, valores, tradiciones, etc.) desechar y botar, lavar para desmanchar, o usar más seguido. A veces algunos de los cónyuges se apegan a algunas prendas (mapas) que traen de su familia de origen, no porque sean muy vistosas, o estén a la moda, sino por costumbre, por no conocer otra forma de combinar la ropa (otras pautas de interacción y desempeño).

Dadas las diferencias de creencias, valores, normas, costumbres, rituales, etc., los cónyuges necesitan tomar conciencia de ese equipaje familiar que traen de su familia de origen. Una vez que los cónyuges toman conciencia y realizan los ajustes necesarios en sus mapas de referencia, pueden revisar y modificar efectivamente actitudes y conductas, pues logran tener la comprensión de éstos. Pueden también modificar la forma como se están comunicando entre sí. En palabras de Stephen Covey: «Cuanta más conciencia tengamos de nuestros paradigmas, mapas o supuestos básicos, y de la medida en que nos ha influido en nuestra experiencia, en mayor grado podremos asumir responsabilidad de tales paradigmas (mapas), examinarlos, someterlos a la prueba de la realidad, escuchar a los otros y estar abiertos a sus percepciones, con lo cual lograremos un cuadro más amplio y una modalidad de visión mucho más objetiva».


Arnoldo Arana | ParejasEfectivas.Blogspot.Com