Cuando se perdona pero no se olvida

La discusión había llegado a su momento más álgido y el volumen de las voces se había elevado a tal grado que solamente se escuchaban gritos incoherentes que denotaban enojo y todo tipo de emociones negativas.

De repente, se hizo un silencio absoluto, como si la energía de los dos se hubiera terminado.

Fue entonces cuando la voz de Miriam sonó mientras sus ojos se fijaban como espadas frente a los ojos de su esposo.

Quiero decirte – dijo Miriam -, que no solamente estoy enojada por lo que acaba de pasar, hay muchas cosas que me molestan y me tienen harta.

No sé de qué me estás hablando – respondió él.

Ya vez, lo peor es que la riegas y luego ni siquiera te acuerdas.

¡Espérame!, – dijo él -, ¿a qué te refieres?.

Ese es tu principal problema, que no te acuerdas de lo que no te conviene, pero te voy a refrescar la memoria. ¿Ya se te olvidó el papelito que hiciste cuando te pusiste muy grosero en casa de mis papás…?

¡Óyeme!, pero eso fue el año pasado…

¡Espérame que todavía no acabo! Y el día que quedamos en ir a cenar, y claro… se te olvidó…

Miriam hizo una breve pausa como para tomar aire y casi de inmediato continuó:

Y el día de mi cumpleaños, que ni siquiera te acordaste, tu secretaria te lo tuvo que recordar y llegaste en la tarde con tu regalito, tratando de disimular tu olvido. ¡Ah! Y aquella vez que…

¡Hey! ¡cálmate!, ¿qué te pasa?. De todo eso ya habíamos hablado y en su momento discutimos. Eso ya pasó, ¿por qué lo vuelves a sacar?

Pues por una razón muy sencilla, porque aunque ya te perdoné, ni creas que lo he olvidado.

Cuando se perdona y no se olvida

Hay muchas personas, hombres y mujeres, que tienden a actuar como Miriam.

Hay muchas personas, hombres y mujeres, que en un lugar de su mente han colocado un cajón, en el cual, guardan con doble llave las experiencias negativas, los desengaños y los momentos difíciles o dolorosos que han vivido y en el momento oportuno y ¡zas!, abren el cajón y sacan de él lo necesario para poner en evidencia su condición de víctimas y los argumentos para chantajear a la pareja.

Mantener archivadas las experiencias negativas, conservar las cuentas pendientes con el «ser amado», pone en evidencia la existencia de rencor y resentimiento, sentimientos que «envenenan» cualquier relación humana.

Cuando se guardan resentimientos, cuando se «perdona» pero no se olvida, la relación se envenena y las personas entran en un juego interminable de cobrarse cuentas pendientes, que como resultado hace infelices a todos los involucrados: al que no olvida, porque el simple hecho de estar recordando las cosas negativas le amarga la vida y le impide la felicidad, y al que se le están echando en cara las cuentas pendientes, porque se siente agredido y manipulado cada vez que le presenten una factura de cobro.

Un elemento importante para lograr la felicidad es el saber perdonar.

¿Qué es perdonar?

Perdonar es abrir una válvula de escape para permitir la salida del veneno acumulado por el rencor y el resentimiento.

Cuando una persona perdona, no está ayudando a quien la ofendió, se está ayudando a sí misma, porque se está deshaciendo de los sentimientos negativos y está recuperando el equilibrio y la paz interior.

En toda relación humana se generan problemas y desacuerdos, se producen situaciones que pueden causar molestia y enojo, pero eso no implica que se tengan que quedar cuentas pendientes.

Hay dificultades y malos entendidos, incluso problemas graves de relación, pero si no se perdona, si se guarda rencor, la relación se va a corroer y la infelicidad de ambos va a ser la principal consecuencia.

El perdón no es cuestión de razón.

El perdón en muchas ocasiones aparece como algo «ilógico», hasta cierto punto irracional, pero lograr perdonar y liberarse del rencor tiene su lógica y su metodología.

¿Cómo evitar el círculo vicioso?

Para evitar que esa cadena de resentimientos y agresiones se convierta en algo interminable, es necesario aprender a perdonar, sin condiciones, sincera y generosamente.

Para poder llegar al perdón, cuando se ha sufrido una ofensa, es conveniente tomar en consideración los siguientes puntos:

Aceptar el dolor: Tratar de aparentar que «al cabo no me importa», es echarle tierra al asunto, pero debajo de esa tierra queda el resentimiento. Solamente reconociendo y aceptando el dolor se puede trabajar para eliminarlo de raíz.

Evitar la competencia: En ocasiones se toma la actitud de «si el otro me hizo, yo le hago…» No se trata de ver a quién le va peor, pues esa es una actitud de: «yo pierdo y tú también», que resulta autodestructiva.

Valorar la ganancia, no la pérdida. Perdonar implica recuperar la paz interior, el equilibrio emocional. Al perdonar, la más beneficiada es la persona que otorga el perdón porque se deshace de los sentimientos negativos.

Buscar soluciones, no al culpable: Lo importante al perdonar es encontrar la manera de restablecer la relación y mejorarla, en vez de identificar quién tiene la culpa de que las cosas no marchen bien.

Evitar poner condiciones: Cuando se ponen condiciones, se corre el riesgo de caer en el chantaje. «Te perdono si tú haces esto o aquello». «Cuando vea que cambiaste, entonces te perdonaré». Estos planteamientos implican una compensación o una especie de desquite y mantienen vivas las actitudes negativas.

Regalar en vez de cobrar: El perdón es un regalo, no es una factura que más tarde se va a cobrar. Perdonar implica decirle al otro: «te perdono, sin pedir nada a cambio». Si se pide algo a cambio, si se cobra ya no hay perdón, hay transacción.

El perdón es como el amor, simplemente se da como un regalo, sin condiciones.

Cuando se toman actitudes de desquite, cuando se guardan cuentas pendientes, cuando se entra en un juego de «toma y saca», se está cultivando la infelicidad.

¿Por qué estar luchando contra nuestra propia felicidad? El perdón generoso, desinteresado, es una excelente inversión, ¡se está invirtiendo en la propia felicidad!


Jorge Zuloaga | Catholic.Net

Para ser feliz…

Para ser feliz debemos evitar el resentimiento personal y hacia los demás, ¿Cómo?

  • Elige vivir de la manera que tú creas sin criticar a los que viven distinto.
  • Si algo no te funciona cambia de estrategia y evita quejarte.
  • Proponte metas y asegúrate en cumplirlas, después ayuda a otros a que también lo hagan.
  • No disminuyas los logros de los demás, reconócelos y alégrate sinceramente de ellos.

Como Flor Profusa

Odiar no es inevitable, es una decisión

mujer-enojada

Hay personas especialistas en hacer «confitura de resentimiento»: guardan el enojo en su corazón hasta terminar llenos de amargura y con una visión victimista de la vida piensan que todo y todos van en contra de ellos. ¿Por qué les ocurre esto? Importa destacar que en este proceso de intoxicación juega un papel central la voluntad. A diferencia del enojo que surge de forma espontánea y es inevitable, el odio y el resentimiento no son inevitables, sino que crecen en la medida que se los alimenta.

Yo no puedo evitar enojarme, pero sí puedo evitar que este sentimiento se convierta en odio. Ello es así porque el odio, al igual que el amor, es más que una emoción, es una decisión, nace de la voluntad. Yo puedo rehusar odiar de la misma manera que puedo decidir amar. Ahí es donde empezamos a entender la demanda del Señor Jesús de amar a los enemigos. Como sentimiento natural, es imposible, pero en tanto que decisión es posible, en especial cuando contiene la capacitación sobrenatural del Espíritu Santo y no depende sólo de nuestro esfuerzo. Esta capacidad para detener el odio y transformarlo en paz interior y en pacificación es una de las características más distintivas de la ética cristiana. Su presencia es revolucionaria y transforma personas, relaciones y hasta comunidades enteras.

Un ejemplo singular lo tenemos en el líder sudafricano Nelson Mandela. Según algunos historiadores contemporáneos, el secreto de la gran influencia sobre su país se puede resumir en una sola frase: rehusó odiar o amargarse. Así lo describe uno de sus biógrafos: “Fue porque rehusó odiar o amargarse que pudo nacer una Sudáfrica multiracial no sobre un baño de sangre, sino en paz y democracia” ¡Qué síntesis más admirable de la vida de una persona! La injusticia y la ofensa – estuvo veintisiete años en la cárcel por razones políticas – lejos de destruirle estimularon su valentía y su esperanza.


Dr. Pablo Martínez Vila | PensamientoCristiano.Com

Superando obstáculos

A veces tenemos tanto que aprender de aquellos que nos han dañado, tanto que aprender de aquéllos que consideramos nuestros enemigos y en verdad no lo son, a veces tenemos tanto para decirles y qué terrible sería no hacerlo.

Por eso valoremos a aquellos que se exponen, que se hacen cargo de su actitud, de aquellos que ponen el cuerpo y piden perdón cuando se equivocan, con aquellos que se prestan para escuchar lo que tenemos que decirles, hoy, en una sociedad donde es más fácil esquivar la responsabilidad, donde es más fácil evitar la historia, donde es más fácil echarle la culpa al de afuera deslingándose de todo. Ante estas personas lo que uno tiene que sentir es gratitud.

Tenemos que construir un presente liberándonos del pasado, de aquello que en una situación dada nos hizo daño y para esto hay que saltar algunos obstáculos que la vida nos depara.

Se trata de aprender que esos obstáculos no se pasan si antes no se produce un aprendizaje. Las cosas que nos suceden están en nuestra vida para que aprendamos de ellas porque si no aprendemos se volverán a repetir.

Los obstáculos que no se superan producen enojos y broncas que se estacan en nosotros y no nos permiten continuar de una manera sana con nuestra vida.

Cuando hablamos de un duelo, hablamos de la sensación de pérdida de algo o de alguien en nuestra vida, pero existen diferencias entre el dolor y el sufrimiento:

Porque el dolor es el tránsito por un espacio que me genera una sensación de estar herido por dentro. El sufrimiento es quedarse a vivir en ese lugar de dolor y no poder salir de él. El dolor en sí es saludable si consideramos que nos permite ver que algo dentro de nosotros nos está causando daño, es una llamada de atención a la que tendremos que ir para poder sanar.

La protesta difiere de lo que es la queja. Siempre es saludable hablar sobre aquello que no nos gusta, quejarse es instalarse de manera continua en una protesta.

Poner límites difiere del hecho de aislarse. Poner límites a alguien y decirle; «hasta acá llegaste porque no me gusta lo que haces» difiere del hecho de aislarme de todo y de todos porque no puedo o no se poner límites para que no me sigan lastimando. Es como si uno dijera «bueno no me enamoro más de nadie porque la última vez que me enamore me lastimaron», de alguna manera me aíslo, me preservo de… para que no me vuelva a suceder lo mismo.

La bronca como manifestación de desagrado difiere del enojo.

Para dar un ejemplo es como si me entrara una basura en el ojo, me enojo, me siento irritado, me siento molesto, no veo con claridad nada, estoy fastidioso y muchas veces terminamos enojándonos con quien no lo merece.

Entonces y sólo entonces, habrá que aprender a poner en palabras esa bronca y decir «Esto no me gusta» porque si no lo hago seguramente esa bronca contenida se transformará en enojo.

Decía Aristóteles: «Enojarse es fácil, pero enojarse en la magnitud adecuada, con la persona adecuada, en el momento adecuado eso es cosa de sabios».

Muchas veces la bronca contenida me lleva al enojo y ese enojo me genera angustia y cuesta manejarlo. Y esto sucede porque en muchas ocasiones sentimos temor de decir lo que nos pasa por miedo a que nos dejen de querer, de que nos dejen de aceptar, de que el otro sea quien se enoje con nosotros. Muchas veces nos guardamos dentro lo que queremos decir porque pensamos que si lo decimos tal vez lastimemos al otro, cuando en verdad a quien nos lastimamos es a nosotros mismos. A veces preferimos transitar el camino de enojarnos en silencio en vez de hablar o explicar lo que sentimos, o bien aislarnos cuando en realidad así estamos pagando un precio que no queremos ni debemos pagar.

Cuando el enojo se instala, el enojo guardado comienza a doler y nos conduce al rencor, y del rencor pasamos al resentimiento el cual no tiene salida porque es como quedarse atrapado en una situación de la que cuesta mucho poder salir.

Muchas veces guardamos resentimiento contra alguien que ya no está presente en nuestra vida y nuestro problema no está en el afuera, está dentro nuestro, con todo aquello que el otro dejó instalado dentro mío, llamémosle, palabras hirientes, actitudes que no podemos olvidar y la falta de todo aquello que necesitábamos de esa persona. Lo importante entonces no es su ausencia sino la presencia en mi vida de todo lo que me faltó del otro, de aquello que la otra persona no pudo o no quiso darme.

El perdón se construye, se aprende, uno aprende a perdonar, no nace solo, se construye en el día a día hasta que llegue un punto en que no nos haga falta que venga el otro a pedirnos perdón, simplemente se perdona construyendo nuestra propia capacidad de perdonar, porque perdonar es liberador para quien perdona no para quien recibe nuestro perdón.

Habrá entonces que sacar todo afuera para que adentro nazcan cosas nuevas, como la confianza, el amor, la compasión que me va a conducir al perdón para librarme de todo aquello que me daña y poder seguir adelante.

  • «He dejado de ser para encontrarme, buscando detrás de lo que otros esperan de mí».
  • «He dejado de ser para buscarme, por debajo de lo que otros dicen que soy».
  • «He dejado de ser y me he encontrado, olvidando temores cara a cara conmigo, transparente y desnudo».
  • «He dejado de ser para brindarme sin pretensiones, ni competencias, sin miedos, ni apuros ni exigencias, para compartir y entregarte esto que soy, sin que importe ya más lo que he sido».

Jorge Bucay

La perla y la ostra

Una ostra que no ha sido herida no puede producir perlas.

Las perlas son producto del dolor, el resultado de la entrada de una sustancia extraña e indeseable al interior de la ostra, como un parásito o un grano de arena.

En la parte interna de la ostra se encuentra una sustancia lustrosa llamada nácar.

Cuando un grano de arena penetra en la ostra, las células de nácar comienzan a trabajar y cubren el grano de arena con capas y capas y más capas de nácar para proteger el cuerpo indefenso de la ostra.

Como resultado, se va formando una hermosa perla. Una ostra que no haya sido herida de algún modo, no puede producir perlas. Porque la perla es una herida cicatrizada.

  • ¿Te has sentido lastimado por palabras hirientes?
  • ¿Has sido acusado de haber dicho cosas que nunca dijiste?
  • ¿Tus ideas fueron rechazadas o mal interpretadas?
  • ¿O quizás fueron tomadas por alguien para presentarlas como propias?
  • ¿Has sufrido golpes de los que adquieren ideas preconcebidas indebidamente?
  • ¿Has sido objeto de la indiferencia?

Entonces… ¡Produce una perla!

Cubre cada una de tus heridas con varias capas de amor.

Muchas personas sólo aprenden a cultivar resentimientos, dejando sus heridas abiertas, alimentándose con sentimientos pobres, los cuales impiden que las lesiones cicatricen.

En la vida real vemos muchas «ostras vacías», no porque no hayan sido heridas, sino porque no han sabido perdonar, comprender y transformar el dolor en amor.

Vale la pena enfrentar las heridas. No seas vencido por los aspectos negativos, vence siempre con el bien.

¿Cómo está tu perla?


Anónimo

Resentimiento y perdón

La sola enunciación de la palabra perdón, provoca grandes reacciones: ¿cómo puedo perdonarlo después de lo que hizo? ¿Perdonarla? ¡Estás loco, ella no se lo merece!

Tales respuestas provienen de una interpretación tradicional de lo que significa el perdón, una interpretación que impide utilizarlo como herramienta para la efectividad y el crecimiento. El primer paso para establecer el perdón como competencia práctica de las personas y los grupos es redefinir su significado.

Perdonar no es absolver un comportamiento negativo e inapropiado, sea éste de uno mismo o de algún otro. Perdonar no significa aprobar o condenar el comportamiento que ha causado sufrimiento. No excluye emprender acciones para modificar la situación, protegerse o resarcirse del daño. Uno puede perdonar al deudor moroso, e igualmente iniciarle un juicio para gestionar la cobranza.

Perdonar no es fingir que todo está bien cuando uno siente que no lo está… Sólo se puede dar un perdón genuino si se presta atención a las emociones. La máscara de una sonrisa y el «no te preocupes, está todo bien», son la antítesis del perdón.

Perdonar no es asumir una actitud de superioridad o santidad. Si uno perdona a alguien porque cree que se cree mejor que él o se compadece de su estupidez, ha confundido el perdón con arrogancia.

Perdonar no significa que uno pueda o deba cambiar su comportamiento. Uno puede perdonar a un empleado que no está haciendo el trabajo a satisfacción y al mismo tiempo despedirlo.

Perdonar no requiere que uno se comunique directamente con las  personas a quienes ha perdonado. Uno no tiene que ir a declararles personalmente «yo te perdono». No obstante, esa acción puede ser parte del proceso.

Perdonar no es hacerle un favor al otro. Uno no perdona por generosidad o caridad; lo hace como un acto de integridad consigo mismo, como una manera de cerrar un pasado doloroso, para que no condicione el futuro.

Perdonar no exige que uno continúe con el vínculo con el otro. Perdonar no equivale a volver a establecer relaciones. Uno puede perdonar a un ex-socio, por ejemplo, sin intención alguna de hacer otros negocios con él.

El perdón no es un premio que uno le da al otro cuando demuestra que se lo «merece». Tampoco es un incentivo para que el otro se comporte como uno quiere. El verdadero perdón no tiene nada que ver con el merecimiento del otro.

Qué es el perdón:

Perdonar es la «elección consciente de abandonar el resentimiento». Es la decisión de integrar el dolor del pasado como aprendizaje para el futuro. Es el compromiso de vivir el 100% en el presente, con la mente y el corazón abiertos, libre de la inercia del enfado no procesado.


La reactividad y los agravios

Mientras que el resentimiento suele ser la emoción que acompaña a las quejas y lamentos, también puede venir acompañado de una emoción más fuerte como la ira u otra forma de malestar. De esa forma trae una carga de energía mayor.

Las quejas se convierten entonces en reactividad, otra manera de fortalecerse el ego. Hay muchas personas que siempre están a la espera de lo siguiente para reaccionar, sentirse enojadas o perturbadas: y nunca tienen que esperar demasiado. «Esto es una vergüenza», exclaman. «¿Cómo se atreve…?» «Esto no me gusta». Son tan adictas a la ira y el enojo como otras lo son a las drogas. Al reaccionar contra una cosa u otra afirman y fortalecen su sentido de ser.

Un resentimiento viejo es un agravio. Cargar con un agravio es estar en estado permanente de «oposición» y por eso es que los agravios constituyen una parte significativa del ego en muchos casos.

Los agravios colectivos pueden perdurar durante siglos en la psique de una nación o tribu, y alimentar un círculo interminable de violencia.

Un agravio es una emoción negativa intensa conectada con un suceso que pudo ocurrir en el pasado distante pero que se mantiene vivo gracias a un pensamiento compulsivo, repitiendo la historia en la cabeza o en voz alta: «esto fue lo que me hicieron» o «esto fue lo que alguien nos hizo».

Un agravio también contamina otros aspectos de la vida. Por ejemplo, mientras pensamos y revivimos el agravio, la energía negativa puede distorsionar nuestra manera de ver un suceso que ocurre en el presente, o influir sobre la forma como hablamos o nos comportamos con alguien en el presente. Un agravio intenso es suficiente para contaminar muchos aspectos de la vida y mantenernos presos en las garras del ego.

Se necesita honestidad para determinar si todavía guardamos agravios, si hay alguien en su vida a quien no haya perdonado totalmente, o a quien considere su «enemigo». Si es así, debe tomar conciencia del agravio tanto a nivel mental como de emotivo; eso implica tomar conciencia de los pensamientos que lo mantienen vivo y sentir la emoción con la cual el cuerpo responde a esos pensamientos. No se esfuerce por deshacerse del agravio. El esfuerzo de perdonar y de soltar no sirve.

El perdón se produce naturalmente cuando vemos que el rencor no tiene otro propósito que reforzar un falso sentido del ser y mantener al ego en su lugar. Ver es liberar. Cuando Jesús enseñó que debemos «perdonar a nuestros enemigos» básicamente se refería a deshacer una de las principales estructuras egotistas de la humanidad.

El pasado no tiene poder para impedirnos estar en el presente. Los agravios del pasado sí. ¿Y qué es un agravio? El peso de viejas emociones y viejos pensamientos rancios.


Eckhart Tolle

Perdono, pero no olvido

«La discusión había llegado a su momento más álgido y el volumen de las voces se había elevado a tal grado que solamente se escuchaban gritos incoherentes que denotaban enojo y todo tipo de emociones negativas.

De repente, se hizo un silencio absoluto, como si la energía de los dos se hubiera terminado.

Fue entonces cuando la voz de Miriam sonó mientras sus ojos se fijaban como espadas frente a los ojos de su esposo.

– Quiero decirte – dijo Miriam -, que no solamente estoy enojada por lo que acaba de pasar, hay muchas cosas que me molestan y me tienen harta.

– No sé de qué me estás hablando – respondió él.

– Ya vez, lo peor es que la riegas y luego ni siquiera te acuerdas.

– ¡Espérame! – dijo él -, ¿a qué te refieres?

– Ese es tu principal problema, que no te acuerdas de lo que no te conviene, pero te voy a refrescar la memoria. ¿Ya se te olvidó el papelito que hiciste cuando te pusiste muy grosero en casa de mis papás…?

– ¡Óyeme!, pero eso fue el año pasado…

– ¡Espérame que todavía no acabo! Y el día que quedamos en ir a cenar, y claro… se te olvidó…

– Miriam hizo una breve pausa como para tomar aire y casi de inmediato continuó:

– Y el día de mi cumpleaños, que ni siquiera te acordaste, tu secretaria te lo tuvo que recordar y llegaste en la tarde con tu regalito, tratando de disimular tu olvido. ¡Ah! Y aquella vez que…

– ¡Hey! ¡Cálmate!, ¿qué te pasa? De todo eso ya habíamos hablado y en su momento discutimos. Eso ya pasó, ¿por qué lo vuelves a sacar?

– Pues por una razón muy sencilla, porque, aunque ya te perdoné, ni creas que lo he olvidado».

Cuando se perdona y no se olvida

Hay muchas personas, hombres y mujeres, que tienden a actuar como Miriam.

En un apartado de su mente han colocado un cajón, en el cual, guardan con doble llave las experiencias negativas, los desengaños y los momentos difíciles o dolorosos que han vivido y en el momento oportuno ¡zas!, abren el cajón y sacan de él lo necesario para poner en evidencia su condición de víctimas y los argumentos para chantajear a la pareja.

Mantener archivadas las experiencias negativas, conservar las cuentas pendientes con el «ser amado», pone en evidencia la existencia de rencor y resentimiento, sentimientos que «envenenan» cualquier relación humana.

Cuando se guardan resentimientos, cuando se «perdona» pero no se olvida, la relación se envenena y las personas entran en un juego interminable de cobrarse cuentas pendientes, que como resultado hace infelices a todos los involucrados: al que no olvida, porque el simple hecho de estar recordando las cosas negativas le amarga la vida y le impide la felicidad, y al que se le están echando en cara las cuentas pendientes, porque se siente agredido y manipulado cada vez que le presenten una factura de cobro.

Un elemento importante para lograr la felicidad es el saber perdonar.

¿Qué es perdonar?

Perdonar es abrir una válvula de escape para permitir la salida del veneno acumulado por el rencor y el resentimiento.

Cuando una persona perdona, no está ayudando a quien la ofendió, se está ayudando a sí misma, porque se está deshaciendo de los sentimientos negativos y está recuperando el equilibrio y la paz interior.

En toda relación humana se generan problemas y desacuerdos, se producen situaciones que pueden causar molestia y enojo, pero eso no implica que se tengan que quedar cuentas pendientes.

Hay dificultades y malos entendidos, incluso problemas graves de relación, pero si no se perdona, si se guarda rencor, la relación se va a corroer y la infelicidad de ambos va a ser la principal consecuencia.

El perdón no es cuestión de razón

El perdón en muchas ocasiones aparece como algo «ilógico», hasta cierto punto irracional, pero lograr perdonar y liberarse del rencor tiene su lógica y su metodología.

¿Cómo evitar el círculo vicioso?

Para evitar que esa cadena de resentimientos y agresiones se convierta en algo interminable, es necesario aprender a perdonar, sin condiciones, sincera y generosamente.

Para poder llegar al perdón, cuando se ha sufrido una ofensa, es conveniente tomar en consideración los siguientes puntos:

• Aceptar el dolor. Tratar de aparentar que «al cabo no me importa», es echarle tierra al asunto, pero debajo de esa tierra queda el resentimiento. Solamente reconociendo y aceptado el dolor se puede trabajar para eliminarlo de raíz.

• Evitar la competencia. En ocasiones se toma la actitud de «si el otro me hizo, yo le hago…» No se trata de ver a quién le va peor, pues esa es una actitud de: «yo pierdo y tú también», que resulta autodestructiva.

• Valorar la ganancia, no la pérdida. Perdonar implica recuperar la paz interior, el equilibrio emocional. Al perdonar, la más beneficiada es la persona que otorga el perdón porque se deshace de los sentimientos negativos.

• Buscar soluciones, no al culpable. Lo importante al perdonar es encontrar la manera de restablecer la relación y mejorarla, en vez de identificar quién tiene la culpa de que las cosas no marchen bien.

• Evitar poner condiciones. Cuando se ponen condiciones, se corre el riesgo de caer en el chantaje. «Te perdono si tú haces esto o aquello». «Cuando vea que cambiaste, entonces te perdonaré». Estos planteamientos implican una compensación o una especie de desquite y mantienen vivas las actitudes negativas.

• Regalar en vez de cobrar. El perdón es un regalo, no es una factura que más tarde se va a cobrar. Perdonar implica decirle al otro: «te perdono, sin pedir nada a cambio». Si se pide algo a cambio, si se cobra ya no hay perdón, hay transacción. El perdón es como el amor, simplemente se da como un regalo, sin condiciones.

Cuando se toman actitudes de desquite, cuando se guardan cuentas pendientes, cuando se entra en un juego de «toma y saca», se está cultivando la infelicidad.

¿Por qué estar luchando contra nuestra propia felicidad? El perdón generoso, desinteresado, es una excelente inversión, ¡se está invirtiendo en la propia felicidad!


Jorge Zuloaga | Catholic.Net

Dejando el pasado doloroso

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«El dolor te abandonará cuando tú lo abandones».

JEREMY ALDANA 

Muchas personas no se dan cuenta de que la verdadera causa de su sufrimiento radica en el apego al pasado, a personas o situaciones que ya no tienen espacio en la vida actual. En realidad, el tiempo no lo cura todo, es necesario tener la voluntad de seguir adelante, ser capaces de limpiar nuestras heridas emocionales y dejar ir el resentimiento.