10 cosas condenadas por la sociedad que los padres deben enseñarles a sus hijos

Dicen que los hijos se parecen más a su generación que a sus padres. De hecho, el mundo y la sociedad se empeñan en moldear a los niños para convertirlos en adultos «en serie», a imagen y semejanza del resto, en un proceso a través del cual les arrebatan parte de su individualidad.

No cabe duda de que todos reflejamos la época que nos tocó vivir y la sociedad en la que hemos crecido. Sin embargo, los padres también pueden poner su granito de arena. Los valores y las actitudes que se aprenden en casa perduran, de una forma u otra, y pueden convertirse en tesoros muy valiosos que guíen a los niños hacia una vida más plena.

Las enseñanzas contracorriente que deberías transmitirles a tus hijos

1. A ser diferentes. En una sociedad que ensalza la estandarización, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos el increíble valor de la diferencia. Que les explicaran que para ser diferentes no es necesario tatuarse, pintarse el pelo de tres colores o colocarse piercings en los sitios más insospechados sino a distinguirse por sus ideas, actitudes y opiniones. Los padres no deberían imponer sus criterios, sino motivar a sus hijos a buscar información y a pensar por sí mismos, deberían instarles a no seguir la tendencia ideológica de turno sino a formarse sus propias ideas, aunque difieran de la masa.

2. A respetar a los demás. En una sociedad que marcha a pasos agigantados hacia la deshumanización, me gustaría que los padres fueran capaces de enseñarles a sus hijos que no son el centro del universo y que no pasa nada por compartir el mundo con otros 7.300 millones de personas que tienen sus mismos derechos. Si los niños aprenden desde pequeños que sus decisiones, actitudes y comportamientos pueden matar las ilusiones y los sueños de los demás, se convertirán en adultos más sensibles. Por eso, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos a tratar a los demás como les gustaría que les trataran. Con eso bastaría para que el mundo de mañana fuese un poco mejor.

3. A apasionarse. En una sociedad donde cada vez más personas viven con las cabezas metidas en las pantallas y pasan horas en mundos virtuales, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos que el mundo que se puede oler y tocar está esperándoles, al alcance de su mano. Me gustaría que los padres alimentaran la curiosidad innata de los niños hasta convertirla en una auténtica pasión. No importa hacia qué, la botánica o la astrología, basta con que puedan entusiasmarse y vibrar por algo que enriquezca su vida y que esta no se limite simplemente al trabajo o a hacer y desear lo que hacen y desean los demás. Ese sería un regalo extraordinario.

4. A luchar por lo que quieren. En una sociedad que crea necesidades ficticias continuamente a través del marketing más agresivo, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos a establecer sus propias necesidades, a saber cuáles son sus sueños y, sobre todo, a luchar por alcanzarlos. Me gustaría que los padres les dieran las herramientas para no darse por vencidos, que les enseñaran que cada error es un aprendizaje y que los pasos en falso en realidad les acercan a su meta. Los padres deberían enseñarles a sus hijos a luchar por sus ilusiones, a no dejárselas arrebatar por personas que están demasiado cómodas en su zona de confort y no quieren que los demás crezcan. Sólo de esta manera, al final de sus vidas, podrán darse por satisfechos.

5. A asumir su responsabilidad. En una sociedad donde la responsabilidad se diluye nivel por nivel y todos la rehuyen como si fuera la peste, porque es más fácil culpar a los demás que hacer examen de conciencia, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos a tomar las riendas de su vida y asumir la responsabilidad por sus acciones. Me gustaría que les enseñaran que muchas veces, para obtener algo, es necesario hacer sacrificios. También deberían enseñarles a no culpar al destino, a la suerte o a los demás por sus errores, y a pedir perdón cuando se equivocan.

6. A no juzgar a los demás. En una sociedad donde todo está perfectamente etiquetado y catalogado, donde la comparación se convierte en un arma de doble filo, es difícil no emitir juicios de valor. Sin embargo, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos a no juzgar a los demás, a no creerse superiores y, sobre todo, a no burlarse de ellos. Nadie puede comprender realmente a otra persona hasta que no ha caminado con sus zapatos durante mucho tiempo. Por eso, educar a los niños en la aceptación y la comprensión les enseñará a ser humildes, pero también les preparará para defender sus derechos y no permitir que los demás pasen por encima de ellos.

7. A asumir riesgos. En una sociedad que nos ha transmitido la idea errónea de que podemos tener todo lo que deseemos sin renunciar a nada y con el mínimo esfuerzo posible, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos que cada decisión siempre implica una renuncia, en uno u otro sentido, porque por cada camino que elegimos, siempre hay un camino que abandonamos. Los padres deberían enseñarles a sus hijos a aceptar que existe la posibilidad de perder, así dejarán de tenerle miedo al fracaso y podrán asumir nuevos desafíos con la menta abierta y el corazón dispuesto.

8. A ser flexibles. En una sociedad azotada por la rigidez, tanto a nivel político como religioso y de pensamiento, una lacra que provoca continuamente nuevos conflictos, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos a ser flexibles, a comprender que todo está en continuo movimiento y que la inmovilidad es tan sólo una falsa ilusión. Al enseñarles a ver la vida en movimiento también les animan a abrazar la incertidumbre, a abrirse a los acontecimientos y estar preparados para afrontarlos. De esta forma los niños también aprenderán a priorizar y sabrán cuándo es el momento de cambiar sus metas y redirigir sus esfuerzos en otra dirección.

9. A dar sin pretender nada a cambio. En una sociedad donde la mayoría de las personas piensan que una mano lava la otra y ambas limpian la cara, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos a dar sin esperar nada a cambio, por el simple placer que implica ser generosos. No se trata de convertirlos en personas serviles, sino en enseñarles el increíble valor de la generosidad y de estimular el deseo de compartir. También se trata de enseñarles su valor como personas, para que no se dejen comprar, sobornar ni pretendan pasar por encima de los demás.

10. A asumir que la vida no es justa. En una sociedad que muchas veces premia a quien menos lo merece y que destila positivismo ingenuo, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos el valor del realismo, que les enseñaran a levantarse cada vez que caen. Educar en la resiliencia significa enseñarles que la vida no siempre será justa, pero a pesar de ello vale la pena seguir avanzando porque esos reveses pueden hacerles más fuertes. De esta forma aprenderán a no lamentarse cada vez que surja un problema sino que pondrán manos a la obra para encontrar una solución.

Por supuesto, el camino no es sencillo y es probable que te equivoques mientras lo recorres pero lo más importante es educar desde la humildad, el respeto y el amor, teniendo en cuenta que una vez que una mente se abre a una nueva idea, jamás vuelve a ser la misma. Por tanto, disfruta de tus hijos e intenta sacar la mejor versión de ellos, esas cualidades que los hacen únicos y especiales.


Amor propio

Un hombre de negocios arrojó apresuradamente un dólar en la taza de un hombre que estaba vendiendo flores en una esquina y luego se alejó. A media cuadra de distancia se dio vuelta súbitamente y regresó hasta donde estaba el mendigo.

– Lo lamento -dijo -, sacando una flor del ramo que el mendigo tenía en una lata a su lado -. En mi apuro dejé de efectuar mi compra. Después de todo, usted es un hombre de negocios igual que yo. Su mercadería está a buen precio y es de buena calidad. Espero que no se haya disgustado con mi falta de atención en mi compra.

Y diciendo eso, el hombre de negocios sonrió y se alejó con una flor en la mano.

Semanas después, mientras almorzaba, se le aproximó al hombre de negocios un hombre bien parecido, vestido con pulcritud, quien se presentó a sí mismo y luego le dijo:

– Estoy seguro que usted no me recuerda, y yo ni siquiera sé su nombre, pero su rostro es uno que nunca olvidaré. Usted es el hombre que me inspiró para que hiciera algo de mí mismo. Yo era un vagabundo vendiendo flores marchitas hasta que usted me devolvió mi amor propio. Ahora creo que soy un hombre de negocios.

«El amor propio es vital para toda persona, propóngase en su corazón elevar el respeto y la autoestima en otros».

Tolerancia

El aprendizaje de la tolerancia es el camino hacia la convivencia. Saber convivir es saber respetarnos.

No es fácil, ya que para ser tolerantes debemos acallar nuestro egoísmo y exorcizar el demonio del orgullo.

Pero es en el ejercicio diario de la tolerancia como logramos construir la hermandad y derribar los muros del odio y la injusticia.

El diccionario de la Real Academia define así esa valiosa virtud llamada tolerancia:

«Tolerancia es soportar al otro con la intención de entenderlo mejor.

Sólo a partir de esa mejor comprensión se ordenan los conflictos de intereses y los derechos de los contrincantes. La tolerancia exige coraje».

Y podemos ir más allá de esta definición y afirmar que la tolerancia nos mueve a aceptar al otro con amor, más que a soportarlo.

Nos mueve a ponernos en su lugar, a valorar las diferencias y a dejar que el otro viva su vida sin manipularlo ni presionarlo.

Y como toda virtud es recíproca, el otro también nos respeta y así logramos convivir en armonía. No es fácil, pero es mejor amarnos que odiarnos y agredirnos.


Gonzalo Gallo González

Condiciones

  • Si quieres ser respetado, debes respetarte a ti mismo y a los demás.
  • Si quieres dominar a otros, debes aprender a dominarte a ti mismo.
  • Si quieres amigos, sé amistoso.
  • Si quieres justicia, sé justo con los demás.
  • Si quieres que se te trate con consideración, sé considerado.
  • Si quieres cortesía, sé cortés.
  • Si quieres ser fuerte, sé apacible, pero valeroso.
  • Si quieres conservar tu reputación, busca buenas compañías.
  • Si quieres ser aceptado, nunca hables mal del prójimo.
  • Si, quieres ser libre, deja en libertad a los demás.

Antonio de Trueba

Amor y respeto: Factores clave para un matrimonio exitoso

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¿Cómo es su dinámica matrimonial? ¿Cómo fluye su relación de pareja: ¿es edificante, nutritiva o es tensa y conflictiva? ¿Qué quiere usted para su matrimonio? ¿Quiere tener paz? ¿Quiere sentir intimidad? ¿Quiere sentirse valorado(a) y amado(a)? La respuesta está en la conexión de amor y respeto que usted establece con su esposo o esposa.

El amor es una necesidad primaria para la mujer y el respeto es una necesidad primaria para el hombre. Y el hombre y la mujer necesitan satisfacerse mutuamente sus necesidades de amor y respeto.

La esposa tiene una necesidad que la impulsa: sentirse amada. El amor es el idioma que la mujer entiende. El esposo tiene una necesidad que lo impulsa: sentirse respetado. El respeto es el lenguaje que el hombre entiende.

La necesidad primaria de la mujer es sentirse amada

El amor es la respuesta del hombre que hace que la mujer se realice, se sienta valorada y apreciada. La clave para la felicidad de la mujer es experimentar el amor.

¿Cómo expresa el esposo amor a su esposa?:

  • Proveyendo intimidad: Ella quiere que usted esté cerca, que la abrace, que sea afectuoso así no tenga intenciones sexuales, que le diga que la ama, que tenga como prioridad pasar tiempo con ella, que conversen cosas íntimas.
  • Expresando apertura: Ella quiere que usted le abra su corazón. Que deje de ser una ostra. Que le hable de sus sentimientos. Que conversa con ella de sus problemas.
  • Manifestando comprensión: Ella quiere que la escuche. La mujer necesita hablar para entrar en contacto con sus sentimientos. No trate de arreglarlo; sólo escúchela. El amor se manifiesta también en la disposición para la reconciliación. Perdonar y reconocer sus errores.
  • Actuando con lealtad: Ella necesita saber que usted está comprometido. Que le es fiel, que habla bien de ella, que usted está dispuesto a cumplir sus compromisos.
  • Dándole estima y honra: Ella necesita saber que usted la honra y la valora. Ella necesita su elogio, su gratitud, su reconocimiento.

La necesidad primaria del hombre es sentirse respetado

El respeto es el valor más arraigado en el hombre. El respeto es también la clave para motivar al esposo a amar a su esposa. La clave para crear en un esposo tiernos sentimientos de amor hacia su esposa es mostrarle respeto incondicional. La mejor manera de la mujer expresar su amor es expresando respeto hacia su esposo. La mejor manera de amar a un esposo es mostrándole respeto en formas que sean significativas para él.

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¿Cómo expresa la esposa respeto por el esposo?

  • Reconociendo el principio de autoridad con que Dios le ha instituido. la mujer necesita reconocer el liderazgo de su marido sobre el hogar, y aún promoverlo. El hombre es cabeza del hogar. En consecuencia, la mujer necesita valorar el deseo de él de servir y dirigir.
  • Valorando el deseo de él de proteger y proveer, y expresándole agradecimiento y reconocimiento por ello.
  • Manifestando su admiración por él. Evitando expresar desprecio hacia él. Valorando su esfuerzo y su deseo de triunfar. Evitando la crítica destructiva, entre otras actitudes y acciones.

Pero a menudo hombres y mujeres, nos centramos en nuestras propias necesidades y simplemente pasamos por alto las necesidades del cónyuge. El amor es una necesidad primaria para la mujer y el respeto es una necesidad primaria para el hombre. Los esposos y esposas tienen necesidades realmente iguales. Ella necesita amor incondicional, y él necesita respeto incondicional.

Ahora, cuando la mujer no expresa respeto y el hombre no expresa amor, el matrimonio se deteriora. Ningún esposo siente cariñosos lazos de afecto y amor en su corazón cuando cree que su esposa siente desprecio por quién es él como ser humano. Cuando un esposo no se siente respetado, le es especialmente difícil amar a su esposa. Cuando una esposa no se siente amada, le es especialmente difícil respetar a su esposo. La esposa necesita amor; no está tratando de ser irrespetuosa. El esposo necesita respeto; no está tratando de ser desamorado.


Arnoldo Arana | Parejas.Efectivas.Blogspot.Com

Amor y respeto: Códigos de la comunicación efectiva en la relación de pareja

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Según Emerson Eggerichs descifrar el código de la comunicación entre hombres y mujeres, requieren que los cónyuges experimenten el amor y el respeto. La conexión de amor y respeto entre el hombre y la mujer es fundamental para tener una relación edificante, nutritiva y funcional como pareja. El amor y el respeto son dos lenguajes esenciales en la receta de una relación sana. El amor y el respeto son dos ingredientes indispensables para una comunicación efectiva.

Si se pierde el respeto, el amor se fractura. Sin amor no hay motivación para manifestar respeto. El amor y el respeto se implican recíprocamente. «El respeto modula el amor». El respeto pone límites saludables al amor. El respeto mantiene sano el amor. El respeto preserva y protege la integridad de la relación matrimonial, para que el amor pueda desarrollarse con dignidad y honra. Por otra parte, el respeto es una de las demandas y condiciones que impone el amor. No se puede amar con dignidad sino se muestra respeto por la persona que se dice amar.

El respeto reconoce los derechos del otro: derecho a su individualidad; derecho a pensar y ser diferente. Respeto es reconocer y aceptar al cónyuge como es, sin intentar cambiarlo. El respeto implica la aceptación del otro con sus diferencias, lo cual requiere practicar la tolerancia. El respeto se manifiesta como tolerancia a la diversidad. El que ama valora al otro, precisamente por cómo es.

Sin respeto no hay verdadero amor. La pérdida del respeto nos lleva a perder la capacidad de amar. El respeto es al amor, lo que el oxígeno es a la respiración.

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Amor y respeto: Lenguajes para la efectividad conyugal

El amor es una necesidad primaria para la mujer y el respeto es una necesidad esencial para el hombre. El amor que la mujer anhela es equivalente al respeto que el hombre necesita. Y el hombre y la mujer necesitan satisfacerse mutuamente sus necesidades de amor y respeto. La esposa tiene una necesidad que la impulsa y la motiva: sentirse amada. El amor es el idioma que la mujer entiende. El esposo tiene una necesidad que lo impulsa y lo motiva: sentirse respetado. El respeto es el idioma que el hombre entiende.

Lo dicho en el párrafo anterior no niega el que la mujer también necesita sentirse respetada, y el hombre necesita sentirse amado, y ambos necesitan procurar darlo el uno al otro. Lo que digo es que la forma como el hombre se siente amado y apreciado es a través del respeto que recibe de su esposa. Por otra parte, la mujer experimenta el respeto como actos de amor de su esposo hacia ella.

Esas dos necesidades fundamentales para el hombre y la mujer quedan evidenciadas en el requerimiento del libro de los Efesios (la Biblia): «Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella…  Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido». El apóstol Pablo le da al hombre la responsabilidad de amar a su esposa en el matrimonio, y a la mujer la da la responsabilidad de respetar a su esposo, como parte del acuerdo conyugal.

El respeto es el valor más arraigado en el hombre. El respeto es también la clave para motivar al esposo a amar a su esposa. El amor es la clave para motivar a la esposa a respetar a su esposo. El amor es la necesidad más apremiante para la mujer en el contexto de la relación de pareja. De modo que la principal responsabilidad del hombre en el matrimonio es amar a su esposa. Por otra parte, la responsabilidad primaria de la mujer en el matrimonio es respetar a su esposo.

A menudo hombres y mujeres, se centran en sus propias necesidades y simplemente pasan por alto las necesidades del cónyuge. Ahora, cuando la mujer no expresa respeto y el hombre no expresa amor, el matrimonio se deteriora. Cuando un esposo no se siente respetado, le es especialmente difícil amar a su esposa. Cuando una esposa no se siente amada, le es especialmente difícil respetar a su esposo.

Amar y respetar se presentan como dos actitudes que necesitan darse incondicionalmente, es decir, no por mérito.  Los esposos no tienen que «ganarse el respeto» así como tampoco las esposas tienen que «ganarse el amor». Por supuesto se espera del acuerdo nupcial, que ambos, marido y mujer, se avoquen a dar y recibir amor y respeto.


Arnoldo Arana | ParejasEfectivas.Blogspot.Com

Nadie puede dar lo que no tiene

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Sólo cuando estás bien contigo mismo, puedes estar bien con los demás; sólo cuando manejas la soledad, puedes manejar una relación.

Necesitas valorarte para valorar, quererte para querer, respetarte para respetar y aceptarte para aceptar, ya que nadie puede dar lo que no tiene dentro de sí.

Ninguna relación te dará la paz que tú mismo no hayas creado en tu interior. Ninguna relación te dará la felicidad que tú mismo no construyas.

Sólo podrás ser feliz con otra persona, cuando seas consciente de que eres feliz incluso cuando no está a tu lado. Sólo podrás amar siendo independiente, sin tener que manejar ni manipular a los que dices querer.

Para amar necesitas una humilde autosuficiencia, necesitas una autoestima equilibrada y la práctica de una libertad responsable.

Pretender que la otra persona nos haga felices y llene todas nuestras expectativas es sólo una fantasía narcisista que sólo trae frustraciones.


Keila Annette Barris Vélez

Respeto al niño

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El niño necesita libertad: «Más vale un barrendero feliz, que un juez o un gran político infeliz».

Con la mejor voluntad del mundo la gente es opresora. Lo que suele llamarse respeto, es una forma de miedo.

Hay que darle al niño de seis años el mismo respeto que al presidente de la nación. La función que cumple cada uno no tiene importancia. Todos somos necesarios.

El valor fundamental es ser feliz y buscar tu sitio en la vida.


Anthony de Mello

Dignidad

Todos los seres humanos al ser concebidos recibimos el primer Don de Dios que es la dignidad, y de ella somos responsables hasta el final de nuestra vida, algunos la preservan, otros la subastan al mejor postor, se venden y se entregan a intereses bastardos, humillando y corrompiendo, ofendiendo y aplastando los derechos de los demás.

La dignidad es la piedra angular de todo ser humano, sin ella nuestro barco navega sin brújula y sin destino alguno, tener dignidad es reconocer el derecho de todos los seres humanos a una vida digna, a la educación, al amor, al respeto, a la libertad, pues no importando nacionalidad, raza o color todos tenemos el derecho de vivir.

Es la dignidad humana el último reducto de la propia libertad, el ser humano puede someterse a las peores humillaciones, es más, a perderlo todo, si salva su dignidad se mantendrá en pie para siempre, tener dignidad es tener respeto a sí mismo, a sus valores y creencias; por dignidad muchos seres humanos se han ganado el derecho a la inmortalidad, digno es aquél que se siente ofendido cuando le piden que renuncie a sus principios fundamentales y no importando las consecuencias lucha hasta el final por defenderlos.

Digno es aquel que ama sobre todas las cosas su propia integridad y ya podrán bajarlo a los infiernos mismos, pero nunca renunciará a su propio respeto, al amor a sí mismo, a su nación, a sus padres, al amor a Dios que le dio el primer soplo de vida y con ello la conciencia de ser hijo del creador, obra magistral, llamada a cumplir principios fundamentales. Tener dignidad es morir con la conciencia tranquila, porque salvamos el alma y nos da derecho a ser hijos de Dios.


Miguel Ángel Cornejo

Aprendiendo a escuchar

«Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habla mientras el género humano no escucha».

VÍCTOR HUGO

La escucha es una capacidad que podemos desarrollar con la práctica, no se trata de oír solamente los sonidos a través de nuestro sentido de la audición, sino más bien de una actitud, que abarca una gran cantidad de aspectos para relacionarnos con los demás y con nosotros mismos.

Aprendiendo a escuchar

El aprendizaje de la escucha, al contrario de lo que se pueda pensar no es nada sencillo, requiere de mucha habilidad, paciencia y respeto. Confundimos habitualmente la escucha con saber oír.

Habitualmente creemos que sabemos escuchar, cuando en realidad lo único que estamos haciendo es pasar superficialmente por la experiencia. Cuando alguien nos habla, estamos más pendientes de lo que vamos a contestar que de lo que nos está diciendo.

Mantenemos un diálogo de réplicas, en el que nos perdemos mediante consejos, reprimendas y enfados. Sin profundizar en la necesidad propia y la del interlocutor, sin reconocer las emociones que están en juego y el sentido que desprende cada palabra.

La escucha es mucho más que saber oír, requiere de una atención especial tanto con las personas que nos rodean como con nosotros mismos. Significa un saber estar en el momento presente, tanto hacia fuera con la otra persona, como hacia dentro, sintiendo el impacto emocional que implica.

El hecho de escuchar nos acerca a la realidad, puesto que implica una apertura de nuestros sentimientos y pensamientos, viviendo así la experiencia de una manera íntegra.

La importancia de la escucha en la comunicación

Para que pueda existir una comunicación efectiva es preciso aprender a escuchar, para que pueda haber una presencia honesta y auténtica. De tal manera que se produzca un encuentro real con la otra persona.

En la mayor parte de las ocasiones, cuando alguien nos está hablando, contando algo importante, intentando transmitirnos sus emociones y sus necesidades. Estamos pendientes de forma automática a nuestros ruido mental, el discurso que procede de nuestros interior.

De esta forma la comunicación resulta pobre, el mensaje pierde todo su sentido, resulta muy difícil así transmitir lo que se pretende. Llegar a mantener un encuentro profundo.

«Para saber hablar es preciso saber escuchar».

PLUTARCO 

La escucha en la comunicación no se limita solamente a lo que dice el interlocutor a través de sus palabras, la escucha va mucho más allá, puesto que en la comunicación intervienen mucho más factores; como son los gestos, las miradas, el tacto y el tono de la voz.  

Esto daría lugar a una escucha activa eficaz, reforzando así la empatía y la intimidad, de tal manera que pueda haber un vínculo más profundo, donde se establezca fácilmente la confianza. Este tipo de escucha es una habilidad que se puede ir desarrollando a través de la práctica.  

«La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha».

MICHEL DE MONTAIGNE 

La escucha es como una actitud

Estar dispuesto para la escucha también requiere de ejercitar una serie de valores y principios, como son el respeto, la autenticidad y la tolerancia.

Los prejuicios son los que limitan muchas veces la escucha y por lo tanto la comunicación. Al tener una idea preconcebida acerca de algo, nos volvemos herméticos a todo aquello que contradiga nuestra idea.

El sentido de la vista, muchas veces, adquiere tal protagonismo que desplaza y contamina la escucha. Las imágenes nos influyen y les damos un gran valor, formando una barrera, en ocasiones, que impide la comunicación.

Mientras nuestro interlocutor/a nos habla podemos estar pendientes de la bonita sonrisa que tiene, de lo mucho que nos atrae, de la mancha que tiene en el diente, de lo desaliñado que tiene el pelo, de la ropa que lleva, y de un sinfín de cosas que impiden que nos concentremos verdaderamente en lo que nos está diciendo.

Al concentrarnos en la escucha nos permitimos no solo captar las emociones de la otra persona, aportándole significado a lo que nos está intentando transmitir, sino también indagar en uno mismo en cómo nos afecta, nos remueve, nos inquieta, lo que la otra persona está diciendo. De tal manera que permitamos un encuentro con total autenticidad.

Cuando damos esta importancia a la escucha, tomamos conciencia de que supone mucho más que una capacidad, ya que acaba siendo una actitud, ante las personas que nos rodean y ante la vida en general. Una forma de estar presente ante los acontecimientos, sin ser un mero espectador, siendo un sujeto que participa en la belleza que le aflora de dentro y que lo rodea, haciéndose consciente de ello.

«Cuando te pido que escuches y te pones a darme consejos, no estás haciendo lo que te he pedido. Cuando te pido que me escuches y te pones a decirme por qué no debería sentirme de ese modo, estás hiriendo mis sentimientos. Cuando te pido que escuches y te parece que debes hacer algo para solucionar mi problema, me has fallado, por extraño que parezca. ¡Escucha!, Sólo pedía que escucharas; no que hablaras o hicieras, sólo oírme…

Puedo valerme por mí mismo, no estoy indefenso. Cuando haces algo por mí que puedo y necesito hacer yo mismo, incrementas mi temor y mi sensación de ineptitud. Pero cuando aceptas como cierto que me siento como me siento, por muy irracional que resulte, puedo dejar de intentar convencerte y pasar a la cuestión de comprender qué se esconde detrás de esa sensación irracional. Y, cuando está claro, las respuestas resultan obvias y no necesito consejos».

RALPH ROUGHTON 


Rafa Aragón | LaMenteEsMaravillosa.Com