Seis pasos para sanar las heridas emocionales de la infancia

Buscar culpables sólo nos hace perder energía. Es fundamental que nos demos permiso para enfadarnos y aprendamos a perdonarnos; al sanar nuestras heridas podremos ir por el mundo sin ocultarnos.

Las experiencias dolorosas que desarrollamos a lo largo de nuestra vida conforman nuestras heridas emocionales. Generalmente nos cuesta afrontar problemas emocionales como separaciones, traiciones, humillaciones, abandonos o injusticias.

Lo cierto es que es probable que muchos de nosotros aún no hayamos cerrado esas heridas, que sigan doliéndonos y que intentemos enmascararlas bajo el maquillaje de la vida.

Sin embargo, no nos percatamos de que sólo estamos evitándolas y que cuanto más esperemos más se agravarán; esto es mucho más complicado cuando, a pesar de que sabemos que algo no está bien en nuestro interior, todavía no nos hemos dado cuenta de que estamos heridos.

Así, hay un tanto por ciento de ignorancia que, unido al miedo de revivir nuestro dolor, no nos permite ser nosotros mismos, obligándonos a interpretar un papel que tenemos poco o nada estudiado y que no nos corresponde.

Seguro que, si estás leyendo esto, te sobran las ganas de conocerte y de mejorarte cada día. Por eso, con este artículo te queremos acercar una pequeña ayuda para que conozcas cuál es el proceso que debes seguir si quieres poner en marcha la maquinaria del afrontamiento que te permita curar tus heridas.

Así es que, a continuación, te mostramos 5 etapas que necesitamos experimentar para sanar nuestras heridas emocionales:

1. Acepta la herida como parte de ti

No te tapes los ojos, la herida existe. Puedes reconocerlo o no, pero en realidad hacerlo es lo único que te ayudará a seguir adelante. Según Lisa Bourbeaur aceptar una herida significa mirarla, observarla detenidamente y saber que tener situaciones que resolver forma parte de la experiencia del ser humano.

Puede que pienses que vendarle los ojos al sufrimiento es lo mejor que puedes hacer, pero eso implica que la herida se complique con el paso del tiempo.

Debes aceptar y comprender que no somos mejores o peores porque algo nos haga daño. Haberte construido tu coraza es un acto heroico, un acto de amor propio que tiene mucho mérito, pero que ya ha cumplido su función. Ya te protegió del ambiente que te originó la herida, por lo que es la hora de dejar ir y avanzar.

Aceptar nuestras heridas resulta muy beneficioso cuando es con el fin de adquirir el aprendizaje que necesitábamos. Si no lo haces, generarás numerosos problemas a largo plazo, tales como depresión, ansiedad e inseguridades.

2. Aceptar que te haces daño sucumbiendo al temor o al reproche

Si focalizamos nuestra atención en el dolor y en la búsqueda de un culpable o un responsable estaremos perdiendo energía, la cual es muy necesaria para sanar nuestra herida. Intenta perdonarte y perdonar a los demás, pues es la única manera de que consigas pasar página y abrir tu corazón.

Debes entender que la voluntad y la decisión de sobreponernos a nuestras heridas es el primer paso hacia la autocomprensión y el autocuidado. No sólo desarrollarás estas cualidades para ti, sino también hacia los demás, lo cual redundará en un mayor bienestar emocional.

No puedes pretender que los demás cumplan tus expectativas y te saquen del pozo cada vez que te hundes; no es justo cargar a alguien con esa responsabilidad que solo nos corresponde a nosotros mismos. De hecho, son este tipo de comportamientos los que llevan a anular gran parte de nuestras relaciones y de nuestra vida, lo que genera a su vez gran malestar emocional.

3. Date permiso para enfadarte con las personas que alimentaron tu herida

Cuanto más nos dañen y más profundas sean nuestras heridas, más normal y humano resultará culpar y sentir enfado hacia quien nos perjudicó. Date permiso para enfadarte con ellos y perdónate.

Si te fuerzas a no hacerlo, acabarás reprimiendo ese dolor y lo convertirás en odio y en resentimiento, dos sentimientos extremadamente perjudiciales para nuestra salud.

Vivir imponiéndonos trampas emocionales es castigarnos y abocarnos a una vida llena de dolor y de insatisfacción. Además, de nuevo, esto ocasionará que enmascares tu verdadero Yo interno y que no seas capaz de abrir tu corazón.

4. Tras la aceptación y el perdón viene la transformación

Absolutamente todas nuestras experiencias nos enseñan algo. Es probable que te cueste aceptarlo, pues nuestro ego es especialista en crear esa barrera de protección que oculta nuestros problemas.

Lo cierto es que nuestro ego suele complicarnos la vida; sin embargo, son nuestros pensamientos y nuestros comportamientos los que la simplifican. Todo cambio requiere de un gran esfuerzo, pero es necesario mirar de frente y afrontar que no estamos siendo nosotros mismos y que algo debe cambiar.

5. Observa el mundo con y sin herida

Date tiempo para observar cómo te has apegado a tu herida en todos estos años. Estaba ahí y, aun sin saber cómo, dirigía cada uno de tus movimientos. Deshazte de tus máscaras, no te juzgues, no te critiques y pon todo de ti a la hora de intentar sanar tu herida de manera profunda.

Es posible cambiar de máscara en un mismo día o llevar la misma durante meses o años. Lo ideal es que seas capaz de decirte a ti mismo «Vale, me he colocado esta máscara y la razón ha sido esta. Es hora de quitármela». Entonces sabrás que estás en el camino correcto y que, en el resto del viaje, tu guía será la inercia que te permita sentirte bien sin ocultarte.

6. Apóyate en tu círculo social

Es probable que pienses que tú puedes con todo y que ya has salido de peores pozos. Sin embargo, no hay motivos por los cuales debas renunciar al consuelo de un corazón que te escuche pacientemente.

Es evidente que el apoyo que los demás nos brindan puede ser crucial a la hora de superar múltiples obstáculos. No renuncies a los abrazos y al mundo, ellos también forman parte de ti y juntos pueden reconstruir un nuevo hogar en el cual vivir sin sufrimiento.


Alejandra Plaza | AlejandraPlaza.Com

Expresar versus reprimir las emociones

Contexto cultural donde operan las emociones

El pensamiento de los últimos siglos ha insistido en el uso de la razón por sobre encima de las emociones. Culturalmente nos hemos educado a guiarnos «racionalmente», bajo la premisa «pienso, luego existo», restando importancia a la emoción y su expresión.

El ambiente cultural y social actual apunta a la no expresión emocional, sobre todo aquellas emociones que social y culturalmente han sido etiquetadas – estigmatizadas – como negativas, tales como la rabia, la tristeza, el dolor, o el miedo. Estas emociones han sido catalogadas como una debilidad más que un potencial, en consecuencia hay la tendencia a negarlas, reprimirlas, camuflarlas o apaciguarlas. En este contexto es común escuchar expresiones tales como: «Si te ven triste o llorando van a pensar que eres débil», «deja el enojo: van a pensar que eres un amargado (a)», «no te rías tan fuerte: te ves tan vulgar cuando lo haces», «contrólate, no llores…» «los hombres no lloran», etc.

De modo que las personas tienden a amoldar su expresión emocional a los cánones socialmente aceptados, lo cual puede implicar reprimir o negar determinadas emociones. Como dice Maickel Malamed: «Parte del manejo emocional tiene que ver con moldes… el hombre piensa, la mujer siente, los hombres no lloran, la tristeza es mala, el miedo es de cobardes… se pierde la emoción en una cuestión moral y la moralidad está en la acción, no en el sentimiento». Pero nos engañamos al pretender meter las emociones en un molde, y etiquetarlas como buenas o malas, positivas o negativas. Las emociones son, simplemente, expresiones naturales de nosotros mismos que expresan una realidad interna, una necesidad.

Las emociones son un componente fijo de nuestro programa de comportamiento

Como seres humanos no podemos suspender, desconectar o eliminar las emociones de nuestro repertorio de experiencias y  comportamientos. Las emociones no son simplemente una opción dentro de un menú del que podemos escoger alguna de las opciones sugeridas. Por el contrario, representan un componente fijo de nuestro programa de comportamiento. Las emociones son reacciones instintivas – impulsos o disposiciones – para actuar, ante situaciones y circunstancias diversas.

Las emociones nos brindan la dirección que requerimos para actuar en cada situación, al facilitar la toma de conciencia de lo que nuestro organismo está experimentando, al ser éstas expresión fiel de lo que está aconteciendo en nuestra vida interior. En este sentido, las emociones nos dan una referencia acertada de lo que nos sucede en un momento determinado, y la energía adecuada para actuar en cada situación.

Cada una de las emociones son signos que nos ayudan a prepararnos para responder a diferentes situaciones. Así por ejemplo la rabia nos informa que alguien ha traspasado nuestros límites, el dolor nos dice que ha aparecido una herida, el miedo nos comunica nuestra necesidad de seguridad, el placer nos ayuda a tomar conciencia de que nuestras necesidades están satisfechas, la tristeza nos susurra del valor de lo perdido, la frustración nos expresa que tenemos necesidades no atendidas – objetivos no alcanzados -, la impotencia nos habla de la falta de potencial para el cambio, la confusión nos expresa que estamos procesando información contradictoria. Cada emoción tiene su propio mensaje e intensidad.

1. El control: Una estrategia neurótica de gestionar las emociones

Una de las estrategias – estériles e inefectivas – que más utilizamos para lidiar con las emociones con las cuales nos sentimos incómodos, tales como la ira, el miedo, la impotencia, la frustración, la inseguridad, entre otras, es el control. Al respecto comenta Norberto Levy: «Al sentir una emoción que nos disgusta, como el miedo o enfado, queremos controlarla para que desaparezca. Pero así sólo se intensifica. El camino es ayudarla a madurar».

Hay muchas maneras de controlar las emociones. Podemos racionalizarlas, reprimirlas, negarlas o simplemente tratar de desconectarlas, en el caso de que nos resulten demasiado amenazantes. Pero el resultado de este «esfuerzo disciplinado» por controlar las emociones, es la insanidad emocional, la pérdida del contacto con el sí mismo, la inautenticidad, la desintegración del alma.

La represión emocional daña nuestra salud psicológica y física

Negar o reprimir «emociones indeseadas» como el miedo, la tristeza o la rabia, no hará que desaparezcan, por más «disciplina y control» que utilicemos. Seguirán presente en nuestras vidas, pero expresándose de otras formas, como rigidez corporal, insomnio, adicciones, falta de espontaneidad, irrupción descontrolada de los rasgos y sentimientos controlados, compulsividad en algunas de nuestras acciones, degradación funcional de la secuencia vital de nuestra comunicación (percepción – sentimiento – expresión).

La emoción es energía que genera nuestro organismo y que por su naturaleza busca expresarse. Ahora la energía, por principio físico, no se destruye sino que se transforma. Así sucede con la emoción cuando la reprimimos evitando que se exprese mediante el llanto, las palabras, la risa, etc…, se transforma en enfermedades como gastritis, problemas digestivos, problemas cardiovasculares, cáncer, entre otras enfermedades; o en insanidad psicológica, como culpa, depresión, ansiedad, etc. Resulta, pues, un esfuerzo inútil tratar de «enterrar las emociones». Como lo expresa Don Colbert: «Las emociones no mueren. Las enterramos, pero enterramos algo que todavía está vivo». Agrega Deb Shapiro: «Toda emoción reprimida, negada o ignorada queda encerrada en el cuerpo».

Cuando reprimimos las emociones negándoles su expresión, el efecto de expresión y movimiento que es inhibido, se encauza hacia adentro. Así por ejemplo, cuando reprimimos la rabia o el miedo, la tensión muscular que debería experimentarse en los músculos orientados hacia el exterior, que intervienen en la respuesta típica de huida o ataque, se direcciona hacia adentro, transfiriendo esa carga a los músculos internos y vísceras. En el largo plazo esa tensión que acompaña a las emociones y que fue inhibida, termina expresándose a través de otras formas como contracciones y rigidez muscular, dolores del cuello y espalda, enfermedades gástricas, dolores de cabeza, entre otros.

Las emociones que no expresas, enfrentas y resuelves, terminan por manifestarse en alguna parte del cuerpo.

Está también el debatido enfoque de las enfermedades psicosomáticas, según el cual los trastornos físicos psicogénicos se desarrollan a causa de sentimientos reprimidos.

Cuanto más fuerte es la represión de una emoción, más fuerte es la explosión emocional

Controlar las emociones es una experiencia ilusoria, con logros muy engañosos. Detrás de la fachada de control que la persona arma, se mantiene un equilibrio muy precario. A pesar de los recursos estereotipados que la persona aprende: modulación de voz, posturas corporales, mirada artificial, gestos faciales encubridores, el controlador sólo logra una transformación transitoria de su conducta externa, pues tarde o temprano las emociones reprimidas emergen redimidas por las necesidades que claman por salir.

En cada una de las expresiones estereotipadas de «serenidad, aplomo y ecuanimidad», aparecerá también su precariedad expresada en rigidez, compulsividad y mal humor, hasta que «el controlado» irrumpe descontroladamente, ante situaciones imprevistas o de retos.

Por otra parte, cuanto más fuerte sea la represión de la emoción, más potente y explosiva será la expresión y liberación de esa emoción en algún momento de la vida. A la larga las emociones reprimidas terminan teniendo una expresión que va más allá de la respuesta normal. Dice Don Colbert: «Las emociones que quedan atrapadas dentro de la persona buscan resolución y expresión. Esto forma parte de la naturaleza de las emociones, porque deben sentirse y expresarse. Si nos negamos a dejar que salgan a la luz, las emociones se esforzarán por lograrlo. La mente inconsciente tiene que trabajar más y más para poder mantenerlas bajo el velo que las esconde».

Las emociones que mantenemos reprimidas terminan por escaparse de la mente inconsciente.

2. La expresión: Una estrategia ecológica de gestión de las emociones

La clave para lograr efectividad en el manejo y gestión de las emociones no es negarlas o controlarlas, sino permitir que fluyan, lo cual no quiere decir que si, por ejemplo, estás enojado (a) con tu cónyuge, des rienda suelta a tu enojo y le lastimes, o traspases sus límites y derechos, sino más bien dejar que tu emoción te informe que está pasando contigo, para luego decidir cómo atenderla de la manera más segura y productiva. La idea implícita es la del «judo emocional», lo cual consiste en ver la emoción como una fuerza que busca expresar una necesidad del organismo y tratar de absorber la energía o fuerza (fluir con lo que está sintiendo – adquirir plena conciencia) y ayudarla (no bloquearla, controlarla) para que complete su movimiento, utilizando su fuerza para que continúe su camino, en vez de bloquearla, causando que nos tumbe o agobie. Por otra parte, liberar la energía que generalmente usamos para reprimir las emociones producirá un enorme flujo de vitalidad que se manifestará en forma de relajamiento, creatividad, satisfacción y poder personal.

Hay tres metáforas que pueden servir para ilustrar el manejo de las emociones. Una es comparar la emoción con un pozo de agua contenida, represada, sin movimiento, lo cual equivale a controlar / reprimir las emociones. ¿Qué pasa con el agua en tales condiciones? Naturalmente se pudre, pierde vitalidad. La segunda metáfora es la de un tsunami, cuya violencia de agua, arrasa con todo a su paso, causando muerte y devastación, lo cual equivale a dar rienda suelta a nuestras emociones sin medir consecuencias, de tal forma que nos convertimos en sirvientes de nuestras emociones, lastimando a otros y a nosotros mismos y saturándonos de conflictos interpersonales. La tercera metáfora es la de una represa hidroeléctrica, que permite que el agua fluya, pero a la vez sea canalizada para fines productivos. Esta es la imagen que quiero dejar fresca al hablar de judo emocional.


Arnoldo Arana | formagestalt.blogspot.com

La alegría de vivir

La risa es salud. El buen humor es salud. ¿Estás seguro de pensar lo suficiente en este aspecto de tu bienestar? Si, a causa de las preocupaciones, envejece el corazón, también tu rostro aparecerá pronto lleno de arrugas.

La risa libera. El humor relaja. La risa es capaz de liberarte de los falsos problemas. La risa es el mejor cosmético para tu belleza externa y la mejor medicina para tu vida interna. Si riendo, tus músculos trabajan regularmente, tu digestión resultará beneficiada, e incluso tu apetito se estimulará y tu presión arterial permanecerá estable. La risa y el buen humor te liberaran de aquella lúgubre seriedad que vuelve los problemas pesados como el plomo; te liberaran, además del triste «tran-tran» cotidiano. La risa y el buen humor crean espacios nuevos para alegrías desconocidas.

Un día que no has reído, es un día perdido.


Phil Bosmans

El poder de un abrazo

El contacto físico no es sólo agradable, es necesario para nuestro bienestar psicológico, emocional y corporal; acrecienta la alegría y la salud del individuo y de la sociedad.

Y claro que eso es definitivamente real. Todos funcionaríamos mejor durante el día, si abrazáramos o nos dejáramos abrazar. Si bien es cierto que dar o recibir un abrazo es algo simple y cotidiano, casi todos desconocemos la dimensión de plenitud que nos proporciona. Los expertos en la materia, tienen mucha razón al decir que «en su forma más elevada, abrazar es también un arte». Una de las formas más naturales y espontáneas de demostrar afectos es a través del abrazo. Si bien hay muchas formas de tocar, el abrazo es una muy especial y que contribuye de un modo muy importante, a la curación y la salud.

El abrazo es asexual y por lo general reconocemos un abrazo cariñoso, consolador o juguetón, del abrazo de pareja. Cada uno tiene muy en claro que tipo de abrazo está dando, ya que el abrazado responderá en el mismo tono. El abrazo se da y se recibe. A veces uno es el abrazado y otras, el que abraza. Cuando se quiere un abrazo, no hay que esperar a que el otro adivine, es necesario pedirlo.

Los hijos tienen que ver que sus padres se abrazan entre sí, también a sus amigos, así al crecer, estarán convencidos que es algo que no sólo se da entre amantes y cuando se siente atracción física por otro.

Este gesto se da en todos los niveles de relación interpersonal. Todos tenemos necesidad de tocar y ser tocados, de amar y ser amados. El amor retenido puede convertirse en dolor. Por ello, en el abrazo hay que ser humildes y vulnerables, para entregarnos él y al abrazo. Al abrazar, afirmamos la capacidad de descubrir la ternura y la alegría que hay en nosotros y la riqueza interior que nos nutre.

Hay que tener muy en cuenta que el abrazo, es una de las formas más puras de manifestar afecto y cariño y además, tiene muchos beneficios, como el de aliviar el dolor, la depresión, la ansiedad y la tensión; acrecienta en los enfermos la voluntad de vivir y seguir adelante; ayuda a los bebés prematuros (que se vieron privados de contacto en sus incubadoras), a crecer y a fortalecerse; hace que veamos con mejores ojos nuestra propia persona y el entorno que nos rodea; tiene un efecto positivo en el desarrollo del lenguaje y en el coeficiente intelectual de los niños; provoca alteraciones fisiológicas positivas en quien toca y en el que es tocado; mantiene en buen estado los músculos de brazos y hombros, ya que es un ejercicio de flexión y de estiramiento; afirma que somos seres humanos; es democrático, ya que cualquiera es candidato para dar o recibir un abrazo; crea los lazos más estrechos entre los individuos, ya que rompe las barreras emocionales.

El afecto, el contacto físico y el cariño, es algo demasiado importante. Es una de las necesidades fundamentales del ser humano, al igual que el agua y el alimento.

Si bien, en la generalidad, los hombres suelen demostrar con más facilidad su cariño, muchas mujeres quizás lo expresen sin mayor dificultad, pero no siempre sucede así. Puede ser que una barrera emocional impida demostrar afecto o, simplemente, al no haberlo recibido desde pequeñas, sea difícil proyectarlo hacia otras personas. De hecho, es factible que el afecto recibido durante la infancia, determine la manera de darlo en el futuro. Tanto en el hombre como en la mujer, la ausencia de afectos en la infancia, puede marcar definitivamente nuestra personalidad como adultos; una persona que carece de afectos, suele ser rígida, celosa, posesiva y a veces insensible y violenta.

Normalmente, es gente muy dependiente de los demás en sus relaciones, ya sea matrimoniales o hacia sus padres o hijos. Otro de los rasgos de una persona que recibió poco afecto en su vida, es que suelen ser muy pasivas y se caracterizan porque aceptan todo, por miedo a quedar solas.

Hay diferentes formas de abrazos y hasta llevan nombre

En el «abrazo de oso», por lo general, una de las dos personas es más alta, pero tampoco es requisito para aportar la cualidad emocional de este abrazo. El que abraza se curva levemente sobre el más bajo, envolviéndolo con los brazos. El que es abrazado apoya la cabeza en el hombro o pecho del otro y rodea la cintura del que abraza. Los abrazos de oso, se dan entre padres e hijos; abuelos y nietos. Entre amigos y entre esposos. Este abrazo transmite mensajes como: Te apoyo; cuenta conmigo; comparto tu dolor o alegría. Cuando se da en la pareja, se transmite una infinita ternura.

En el «de mejillas», este abrazo demuestra ternura y bondad y tiene una cualidad espiritual. Se puede dar sentado, de pié o hasta con una persona sentada y otra de pié, pues no se necesita contacto físico total. Si las dos personas están sentadas, deben ponerse de frente y presionar la mejilla contra el otro. Este abrazo se da entre amigos íntimos, entre la pareja o con un ser querido. Es ideal para una ocasión feliz.

En el abrazo «con forma de A», las personas deben estar de pié, frente a frente y colocar los brazos alrededor de los hombros. El costado de las cabezas queda apoyado en la del otro y el cuerpo está inclinado hacia delante sin que haya contacto debajo de los hombros. Es un abrazo clásico y muy apropiado para las relaciones recientes o cuando se requiere cierto grado de formalidad. Por lo general, se da entre familiares que tiene muchos años de no verse.

El llamado «abrazo sándwich», formado por tres personas, dos de ellas se colocan frente a frente y el tercero, en medio de los dos. Los dos abrazantes pueden abrazarse por los hombros o por la cintura. Este abrazo proporciona sensación de seguridad y apoyo. Es ideal para compartir en familia (madre, padre e hijo), entre tres buenos amigos o bien, cuando una pareja desea consolar a otra persona.

El «abrazo impetuoso», es por lo general breve y se caracteriza, porque el que abraza corre y echa los brazos al cuerpo del otro. El que es abrazado debe estar preparado para responder al apretón y tener una sensación agradable. Otra manera de dar este abrazo, es cuando los dos corren el uno hacia el otro y se estrechan con pasión. Este abrazo se da cuando se dispone de poco tiempo, y se recomienda incluir abrazos más suaves y duraderos para no hacerlos tensos. Se utiliza en un momento en que queremos desearle suerte a alguien para expresar cariño, pero de una manera apurada.

El «abrazo grupal», les viene bien a los amigos muy íntimos que comparten un proyecto e interés en común. El grupo se coloca en círculo y los brazos rodean hombros y cinturas. Una de las variantes de este abrazo es cerrar el círculo avanzando hacia el centro y luego retroceder separándose con un grito de júbilo o con un apretón de despedida, tal cual en los bailes rusos. Este abrazo proporciona calidad de apoyo, seguridad y afecto, además de un sentimiento de unidad y solidaridad. Es ideal entre compañeros de clase, de oficina o de un equipo.

El «abrazo de costado», es muy usual darlo mientras dos personas caminan juntas. Pueden estar tomadas por la cintura o por los hombros. Se caracteriza también por ser un abrazo alegre y juguetón. Es apropiado cuando caminamos, paseamos o esperamos en la fila para entrar al cine o al teatro. Este abrazo es común entre la pareja, entre padre e hijo, madre e hijo, entre hermanos y también cuando los buenos amigos desean hablar.

En el «abrazo por la espalda», el que abraza se aproxima al otro lado desde atrás, rodea su cintura con los brazos y lo estrecha con generosidad. Este abrazo suele ser breve y juguetón y la sensación de fondo es de felicidad y apoyo. Este tipo de abrazo se da entre la pareja, como cuando el hombre abraza a la mujer mientras ella se encuentra haciendo algún quehacer.

En el «de corazón», se considera que es la forma más elevada del abrazo. Se inicia un contacto visual mientras la pareja está de pié, frente a frente. Los brazos deben rodear hombros y espalda y las cabezas se juntan y se establece un contacto físico. Los dos deben concentrase en la ternura que fluye desde un corazón hacia el otro y respirar con lentitud. Es preciso anular posibles distracciones. Éste es un abrazo sublime, largo, afectuoso, abierto y genuino. Puede expresar amor puro e incondicional. Se da entre viejos amigos o amigas muy recientes que se unieron por una experiencia y emoción común y, por supuesto, entre una pareja.

El «abrazo a la medida», es muy efectivo porque nos hace sentir bien. Aquí entra el factor ambiente, situación, compañía y las necesidades personales del abrazo: afecto, efecto, fuerza, apoyo o reafirmación o cualquier sensación agradable que pueda proporcionar el abrazo.

En el «abrazo Zen», se puede emplear cualquier tipo de abrazo. El de mejilla y el de corazón son los más recomendables. Una de las formas de practicar este abrazo es que la pareja se siente frente a frente y apoyen los pies con pies y manos con manos. No importa si se abren o cierran los ojos, pero la respiración debe ser profunda y con ritmo. La pareja debe estar concentrada sólo en el momento presente y dejar que los pensamientos desaparezcan. Es preciso tomar conciencia de lo que se está compartiendo, del contacto físico y de la energía que se está entregando mutuamente. Cuanto más profunda sea una relajación, mejor será la experiencia del abrazo. Éste es un abrazo que demanda mucha concentración, ya que mucho se entrega y recibe con él.

No somos invencibles

No somos invencibles, y sabemos que no todo es dicha y felicidad…

Sabemos también cuáles son las reglas del juego, que debemos atravesar muchas veces períodos de dolor, que nos quebramos, nos sentimos sin fuerzas y que muchas veces nos preguntamos: ¿Por qué? Y no encontramos ninguna respuesta…

Somos como copas que van llenándose de a poco, pero existe un momento en que el líquido supera la capacidad y entonces sentimos que nos desbordamos, que no damos más…

Tenemos que asumir que podemos retener sólo una parte y que lo que no se puede contener hay que dejar que fluya, como la copa, que se desborde… en ese proceso podemos volver a empezar, porque si fluye, si no dejamos que nos ahogue, si no tratamos de parecer invencibles queriendo abarcar todo sin pensar en las consecuencias podemos limpiarnos, dejar que el tiempo permita que todo vuelva a la normalidad y de esta forma no atentar contra nosotros mismos ni contra nuestra salud.

Cuando ya nada se puede hacer de nada sirve seguir llenando la copa, sólo nos sirve alejarnos, darnos tiempo y luego volver para limpiar el líquido derramado y empezar a recuperar las fuerzas para Volver a Empezar.


Graciela de Filippis

Lo que no decimos

¿A dónde va lo que quieres decir y no dices? ¿A dónde va lo que no te permites sentir?

Nos gustaría que lo que no decimos caiga en el olvido, pero lo que no decimos se nos acumula en el cuerpo, nos llena el alma de gritos mudos.

Lo que no decimos se transforma en insomnio, en dolor de garganta. Lo que no decimos se transforma en nostalgia, en destiempo. Lo que no decimos se transforma en deuda, en asignatura pendiente. Las palabras que no decimos se transforman en insatisfacción, en tristeza, en frustración.

Lo que no decimos no muere, nos mata.

 

El amor es la mejor medicina

el amor es medicina

El amor es la medicina de todo mal moral.

Con el amor el mundo se cura del pecado.

El amor es el vino de la existencia.

Cuando lo has tomado, has bebido la gota más valiosa que existe.

La naturaleza del supremo amor es ser sensible al acto de forzarlo hacia otro sin prohibición ni reprocidad.

Entre más sutil, el amor es más fuerte y más sublime.


Henry W. Beecher

Reír sin motivo, ¿es posible?

Aunque nos reímos a menudo, pocas veces nos hemos preocupado por saber ¿Qué es?, ¿Tendrá algún beneficio? Y cualquier cantidad de otras interrogantes.

Pues la risa, no es más que la respuesta que ofrece el organismo para expresar alegría, felicidad y demás emociones positivas que promueven un estado anímico agradable y óptimo al ser humano. Es un hábito innato, que cada persona posee y no requiere aprender. A pesar de ello, el crecimiento personal y algunas situaciones de la vida moderna; colaboran con la necesidad de «reaprender».

Este hecho se evidencia cuando reconocemos que los niños hasta los seis (6) años, ríen en promedio unas 300 veces al día; mientras que los adultos considerados risueños, lo hace unas 100 veces; y los que son catalogados con muy poco sentido del humor, solamente en 15 ocasiones.

Gran parte de la responsabilidad de este fenómeno, recae en el condicionamiento social existente respecto a la risa en muchos ámbitos de la vida, que indudablemente favorecen la pérdida de la capacidad para reconocer el lado positivo y divertido de la vida; ya que estos preceptos, de acuerdo a mitos infundados en los individuos, forma parte única y exclusivamente de los niños; y cuando se crece, no es válido conservarlos.

En caso de que alguien quisiera retomar esta actitud, es considerada poco seria y sin compromiso ante las actividades y responsabilidades que desarrolla diariamente; y todo porque la seriedad, de acuerdo al criterio global, debe ser la característica principal de los adultos. Adicionalmente, los recuerdos serios van reemplazando a los divertidos o alegres, haciendo que la risa se desvanezca lentamente.

Otro elemento que se involucra dentro de este evento, lo constituye el miedo a ser observados y juzgados por los demás. El pensar ¿Qué opinarán de mí? Asociado a la risa y la frecuencia en la que se usa, genera que la risa espontánea se esconda, ya que existe un temor latente a que las personas se burlen de este comportamiento, al considerarlo «infantil y poco serio».

En el mundo actual, lleno de tensiones y grandes compromisos para las personas, es necesario ejecutar actividades que fomente la salud física, mental y espiritual. Es por tal razón, que una de ellas es tan sencilla como reírse con frecuencia, siendo este un método natural que ayudar a levantar el ánimo.

La risa contribuye a reponer el organismo del estrés al que se encuentra expuesto de manera frecuente y cotidiana. Además, genera placer en las personas el socializar y reír juntos; siendo esto, una señal a nivel social de gran valor.

Al reír, nos olvidamos de todos nuestros pensamientos; ocupándonos sólo de expresar alegría. Esto nos permite vivir el presente efectivamente, sin apegos al pasado e incertidumbres respecto al futuro.

Este simple gesto, genera en nuestro cuerpo, una gran cantidad de acciones; tales como: acelerar la respiración, lo que nos obliga a limpiar y ampliar la capacidad de los pulmones, renovando los 6 litros de aire sucio por 12 litros de uno mucho más limpio; también, oxigena el cerebro, al recibir nuevo aire; el diafragma se contrae continuamente, generando esto ligeros masajes en los órganos internos, relajando músculos que se encuentren tensos, reduciendo el estrés.

Adicionalmente, la risa contribuye a quemar calorías; debido a que al reír, aproximadamente unos 400 músculos del cuerpo se movilizan (incluyendo algunos del estómago, que sólo pueden ejercitarse con risa); y algunas investigaciones han estimado que reír unas 100 veces es equivalente a hacer ejercicio aeróbico durante 10 minutos o 15 minutos de bicicleta.

Químicamente, provoca la segregación de la hormona llamada serotonina; que tiene efectos calmantes, haciendo que la persona se sienta mejor consigo misma. Además, ayuda a que el cerebro segregue endorfinas, siendo estas sedantes naturales similares a la morfina; actuando como una droga natural que circula a través del organismo, y cuyos efectos resultan cientos de veces más fuertes que la heroína y la morfina. Es importante destacar que ambas hormonas, son totalmente gratuitas, y no ocasionan reacciones adversas.

Es por esto, que de 5 a 6 minutos de risa, actúan como un analgésico; sin dejar de destacar que la liberación de estas sustancias, protege al organismo de infecciones, fortaleciendo el sistema inmunológico y el corazón, lo que hace al cuerpo más resistente a enfermedades.

Adicionalmente, favorece el ánimo e inmuniza al organismo contra la depresión y la angustia; potenciando de este modo, la creatividad y la imaginación, ya que cuando se ríe, los niveles de adrenalina aumentan.

Gracias a la sobre oxigenación del cuerpo por medio de la risa, se desmiente la idea de que la risa favorece las arrugas en el rostro; generando un efecto contrario, es decir, tonifica la piel; siendo este un método más efectivo para retardar los signos del envejecimiento en el rostro.

Otro beneficio adicional, es que actúa como masaje interno, a través del cual, la columna vertebral y sobre todo la cervical; se estiran al reír, liberando las tensiones que se acumulan en dicha zona.

Un punto que ha sido comprobado por medio de estudios científicos, es que cuando una persona se ríe a carcajadas o simplemente hace el gesto de reír (Abrir un poco los labios y mostrar ligeramente los dientes), está provocando los mismos efectos en el cerebro y recibiendo los beneficios generales de este «ejercicio».

Generalmente, la risa está asociada con burlas, chistes y bromas. Si bien es cierto, que estos elementos desencadenan la risa, provocando la gran variedad de beneficios mencionados anteriormente; no son el único medio que existe para reír.

A partir de la necesidad de reír, para tener una mejor salud; y considerando que los chistes y las bromas son recursos finitos, que al reutilizarlos no aportan gran valor al proceso; el Dr. Madan Kataria, un médico hindú, al reunirse con 4 personas creó una técnica denominada «Yoga de la Risa»; cuya base fundamental es reír sin motivo, ya que no usa el humor para provocarla. Combina del Yoga tradicional, ejercicios de respiración, estiramiento y relajación guiada, con ejercicios que contienen un alto contenido de imaginación, que provocan la risa.

Este fenómeno nació en 1995, y actualmente se encuentra presente en gran parte de los países del mundo, a través de clubes de risa, donde las personas tienen un espacio para reír libremente, y disfrutar de los beneficios que este hecho les proporciona.

Aunque sabemos que la risa es una reacción espontánea; para muchas personas resulta difícil comprender el hecho de reírse sin motivo. Es por esto que al inicio de sesiones de esta técnica, la risa resulta fingida, ya que la naturaleza de los ejercicios es poco convencional. Pero al compartir con el resto de las personas que participan, y escuchar sus risas, la risa propia sufre un cambio que favorece aflorar la espontaneidad en el proceso. Este cambio, ocurre gracias al componente viral de la risa, que resulta altamente contagiosa. Sin importar cuál sea la razón por la cual se ríe, las personas que escuchen a otra en ello, se reirán.

Existen testimonios, que afirman este hecho; e incluso personas han llegado a descubrir su verdadera y natural risa; aprendiendo a mostrarla sin problemas y prejuicios al mundo, ya que han entendido la importancia del reír, y lo que este fenómeno genera en sus vidas, luego de practicarlo constantemente, no solo en sesiones dentro de los clubes de risa, sino solos en sus casas, de camino al trabajo, con sus familias; en fin, demostrándoles al mundo que reír sin motivo SÍ es posible, y mejor aún: es necesario para preservar la salud.

La práctica de la risa sin motivo, permite conectar a las personas consigo mismas en el momento, lugar y por el tiempo que se desea; incluso sin importar las circunstancias. Lo importante es internalizar esto, además de reconocer que en las manos de cada persona está la decisión de hacerlo o no.


Ronexy Baudewyn | Este artículo fue publicado originalmente en la edición No. 158 de Liderazgo y Mercadeo.

Sana tus emociones, sana tu cuerpo

En varias oportunidades he tocado el tema de las emociones tóxicas y digo que son tóxicas en todo el sentido de la palabra, porque enferman el organismo y producen reacciones químicas dentro de nuestro cuerpo, envenenándolo y enfermándolo. Una definición de emoción señala que «es una alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa». Cuando dice que es una alteración del ánimo significa que es una alteración del alma; el alma es el centro de la mente, la voluntad y las emociones, entonces, estas tres áreas son alteradas. ¡Si te das un martillazo en un dedo no te dan ganas de reír! Las emociones están sujetas a circunstancias, así que el alma que no conoce de Dios, que no conoce su palabra y no se afirma en ella está sujeta a esas circunstancias que generan emociones, entonces, si tienes fe en la palabra de Dios vives en una dimensión, en cambio si no conoces la palabra de Dios o ésta no te viene a la memoria en el momento que te sucede algo y no ejerces fe en ella, vives lo mismo pero en otra dimensión.

Esto explica por qué algunas personas no se deprimen tanto al pasar por una situación determinada, en cambio otras se quieren matar, con lo cual llegamos a la conclusión de que el problema está dentro de ti, o sea, de cómo ves la circunstancia y la vida. ¿Cómo enfrentas las adversidades? ¿Te paras frente a la circunstancia con una actitud de vencedor o de vencido? Para que Dios pueda transformar la historia de tu vida tiene que ocurrir algo dentro de ti que cambie la perspectiva. Las adversidades siempre te hablarán negativamente y la intensión del diablo es que te hundas en medio de ellas. Con Marta mi esposa, en treinta y nueve años que cumplimos de casados, hemos navegado muchos mares con muchas dificultades, ¡y te digo que estamos a punto de recibirnos de marineros!

Emociones tóxicas

Dijimos que las emociones son una alteración del ánimo intensa y pasajera, o sea que va y viene; pero hay quienes se encariñan con alguna emoción, por lo que deja de ser pasajera. Por ejemplo, si sientes tristeza por causa de la muerte de algún familiar y no la quieres soltar, se transforma en una tristeza profunda y si ese sentimiento sigue dominando tus estados de ánimo, entras en una depresión, aunque no todas las depresiones tienen que ver con la tristeza, pero sí la mayoría. Si la tristeza domina a una persona, se transforma en depresión y si la depresión se apodera de su vida puede llegar al suicidio.

El rey David tenía mil y un problemas, pero él declaraba: «Jehová es mi fortaleza y mi escudo; en Él confió mi corazón, y fui ayudado, por lo que se gozó mi corazón, y con mi cántico le alabaré» (Salmo 28:7).

Esa alteración del ánimo que puede ser intensa y pasajera también puede ser agradable o penosa; reconozcamos que hay cosas que nos producen alegría como cuando te enteras que tu hija está embarazada y te sientes la abuela más feliz. Esta circunstancia te altera el ánimo pero lo hace de modo agradable; ahora, mientras estás festejando, recibes una llamada y te dicen que entraron ladrones en tu casa, el gozo que tenías se te va y entras en un estado intenso de amargura.

Señala la definición de emociones, que éstas van acompañadas de ciertas conmociones somáticas, o sacudimiento a nivel somático. «Soma» significa carne; o sea que va acompañado de problemas en el organismo. Los estados de ánimo actúan en el alma: mente, voluntad y emociones, y producen conmoción somática, de aquí surge el término psicosomático. Ánimo o alma es sinónimo de psiquis, o sea que los problemas de la psiquis producen conmoción somática o en el cuerpo.

La Biblia habla acerca de estos temas pero la gente le cree más a la ciencia, así que si lo dice la ciencia nos maravillamos y aceptamos. La ciencia dice que hay una relación entre las emociones negativas y las enfermedades; nuestras emociones provocan que el organismo libere sustancias en nuestro cuerpo, afectando órganos y tejidos. Esto está comprobado por la ciencia y se ha avanzado mucho en esta área en los últimos diez años. O sea que ha quedado demostrada la relación entre las emociones negativas y las enfermedades. Además, la ciencia ha entendido que nuestro organismo segrega determinadas sustancias a causa de nuestras emociones, como por ejemplo el temor, sentimiento que provoca que nuestro cuerpo segregue adrenalina; esta sustancia es buena y necesaria cuando enfrentamos algún acontecimiento que nos produce temor. La adrenalina hace que nuestro sistema nervioso active en forma intensa nuestras funciones vitales ante una situación de alarma. Claro que si el temor te supera, al final te paralizas y no hay adrenalina que te ayude. Sucede que si el temor, o sea, esa emoción o estado de ánimo prevalece en tu vida, el cerebro no sabe cómo evaluar y manejar la situación, entonces aumenta la producción de adrenalina que fluye por tu cuerpo como una droga, por lo que el exceso de esta sustancia produce enfermedades.

Concluimos que las emociones negativas enferman y destruyen; esas emociones son: el odio, la ansiedad, la tristeza, el temor, la angustia y la soledad. Estos estados de ánimo o emociones provocan enfermedades, en tanto que las emociones positivas sanan y estimulan, como por ejemplo, la alegría. La ciencia se ha pronunciado acerca de los beneficios para salud de las personas que ríen. Las emociones positivas que sanan y estimulan son: alegría, paz, contentamiento, paciencia, bondad. Contentamiento es la capacidad de estar contento. Dice la Biblia en Proverbios 17:22: «El corazón alegre constituye buen remedio; mas el espíritu triste seca los huesos».

Literalmente la tristeza seca los huesos y te lo voy a demostrar. La depresión es un síndrome caracterizado por una tristeza profunda y por la inhibición de las funciones psíquicas, o sea que la mente, la voluntad y las emociones, funciones de la psiquis o del alma responden mal y no reaccionan como debieran y a veces sufren trastornos neurovegetativos. El sistema nervioso neurovegetativo es la parte del sistema nervioso relacionada con la regulación de las funciones de la vida (respiración, digestión, circulación, excreción, etc.), que no está sometido a la voluntad. Son las funciones del cuerpo que no dependen de nuestra decisión, eso es el sistema neurovegetativo, o sea, yo no le tengo que decir a mi corazón que no se olvide de latir. La depresión entonces por causa de una tristeza profunda afecta el área psíquica, o sea que inhibe las funciones de pensar, la voluntad y las emociones; además produce trastornos neurovegetativos. Puede surgir una gastritis, un problema en la sangre, se altera la presión, etc. No es cuestión de vivir con una depresión y lamentarse: «¿Por qué Dios permite esto?» Hay cosas que tenemos que entender y aprender; el que está con Cristo y ha creído en la palabra de Dios se para firme en las verdades del Señor y la tristeza no se puede apoderar de esa persona. Lo mismo sucede con el odio, el resentimiento, y la soledad.

La palabra de Dios te sana

Cuando tú estás parado sobre la palabra de Dios, por ejemplo, el pensamiento de Pablo es que en todas las cosas somos más que vencedores. En Romanos 8: 37 al 39, dice así el apóstol Pablo: «Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquél que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro».

¡Él nos ha hecho más que vencedores! ¿A ti te asustan las circunstancias? El rey David cantaba: «Jehová es mi luz y mi salvación; de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; de quién he de atemorizarme?» (Salmo 27:1). También declaró: «Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando».

Fe en la palabra de Dios y su confesión, establece victoria sobre tu vida. ¡Tú decides volar o arrastrarte!

La persona deprimida es alguien que vive aplastado, porque el pasado le persigue, le acusa y le condena; el presente es muy frustrante si no tienes resuelto tu pasado, y si no puedes pensar en tu presente por causa de tu pasado, imagina el miedo que te da el futuro. En Geografía, cuando hablamos de una depresión en el terreno, nos referimos a un vacío, a un pozo. A la depresión se le llama también vacío existencial, es más, algunos psiquiatras se refieren a la depresión como la «enfermedad del vacío» y según estudios, ha aumentado mucho en la niñez; existe un vacío existencial en los niños, tal que terminan suicidándose porque tienen inhibidas las funciones psíquicas; no saben cómo enfrentar situaciones como ver a sus padres pelear, a su padre alcoholizado, sufrir el divorcio de papá y mamá o ver a mamá con otros novios, etc. El niño entra en una tristeza o un vacío profundo y no sabe cómo resolver sus conflictos. Es bueno que les enseñemos a los niños el evangelio y que sembremos en ellos confianza en la palabra de Dios porque aunque todo le falle, Dios no le fallará.

Sustancias que segrega o inhibe nuestro organismo

Veamos algunas sustancias que segrega o inhibe nuestro organismo a causa de las emociones: cortisol, norepinefrina, serotonina, adrenalina, BNDF, dopamina, entre otras. La dopamina es una sustancia que actúa como calmante natural frente a un dolor, y en estados depresivos se reprime la segregación de la dopamina en el cuerpo, por lo cual, a una persona depresiva, esa situación de dolor le afecta mucho más que a otras. La dopamina actúa con otra droga y cuando falta la dopamina, se carece de protección contra el dolor, entonces, una persona que presenta ese problema puede sufrir mucho más un dolor que otra.

Veamos ahora el exceso de cortisol proveniente de la tristeza, la depresión y el estrés, el cual inhibe la insulina. Nuestro organismo produce insulina, la cual regula la glucosa de la sangre; cuando hay exceso de cortisol se reprime la producción de insulina lo que hace que el azúcar en sangre aumente y esto lleva a la diabetes y aún la empeora. Es tremendo padecer de diabetes y encima ser una persona depresiva y vivir triste. El cortisol también produce secreciones como los ácidos gástricos, en otras palabras hay una producción de ácidos en el sistema digestivo lo que se conoce como gastritis. También inhibe la producción de sodio. Nosotros necesitamos eliminar sodio por medio de la transpiración y de la orina. Hoy en día nos cuidamos mucho con la sal porque ésta contiene sodio y es un veneno para nuestro organismo, y necesitamos sodio en una proporción muy limitada pero generalmente nuestros valores de sodio en el cuerpo son excesivos. La presencia de cortisol hace que se inhiba la pérdida de sodio por lo que actúa como antidiurético, lo que provoca que el organismo junte líquido. El cortisol debilita la actividad del sistema inmune, además inhibe el calcio, el magnesio y el potasio en los huesos, por lo que surgen enfermedades como la osteoporosis. Fíjate cómo la tristeza o depresión afecta seriamente el organismo.

Los doctores te dan un medicamento para la osteoporosis pero no te recetan nada para la tristeza, y quien tiene el remedio para la tristeza y la depresión se llama Jesús.  ¿Dónde consigo ese remedio para la depresión? En un libro negro que se llama Biblia. Dice la palabra de Dios que por las llagas de Jesús fuimos nosotros curados. ¡Aprende a pararte firme en la palabra de Dios! Él te dice: «Yo soy Jehová, tu sanador» (Éxodo 15:26). ¿Qué tristeza me va a embargar si creo que Dios tiene para mí un futuro venturoso? ¿Si pongo mi confianza en mi Padre del cielo qué miedo podré tener? Dios no muere, entonces ¿qué tristeza podrá dominarte? Nuestros seres queridos mueren y yo puedo ponerme triste pero esa tristeza es pasajera porque mi verdadero valor no está en nada de lo que tengo, nada de lo que he ganado o que me han regalado. ¡Mi gran valor está en Dios!

Mencioné también la sustancia BNDF; éstas son proteínas, no una droga, que actúan como factor de crecimiento de las neuronas; entonces, la tristeza, el estrés y la depresión inhiben el factor de crecimiento neuronal. Estas proteínas BNDF mantienen a las neuronas en buen estado, éstas crecen y se relacionan con otras neuronas a través de conductos eléctricos; al faltar la sustancia BNDF, de crecimiento de las neuronas, estos conductos eléctricos comienzan a disminuir, entonces, la disminución de estas proteínas producen neuronas huérfanas, o sea, la neurona comienza a aislarse cada vez más. A esas neuronas huérfanas los científicos la denominaron monoicas (proveniente de «mono», «uno»), señalando de ese modo, la orfandad de la neurona; ésta ha quedado sola y si tiene alguna información no la va a proporcionar porque no está conectada y si las demás neuronas quieren darle información tampoco será posible. Pero la orfandad no termina ahí, se pierden circuitos eléctricos interneuronales lo que lleva a la apoptosis o suicidio de la neurona; de tanto estar sola, el organismo programa su destrucción. ¡Esto es muy serio! ¿Por qué Jesús dijo que hay que amar y perdonar? «¿Por qué Dios me va a obligar a hacer algo que no quiero?» ¡Por tu bien y el de la humanidad! Dios no es un caprichoso, Él hace diferencia entre un amor verdadero y una pasión estúpida. En cuestiones de amar, ¡hazle caso a Dios! Él sabe lo que te conviene y lo que hará contigo.

Lo que sientes hoy en tus emociones se transformará en lo que experimentará tu cuerpo mañana. Dicho de otra manera; lo que sientes hoy en tu cuerpo es el resultado de tus sentimientos no resueltos en el pasado. La culpa la tienen los sentimientos que han gobernado tu vida por muchos años. ¿Cómo estará tu cuerpo dentro de un tiempo? Todo depende de la sanidad de las emociones; si tu organismo va a estar sano será por la sanidad de las emociones y Dios puede sanarte hoy mismo. ¡Dios puede sanar tus emociones! ¿Por qué te estresa, te entristece y te angustia algo? El retener un sentimiento negativo tiene que ver con la manera en que percibes tus circunstancias.

En la película Milagros del cielo que en estos días está en cartelera en varios cines, hay una mamá que se desespera y un papá que tiene fe. Él siempre le dice: «De alguna manera vamos a salir». La película nos muestra dos posiciones muy claras frente a una misma circunstancia; ellos tienen una hija que padece una enfermedad incurable y los médicos les dijeron que no podían hacer nada, entonces la madre se desesperó. La  mujer llegó a enojarse con Dios, hasta dejó de asistir a la iglesia pero el padre de la niña reaccionó con fe. La manera en que tú enfrentas tus circunstancias es esencial. ¿Cómo percibes tú la vida? ¿Estás enfrentando solo o sola una circunstancia o crees que Jesús está contigo? ¿Sabes que Jesús está contigo? Tal vez te llenas de miedo, de temores y de angustia porque no eres consciente de que el Señor dijo: «…he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».

¡Te enfermas porque quieres! Es que la palabra de Dios no está morando en tu corazón, entonces te asusta cualquier circunstancia y no sabes cómo enfrentarla. No importa si no sabes cómo enfrentar una situación difícil, tienes que tener una palabra de Dios para hablarle a esa circunstancia y así como declaró Jesús, tú puedes decirle al monte: «¡Desarráigate y plántate en el mar!» ¡Tú puedes! Al que cree todas las cosas le son posibles.

Conclusión

El Señor quiere sanar hoy las heridas de tu corazón y quiere quitar esos sentimientos negativos que terminan enfermándote. Retener sentimientos negativos y emociones tóxicas te hace un aspirante a bicho rastrero. ¡Tú has nacido para volar! El Salmista oraba así: «Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy en angustia; se han consumido de tristeza mis ojos, mi alma también y mi cuerpo. Porque mi vida se va gastando de dolor, y mis años de suspirar; se agotan mis fuerzas a causa de mi iniquidad, y mis huesos se han consumido» (Salmo 31:9 y 10).

Aquí están presentes todos los términos científicos que te he mencionado: la tristeza, el alma, los ojos, las entrañas (función neurovegetativa). En el hebreo no existe el término vida como lo conocemos en el idioma español; en el hebreo y en el griego existen tres tipos de vida: la del alma, la biológica y la del espíritu. Cuando en este salmo dice «mi vida se va gastando en tristeza», se traduciría así: «mi alma se ha agotado en tristeza». Todo lo mencionado hasta ahora, todos estos males que le ocurren a la sociedad, la Biblia lo ha declarado antes que la ciencia. ¿Cómo estás de los huesos?

Es increíble, pero una de las sustancias que he mencionado ataca la médula y la producción de glóbulos blancos generando una disminución en la capacidad de defensa del organismo por falta de los glóbulos blancos, llevando a que se sequen los huesos y éstos no se secan por fuera sino por dentro. ¡Se cumple al pie de la letra lo que dice la palabra de Dios! Tendríamos que haber confiado en esto antes de que los médicos interfirieran; ahora ellos se jactan de que saben mucho pero resulta que la Biblia ya lo había dicho. El Señor es escudo a todos aquellos que esperan en Él. Los que esperan en el Señor tendrán nuevas fuerzas. ¡Te estoy dando una clave muy importante! Vienen circunstancias a tu vida para afligirte y para que te llenes de ansiedades, de tristezas y amarguras, pero tú esperas en el Señor y como dice en su palabra, Dios es escudo alrededor de ti, entonces el diablo te arroja flechas pero pegan en el escudo y éste no es de acero, es Dios mismo.

Habrás declarado alguna vez que Dios no se acuerda de ti, que no te escucha o que está enojado contigo, pero después de conocer lo que el Señor dice en su palabra, comenzaste a decir: «Yo espero en el Señor». Dice la palabra de Dios en el Salmo 32:10: «Muchos dolores habrá para el impío; mas al que espera en Jehová, le rodea la misericordia».

La misericordia es una manifestación profunda del amor de Dios. Tú te sentías miserable pero escuchaste la palabra de Dios y comenzaste a confiar en Él, y no sólo por esperar en Dios Él se hace escudo alrededor de ti sino que su misericordia te rodea y su amor te cubre. El que espera en Dios goza de esa ventaja que otros no tienen: ¡su misericordia!

Algunos creen que porque lloran delante de Dios o gimen, van a provocar en Él alguna reacción; entonces oran: «Dios mío, tú no me escuchas. ¿Cuándo me vas a responder? ¡Hasta cuándo te voy a pedir Dios!» ¿Está esperando esa persona? ¡No! ¡Dios responde a la fe! Si tú crees, al que cree todas las cosas le son posibles. Muchos dolores habrá para el impío, ¿cómo andas de los huesos? Mas al que espera en el Señor le rodea la misericordia.

«¿Por qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel: Mi camino está escondido en Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio? ¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance. Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán».

ISAÍAS 40: 27 al 31

¡Recibe y atesora ésta palabra!

Hay actitudes que no son de descanso como el afán, la ansiedad y todo tipo de preocupaciones, eso demuestra la falta de habilidad para descansar en el Señor. ¡En la circunstancia que estás viviendo tiene que intervenir Dios! He escuchado a madres decir: «No importa si es Dios o el diablo. Con tal que sane a mi hijo yo lo llevo a donde sea». ¡Eso no es esperar en el Señor! Si Dios no te arregla tu situación, ¿cambiarás de Dios? Si se demora en responderte, ¿piensas enfermarte de los nervios? ¡Esa es tu iniquidad! La virtud está en tomar la decisión: «Si Dios no me ayuda aquí me quedaré esperando porque Él es mi ayudador y mi sustentador». Yo he aprendido más de mis crisis que de mis días de alegrías. La universidad de Dios consiste en crisis y son benditos los que aman a Dios, creen en Él y esperan en Él.

Si reconoces delante del Señor que no has aprendido a esperar y andas arrastrándote por la vida como bicho rastrero, Dios quiere darte hoy alas como de águila. Vas a volar, ya no te vas a arrastrar; el diablo no te verá «culebreando». ¡El Señor es tu fortaleza! Dile: «Padre, yo he pecado porque no he sabido esperar en ti; me puse nervioso y ansioso y te pido perdón Dios mío, en el nombre de Jesús».

«Perdona Señor, limpia con tu sangre preciosa. Es tuyo el poder y la gloria, Padre. ¡Bendito sea tu nombre! Extiende tu mano bendita, Señor, y toca a tu pueblo, en el nombre poderoso de Jesús. Te damos toda gloria, toda honra y toda alabanza. Tú quitas nuestras enfermedades y las emociones negativas. Venimos delante de ti, Señor, porque las emociones nos han dominado. ¡Ven y domina tú, nuestras vidas! Espíritu de amor, de poder y de dominio propio ven sobre las vidas, te lo pedimos en el nombre bendito de Jesús, amén».


Cómo manejarnos ante la rabia o la ira

Sentimos rabia o ira cuando creemos que algo se interpone entre nosotros y nuestros objetivos, o cuando consideramos que se ha cometido una injusticia.

Pero ¿es la rabia o la ira negativa? En realidad es positiva, ya que nos avisa de que algo debe cambiar y nos motiva a trascender aquello que nos produce malestar. Disminuye el miedo y nos aporta la energía necesaria para actuar. Por tanto, la rabia o ira en sí no es un problema, pero mal gestionada puede ser peligrosa ya que nos hace que actuemos de manera hostil y agresiva.

¿Cómo podemos manejarla?

Lo mejor es prevenirla, por lo que antes de perder los nervios es mejor no dejar acumular lo que nos molesta, porque sino seremos como una olla exprés que va acumulando presión y corre el riesgo de explotar. Cuando ya nos ha desbordado la situación y nos sentimos invadidos por la ira, poco podemos hacer ya que la emoción es tan intensa que perdemos el control.

También es muy importante cuidar el descanso y las demás necesidades básicas. Cuando tenemos sueño o estamos hambrientos es mucho más fácil que nos saquen de nuestras casillas.

Procura bajar tu nivel de activación en algún momento a lo largo del día, puedes ayudarte de técnicas de respiración, meditación o cualquier actividad que te relaje como puede ser un buen baño.

En cuanto notemos las primeras señales de que podemos perder el control, lo mejor será alejarnos de lo que nos está alterando, antes de que podamos hacer o decir algo de lo que luego nos podamos arrepentir. No es una conducta de huida, más bien es una respuesta condicionada en pro de encontrar un momento mejor en el que abordar esa conversación de un modo más saludable.

Tampoco es conveniente darle vueltas a lo que nos ha enfadado, porque nos enfadaremos todavía más. Entramos en una especie de bucle negativo del que nos cuesta mucho salir. Dejemos de «rumiar», es mucho mejor para la salud.

Después de cada episodio de ira es útil hacerse las siguientes preguntas:

a) ¿Estoy ante una situación injusta? Si es así, busca el momento idóneo para comunicar tu malestar sin acudir a la violencia. A través de lo que se conoce con el nombre de Comunicación Asertiva, es decir, digo lo que pienso y siento sin entrar en conductas sumisas o agresivas.

b) ¿Algo o alguien me impide conseguir mis objetivos? En este caso nos podemos plantear ¿son mis objetivos realistas? ¿son realmente lo que quiero? ¿tengo alguna manera alternativa de conseguirlos? Reflexionar con uno mismo, te puedes ayudar de escribir en un papel si te es más fácil de manejar, siempre resulta un ejercicio ideal para  ventilar emocionalmente todo lo que nos oprime interiormente.

El afrontamiento de la ira pasa por ver las cosas de manera distinta, adoptar el punto de vista del otro hará que lo comprendamos mejor y nos enfademos menos. Lo que se llama empatizar.

También nos puede ayudar dejar de interpretar las relaciones humanas en términos de ganar o perder, no entremos en una lucha de egos, ya que en la mayoría de las situaciones ganamos o perdemos todos.

Un pequeño ejercicio:

Ponte de pie con los ojos cerrados y con la cabeza mirando al suelo. En esta posición visualiza a través del pensamiento una situación que te haya producido rabia o ira. Dedícate un tiempo a focalizar qué sucedía en esa situación, cómo te hacía sentir. Presta atención a las sensaciones que experimentas, por lo general la respiración se acelera o entrecorta, y un malestar te invade, te sientes como incómodo. Ahora, siguiendo con los ojos cerrados, mira hacia el techo con la cabeza totalmente para arriba y el torso recto. ¿Qué ha sucedido? seguramente esa sensación de malestar se haya disipado, ¿verdad?. Fíjate que fácil es corregir un malestar con simplemente un cambio de postura corporal.


Ciara Molina | CiaraMolina.Com