10 cosas condenadas por la sociedad que los padres deben enseñarles a sus hijos

Dicen que los hijos se parecen más a su generación que a sus padres. De hecho, el mundo y la sociedad se empeñan en moldear a los niños para convertirlos en adultos «en serie», a imagen y semejanza del resto, en un proceso a través del cual les arrebatan parte de su individualidad.

No cabe duda de que todos reflejamos la época que nos tocó vivir y la sociedad en la que hemos crecido. Sin embargo, los padres también pueden poner su granito de arena. Los valores y las actitudes que se aprenden en casa perduran, de una forma u otra, y pueden convertirse en tesoros muy valiosos que guíen a los niños hacia una vida más plena.

Las enseñanzas contracorriente que deberías transmitirles a tus hijos

1. A ser diferentes. En una sociedad que ensalza la estandarización, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos el increíble valor de la diferencia. Que les explicaran que para ser diferentes no es necesario tatuarse, pintarse el pelo de tres colores o colocarse piercings en los sitios más insospechados sino a distinguirse por sus ideas, actitudes y opiniones. Los padres no deberían imponer sus criterios, sino motivar a sus hijos a buscar información y a pensar por sí mismos, deberían instarles a no seguir la tendencia ideológica de turno sino a formarse sus propias ideas, aunque difieran de la masa.

2. A respetar a los demás. En una sociedad que marcha a pasos agigantados hacia la deshumanización, me gustaría que los padres fueran capaces de enseñarles a sus hijos que no son el centro del universo y que no pasa nada por compartir el mundo con otros 7.300 millones de personas que tienen sus mismos derechos. Si los niños aprenden desde pequeños que sus decisiones, actitudes y comportamientos pueden matar las ilusiones y los sueños de los demás, se convertirán en adultos más sensibles. Por eso, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos a tratar a los demás como les gustaría que les trataran. Con eso bastaría para que el mundo de mañana fuese un poco mejor.

3. A apasionarse. En una sociedad donde cada vez más personas viven con las cabezas metidas en las pantallas y pasan horas en mundos virtuales, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos que el mundo que se puede oler y tocar está esperándoles, al alcance de su mano. Me gustaría que los padres alimentaran la curiosidad innata de los niños hasta convertirla en una auténtica pasión. No importa hacia qué, la botánica o la astrología, basta con que puedan entusiasmarse y vibrar por algo que enriquezca su vida y que esta no se limite simplemente al trabajo o a hacer y desear lo que hacen y desean los demás. Ese sería un regalo extraordinario.

4. A luchar por lo que quieren. En una sociedad que crea necesidades ficticias continuamente a través del marketing más agresivo, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos a establecer sus propias necesidades, a saber cuáles son sus sueños y, sobre todo, a luchar por alcanzarlos. Me gustaría que los padres les dieran las herramientas para no darse por vencidos, que les enseñaran que cada error es un aprendizaje y que los pasos en falso en realidad les acercan a su meta. Los padres deberían enseñarles a sus hijos a luchar por sus ilusiones, a no dejárselas arrebatar por personas que están demasiado cómodas en su zona de confort y no quieren que los demás crezcan. Sólo de esta manera, al final de sus vidas, podrán darse por satisfechos.

5. A asumir su responsabilidad. En una sociedad donde la responsabilidad se diluye nivel por nivel y todos la rehuyen como si fuera la peste, porque es más fácil culpar a los demás que hacer examen de conciencia, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos a tomar las riendas de su vida y asumir la responsabilidad por sus acciones. Me gustaría que les enseñaran que muchas veces, para obtener algo, es necesario hacer sacrificios. También deberían enseñarles a no culpar al destino, a la suerte o a los demás por sus errores, y a pedir perdón cuando se equivocan.

6. A no juzgar a los demás. En una sociedad donde todo está perfectamente etiquetado y catalogado, donde la comparación se convierte en un arma de doble filo, es difícil no emitir juicios de valor. Sin embargo, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos a no juzgar a los demás, a no creerse superiores y, sobre todo, a no burlarse de ellos. Nadie puede comprender realmente a otra persona hasta que no ha caminado con sus zapatos durante mucho tiempo. Por eso, educar a los niños en la aceptación y la comprensión les enseñará a ser humildes, pero también les preparará para defender sus derechos y no permitir que los demás pasen por encima de ellos.

7. A asumir riesgos. En una sociedad que nos ha transmitido la idea errónea de que podemos tener todo lo que deseemos sin renunciar a nada y con el mínimo esfuerzo posible, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos que cada decisión siempre implica una renuncia, en uno u otro sentido, porque por cada camino que elegimos, siempre hay un camino que abandonamos. Los padres deberían enseñarles a sus hijos a aceptar que existe la posibilidad de perder, así dejarán de tenerle miedo al fracaso y podrán asumir nuevos desafíos con la menta abierta y el corazón dispuesto.

8. A ser flexibles. En una sociedad azotada por la rigidez, tanto a nivel político como religioso y de pensamiento, una lacra que provoca continuamente nuevos conflictos, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos a ser flexibles, a comprender que todo está en continuo movimiento y que la inmovilidad es tan sólo una falsa ilusión. Al enseñarles a ver la vida en movimiento también les animan a abrazar la incertidumbre, a abrirse a los acontecimientos y estar preparados para afrontarlos. De esta forma los niños también aprenderán a priorizar y sabrán cuándo es el momento de cambiar sus metas y redirigir sus esfuerzos en otra dirección.

9. A dar sin pretender nada a cambio. En una sociedad donde la mayoría de las personas piensan que una mano lava la otra y ambas limpian la cara, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos a dar sin esperar nada a cambio, por el simple placer que implica ser generosos. No se trata de convertirlos en personas serviles, sino en enseñarles el increíble valor de la generosidad y de estimular el deseo de compartir. También se trata de enseñarles su valor como personas, para que no se dejen comprar, sobornar ni pretendan pasar por encima de los demás.

10. A asumir que la vida no es justa. En una sociedad que muchas veces premia a quien menos lo merece y que destila positivismo ingenuo, me gustaría que los padres les enseñaran a sus hijos el valor del realismo, que les enseñaran a levantarse cada vez que caen. Educar en la resiliencia significa enseñarles que la vida no siempre será justa, pero a pesar de ello vale la pena seguir avanzando porque esos reveses pueden hacerles más fuertes. De esta forma aprenderán a no lamentarse cada vez que surja un problema sino que pondrán manos a la obra para encontrar una solución.

Por supuesto, el camino no es sencillo y es probable que te equivoques mientras lo recorres pero lo más importante es educar desde la humildad, el respeto y el amor, teniendo en cuenta que una vez que una mente se abre a una nueva idea, jamás vuelve a ser la misma. Por tanto, disfruta de tus hijos e intenta sacar la mejor versión de ellos, esas cualidades que los hacen únicos y especiales.


Expresar versus reprimir las emociones

Contexto cultural donde operan las emociones

El pensamiento de los últimos siglos ha insistido en el uso de la razón por sobre encima de las emociones. Culturalmente nos hemos educado a guiarnos «racionalmente», bajo la premisa «pienso, luego existo», restando importancia a la emoción y su expresión.

El ambiente cultural y social actual apunta a la no expresión emocional, sobre todo aquellas emociones que social y culturalmente han sido etiquetadas – estigmatizadas – como negativas, tales como la rabia, la tristeza, el dolor, o el miedo. Estas emociones han sido catalogadas como una debilidad más que un potencial, en consecuencia hay la tendencia a negarlas, reprimirlas, camuflarlas o apaciguarlas. En este contexto es común escuchar expresiones tales como: «Si te ven triste o llorando van a pensar que eres débil», «deja el enojo: van a pensar que eres un amargado (a)», «no te rías tan fuerte: te ves tan vulgar cuando lo haces», «contrólate, no llores…» «los hombres no lloran», etc.

De modo que las personas tienden a amoldar su expresión emocional a los cánones socialmente aceptados, lo cual puede implicar reprimir o negar determinadas emociones. Como dice Maickel Malamed: «Parte del manejo emocional tiene que ver con moldes… el hombre piensa, la mujer siente, los hombres no lloran, la tristeza es mala, el miedo es de cobardes… se pierde la emoción en una cuestión moral y la moralidad está en la acción, no en el sentimiento». Pero nos engañamos al pretender meter las emociones en un molde, y etiquetarlas como buenas o malas, positivas o negativas. Las emociones son, simplemente, expresiones naturales de nosotros mismos que expresan una realidad interna, una necesidad.

Las emociones son un componente fijo de nuestro programa de comportamiento

Como seres humanos no podemos suspender, desconectar o eliminar las emociones de nuestro repertorio de experiencias y  comportamientos. Las emociones no son simplemente una opción dentro de un menú del que podemos escoger alguna de las opciones sugeridas. Por el contrario, representan un componente fijo de nuestro programa de comportamiento. Las emociones son reacciones instintivas – impulsos o disposiciones – para actuar, ante situaciones y circunstancias diversas.

Las emociones nos brindan la dirección que requerimos para actuar en cada situación, al facilitar la toma de conciencia de lo que nuestro organismo está experimentando, al ser éstas expresión fiel de lo que está aconteciendo en nuestra vida interior. En este sentido, las emociones nos dan una referencia acertada de lo que nos sucede en un momento determinado, y la energía adecuada para actuar en cada situación.

Cada una de las emociones son signos que nos ayudan a prepararnos para responder a diferentes situaciones. Así por ejemplo la rabia nos informa que alguien ha traspasado nuestros límites, el dolor nos dice que ha aparecido una herida, el miedo nos comunica nuestra necesidad de seguridad, el placer nos ayuda a tomar conciencia de que nuestras necesidades están satisfechas, la tristeza nos susurra del valor de lo perdido, la frustración nos expresa que tenemos necesidades no atendidas – objetivos no alcanzados -, la impotencia nos habla de la falta de potencial para el cambio, la confusión nos expresa que estamos procesando información contradictoria. Cada emoción tiene su propio mensaje e intensidad.

1. El control: Una estrategia neurótica de gestionar las emociones

Una de las estrategias – estériles e inefectivas – que más utilizamos para lidiar con las emociones con las cuales nos sentimos incómodos, tales como la ira, el miedo, la impotencia, la frustración, la inseguridad, entre otras, es el control. Al respecto comenta Norberto Levy: «Al sentir una emoción que nos disgusta, como el miedo o enfado, queremos controlarla para que desaparezca. Pero así sólo se intensifica. El camino es ayudarla a madurar».

Hay muchas maneras de controlar las emociones. Podemos racionalizarlas, reprimirlas, negarlas o simplemente tratar de desconectarlas, en el caso de que nos resulten demasiado amenazantes. Pero el resultado de este «esfuerzo disciplinado» por controlar las emociones, es la insanidad emocional, la pérdida del contacto con el sí mismo, la inautenticidad, la desintegración del alma.

La represión emocional daña nuestra salud psicológica y física

Negar o reprimir «emociones indeseadas» como el miedo, la tristeza o la rabia, no hará que desaparezcan, por más «disciplina y control» que utilicemos. Seguirán presente en nuestras vidas, pero expresándose de otras formas, como rigidez corporal, insomnio, adicciones, falta de espontaneidad, irrupción descontrolada de los rasgos y sentimientos controlados, compulsividad en algunas de nuestras acciones, degradación funcional de la secuencia vital de nuestra comunicación (percepción – sentimiento – expresión).

La emoción es energía que genera nuestro organismo y que por su naturaleza busca expresarse. Ahora la energía, por principio físico, no se destruye sino que se transforma. Así sucede con la emoción cuando la reprimimos evitando que se exprese mediante el llanto, las palabras, la risa, etc…, se transforma en enfermedades como gastritis, problemas digestivos, problemas cardiovasculares, cáncer, entre otras enfermedades; o en insanidad psicológica, como culpa, depresión, ansiedad, etc. Resulta, pues, un esfuerzo inútil tratar de «enterrar las emociones». Como lo expresa Don Colbert: «Las emociones no mueren. Las enterramos, pero enterramos algo que todavía está vivo». Agrega Deb Shapiro: «Toda emoción reprimida, negada o ignorada queda encerrada en el cuerpo».

Cuando reprimimos las emociones negándoles su expresión, el efecto de expresión y movimiento que es inhibido, se encauza hacia adentro. Así por ejemplo, cuando reprimimos la rabia o el miedo, la tensión muscular que debería experimentarse en los músculos orientados hacia el exterior, que intervienen en la respuesta típica de huida o ataque, se direcciona hacia adentro, transfiriendo esa carga a los músculos internos y vísceras. En el largo plazo esa tensión que acompaña a las emociones y que fue inhibida, termina expresándose a través de otras formas como contracciones y rigidez muscular, dolores del cuello y espalda, enfermedades gástricas, dolores de cabeza, entre otros.

Las emociones que no expresas, enfrentas y resuelves, terminan por manifestarse en alguna parte del cuerpo.

Está también el debatido enfoque de las enfermedades psicosomáticas, según el cual los trastornos físicos psicogénicos se desarrollan a causa de sentimientos reprimidos.

Cuanto más fuerte es la represión de una emoción, más fuerte es la explosión emocional

Controlar las emociones es una experiencia ilusoria, con logros muy engañosos. Detrás de la fachada de control que la persona arma, se mantiene un equilibrio muy precario. A pesar de los recursos estereotipados que la persona aprende: modulación de voz, posturas corporales, mirada artificial, gestos faciales encubridores, el controlador sólo logra una transformación transitoria de su conducta externa, pues tarde o temprano las emociones reprimidas emergen redimidas por las necesidades que claman por salir.

En cada una de las expresiones estereotipadas de «serenidad, aplomo y ecuanimidad», aparecerá también su precariedad expresada en rigidez, compulsividad y mal humor, hasta que «el controlado» irrumpe descontroladamente, ante situaciones imprevistas o de retos.

Por otra parte, cuanto más fuerte sea la represión de la emoción, más potente y explosiva será la expresión y liberación de esa emoción en algún momento de la vida. A la larga las emociones reprimidas terminan teniendo una expresión que va más allá de la respuesta normal. Dice Don Colbert: «Las emociones que quedan atrapadas dentro de la persona buscan resolución y expresión. Esto forma parte de la naturaleza de las emociones, porque deben sentirse y expresarse. Si nos negamos a dejar que salgan a la luz, las emociones se esforzarán por lograrlo. La mente inconsciente tiene que trabajar más y más para poder mantenerlas bajo el velo que las esconde».

Las emociones que mantenemos reprimidas terminan por escaparse de la mente inconsciente.

2. La expresión: Una estrategia ecológica de gestión de las emociones

La clave para lograr efectividad en el manejo y gestión de las emociones no es negarlas o controlarlas, sino permitir que fluyan, lo cual no quiere decir que si, por ejemplo, estás enojado (a) con tu cónyuge, des rienda suelta a tu enojo y le lastimes, o traspases sus límites y derechos, sino más bien dejar que tu emoción te informe que está pasando contigo, para luego decidir cómo atenderla de la manera más segura y productiva. La idea implícita es la del «judo emocional», lo cual consiste en ver la emoción como una fuerza que busca expresar una necesidad del organismo y tratar de absorber la energía o fuerza (fluir con lo que está sintiendo – adquirir plena conciencia) y ayudarla (no bloquearla, controlarla) para que complete su movimiento, utilizando su fuerza para que continúe su camino, en vez de bloquearla, causando que nos tumbe o agobie. Por otra parte, liberar la energía que generalmente usamos para reprimir las emociones producirá un enorme flujo de vitalidad que se manifestará en forma de relajamiento, creatividad, satisfacción y poder personal.

Hay tres metáforas que pueden servir para ilustrar el manejo de las emociones. Una es comparar la emoción con un pozo de agua contenida, represada, sin movimiento, lo cual equivale a controlar / reprimir las emociones. ¿Qué pasa con el agua en tales condiciones? Naturalmente se pudre, pierde vitalidad. La segunda metáfora es la de un tsunami, cuya violencia de agua, arrasa con todo a su paso, causando muerte y devastación, lo cual equivale a dar rienda suelta a nuestras emociones sin medir consecuencias, de tal forma que nos convertimos en sirvientes de nuestras emociones, lastimando a otros y a nosotros mismos y saturándonos de conflictos interpersonales. La tercera metáfora es la de una represa hidroeléctrica, que permite que el agua fluya, pero a la vez sea canalizada para fines productivos. Esta es la imagen que quiero dejar fresca al hablar de judo emocional.


Arnoldo Arana | formagestalt.blogspot.com

Los 8 tipos de familias y sus características

Conoce las distintas estructuras de este agente socializador fundamental.

En las últimas décadas, han surgido muchos cambios importantes en la sociedad, y la familia no es una excepción. Desde 1975, las cifras de divorcio se han duplicado provocando un incremento de los hogares con un solo progenitor. Algo que, hace sólo unos años, no estaba socialmente aceptado. Hoy en día en cambio, el fenómeno del divorcio es bastante habitual.

La importancia de la familia en el desarrollo de los niños y los jóvenes

La familia es sumamente importante en el desarrollo de los niños, pues es, posiblemente, el agente socializador que más va a influir en su crecimiento. De hecho, los niños necesitan de los adultos durante un largo periodo de tiempo, lo que ha provocado que todas las sociedades se organicen en torno a grupos de personas que generalmente conocemos como «la familia».

family

Pero con los cambios que han ido sucediendo en los últimos años respecto a las estructuras familiares, los más pequeños, en ocasiones, han tenido que vivir entornos familiares que no siempre son los idóneos. Las familias educan a los hijos, y su objetivo primordial debería ser aportarles una base sólida para que puedan afrontar el futuro con las mejores garantías posibles. En otras palabras, las familias deben ayudarles a que aprendan a ser respetuosos con los demás, a que tengan una personalidad fuerte y resistente o adquieran seguridad afectiva y económica, en resumen, prepararles para la una vida adulta exitosa. Por desgracia, esto no siempre sucede así.

Familias tóxicas o patológicas

La importancia de la familia en el bienestar emocional de sus miembros ha sido de interés científico durante las últimas décadas. No solamente por el origen genético de algunas patologías como la esquizofrenia, sino por la importancia del ambiente y la influencia de las estructuras familiares en los trastornos mentales.

En el ámbito de la salud mental, cada vez hay más conciencia de cómo afectan las dificultades familiares a sus miembros, por lo que es necesario que éstos afronten sus dificultades de la mejor manera posible. En este sentido, lo que diferencia a una familia disfuncional de una funcional no es la presencia o no de problemas, sino que lo importante es la utilización de los patrones de interacción recurrentes que dificultan el desarrollo social y psicológico de sus miembros, y afecta a su adaptación y resolución de conflictos.

Para saber más: «Familias tóxicas: 4 formas en las que causan trastornos mentales»

Estabilidad y cambio en la familia

Como se ha mencionado, la familia normal no está exenta de dificultades o problemas, lo que obliga a basarse en un esquema conceptual del funcionamiento familiar para poder entender su disfuncionalidad. La familia normal está en constante funcionamiento eficaz, y a pesar de las dificultades es capaz de transformarse, adaptarse, y reestructurarse a lo largo del tiempo para continuar funcionando.

Es importante diferenciar la familia disfuncional de la familia pobre. Esta última está caracterizada por las dificultades de satisfacción de los recursos económicos. De entrada, las familias pobres no tienen por qué ser disfuncionales, sin embargo, las investigaciones científicas han aportado datos que afirman que las familias con escasos recursos económicos pueden tener dificultades a la hora de llevar a cabo las distintas funciones familiares. Por ejemplo, la educación o desarrollo afectivo y relacional de sus hijos.

Tipos de familias de familia que existen

Ya que la familia parte de la sociedad, es una estructura que puede cambiar a lo largo del tiempo. La estructura familiar no indica si una familia es funcional o no, sino que simplemente tiene que ver con la forma de ésta y los miembros que la integran.

Esta variedad de formas incluyen las siguientes.

1. Familia nuclear (biparental). La familia nuclear es lo que conocemos como familia típica, es decir, la familia formada por un padre, una madre y sus hijos. Las sociedades, generalmente, impulsan a sus miembros a que formen este tipo de familias.

1. Familia nuclear (biparental). La familia nuclear es lo que conocemos como familia típica, es decir, la familia formada por un padre, una madre y sus hijos. Las sociedades, generalmente, impulsan a sus miembros a que formen este tipo de familias.

2. Familia monoparental. La familia monoparental consiste en que sólo uno de los padres se hace cargo de la unidad familiar, y, por tanto, en criar a los hijos. Suele ser la madre la que se queda con los niños, aunque también existen casos en en que los niños se quedan con el padre. Cuando sólo uno de los padres se ocupa de la familia, puede llegar a ser una carga muy grande, por lo que suelen requerir ayuda de otros familiares cercanos, como los abuelos de los hijos. Las causas de la formación de este tipo de familias pueden ser, un divorcio, ser madre prematura, la viudedad, etc.

3. Familia adoptiva. Este tipo de familia, la familia adoptiva, hace referencia a los padres que adoptan a un niño. Pese a que no son los padres biológicos, pueden desempeñar un gran rol como educadores.

4. Familia sin hijos. Este tipo de familias, las familias sin hijos, se caracterizan por no tener descendientes. En ocasiones, la imposibilidad de procrear de los padres lleva a éstos a adoptar a un hijo.

5. Familia de padres separados. En este tipo de familia, que podemos denominar familia de padres separados, los progenitores se han separado tras una crisis en su relación. A pesar de que se nieguen a vivir juntos deben seguir cumpliendo con sus deberes como padres. A diferencia de los padres monoparentales, en los que uno de los padres lleva toda la carga de la crianza del hijo sobre sus espaldas, los padres separados comparten funciones, aunque la madre sea, en la mayoría de ocasiones, la que viva con el hijo.

6. Familia compuesta. Esta familia, la familia compuesta, se caracteriza por estar compuesta de varias familias nucleares. La causa más común es que se han formado otras familias tras la ruptura de pareja, y el hijo además de vivir con su madre y su pareja, también tiene la familia de su padre y su pareja, pudiendo llegar a tener hermanastros.

7. Familia homoparental. Este tipo de familia, la familia homoparental, se caracteriza por tener a dos padres (o madres) homosexuales que adoptan a un hijo. También puede haber familias homoparentales formadas por dos madres, obviamente.

8. Familia extensa. Este tipo de familia, la familia extensa, se caracteriza porque la crianza de los hijos está a cargo de distintos familiares o viven varios miembros de la familia (padres, primos, abuelos, etc.) en la misma casa. Si alguna vez habéis visto la famosa serie «El Príncipe de Bel Air», se puede ver cómo Will vive en casa de si tío, que adopta el rol de padre de éste. También puede suceder que uno de los hijos tenga su propio hijo y vivan todos bajo el mismo techo.


Juan Armando Corbin | PsicologiayMente.Net

La lucha contra la desinformación en las redes sociales

En los últimos meses, el tema con la información falsa ha creado preocupación entre las personas ya que la gran mayoría cree todo lo que lee.

Un estudio de la Universidad de Stanford muestra que jóvenes «absorben las noticias de las redes sociales sin tomar en cuenta la fuente de esas informaciones«. Al menos el 82 por ciento de los estudiantes de entre 12 y 15 años, son incapaces de distinguir entre contenidos patrocinados e informaciones reales.

La investigación también reporta que la mayoría de estos jóvenes, «juzgan la credibilidad de la información de un Tweet, a partir de los detalles que contiene o por el tamaño de la foto, más que por la fuente».

En este sentido, las redes sociales generan una «caja de resonancia» a partir de los intereses de los jóvenes, de sus likes y de los sitios que visitan. Por lo que, si ellos frecuentan páginas con poco o nulo rigor periodístico, sus propias redes le sugerirían nuevos sitios similares.

Facebook, Twitter y Google comienzan a tratar de tomar acciones para frenar la propagación de este tipo de sitios que publican notas falsas. El fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, dijo que su red social «toma con seriedad el problema de la desinformación» y crearon una herramienta para que sus usuarios puedan reportar este tipo de contenido.

Sin embargo, el propio Zuckerberg explica que se trata de un problema complejo, porque la esencia de Facebook es, precisamente, el compartir toda la información que sus usuarios quieran y tampoco quieren ser catalogados como árbitros de la verdad.

Esta es la razón por la que esta red social confía en sus usuarios y deposita en ellos la capacidad de verificar la información publicada en sus muros. Zuckerberg agrega que Facebook «contempla crear mejores sistemas que detecten informaciones falsas, antes que los usuarios las etiqueten como tal». Otro proyecto es lograr que los sitios que publican de forma deliberada informaciones falsas, no tengan acceso a promocionar sus contenidos en la red social.

Twitter también intenta abordar este problema. La red social ha suspendido muchas cuentas y ha lanzado una nueva opción llamada «Mute Words». Los usuarios de Twitter son ahora capaces de eliminar conversaciones específicas en el sitio, así como filtrar, en sus notificaciones, todos los tweets con una determinada palabra o frase.

Por supuesto, lo más importante para evitar que los jóvenes no crean en todo lo que leen, es la educación. La alfabetización mediática es algo que se debe enseñar a los niños en la escuela, pero también sus padres, en casa. Es importante hablar con ellos, explicarles cómo pueden saber cuando una noticia es falsa y qué se puede hacer para denunciarla.


  • Fuente: Análisis y Actualidad

La mujer en la sociedad actual

Cuando allá por el siglo XVI un ilustre Prelado se atrevió a aplicar a Teresa de Cepeda los calificativos de «fémina inquieta y andariega», no lo hizo precisamente con ánimo de elogiar sus buenas dotes de mujer despierta y decidida, sino más bien en tono despectivo hacia quien, llena de osadía y santo celo, se atrevía a romper moldes y estereotipos, saliéndose fuera de unos cánones establecidos por una sociedad machista, en la que sólo a los hombres les estaba permitido el privilegio de organizar, disponer, dirigir y supervisar.

¡Cuánto ha cambiado desde entonces la consideración y la estima de la sociedad hacia la mujer! Hoy en día no hay cargo, por elevado y difícil de desempeñar que sea, al que una mujer no pueda acceder, siempre que demuestre, claro está, una preparación y una capacitación adecuadas para poder desempeñarlo.

Sin embargo es de todo punto alarmante que la mujer haya pretendido buscar erróneamente su dignidad y prestigio pareciéndose cada vez más al hombre, incluso en su aspecto físico, en su forma de hablar, en sus gestos, hasta llegar a perder su identidad como mujer, un privilegio y un preciado don, otorgados generosamente por la propia naturaleza y a mi modo de ver ése ha sido uno de sus más graves errores. No es imitando al hombre como la mujer llega a liberarse del dominio masculino, pues de ese modo sólo conseguirá renunciar a lo más hermoso que poseía.

Pero no hay que pensar que todas las mujeres actuales están llamadas, ni pueden acceder al mundo laboral. En nuestra sociedad siguen existiendo un número considerable de mujeres, cuya única y exclusiva función social es la de «ejercer» como madres y esposas y éstas son las que a mí más me preocupan, pues a pesar de disponer de toda suerte de comodidades y adelantos, que las nuevas tecnologías les han proporcionado para hacer más ágiles y livianas sus tareas domésticas, a pesar de haber disminuido considerablemente el número de hijos, a pesar de que su estima y consideración dentro de la sociedad es mucho mayor, sin embargo no se sienten satisfechas.

De todo esto tienen mucha culpa los medios de comunicación social, empeñados en mostrarnos como prototipos y modelos de mujeres a aquellas que se casan y se descasan una y mil veces, a las que gastan toda su fortuna en transformar su físico por medio de cirugías plásticas y les llenan la cabeza hablándoles del goce y del disfrute y de que la mujer ya no es una esclava del hogar y de que tienen que «realizarse» a nivel personal liberándose de tabúes y represiones ancestrales y un largo etcétera de sueños y utopías, la mayoría de las veces irrealizables, hasta hacerles creer que la que vive honestamente y con responsabilidad y dedicación plena sus funciones de esposa y de madre es una reprimida y una frustrada.

Y es que la capacidad de sacrificio ha disminuido considerablemente en nuestra sociedad. Enseñamos a nuestros hijos e hijas desde pequeños a satisfacer todos sus deseos, no negándoles absolutamente nada y éste es el camino más seguro para hacerles infelices y desgraciados. Pero esto no sucede solamente a nivel familiar; ya se encargaron los modernos sistemas educativos de pregonar a los cuatro vientos eso de que el niño es «libre» y por lo tanto educar es respetar esa libertad, dejando hacer lo que espontáneamente apetezca, sin contradecir sus inclinaciones naturales.

Resultado de todo esto han sido unas generaciones de jóvenes egoístas y despóticos, ante quienes no existen ni autoridad, ni principios, ni normas establecidas, incapaces de sacrificarse por nada y por nadie. Por suerte ni todos los jóvenes son así, ni tampoco todas las mujeres se sienten desgraciadas o infelices por no trabajar y poder «realizarse» fuera del hogar.

La mujer de nuestros días tiene a su alcance muchos medios para promocionarse y realizarse como persona adulta, madura y responsable, aunque sea una sencilla ama de casa, sin necesidad de recurrir a locuras, o extravagancias, ni por supuesto protagonizar escándalos que salten a los medios de comunicación. Tampoco tiene por qué envidiar al hombre, ni tratar de imitarlo. Lo que jamás deberá hacer es abandonarse a la monotonía y a la rutina de una vida gris, anodina y mediocre y perder las ilusiones de la juventud.

La inquietud por aprender nuevas cosas, por desarrollar sus aptitudes y cualidades innatas, la ilusión por mejorar y promocionar a su familia, el cuidado y atención a su aspecto físico, dentro de unos límites prudentes y moderados y sobre todo el cultivar su espíritu en todos los sentidos de la palabra: estético, moral, religioso, etc. pueden llegar a proporcionarle la íntima satisfacción y el orgullo de ser y sentirse mujer.

Lo más grave del caso es que existen fuerzas solapadas, cargadas de intereses malsanos, empeñadas en degradarla, a fuerza de alentar y estimular sus más bajos instintos, en aras de un modernismo, un progreso y una falsa liberación, que tienen mucho más que ver con el desenfreno y el libertinaje.

En la medida en que la mujer, debido a la promoción social propia de los tiempos actuales, vaya mejorando en consideración y estima social, deberá hacerlo también en dignidad y respeto, para que sea valorada como merece por parte de todos, en lugar de ser tenida única y exclusivamente como objeto de placer y esclava del hombre.


Francisca Abad Martin

La importancia de la familia en el desarrollo de la persona y la sociedad

Para poder entender la importancia de la familia, tenemos primero que comprender que la persona necesita de otras personas para alcanzar su plenitud, no puede existir el yo sin un tú, es decir, un individuo no puede perfeccionarse como persona, si no es a través de sus acciones y su forma de relacionarse con el otro. Vemos entonces que al vivir en sociedad el hombre puede irse perfeccionando y alcanzar los fines propios de su naturaleza humana y esto inicia con la familia. Es entonces donde surge la importancia de ésta, que es además la base de la sociedad.

Sobre la familia

La familia no es un invento del hombre y de la sociedad pues si lo fuera podría ser sustituida con otro invento y hasta la fecha no existe nada que pueda cubrir todo lo que la familia es para una persona y para la sociedad misma.

Muchos sociólogos y estudiosos de la familia no han podido dar una definición tan completa que abarque toda la grandeza de lo que es la familia; a su vez, la Iglesia Católica siempre ha estado muy preocupada por las familias, pues conoce la importancia de éstas. Por esta razón quiero compartirles varios conceptos de la Iglesia y del papa Juan Pablo II transmitidos en la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio, los cuales encontrarán entrecomillado.

Entonces, ¿qué es la familia?

«La familia, fundada y vivificada por el amor, es una comunidad de personas: del hombre y de la mujer esposos, de los padres y de los hijos, de los parientes. Su primer cometido es el de vivir fielmente la realidad de la comunión con el empeño constante de desarrollar una auténtica comunidad de personas».

Cabe resaltar que la familia es familia por el amor que los une, sin amor sería simplemente una coincidencia de personas. Refiriéndose al párrafo anterior el papa Juan Pablo II dice: «el principio interior, la fuerza permanente y la meta última de tal cometido es el amor: así como sin el amor la familia no es una comunidad de personas, así también sin el amor la familia no puede vivir, crecer y perfeccionarse como comunidad de personas». La familia es «íntima comunidad de vida y de amor».

¿Cuáles son las principales funciones de la familia?

Partiendo del amor y en constante referencia a él, este Sínodo ha puesto de relieve cuatro objetivos generales de la familia: Formación de una comunidad de personas. Donde para lograrlo debe existir necesariamente el amor. A veces, podremos fallar como padres en cuanto a las técnicas que utilizamos para educar y formar a nuestros hijos, pero si existe verdadero amor ante todo, esto marcará la diferencia y entonces permaneceremos como familia aun y cuando los hijos dejen el hogar para empezar una nueva etapa en sus vidas.

También es importante para lograrlo que luchemos por permanecer unidos como familia y como matrimonio, que no tan fácilmente nos demos por vencidos y nos separemos, a pesar de la influencia de la sociedad y los medios de comunicación que a veces sutil y otras abiertamente, atacan a las familias y su integridad

Servicio a la vida y no en contra de la vida, pues podemos ver por ejemplo que «en los países más ricos, el excesivo bienestar y la mentalidad consumista, paradójicamente unida a una cierta angustia e incertidumbre ante el futuro, quitan a los esposos la generosidad y la valentía para suscitar nuevas vidas humanas; y así la vida en muchas ocasiones no se ve ya como una bendición, sino como un peligro del que hay que defenderse». También podemos hablar de servicio a la vida cuando seguimos la naturaleza de la misma, del ser humano y entonces actuamos conforme a la dignidad que Dios nos dio al crearnos como personas.

Cuando se actúa contra natura, ésta se revela y tarde o temprano sufriremos las consecuencias de ello. Participación en el desarrollo de la sociedad, dando un buen ejemplo de familia y entregándole hijos con valores y principios que puedan influir a su vez positivamente en la sociedad, a favor de la vida y sirviendo a la misma. Cada uno de nosotros con nuestras actitudes y posturas ante la vida, somos como una gota que cae al agua y hace ondas, dependiendo de la fuerza con que caiga, es hasta donde llegarán esas ondas. «En un momento histórico en que la familia es objeto de muchas fuerzas que tratan de destruirla o deformarla, la Iglesia, consciente de que el bien de la sociedad y de sí misma está profundamente vinculado al bien de la familia, siente de manera más viva su misión de proclamar a todos el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia, asegurando su plena vitalidad».

Participación en la vida y misión de la Iglesia, es en el seno familiar donde se siembra en cada niño la semilla de la fe, donde se debe aprender a conocer y a amar a Dios. Aquí es importante señalar que no se puede amar lo que no se conoce, así que es fundamental que antes de enseñar a nuestros hijos y a quienes nos rodean a amar a Dios, nosotros lo conozcamos, que nos actualicemos y profundicemos, pues si nos quedamos con lo que aprendimos cuando éramos niños ese conocimiento será como una chambrita que la abuela o nuestra madre nos tejió, pero ahora que somos adultos nos queda chica, es momento entonces de que nosotros tejamos un suéter.

Conclusión

La familia es donde se aprende a ser persona y se practica con libertad. Es donde se comparte un proyecto de vida que es amar a Dios y vivir al servicio de la vida. Es donde la persona obtiene una guía y encuentra apoyo, comprensión, protección, intimidad, pertenencia y contención. Es o debiera ser la red de apoyo más importante para cada individuo.

Si te das cuenta que algo de lo que hemos mencionado le ha faltado a tu familia, nunca es tarde, empieza hoy a trabajar en ello y descubrirás las consecuencias positivas que este cambio traerá para ti y tu familia. Vive siempre conforme a las leyes de Dios y de la naturaleza, no importa cuántas veces te equivoques o tropieces, siempre podrás levantarte y volver a empezar.


Rosalinda López Espíndola | LaFamiliaCristiana.Com.Mx